Domingo 14 del Tiempo Ordinario / C

Domingo XIV del Tiempo Ordinario / C

 

MONICIÓN DE ENTRADA

Buenas tardes / Buenos días…

Hoy, las lecturas que vamos a escuchar, este encuentro eucarístico que vamos a tener, nos empuja a valorar nuestra misión como cristianos: hemos de dar razón Jesucristo. No podemos quedarnos quietos ¡qué más quisieran algunos! sin hacer nada por el evangelio, por Cristo, por Dios, por su Iglesia. ¿Lo intentaremos?

Que esta Eucaristía nos ayude a tomar la fuerza necesaria, las vitaminas oportunas para dar la cara por el Señor.

 

MONICIÓN A LAS LECTURAS

Tanto Isaías como San Pablo, nos reclaman en este día el anuncio de un mensaje que sea consuelo y libertad. El Evangelio de hoy, por otro lado, nos recuerda cómo Jesús confía en nosotros para su misión y, además, nos promete su presencia y su recompensa en el final de los tiempos. Escuchemos con atención.

 

PETICIONES

1. La iglesia es un altavoz del amor de Dios. Para que nunca se canse de anunciar la presencia del Padre en todos los rincones de la tierra. Roguemos al Señor.

2. Nosotros somos las manos del Señor. Para que nunca renunciemos a colaborar con El en la expansión del Reino de Dios. Roguemos al Señor.

3. No faltan injusticias, dificultades y tropiezos para las personas de bien. Para que Dios les acompañe en su misión de hacer un mundo mejor. Roguemos al Señor.

4. Para que escuchemos la voz de Jesús que nos invita a seguirle y a dar parte de nuestra vida, de nuestro tiempo, de nuestros bienes materiales. Roguemos al Señor.

Homilía Domingo XIV del TO / C

 

A tal mérito tal medalla. El mundo nos tiene tan acostumbrados al agasajo o trofeo por lo que se realiza, que resulta difícil emprender una gesta, sea pequeña o grande, sin correr el riesgo de pensar en el premio correspondiente. Alguien sentenció, con cierta razón, “que la condecoración es motor para el trabajo”.

1.- Cuando uno se acerca al Evangelio, en este domingo de verano, sabe de antemano que el anuncio del mensaje de Jesús conlleva (sobre todo en estos tiempos que nos toca vivir) no precisamente distinción, privilegio, clase, sino todo lo contrario: rechazo. Vamos que, el que pretenda lucir hoy una medalla en su pecho, el camino del Evangelio no es precisamente un podium para conquistarla ni merecerla a los ojos de la sociedad. Pero Jesús, que siempre tiene palabras de ánimo, nos orienta y empuja de nuevo hacia la misión.

2.- ¡Poneos en camino! Muchos intentarán que os quedéis quietos. Que vuestros criterios queden sepultados en el olvido. Responded con la fuerza de vuestras convicciones más profundas: lo que no hagáis nadie lo hará por vosotros.

3.- ¡Mirad que os mando como corderos en medio de lobos! Pensaréis que muchos estarán con vosotros y, luego, os daréis cuenta que viven de espaldas con lo que dicen creer. Responded con la constancia de vuestro trabajo. Las fieras también se pueden domesticar.

4.- ¡No andéis cambiando de casa! Entrad para conocer muy de cerca la realidad de los hombres y mujeres que os rodean. Pero, que esas circunstancias, no os impidan vivir con intensidad y con libertad vuestra relación con otras personas. Que la espesura del bosque no obstaculice la visión del horizonte al que estáis llamados.

5.- ¡No llevéis alforja, ni sandalias! Tened las manos libres para abrazar con libertad y sin condiciones. Soltad el volante de las falsas seguridades para agarraros a mi Palabra que nunca os ha de faltar ni defraudar

6.- ¡Está cerca el reino de Dios! No perdáis la esperanza. Aunque todo os parezca estío e infructífero; vuestros esfuerzos baldíos; la siembra aparentemente perdida; la creatividad puesta en tela de juicio: pensad que Yo estoy cerca de vosotros. En la prueba y en el sufrimiento, en las dudas y en el esfuerzo es donde lleváis las mismas marcas que el anuncio del reino dejó en mi cuerpo

7.- ¡Vuestros nombres están inscritos en el cielo! Cesan las luchas en la tierra y comienza el descanso celeste. Se apagan las luces del mundo y se enciende la antesala del cielo. Cicatrizan las heridas causadas por el anuncio y empieza a divisarse aquello por lo que dimos la vida, las horas, la creatividad, el impulso, la sangre, y por lo que vertimos tantas lágrimas a tiempo y destiempo.

