DOMINGO XVII DEL TIEMPO ORDINARIO /C

DOMINGO XVII DEL TIEMPO ORDINARIO /C

 

MONICIÓN DE ENTRADA

Bienvenidos, en este Día del Señor, a la Eucaristía. Hoy nos podríamos preguntar: ¿Cómo anda nuestra relación con Dios? ¿Rezamos mucho o poco? ¿Poco o nada?

Un amigo de verdad es aquel con el que puede pensar en voz altar. El Señor, con el poder de la oración, nos da la posibilidad de entrar en comunión con El y, sobre todo, de salir a nuestro encuentro en todas las necesidades.

La iglesia, además de un lugar de celebración, tiene que ser un espacio de oración. Un locutorio donde, cuando estemos bien o mal, hemos de aprender a estar con Dios con la oración que Jesús nos propone: el padrenuestro.

Iniciamos esta liturgia del Domingo con el pensamiento en Brasil donde el Papa clausura las Jornadas Mundiales de la Juventud.

 

MONICIÓN A LAS LECTURAS

La oración es intercesión. Es decir; sirve para presentar al Señor nuestros gozos, penas y necesidades. Como Abraham, padre en la fe, en la primera lectura. Además, San Pablo nos recuerda como desde el Bautismo formamos parte de la gran familia del Señor.

Por otro lado, en el evangelio, nos presentan a un Jesús orante, pendiente de Dios. Escuchemos con atención.

 

PETICIONES

1. Por la Iglesia. Para que se esfuerce muchísimo más en incentivar la experiencia de Dios en los cristianos. Para que potencie la oración personal y comunitaria. Roguemos al Señor.

2. Para que, el mundo, no se encierre en sí mismo. Para que mire al cielo buscando respuesta a los retos y dificultades que se plantean. Roguemos al Señor.

3 Por las familias; para que sean transmisoras del amor de Dios. Para que no olvidemos el bendecir la mesa al mediodía y el rezar antes de acostarnos. Roguemos al Señor.

4. Por la Jornada Mundial de la Juventud en Brasil. Para que sean muchos los frutos evangelizadores de estos días en los que la Iglesia arropa al Papa Francisco. Roguemos al Señor.

 

HOMILÍA DOMINGO 17º DEL TO /C

1.- “Pedid y se os dará, buscad y hallareis, llamad y se os abrirá”. Esto lo oímos con incredulidad vosotros y yo... porque tenemos una larga experiencia de las “sorderas” de Dios. Nos da la impresión de que también en el Cielo la burocracia se ha aumentado de tal forma que nunca le llega el turno a mi petición.

Pero hay cosas que nos hacen pensar. Una cosa es cierta y que no pocas veces convertimos a Dios en El Corte Inglés: un piso para ropa de caballeros, otro para la ropa de señoras, otro para juguetes... Porque lo mismo le pedimos al Señor el éxito de un examen (sin haber pegado ni golpe en la preparación), que nos toque la lotería o que gane el Real Madrid. Esto no puede ser así.

Y por otra parte maravilla ver por ejemplo esa gente sencilla de corazón que acude al Señor a través de los santos y el Señor les escucha. Y en cambio nosotros miramos a esas personas con cierta conmiseración piadosa. ¿No será una cuestión de fe? El Señor nos dice en otra parte del Evangelio: “Cuando pidáis algo creed que os lo han concedido y lo obtendréis. ¿No comenzamos nuestras peticiones ya con la duda de si también esta vez Dios va a estar ausente de su despacho o de vacaciones?

Esas monjitas sencillas de las que dependen tantos enfermos y ancianos, cuando ya lo creían todo perdido se encuentran con la ayuda de Dios en sus manos de manera no “milagrera”, sino realmente milagrosa. Ellas saben que el Padre Dios no va a abandonar a sus pobres. Nuestros Cotolengos pueden contar, sin parar, casos como estos.

2. - Cuando oremos al otro lado del hilo está siempre el Señor. Que jamás nos va a decir que está muy ocupado, que llamemos de nuevo. No nos dirá: “Tengo otras cosas muy importantes en que pensar” Dios escucha y toma nota. Y se pone en camino junto a nosotros. Ya no estamos solos. ¿Te parece que nos has conseguido “cosas?” Has conseguido que Dios marche contigo, hombro con hombro, por tu difícil camino.

Al mirar atrás y ver unas solas huellas en la arena del desierto, pensarás que camino solo, cuando el Señor te dirá que esas huellas son suyas, porque Él te lleva en brazos. Como aquel gitano enfermo que fue a Lourdes y al ver tanta desgracia lo único que pudo pedir fue. “Madre, cura a quien tenga más necesidad que yo. Y volvió feliz a España.

