Guía Cuaresma 2014

Siguiendo a Jesús…

Quiero hacerme  pobre

Podríamos pensar que este "camino" de la pobreza fue el de Jesús, mientras que nosotros, que venimos después de Él, podemos salvar el mundo con los medios humanos adecuados. No es así. En toda época y en todo lugar, Dios sigue salvando a los hombres y salvando el mundo mediante la pobreza de Cristo, el cual se hace pobre en los Sacramentos, en la Palabra y en su Iglesia, que es un pueblo de pobres. La riqueza de Dios no puede pasar a través de nuestra riqueza, sino siempre y solamente a través de nuestra pobreza, personal y comunitaria, animada por el Espíritu de Cristo.

 

Ofrecemos este material a los sacerdotes y equipos de liturgia para preparar la Cuaresma.

Invitamos a participar en el comentario del evangelio  de cada domingo en el blog:

www.porunmundomejor.com

 

Por un Mundo Mejor

Introducción

 

La Cuaresma que hoy empezamos es camino, porque los cristianos siempre estamos de camino, siguiendo a Jesús y acompañados por él. Pero es un camino que no se hace dejándose llevar por inercia; es especial porque nos tiene que servir para revisar nuestra vida y para redescubrir lo esencial del sentido de la vida….

Iniciamos esta marcha el miércoles de ceniza, donde se nos invita a “creer en el evangelio”, esto es, a fiarnos de Jesús, el Señor. Él es el Camino de la Vida. Nuestra vida consiste en ser como Él consiste nuestra vida. Una vida, que ha de ser arrancada de la muerte, el egoísmo, que nos atenaza de mil maneras (domingo 1º, tentaciones), que se hace y madura en la prueba (dom 2º, transfiguración), que hemos de desear como los sedientos el agua (dom 3º, samaritana), que comienza cuando el Señor nos abre los ojos y le conocemos (dom 4º, ciego de nacimiento), ya que “la vida consiste en que te conozcan a Ti y al que enviaste, Jesucristo”, que nos invita a atrevernos a vivir esa Vida (domin 5º resucitación de Lázaro)… Culmina en la celebración del Paso de Jesús de la muerte a la Vida en plenitud…

 

Mensaje del Papa Cuaresma 2014

 

"Se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza"

 

"Queridos hermanos y hermanas:

Con ocasión de la Cuaresma os propongo algunas reflexiones, a fin de que os sirvan para el camino personal y comunitario de conversión. Comienzo recordando las palabras de san Pablo: "Pues conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, se hizo pobre por vosotros para enriqueceros con su pobreza". El Apóstol se dirige a los cristianos de Corinto para alentarlos a ser generosos y ayudar a los fieles de Jerusalén que pasan necesidad. ¿Qué nos dicen, a los cristianos de hoy, estas palabras de san Pablo? ¿Qué nos dice hoy, a nosotros, la invitación a la pobreza, a una vida pobre en sentido evangélico?

 

La gracia de Cristo

Ante todo, nos dicen cuál es el estilo de Dios. Dios no se revela mediante el poder y la riqueza del mundo, sino mediante la debilidad y la pobreza: "Siendo rico, se hizo pobre por vosotros...". Cristo, el Hijo eterno de Dios, igual al Padre en poder y gloria, se hizo pobre; descendió en medio de nosotros, se acercó a cada uno de nosotros; se desnudó, se "vació", para ser en todo semejante a nosotros ). ¡Qué gran misterio la encarnación de Dios! La razón de todo esto es el amor divino, un amor que es gracia, generosidad, deseo de proximidad, y que no duda en darse y sacrificarse por las criaturas a las que ama. La caridad, el amor es compartir en todo la suerte del amado. El amor nos hace semejantes, crea igualdad, derriba los muros y las distancias. Y Dios hizo esto con nosotros. Jesús, en efecto, "trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de nosotros, en todo semejante a nosotros excepto en el pecado"