¡Gracias, Señor, Tú eres la medalla de oro a la que yo aspiro!

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1. - Este Evangelio siempre ha tenido para mí resonancias taurinas. El pobre torero en medio de la plaza haciendo lo que puede ante un toro resabiado y que ve mal de un ojo y desde todos los tendidos escucha insultos y gritos de la gente exigiéndole que se arrime.

Una cosa es gritar y otra estar en la arena con el capote en la mano y dos enormes cuernos a veinte centímetros de la nariz.

Jesús nos quiere decir aquí que si somos uno de esos 72 discípulos, es decir, si pertenecemos a su Iglesia, a su familia, a su pueblo misionero, no podemos quedarnos sentados en el tendido de sombra criticando a los demás, sino que todos, vosotros y yo, tenemos que tirarnos al ruedo.

Aquella concepción de Iglesia de curas para arriba y de pueblo que usa los templos, de curas para abajo, no tiene cartel ya. Es cosa vieja.

2. - Se oye con frecuencia que los curas acabamos con la afición, sobre todo de los jóvenes, con nuestras misas y nuestros sermones. Y lo comprendo perfectamente, porque los curas somos unos pesados predicando y, por otro lado, la misma misa, a pesar de todas las reformas de sus cánones y oraciones, todavía queda muy alejada del lenguaje inteligible.

Pero también habría que preguntarse si por parte de los 72 discípulos del pueblo, en la profesión de la propia Fe en el credo, en el rezo comunitario de la oración cristiana por excelencia del Padre Nuestro, o en las contestaciones de la liturgia, muestra una Fe convencida, vibrante, expresada con decisión o todo se va en un murmullo apagado con deseo de ver a quien acaba antes. Eso también acaba con la afición de los jóvenes.

Todos nos tenemos que tirar al ruedo para predicar, para enseñar a los demás nuestra Fe.

3. - “La mies es mucha y lo operarios pocos”. ¿Por qué pocos? ¿Podéis imaginar lo que podrían hacer en este mundo cuatrocientos millones de misioneros católicos?

Cuatrocientos millones que salieran a segar la mies con la urgencia con al que uno dice Jesús. Sin entretenerse en cosas vanas. Sin estar apegados a los bienes materiales, buscando tan sólo llevar a los demás el mensaje del Reino, mensaje de paz y de justicia.

Vosotros sois la luz del mundo. ¿No iluminaríamos al mundo entero si fuéramos cuatrocientos millones de antorchas luciendo en la oscuridad de la vida?

¿No habría cuatrocientos millones de hogares que recibirían con agradecimiento el mensaje de alegría y paz, cuando el mundo entero está anhelando la paz?

Cada uno de nosotros tiene que convertirse en su propio ambiente en mensajero de alegría y de paz. ¿No creéis que si lo hiciéramos así todos, si nos quedásemos en nuestro tendido de sombra criticando con saña al pobre torero, si todos nos lanzáramos al ruedo, se haría realidad el deseo de Jesús de que el Padre habría enviado operarios suficientes en sus Mies?

Vamos a pedir con la Oración de San Francisco de Asís que sepamos llevar al mundo la Paz del Señor.

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En la evangelización no hay “solistas”.

 

La frase es de Benedicto XVI, el miércoles 31 de enero del 2007. Yo estaba acostumbrado a

los solistas en las orquestas o en el canto. Y además, confieso que me gustaban esos solistas

de violín o de flauta. Pero no se he había ocurrido que los solistas están prohibidos en la

evangelización. Y aún dijo más. Que tratándose de la evangelización no hay un “yo” sino el

“nosotros” de la Iglesia. Es decir, que la evangelización es problema no de un “yo” sino de

un “nosotros”. Más claro. Es obra de todos.

Es obra de ese “nosotros que es la Iglesia entera”. ¿Alguien se imagina una calle con una sola farola encendida?

