Homilías Sacramento del Matrimonio

 

(A)

Queridos …, hemos venido a una fiesta, a celebrar la fiesta de vuestro amor. Hoy vais a realizar tres gestos llenos de significado:

 

1.- Os daréis la mano, como si fueseis a emprender un camino juntos. Y es verdad. De ahora en adelante, ya no podréis vivir, ser felices, el uno sin el otro. Hoy queréis poner en las manos del otro lo que más queréis, hasta compartirlo todo, hasta ponerlo todo en común... El conocido autor del Principito, dice que amar no consiste sólo en mirarse el uno al otro, sino sobre todo en mirar los dos en la misma dirección. Y dice también: dos no son verdaderamente amigos, hasta que no han hecho una cordada juntos. Una cordada como la que hoy comenzáis vosotros, bien cogidos de la mano, para daros seguridad y fuerza.

 

2.- Os prometeréis amor para siempre. El amor, nos decía San Pablo es lo más grande.

Cuando san Juan nos quiso definir a Dios, no supo decir otra cosa sino que Dios era Amor... Pero es también lo más difícil, porque amar es olvidarse de uno mismo para pensar en el otro; salir de uno mismo para entregarse al otro; aprender a ser feliz haciendo feliz al otro... El amor es lo único que os hará felices. Lo demás no os servirá de nada.

Aunque tuvieseis los éxitos profesionales más sorprendentes, aunque acumularais todas las riquezas del mundo, aunque llegarais a ser famosos... si no os amáis, no lograréis ser felices... Pero no os engañéis, el amor verdadero, el amor que os hará felices, nos ha dicho San Pablo, es paciente, , bondadoso, humilde, delicado, comprensivo, generoso, lo soporta todo, lo perdona todo, no pierde nunca la esperanza...

 

3.- Os pondréis un anillo, mientras os decís: recibe esta alianza en señal de mi amor fiel a ti... La alianza que os pondréis es señal de la alianza con la que hoy selláis vuestros corazones: “Grábame como un sello en tu corazón”....

 

Y para que todo esto sea realidad, habéis venido aquí a poner vuestro amor en manos de Dios. Porque creéis que Dios tiene algo que ver en vuestro amor. ¡Y desde luego tiene que ver mucho! Sabemos por la fe que Jesús está presente en vuestra boda... El es también hoy vuestro invitado. Y él se compromete a acompañaros a lo largo de vuestra vida de matrimonio…

 

¡Felicidades____! Es la palabra que más escucharéis. Que os améis mucho y que sepáis que ahí encontraréis la Felicidad con la que soñáis. Esto es lo que en el fondo de nuestros corazones os deseamos todos los que estamos aquí y es lo que pedimos a Dios para vosotros.

  

(B)

Habéis escuchado muchos consejos estos días: consejos de familiares y amigos; consejos de todo tipo: en serio y en broma; con buena intención y con humor. Como sacerdote voy a deciros algunas cosas.

1. Amaos siempre, con generosidad. El amor no tiene medida. Amaos sin condiciones, como Dios os ama. Y amad a todos, no encerréis el amor en vuestro hogar. El amor en exclusiva acaba enfermando. El amor no es contemplarse el uno al otro, sino mirar los dos en la misma dirección.

2. Amaos en libertad. No somos libres de amar o no amar; sino libres para amar en libertad. El amor que no respeta la libertad en el otro, no es amor verdadero, sino posesión del otro. No debemos obligar a nadie a que nos ame ni nadie puede obligarnos a amarle. Ni siquiera Dios nos obliga a amarle. Amad porque os sale de dentro, os sale del alma.

3. Respetaos mutuamente. El respeto es la base de la convivencia. Respetaos en vuestra personalidad. La persona es algo sagrado. Es lo que nos hace originales y no copias. No os hagáis sombra. No os hagáis competencia alguna, ni siquiera en el amor.

4. Abrid vuestro corazón a todos. No os encerréis en vuestro hogar, ni siquiera en los hijos. El amor no se pierde ni se debilita al  extenderlo. Todo lo contrario: cuanto más se da, más se tiene. Aquí fallan las matemáticas.

5. Haced de vuestro hogar un templo en pequeño, al que todos tengan acceso y se encuentren a gusto. No se trata de adornarlo con cuadros, imágenes o flores; sino de amigos y amigas, de familiares. Un templo en el que Dios ocupe el sillón principal.

6. Tened vuestros ratos de silencio, de intimidad, de reflexión y de oración. La persona no es solo actividad, trabajo, ajetreo. Necesita silencio y soledad; encontrarse consigo y con Dios.

7. Vivid a pleno pulmón. Disfrutad. Sed felices. Gozad. Vivid alegres. La vida es un regalo de Dios. Amad siempre la vida: la vuestra y la de los demás. Respetad siempre la vida. Y, soñad; sí, soñad en un mundo nuevo y mejor; más justo y mejor repartido; más solidario, más humano.

8. Sabed que la convivencia es difícil. Convivir en armonía; dialogar crecer juntos; compartir ilusiones y proyectos; aceptar las cualidades y valores; comprensión ante los fallos y defectos; admitir que la persona vale más que todas las ideas y más que el dinero. Unidos en los buenos y malos momentos.

                                                                                                         

Vuestro cura y amigo:  Damián