La finalidad de Jesús al hacerse pobre no es la pobreza en sí misma, sino -dice san Pablo-"...para enriqueceros con su pobreza". No se trata de un juego de palabras ni de una expresión para causar sensación. Al contrario, es una síntesis de la lógica de Dios, la lógica del amor, la lógica de la Encarnación y la Cruz. Dios no hizo caer sobre nosotros la salvación desde lo alto, como la limosna de quien da parte de lo que para él es supérfluo con aparente piedad filantrópica. ¡El amor de Cristo no es esto! Cuando Jesús entra en las aguas del Jordán y se hace bautizar por Juan el Bautista, no lo hace porque necesita penitencia, conversión; lo hace para estar en medio de la gente, necesitada de perdón, entre nosotros, pecadores, y cargar con el peso de nuestros pecados. Este es el camino que ha elegido para consolarnos, salvarnos, liberarnos de nuestra miseria. Nos sorprende que el Apóstol diga que fuimos liberados no por medio de la riqueza de Cristo, sino por medio de su pobreza. Y, sin embargo, san Pablo conoce bien la "riqueza insondable de Cristo", "heredero de todo".

¿Qué es, pues, esta pobreza con la que Jesús nos libera y nos enriquece? Es precisamente su modo de amarnos, de estar cerca de nosotros, como el buen samaritano que se acerca a ese hombre que todos habían abandonado medio muerto al borde del camino Lo que nos da verdadera libertad, verdadera salvación y verdadera felicidad es su amor lleno de compasión, de ternura, que quiere compartir con nosotros. La pobreza de Cristo que nos enriquece consiste en el hecho que se hizo carne, cargó con nuestras debilidades y nuestros pecados, comunicándonos la misericordia infinita de Dios. La pobreza de Cristo es la mayor riqueza: la riqueza de Jesús es su confianza ilimitada en Dios Padre, es encomendarse a Él en todo momento, buscando siempre y solamente su voluntad y su gloria. Es rico como lo es un niño que se siente amado por sus padres y los ama, sin dudar ni un instante de su amor y su ternura. La riqueza de Jesús radica en el hecho de ser el Hijo, su relación única con el Padre es la prerrogativa soberana de este Mesías pobre. Cuando Jesús nos invita a tomar su "yugo llevadero", nos invita a enriquecernos con esta "rica pobreza" y "pobre riqueza" suyas, a compartir con Él su espíritu filial y fraterno, a convertirnos en hijos en el Hijo, hermanos en el Hermano Primogénito.

Se ha dicho que la única verdadera tristeza es no ser santos; podríamos decir también que hay una única verdadera miseria: no vivir como hijos de Dios y hermanos de Cristo.

 

Nuestro testimonio

Podríamos pensar que este "camino" de la pobreza fue el de Jesús, mientras que nosotros, que venimos después de Él, podemos salvar el mundo con los medios humanos adecuados. No es así. En toda época y en todo lugar, Dios sigue salvando a los hombres y salvando el mundo mediante la pobreza de Cristo, el cual se hace pobre en los Sacramentos, en la Palabra y en su Iglesia, que es un pueblo de pobres. La riqueza de Dios no puede pasar a través de nuestra riqueza, sino siempre y solamente a través de nuestra pobreza, personal y comunitaria, animada por el Espíritu de Cristo.

A imitación de nuestro Maestro, los cristianos estamos llamados a mirar las miserias de los hermanos, a tocarlas, a hacernos cargo de ellas y a realizar obras concretas a fin de aliviarlas. La miseria no coincide con la pobreza; la miseria es la pobreza sin confianza, sin solidaridad, sin esperanza. Podemos distinguir tres tipos de miseria: la miseria material, la miseria moral y la miseria espiritual. La miseria material es la que habitualmente llamamos pobreza y toca a cuantos viven en una condición que no es digna de la persona humana: privados de sus derechos fundamentales y de los bienes de primera necesidad como la comida, el agua, las condiciones higiénicas, el trabajo, la posibilidad de desarrollo y de crecimiento cultural. Frente a esta miseria la Iglesia ofrece su servicio, su diakonia, para responder a las necesidades y curar estas heridas que desfiguran el rostro de la humanidad. En los pobres y en los últimos vemos el rostro de Cristo; amando y ayudando a los pobres amamos y servimos a Cristo. Nuestros esfuerzos se orientan asimismo a encontrar el modo de que cesen en el mundo las violaciones de la dignidad humana, las discriminaciones y los abusos, que, en tantos casos, son el origen de la miseria. Cuando el poder, el lujo y el dinero se convierten en ídolos, se anteponen a la exigencia de una distribución justa de las riquezas. Por tanto, es necesario que las conciencias se conviertan a la justicia, a la igualdad, a la sobriedad y al compartir.