¿O alguien se imagina un solo foco para toda la casa? Cierto que sería un gran ahorro.

Pero no es menos cierto que la mayor parte de la casa quedaría en la oscuridad.

Cuando todos alumbramos todo se ilumina. Cuando todos nos apagamos todos

quedamos en tinieblas.

 

Jesús no se queda mirando a su sombra. Ante sus ojos tiene la humanidad entera. Y

siente la necesidad de que el mundo se pueble de estrellas para que alumbren a todos

los hombres.

“La mies es mucha”. La tarea es grande.

“Se necesitan más obreros”.

Aquí todos somos necesarios, porque aquí todos tenemos mucho que hacer.

Aquí no hay cabida:

Ni para los inútiles.

Ni para los vagos.

Ni para los cansados.

Ni para los indiferentes.

Ni para los que sólo piensan en ellos mismos.

 

El Evangelio no es propiedad de nadie. El Evangelio es buena noticia para todos.

Y todos estamos metidos en el mismo compromiso. Y cuanto más anunciemos el

Evangelio tanto mejor nos irá a todos.

 

Cuentan de un agricultor que tenía una semillas especiales. Las había tratado antes

de sembrarlas. Por eso sus cosechas eran estupendas. Mientras tanto, el resto de

agricultores se lamentaban de lo pobre de su cosecha. Los tallos eran pequeños. Las

espigas diminutas. Hasta que se dieron cuenta de que una especie de peste invadía

sus campos.

Entonces el agricultor inteligente regaló sus semillas a todos los demás. La cosecha

ese año fue estupenda. Preguntado por qué había tenido esa delicada generosidad

respondió: “Cuanto menos plagas tengan los demás, menos peligro tengo yo de que

algún día invadan mis campos”.

 

Pensar en los demás. Preocuparse de los demás. Hacer algo por los demás puede ser

la mejor manera de triunfar nosotros mismos.

 

El Papa es bien claro: “Esto es válido también para todos, ya sea para el Papa, como

para los Cardenales, los Obispos, los sacerdotes y los laicos”. Evangelizar es misión de

toda la Iglesia. E Iglesia somos todos nosotros. Por eso todos estamos llamados a

trabajar en esa mies del Señor.

 

¿Cuándo nos quitaremos de la cabeza eso de que evangelizar es cosa de los curas y las

monjas? A veces pienso que en la Iglesia nos sucede un poco como con el Gobierno.

Esto le toca al Gobierno.

Aquello que lo solucione el Gobierno. Esto que lo haga el Ministro. Aquello que vea el Presidente. Y mientras tanto, todos nos lavamos las manos y a esperar que los otros lo hagan por nosotros. El Evangelio es otra cosa. Es una vida y la vida se madura dando vida. El Evangelio es luz y la luz nunca ilumina a la luz sino a las sombras. El Evangelio es Buena Noticia. Y las buenas noticias son para todos. Al Evangelio no hace ponerle “sólo para adultos” como a las películas. Sino “apto para todos”. ¿Cuántos conocen de verdad el Evangelio de la salvación? ¿Y el resto que lo desconoce no nos dice nada? “La mies es mucha y los obreros pocos”. Recuerdo cuando era niño. Durante el tiempo de la siega el pueblo se quedaba casi vacío. Todos iban contratados a segar las inmensas llanuras de trigo de Castilla? Entonces no había las actuales “cosechadoras que hoy lo hacen todo”. Pero las cosechadoras no valen para sembrar ni segar la mies del Señor. También hoy se necesita mano de obra abundante para la sementera y para la siega del Evangelio. No olvidemos que Jesús no los envió de uno en uno sino de dos en dos, y envió a los setenta y dos, es decir, todos aquellos que le seguían más de cerca, para hacernos ver que la proclamación del Evangelio es compromiso de toda la comunidad.

 

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Ser corderos en medio de lobos. Ese es uno de los grandes retos del cristianismo. Así lo mandó Jesús a sus discípulos y así lo practicaron ellos tras habérselo visto hacer a Él. Sin embargo, en otra ocasión, el Maestro nos invitó a ser astutos como serpientes a la par que sencillos como palomas.

