domingo 26 del tiempo ordinario‏ Ciclo C

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Con esta parábola, Jesús se dirige a los fariseos como representantes de todos aquellos que son amigos del dinero. Ellos se burlaban de Jesús y se burlaban de sus enseñanzas respectos al dinero injustamente habido.

Y la parábola tiene dos partes.

En la primera parte, nos habla del cambio radical de situación entre el rico y el pobre, después de la muerte.

El rico se convierte en pobre y el pobre en rico. El que estaba arriba, se encuentra abajo.

En el mundo que vivimos, parece que sólo tienen nombre los ricos y famosos. Y llama la atención en este texto del evangelio, que no se nombra al rico, se nombra exclusivamente al pobre. Contrariamente a lo que pasaría en ¨el mundo¨.

Precisamente, porque Dios Padre, nos conoce a cada uno por nuestro nombre y se quiere resaltar aquí, la especial predilección del Padre, por los que son despreciados por el mundo, por los humildes.

Al rico, le podemos poner nuestro nombre, porque de algún modo nos representa a cada uno de nosotros. Sí, no importa que ¨seamos¨ o no ¨ricos¨en dinero, sino de nuestra actitud ante los otros.

Nosotros somos el ¨rico¨, cuando no ponemos lo que Dios pone en nuestras manos, al servicio de los demás. Cuando no nos conmueve el sufrimiento de los otros.

Las riquezas materiales, con mayor frecuencia, nos hacen despreocuparnos de lo que les pasa a los demás.

La parábola nos muestra la dureza del rico, que despilfarra, y no ofrece al pobre, ni tan siquiera lo que cae de su mesa. Y el pobre esta preocupado por lo indispensable que es comer, y ni siquiera eso puede hacer.

Pero la muerte llega, la muerte iguala. Mueren ambos.

Y la parábola nos dice que el pobre Lázaro fue llevado al seno de Abraham-que eraa el resumen de toda la felicidad- para los judíos.

Y entonces, se invierten los papeles y es el rico el que reclama las migajas, que no le son dadas.

El mismo abismo que los separa en la vida, los sigue separando en la eternidad

Esta parábola quiere ponernos en claro a cada uno de nosotros, que la pobreza y la riqueza no duran para siempre.

Y esto debe movernos a nosotros a ser buenos administradores de los bienes materiales. A pedirle al Señor que el dinero, ya sea por tenerlo, por desearlo o por carecer de él, nunca endurezca nuestro corazón

Cuenta el Padre Martín Weichs que Una señora muy rica, que había jugado un rol muy importante en la tierra, llegó al cielo.

San Pedro la recibió, la introdujo en su nuevo estilo de vida y le mostró un hermoso palacio.

Le dijo: Esta es la vivienda de su empleada.

La Señora pensó: si mi empleada tiene una casa tan linda ¿ qué voy a recibir entonces yo?

Entonces Pedro le mostró una construcción muy humilde y le dijo: Esta es su vivienda.

Indignada, la Señora le dijo: Pero ¿cómo voy a vivir en este lugar ?

A lo que San Pedro le constestó:

Lo lamento mucho, pero con el material que usted nos mandó, no pudimos construir nada mejor.

 

En la segunda parte de la parábola, Jesús nos enseña, porqué se perdió el hombre rico.

El hombre rico, fue sordo a las llamadas de la Palabra de Dios.

Nosotros podemos ser como los hermanos del hombre rico. Y no tenemos que esperar que venga nadie del otro mundo a advertirnos lo que tenemos que hacer.

Nosotros sabemos que el camino para encontrar la salvación es seguir a Jesús, escuchar su palabra y hacerla vida.

Esta parábola de hoy también podemos interpretarla desde la riqueza que significa la fé cristiana para quienes la hemos recibido. Y el pobre Lázaro, representa a todos los que todavía no han descubierto el Amor de Dios.

Y la palabra de Dios nos advierte que para que no terminemos mal nuestro camino, tenemos que salir..., y ayudar a aquellos que tienen la mayor de las carencias, la carencia de Dios.

Jesucristo nos da su Palabra, nos da los Sacramentos, nos da una Familia, su Iglesia, y quiere que esa gran riqueza que tenemos, la compartamos.

Pidámosle hoy a María, ser como ella portadores de Cristo. A nuestro lado, hay mucha gente, que puede estar necesitando las migajas de fé..., que puedan caer de nuestra mesa. No seamos ¨ricos¨ a los ojos del mundo, esforcémosnos por ser ¨ricos¨ de cara a Dios.

Que el Señor nos ayude a descubrir los verdaderos valores, aquellos por los que vale la pena gastar la vida...