No es menos preocupante la miseria moral, que consiste en convertirse en esclavos del vicio y del pecado. ¡Cuántas familias viven angustiadas porque alguno de sus miembros -a menudo joven- tiene dependencia del alcohol, las drogas, el juego o la pornografía! ¡Cuántas personas han perdido el sentido de la vida, están privadas de perspectivas para el futuro y han perdido la esperanza! Y cuántas personas se ven obligadas a vivir esta miseria por condiciones sociales injustas, por falta de un trabajo, lo cual les priva de la dignidad que da llevar el pan a casa, por falta de igualdad respecto de los derechos a la educación y la salud. En estos casos la miseria moral bien podría llamarse casi suicidio incipiente. Esta forma de miseria, que también es causa de ruina económica, siempre va unida a la miseria espiritual, que nos golpea cuando nos alejamos de Dios y rechazamos su amor. Si consideramos que no necesitamos a Dios, que en Cristo nos tiende la mano, porque pensamos que nos bastamos a nosotros mismos, nos encaminamos por un camino de fracaso. Dios es el único que verdaderamente salva y libera.

El Evangelio es el verdadero antídoto contra la miseria espiritual: en cada ambiente el cristiano está llamado a llevar el anuncio liberador de que existe el perdón del mal cometido, que Dios es más grande que nuestro pecado y nos ama gratuitamente, siempre, y que estamos hechos para la comunión y para la vida eterna. ¡El Señor nos invita a anunciar con gozo este mensaje de misericordia y de esperanza! Es hermoso experimentar la alegría de extender esta buena nueva, de compartir el tesoro que se nos ha confiado, para consolar los corazones afligidos y dar esperanza a tantos hermanos y hermanas sumidos en el vacío. Se trata de seguir e imitar a Jesús, que fue en busca de los pobres y los pecadores como el pastor con la oveja perdida, y lo hizo lleno de amor. Unidos a Él, podemos abrir con valentía nuevos caminos de evangelización y promoción humana.

Queridos hermanos y hermanas, que este tiempo de Cuaresma encuentre a toda la Iglesia dispuesta y solícita a la hora de testimoniar a cuantos viven en la miseria material, moral y espiritual el mensaje evangélico, que se resume en el anuncio del amor del Padre misericordioso, listo para abrazar en Cristo a cada persona. Podremos hacerlo en la medida en que nos conformemos a Cristo, que se hizo pobre y nos enriqueció con su pobreza. La Cuaresma es un tiempo adecuado para despojarse; y nos hará bien preguntarnos de qué podemos privarnos a fin de ayudar y enriquecer a otros con nuestra pobreza. No olvidemos que la verdadera pobreza duele: no sería válido un despojo sin esta dimensión penitencial. Desconfío de la limosna que no cuesta y no duele.

Que el Espíritu Santo, gracias al cual"[somos] como pobres, pero que enriquecen a muchos; como necesitados, pero poseyéndolo todo" sostenga nuestros propósitos y fortalezca en nosotros la atención y la responsabilidad ante la miseria humana, para que seamos misericordiosos y agentes de misericordia. Con este deseo, aseguro mi oración por todos los creyentes. Que cada comunidad eclesial recorra provechosamente el camino cuaresmal. Os pido que recéis por mí. Que el Señor os bendiga y la Virgen os guarde".

 

Eucaristías de los Domingos

 

Invitamos de nuevo a seguir el camino iniciado hace algún tiempo, queremos sobre todo con el apoyo de los celebrantes, introducir un dinamismo más vivo en la liturgia dominical, respetando el sentido de la celebración.

Las indicaciones que hacemos son elementos para el discernimiento que el equipo de liturgia tiene que hacer en su parroquia. Viendo la oportunidad, el ritmo con que introducirlos… 

Venimos recordando a los animadores de la pastoral y a los sacerdotes (equipos de liturgia) que aprovechemos la oportunidad que nos brindan las CELEBRACIONES dominicales en sus tres dimensiones esenciales que iban tan unidas en las Primitivas Comunidades, y que sin duda deben constituir ahora un referente para nosotros: La Asamblea-la Eucaristía-el Domingo. La Asamblea (pueblo convocado por Dios en medio de las naciones), la Eucaristía (para dar gracias en Cristo por el Espíritu) y el Domingo (a la espera del regreso del Señor, al fin de los tiempos).