Ambas cosas se pueden compaginar mediante el amor. A veces, amar nos hará ser “corderos”, es decir, nos hará no asumir el juego sucio que otros utilizan, aunque eso nos suponga perjuicios momentáneos. Pero en otras ocasiones, el amor nos llevará a ser astutos y valientes, con el fin de defender, siempre por medios legales y pacíficos, los derechos de los pobres, de los inocentes, de la Iglesia. La astucia que debemos emplear los cristianos no está reñida con la inocencia. Nuestra inteligencia no es aliada de la maldad. Hay límites que un cristiano no debe franquear, pero hasta llegar a esos límites hay mucho campo por jugar y muchos medios legítimos que utilizar.

Por desgracia, lo que nos sucede es que la pereza o el miedo nos atenazan y nos excusamos diciendo que los hijos de las tinieblas son más listos que los hijos de la luz, como si por el hecho de no poder usar medios malos estuviéramos condenados a ser más tontos. No es verdad, es nuestra incompetencia lo que nos hace tontos y no el rechazo a los medios ilícitos. El fin, para nosotros, no justifica los medios, pero si usáramos los medios que podemos usar llegaríamos más lejos en la defensa de la justicia y la verdad. Por ejemplo, muchos católicos votan partidos que atacan a la Iglesia, consumen productos de empresas o ven cadenas de televisión hostiles a la fe. Eso no es ser malos ni buenos, es ser tontos.

Recientemente, el Papa Francisco, afirmaba: “Dios da fuerza y valor para ir contracorriente. Hay que hacerlo y hemos de estar orgullosos de ello”. El Papa, posiblemente viendo el panorama internacional, los mártires por causa de la fe (cada año mueren en el mundo 20.000 personas por el hecho de ser cristianos), leyes que legislan en contra de la vida, etc…animaba y nos anima a ser profetas, a ser sal y luz ya no diluirnos en lo políticamente correcto. A morir no martirialmente pero, tal vez, a morir cada día un poco por la causa de Jesús.

1.- Cuando uno se acerca al Evangelio, en este domingo, sabe de antemano que el anuncio del mensaje de Jesús conlleva (sobre todo en estos tiempos que nos toca vivir) no precisamente distinción, privilegio, clase, sino todo lo contrario: rechazo. El que pretenda lucir hoy una medalla en su pecho, el camino del Evangelio, no es precisamente un pódium para conquistarla ni merecerla a los ojos de la sociedad.

Pero Jesús, que siempre tiene palabras de ánimo, nos orienta y empuja de nuevo hacia la misión. ¡Poneos en camino!

Muchos intentarán que os quedéis quietos. Que vuestros criterios queden sepultados en el olvido. Responded con la fuerza de vuestras convicciones más profundas: lo que no hagáis nadie lo hará por vosotros.

¡Mirad que os mando como corderos en medio de lobos! Pensaréis que muchos estarán con vosotros y, luego, os daréis cuenta que viven de espaldas con lo que dicen creer

2.- Responded con la constancia de vuestro trabajo. Las fieras también se pueden domesticar.

¡No andéis cambiando de casa! Entrad para conocer muy de cerca la realidad de los hombres y mujeres que os rodean. Pero, que esas circunstancias, no os impidan vivir con intensidad y con libertad vuestra relación con otras personas. Que la espesura del bosque no obstaculice la visión del horizonte al que estáis llamados.

¡No llevéis alforja, ni sandalias! Tened las manos libres para abrazar con libertad y sin condiciones. Soltad el volante de las falsas seguridades para agarraros a mi Palabra que nunca os ha de faltar ni defraudar. Y aquí entra de lleno aquella advertencia del Papa Francisco: “algunos hacen de su ministerio un simple carrerismo”.

¡Está cerca el reino de Dios! No perdáis la esperanza. Aunque todo os parezca estío e infructífero; vuestros esfuerzos baldíos; la siembra aparentemente perdida; la creatividad puesta en tela de juicio: pensad que Yo estoy cerca de vosotros. En la prueba y en el sufrimiento, en las dudas y en el esfuerzo es donde lleváis las mismas marcas que el anuncio del reino dejó en mi cuerpo

¡Vuestros nombres están inscritos en el cielo! Cesan las luchas en la tierra y comienza el descanso celeste

Se apagan las luces del mundo y se enciende la antesala del cielo

Cicatrizan las heridas causadas por el anuncio y empieza a divisarse aquello por lo que dimos la vida, las horas, la creatividad, el impulso, la sangre, y por lo que vertimos tantas lágrimas a tiempo y destiempo

¡Gracias, Señor, Tú eres la medalla de oro a la que yo aspiro!

