Moniciones y Homilía Miércoles de Ceniza A

Miércoles de Ceniza

MONICIÓN DE ENTRADA

Iniciamos con esta celebración la Cuaresma. Es un tiempo que nos llevará hasta la Semana Santa y en el que vamos a intentar varias cosas:

a) Conocer más a Jesús a través de su Palabra

b) Descubrir nuestras enfermedades espirituales (pecados) para intentar ser como Jesús quiere

c) Acercarnos a diversos remedios para reconducir nuestra vida.

Comencemos, esta SANTA CUARESMA, pidiendo al Señor perdón, escuchando su Palabra y, a continuación, después de sabernos pecadores, que la ceniza nos haga convertirnos y volver de los caminos equivocados.

 

MONICIÓN A LAS LECTURAS

Hoy, y nos puede sorprender, el Señor nos llama a CAMBIAR. ¿De qué tenemos que cambiar? Nos podemos preguntar. Hay cosas en nuestra vida, interna y externa, que sabemos que no están bien. ¿Cómo vamos a celebrar la Semana como Dios quiere si dejamos que el maligno se apodere de nosotros?

Que la oración, la austeridad y la limosna, nos ayuden a pensar y crecer más en Jesús de Nazaret. Escuchemos atentamente.

 

Peticiones

1. Para que pensemos en este día de Miércoles de ceniza, en las cosas que tenemos que cambiar para agradar más a Dios. Roguemos al Señor.

2. Para que, en esta Cuaresma que hoy comenzamos, procuremos leer más los evangelios. Roguemos al Señor.

3. Por la Iglesia. Para que nos recuerde siempre que para conocer a Jesús tenemos que perdonar, orar y ser más caritativos con los que nos rodean. Roguemos al Señor.

4. Para que busquemos siempre el decir la verdad y alejarnos de los caminos que nos conducen al vacío y a la falta de fe y de esperanza. Roguemos al Señor.

 

Homilía Miércoles de Ceniza

¿Quién de nosotros, puestos en camino hacia un destino, no nos hemos encontrado con señalizaciones que nos han hecho dudar a la hora de escoger una dirección determinada? ¿Quién de nosotros, dispuestos hacia un viaje, no se ha dejado seducir y entretener por circunstancias o paisajes que distrajeron nuestra atención o, incluso, alteraron y dislocaron el planteamiento con el que habíamos salido de casa?

1.- La cuaresma, un año más, llama con fuerza a nuestra puerta. En el horizonte se divisa la Pascua y, por si lo hemos olvidado, hemos de recuperar totalmente el brillo en el alma, el testimonio de nuestra fe y avanzar en el conocimiento de Jesús. La Palabra de Dios, certera y dando con dardo preciso en nuestro corazón, nos re-situará y llevará de la superficialidad a la hondura de la Semana Santa. Una revisión, de lo que somos, hacemos, y sentimos como cristianos…no viene mal nunca. Pero, la Pascua, lo merece.

¿Qué sentido tiene la cuaresma? Hoy, así lo creo yo, más que nunca. Vivimos dispersos y, a Dios, en multitud de ocasiones lo relegamos a un segundo plano. Nos falta ser más fieles a la Palabra del Señor y, por si fuera poco, en nuestro interior no siempre reina totalmente Dios. ¿Y aún nos preguntamos para qué y por qué la cuaresma? Nos hemos acostumbrado a crecer hacia arriba, y resulta que lo que ahora necesitamos y echamos en falta son las raíces.

2.- Para disfrutar como cristianos de la Pascua del Señor hay que hacerlo vestidos de fiesta. Y para entrar en la sala de los comensales será necesario pedir y ofrecer el perdón; luchar contra los pequeños aguijones que nos incitan a postrarnos ante dioses de piedra, madera o cartón; arrancarnos toda máscara que empaña nuestro rostro y que el carnaval existente a nuestro alrededor se ha encargado de colocar sobre nuestra forma de ser y de vivir. ¿Y todavía dudamos de si la cuaresma es necesaria? ¡Ya lo creo! El Señor nos quiere seguidores con talla noble y auténtica. Quitémonos las caretas que disimulan nuestra verdadera personalidad. Equipémonos con el manto de la oración y sumerjámonos, durante estos cuarenta días, en la meditación pausada y serena de los misterios de la pasión, muerte y resurrección de Cristo.