  • Proponemos que nos centremos en potenciar, sobre todo, el sentirnos asamblea. En general, el sentido de “Asamblea” es muy pobre e insignificante en la mayoría de las celebraciones del domingo. Tendríamos que potenciar el momento de la acogida antes del comienzo de la misma, recibiendo a las personas participantes, saludándolas, ofreciendo alguna información (hoja) que facilite la participación en el canto… Venimos a una celebración comunitaria, tendremos que superar tanto el silencio forzado, como la algarabía.

Hacer que el salmo sea lo que es, una plegaria, para ello tenemos que prestar atención que no sea el mismo lector que el de las lecturas, en la forma de realizarse, pues es una plegaria, cuidando el clima, el modo de proclamarlo y la participación del pueblo.

Cuidar el ritmo y silencio, sin prisas, que debe acompañar la escucha de la Palabra. Dedicar, después de la proclamación de la Palabra, un tiempo de silencio y oración personal, teniendo delante el evangelio correspondiente y una breve guía; después del tiempo personal dedicar un momento de compartir (tres o cuatro minutos para ir ampliando), con otra persona cercana, que se ampliará con el tiempo a otras tres personas...

Al final, el sacerdote que preside hace la homilía, con el espíritu que nos ha ofrecido el Papa Francisco en su exhortación la Alegría del Evangelio (EG ).

La preces que sean participadas, y en la medida de lo posible ir abriendo la posibilidad de presentar algunas preces que reflejen situaciones concretas y, en la medida de lo posible,  poder ir expresando alguna con espontaneidad…

  • El ofertorio es un momento de transición entre la Proclamación y acogida de la Palabra y la Plegaria eucarística, tenemos que cuidar con creatividad conjugando la música, el silencio, las ofrendas (colecta) y algunos símbolos o gestos…
  • Cuidemos los sacerdotes la proclamación de la “Plegaria eucarística” prestando atención a elegir de las diversas plegarias las más oportuna… a su proclamación, al ritmo, a los silencios como espació que favorezca la adhesión del pueblo, algún canto que sirva de unión y participación con lo que se proclama…
  • La dimensión del “día del Señor” tiene que estar presente en toda la celebración, pues es memoria viva y anuncio de plenitud, pero especialmente prestemos atención a la acogida, el saludo que se ofrece y la despedida con algún gesto o algún encuentro posterior…

 

 

GESTO:

 

Para dar testimonio de esta "rica pobreza" y "pobre riqueza", a la que nos invita el Papa Francisco, sería significativo y coherente presentar al inicio de la Cuaresma una iniciativa de solidaridad con una situación de pobreza, de marginación social que o bien se realizara durante el tiempo de cuaresma o bien se realizara una campaña que culminara en la semana santa, por ejemplo en el Jueves Santo.

 

PARA MEDITAR EN CUARESMA CON PELÍCULAS

 

Para meditar en cuaresma El mensaje del Papa Francisco, podemos aprovechar historias que nos muestran a personas que han estado cerca de otras al modo samaritano, para ayudarlas, servirlas, amarlas, y en las que el Señor se hace presente. Algunas películas cuentan estas historias; presentamos aquí seis películas que podemos encontrar y ver una cada semana. He aquí las que proponemos:

  1. A ciegas
  1. Teresa de Calcuta
  1. Dinero sucio (documental)
  1. También la lluvia
  1. Cadena de favores
  1. Amor

 

Las personas interesadas pueden pedir el material a: equipo@porunmundomejor.com

 

 

PREGÓN DE CUARESMA

Los que habéis sido bautizados,

los que habéis escuchado la voz del Espíritu,

los que habéis acogido la revelación del Dios vivo,

los que habéis descubierto que sois sus hijos,

¡adentraos en el desierto sin miedo

y caminad con paso ligero!

 

Cuaresma es ese tiempo que viene y va,

tiempo para vivirlo en camino,

sin instalarse, sin retenerlo, sin lamento,

con la esperanza siempre a flor de piel

y la mirada fija en otro tiempo,

la Pascua, que es definitivo.