3. - En la oración no conseguimos un descuento sobre el precio del billete del viaje. Se consigue un compañero de viaje. Como tampoco es admisible el chalaneo con Dios. Si me concedes esto, doy esta limosna. O iré a misa tantas y cuantas veces.

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El Papa Francisco, siempre sorprendente con sus “perlas homiléticas” advertía en su encuentro con los seminaristas y novicios que, la evangelización, se realiza de rodillas. "La difusión del Evangelio no se asegura ni por el número de personas, ni por el prestigio de las instituciones, ni por la cantidad de recursos disponibles. Jesús mandó a sus discípulos a predicar sin bolsa, sin saco y sin sandalias". Nuestra oración insistente, clarifica y nos abre hacia aquello que, por nosotros mismos, somos incapaces de realizar: Dios de una manera segura, simple y suficiente es capaz de colmar nuestras aspiraciones.

1.- Partiendo entonces de una realidad, la Iglesia no es nuestra sino de Dios y es un campo a cultivar por nosotros pero con la fuerza del Espíritu, no nos queda otra –como mejor futuro para el desarrollo de nuestra siembra- que rezar y colocar nuestros esfuerzos apostólicos en las manos de Dios. Lo contrario, además de egocentrismo, significaría tanto como creer que todo depende de nosotros.

¿Qué se nos exige, para nuestra vida de piedad, en este Año de la Fe?

--Algo tan sencillo como el pedir / --Algo tan natural como pedirlo al Padre

--Algo tan fácil como hacerlo a través de Jesús / --Algo tan imprescindible como el solicitarlo con Fe

--Algo tan comprometedor como el permanecer en El

2. Qué dificultades salen al paso de todo ello

+La falta de sinceridad; cuando pedimos sin hacer ver a Dios los móviles verdaderos de nuestra solicitud. No me conviene, pero se lo pido porque me apetece

+La ausencia de reconciliación; cuando estando rotos por dentro intentamos que sea Dios quien resuelva el caos o la guerra de nuestra existencia interna o externa. Ya que otros me lo han impedido

+El egoísmo; cuando conocedores de que la felicidad no siempre se consigue con el tener, nos precipitamos por acaparar lo indecible. Siempre es más bueno tener que necesitar. Le diré a Dios que me restituya lo que me corresponde.

+La falta de paciencia; cuando ante la esterilidad aparente de nuestras oraciones nos aburrimos de hablar amistosamente con Dios y, convertimos la oración, en un medio de instrumentalización: como no me das… ¡te dejo!

+La incredulidad; cuando surgen dudas e interrogantes sobre el fruto y el valor más profundo de la oración. ¡Para qué voy a rezar si Dios está sordo!

El evangelio, de este domingo, nos trae a la memoria una gran realidad: DIOS SE INTERESA POR NOSOTROS. Es ahí donde, el cristiano, descubre que toda su vida –por ser importante para Dios- cobra nuevo impulso cuando se presenta ante El:

+cuando

3.- Me viene a la memoria la anécdota de aquel náufrago profundamente creyente que pedía y confiaba mucho en Dios, pero que no supo ver su mano en aquel momento donde, en la soledad de una isla, se debatía entre la vida y la muerte.

Llegó una embarcación y el capitán le invitó a subir a proa; el náufrago le contestó: “váyase tranquilo; yo confío en Dios”. Al día siguiente un submarino se percató de la presencia del accidentado y nuevamente le pidieron que recapacitara en su postura y que embarcase; “váyanse tranquilos…confío plenamente en Dios”. Por tercera vez un trasatlántico atisbó las circunstancias trágicas en las que se encontraba el solitario náufrago convidándole una vez más a abandonar la isla. Ante su negativa el crucero siguió su curso.

Cuando pasaron los días y las fuerzas se fueron debilitando el náufrago cerró ojos y se presentó ante Dios increpándole: “¡cómo no has hecho nada por mí en los momentos de peligro” “¿no te das cuenta el ridículo en que me has dejado ante mis familiares y amigos cuando yo tanto esperaba de Ti?”. Dios, sigue esta parábola, le cogió por el hombro y le contestó: “amigo; tres embarcaciones te envié y no quisiste ninguna”. Que nuestra oración sea como la del agua que, por su persistencia y no por su consistencia, es capaz de romper o erosionar la mayor de las rocas. Que nuestra oración sea, sobre todo, unos prismáticos que nos ayuden a ver y aprovechar los signos de la presencia de Dios en nuestra vida. Dicho de otra manera; que la oración sea esa sensibilidad para ver ciertos golpes de gracia…como la mano certera de Dios a nuestras necesidades.