3.- Si, hermanos, ahora es tiempo de gracia, de salvación, de búsqueda. Es el momento de hacer más recia nuestra fe. En Navidad nos asombraba el amor de Dios en una mísera cuna pero, en Pascua, nos escandalizará y nos conmoverá profundamente como el Señor, entre maderas de nuevo, nos muestra su identidad y lo único que sabe dar: amor.

Convirtámonos. Regresemos de nuestros pequeños feudos e imperios ante Aquel que, apresando su cruz, morirá en ella por salvarnos. ¿Nos damos cuenta que lo hizo, lo hace y lo hará por ti, por mí y por la humanidad? ¡Algo grande tiene nuestra alma cuando, Dios, permite pagar tan alto precio por ella!

¿Y aún decimos que “para qué” la cuaresma? Entre otras cosas porque nos posibilita nuestra vuelta personal y comunitaria hacia el Señor. ¡Revisémonos y convirtámonos al Señor!

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1.- Hoy es miércoles de ceniza y comenzamos la Cuaresma con este signo de conversión. Pero realmente las cenizas no son una imagen agradable, nos recuerdan cosas negativas, restos de un incendio que lo ha destruido todo, ruinas, desolación.

2.- También en nuestras vidas puede haber “cenizas”, no tanto físicas, cuanto interiores, restos de algo que nos ha “quemado” por dentro. La situación de crisis que estamos viviendo esta dejando a muchas personas “reducidas a cenizas”: los parados cada vez son más, los encarcelados no encuentran vías de rehabilitación, los extranjeros viven marginados, los débiles no son apoyados, las familias se rompen, los proyectos de vida se ven truncados, nuestros jóvenes no ven norte ni futuro. Además, las cenizas crean contaminación. Vivimos en un mundo insostenible por nuestro modo de vivir irrespetuoso con el medio ambiente. Y la contaminación hace crecer las enfermedades y reduce la calidad de vida de las personas que habitamos este planeta. La ceniza, hoy, nos recuerda nuestro pecado, nuestra insolidaridad, nuestro egoísmo e individualismo. Necesitamos la conversión, necesitamos cambiar, no volver a cometer los mismos errores. Necesitamos “renacer de nuestras propias cenizas”.

3.- Esa es precisamente la llamada que Dios nos hace en este tiempo de Cuaresma. Un tiempo que se repite todos los años como signo de purificación, de limpieza, de recuperación. Un tiempo en el que Dios nos ofrece salidas para sacar nuestras vidas de las “cenizas”. Sólo Él puede hacerlo, sólo si confiamos en Él, sólo si estamos dispuestos a hacer ese esfuerzo de conversión que nos pide este tiempo, y la misma vida que estamos viviendo.

4.- La Palabra de Dios, que siempre es guía para nuestro caminar creyente, nos dice que la conversión es algo que nace del corazón, que no sirve hacer gestos y cosas exteriores si no tienen eco en nuestro interior. “Rasgad los corazones, no las vestiduras”, dice el profeta Joel en la primera lectura. Por mucho que hagamos en este tiempo de Cuaresma, si no nos cambia interiormente, sino limpia las “cenizas” interiores de nuestra vida, no sirve de nada.

5.- El Evangelio nos habla de ayuno, de oración y de limosna. Eran las tres obras de piedad por excelencia para el pueblo judío, y al cumplirlas se aseguraban el estar bien con Dios. Pero Jesús viene a decir que, además de cuidar la relación con Dios, hay que preocuparse también de las necesidades de los hermanos. La parroquia nos propone, en esta Cuaresma, ayudar a las necesidades de los hermanos más pobres a través de la recogida de alimentos. “Caritas necesita tu ayuda” es el lema de esta campaña. Necesitamos recoger todo tipo de alimentos no perecederos, cuantos más mejor, para seguir cubriendo las necesidades de muchas familias que viven entre nosotros. La solidaridad es la mejor manera para superar esta crisis, y en esto los cristianos tenemos que dar nuestro mejor ejemplo, como lo están haciendo las Caritas de tantas parroquias, como lo hace nuestra Iglesia, cerca de los pobres, al estilo de Jesús.

6.- No echemos en “saco roto” nada de esto, nos dice San Pablo. Tenemos una gran oportunidad para cambiar nuestros corazones y apostar por la solidaridad. La ceniza de este día se verá limpiada con el agua bautismal en la Vigilia Pascual. Comenzamos un camino de conversión, aprovechémoslo. El Señor nos invita a “renacer de nuestras cenizas”. Acojamos su invitación.