 

Entrad en Cuaresma convencidos,

listos para emprender el camino,

ligeros de equipaje;

la mente despejada,

entrañas llenas de ternura y misericordia,

calzado apropiado,

y mucha paciencia con vosotros mismos.

 

Dejaos mecer por la brisa del Espíritu;

poned vuestro corazón en sintonía

con los latidos de Dios y el grito de los afligidos,

bebed en los manantiales de la vida

y no os dejéis engañar por los espejismos del desierto.

 

Bajad del monte a los caminos de la vida,

bajad sin miedo y llenos de misterio.

No profanéis los templos vivos,

buscad de noche como Nicodemo

y, como aquellos griegos,

preguntad a discípulos y amigos

por Jesús y su Reino

y cómo sembrarse en el campo del mundo

para germinar a su estilo.

 

Vivid la Cuaresma bien despiertos,

caminando en comunidad,

con fe, esperanza y amor,

fijos los ojos en Jesús.

¡Daos esa oportunidad!

 

    

Miércoles de Ceniza: Levantarse y ponerse en marcha

 

Saludo

 

La paz y reconciliación de nuestro Padre misericordioso esté siempre con vosotros.

 

Presentación:

 

Hoy es Miércoles de Ceniza. Con este día damos inicio al tiempo de Cuaresma: 40 días que nos servirán para preparar nuestro corazón a la gran fiesta de la Pascua.

Este año se nos propone ser “caminantes”, ponernos en camino. Durante el tiempo de Adviento, previo a la Navidad, le pedíamos a Dios que nos diera la capacidad de confiar en Él y buscábamos junto con Él razones para seguir confiando en nosotros, en nuestro mundo y en Dios. En este tiempo de Cuaresma que hoy comienza le queremos pedir que, después de dar el primer paso, el de la confianza, siga caminando con nosotros, nos ayude a recorrer el mapa de nuestra vida, con sus diferentes experiencias.

Caminar con Dios es un viaje inesperado: no sabemos muy bien qué nos encontraremos, las dificultades que irán apareciendo en el camino, los buenos momentos que viviremos. Pero estamos seguros de que en todos los momentos, Dios estará presente: animándonos en la dificultad, alegrándose con nosotros en los buenos instantes.

 

Oración Colecta

Señor, Tú tienes misericordia de nosotros

te fijas en cómo caminamos:

unas veces no sabemos muy bien el camino, otras nos equivocamos,

la mayor parte de las veces decidimos no caminar.

Da fuerza a nuestra vida, llena nuestros pasos de sentido,

haz que nuestro camino nos hable de ti, de tu bondad y tu perdón.

Señor, esta Cuaresma queremos caminar CONTIGO.

Te lo pedimos por el mismo Espíritu de Jesús

Que vive ya entre nosotros por los siglos de los siglos.

 

Evangelio Mateo 6,1-6.16-18

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará.

Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, cuando vayas a rezar, entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará.

Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los hipócritas que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga.

Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará."

Guía para la oración personal (3’)

  • Volver a leer el texto del evangelio en actitud de escucha

 

El Evangelio nos habla de hacer limosna, orar, ayunar… tres prácticas de la experiencia religiosa tradicional. Para los seguidores de Jesús, estas tres prácticas están llamadas a orientar la vida del creyente y a posibilitar la vida de la comunidad.

Al comienzo de esta Cuaresma ¿cómo me dispongo a poner en práctica estas tres formas tradicionales, evitando caer en la rutina o ‘pasar de largo’…?

Cuando vivo y tengo que tomar decisiones sencillas y cotidianas ¿lo hago “delante de los hombres” … “para que me vea la gente? O ¿siento y lo hago porque he decidido hacer la voluntad del Padre?

En este camino hacia la Pascua Jesús me ofrece la posibilidad de “cambio y conversión”: acoger el Espíritu de Jesús en el caminar de cada día y hacer la voluntad del Padre bueno. Esta orientación me ayudará a mejorar mis relaciones con Dios, con las personas, con la naturaleza… 

 

Momento de silencio y reflexión

 

Cerremos los ojos y, en silencio, pidamos a Dios que nos ayude a caminar, a levantarnos, a vencer las dificultades de esta Cuaresma y a dejar que sea Él el que guíe nuestros pasos.

 

Anda… levántate y anda.