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“Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino.” (Lc 10, 3-4)

Ser corderos en medio de lobos. Ese es uno de los grandes retos del cristianismo. Así lo mandó

Jesús a sus discípulos y así lo practicaron ellos tras habérselo visto hacer a Él.

Sin embargo, en otra ocasión, el Maestro nos invitó a ser astutos como serpientes a la par que sencillos como palomas. Ambas cosas se pueden compaginar mediante el amor. A veces, amar nos hará ser “corderos”, es decir, nos hará no asumir el juego sucio que otros utilizan, aunque eso nos suponga perjuicios momentáneos. Pero en otras ocasiones, el amor nos llevará a ser astutos y valientes, con el fin de defender, siempre por medios legales y pacíficos, los derechos de los pobres, de los inocentes, de la Iglesia. La astucia que debemos emplear los cristianos no está reñida con la inocencia. Nuestra inteligencia no es aliada de la maldad. Hay límites que un cristiano no debe franquear, pero hasta llegar a esos límites hay mucho campo por jugar y muchos medios legítimos que utilizar. Por desgracia, lo que nos sucede es que la pereza o el miedo nos atenazan y nos excusamos diciendo que los hijos de las tinieblas son más listos que los hijos de la luz, como si por el hecho de no poder usar medios malos estuviéramos condenados a ser más tontos. No es verdad, es nuestra incompetencia lo que nos hace tontos y no el rechazo a los medios ilícitos. El fin, para nosotros, no justifica los medios, pero si usáramos los medios que podemos usar llegaríamos más lejos en la defensa de la justicia y la verdad. Por ejemplo, muchos católicos votan partidos que atacan a la Iglesia, consumen productos de empresas o ven cadenas de televisión hostiles a la fe. Eso no es ser malos ni buenos, es ser tontos.

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Jesús no se queda mirando a su sombra. Ante sus ojos tiene la humanidad entera. Y siente la necesidad de que el mundo se pueble de estrellas para que alumbren a todos los hombres.

 

“La mies es mucha”. La tarea es grande.

“Se necesitan más obreros”.

Aquí todos somos necesarios, porque aquí todos tenemos mucho que hacer.

Aquí no hay cabida:

Ni para los inútiles. Ni para los vagos. Ni para los cansados.

Ni para los indiferentes. Ni para los que sólo piensan en ellos mismos.

 

El Evangelio no es propiedad de nadie. El Evangelio es buena noticia para todos.

Y todos estamos metidos en el mismo compromiso. Y cuanto más anunciemos el Evangelio tanto mejor nos irá a todos.

 

Pensar en los demás. Preocuparse de los demás. Hacer algo por los demás puede ser la mejor manera de triunfar nosotros mismos.

 

Evangelizar es misión de toda la Iglesia. E Iglesia somos todos nosotros. Por eso todos estamos llamados a trabajar en esa mies del Señor.

 

¿Cuándo nos quitaremos de la cabeza eso de que evangelizar es cosa de los curas y las monjas? A veces pienso que en la Iglesia nos sucede un poco como con el Gobierno.

Esto le toca al Gobierno.

Aquello que lo solucione el Gobierno.

Esto que lo haga el Ministro.

Aquello que vea el Presidente.

Y mientras tanto, todos nos lavamos las manos y a esperar que los otros lo hagan por nosotros. El Evangelio es otra cosa.

Es una vida y la vida se madura dando vida.

El Evangelio es luz y la luz nunca ilumina a la luz sino a las sombras.

El Evangelio es Buena Noticia. Y las buenas noticias son para todos.

 

Al Evangelio no hace ponerle “sólo para adultos” como a las películas. Sino “apto para todos”.

¿Cuántos conocen de verdad el Evangelio de la salvación?

¿Y el resto que lo desconoce no nos dice nada?

“La mies es mucha y los obreros pocos”.