No tengas miedo, tú no te rindas,

no pierdas la esperanza; no tengas miedo,

 yo estoy contigo, en lo que venga;

y nada puede ni podrá el desconsuelo

retando a la esperanza anda… levántate y anda.

 

No tengas miedo, no desesperes,

no pierdas la confianza; no tengas miedo,

yo voy contigo siempre y a donde vayas;

no dejes que envejezca un solo sueño cosido alguna almohada;

anda… levántate y anda.

 

No tengas miedo, yo te sujeto solo confía y salta;

no tengas miedo, voy a cuidarte te alzaré cuando caigas;

siempre puedes empezar de cero,

yo lo hago todo nuevo; anda… levántate y anda.

 

Tú eres mi sueño y mi causa no pienses que voy a dejarte caer;

voy a despertarte y estaré a tu lado para que cada día sea un nuevo renacer;

para que tengas vida anda… levántate.

 

BENDICIÓN DE LA CENIZA

 

Introducción por el Celebrante

 

Las hojas y ramas de las palmas del Domingo de Ramos del año anterior se han transformado de tallos verdes en ceniza gris. --- Así nos ocurre a nosotros. No permanecemos siempre idénticos, siempre los mismos. Envejecemos; y tantas veces convertimos la vida en ‘gris  y polvorienta’, para nosotros y para los demás. Esta ceniza de hoy nos recuerda nuestra fragilidad de vida, nuestra culpabilidad y la penitencia y conversión, que necesitamos realizar. Vamos a recibir esta ceniza con humildad, mientras se nos marca con la señal de la cruz, pues nuestros corazones desean sinceramente seguir a Jesús  por el camino de la negación de sí mismo y del amor, de la entrega a nuestros hermanos y hermanas, sobre todo los más necesitados.

 

Sugerencias complementarias

Antes de la imposición de la ceniza puede preceder un gesto de “hacer ceniza”. Más que sacarla de un ‘armario secreto’ (que acentúa un cierto carácter supersticioso), convendrá “fabricarla” al comienzo de la celebración con ramas, palmas, papeles que recojan nuestros pecados, noticias de violencia e injusticias que parecen en los periódicos. Una sencilla hoguera en el momento del acto penitencial sería el inicio de un camino que termina en una gran hoguera en la Vigilia de la Resurrección.

Oración de Bendición

Señor, bendice (+) esta ceniza

como signo de conversión y de penitencia,

como prueba  de que queremos

descubrir a tu Hijo hoy

en el silencio de nuestra oración

y en la persona de nuestro prójimo,

a quien nos acercamos en su necesidad.

Que la señal de la cruz

dada en el nombre del Padre,

y del Hijo y del Espíritu Santo

nos anime y nos sane interiormente,

de forma que te sirvamos sinceramente a Ti y a nuestro prójimo,

por la fuerza de Jesucristo nuestro Señor.

 

(El sacerdote rocía la ceniza con agua bendita, en silencio.

A continuación, imposición de la ceniza...)

 

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios y Padre nuestro:
Tu Hijo Jesús nos dio todo para que seamos libres para ti y para los hermanos.
Traemos ahora ante ti estos dones de pan y vino
como signo de que efectivamente queremos ser libres para vivir para ti  
y para los hermanos que nos rodean.
Acepta estas ofrendas,  y hazlas pan de felicidad y vino de alegría
para nuestro mundo de hoy.
Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.

Plegaria para recitar juntos después de la Comunión

 

Señor, en esta Cuaresma te pedimos:

decisión para nuestros pasos;

entrega en nuestros gestos;

fortaleza en las decisiones que tomemos;

alegría en medio de las dificultades;

constancia en el cansancio;

capacidad de levantarnos en las caídas;

dejarnos sorprender por ti;

abrir nuestro corazón a tu Palabra;

luz para el camino.

Que seas Tú, Señor, el que acompañe nuestros pasos.

Señor, queremos, esta Cuaresma, caminar CONTIGO.

Amén

 

 

Domingo 1º:        Comienza el camino… y las dificultades

 

Introducción

 

En nuestro caminar por la vida hay momentos que nos tenemos que detener, ir al desierto. El desierto no es tanto un espacio geográfico cuanto una situación interior en la que emergen la elección fundamental de la vida, la soledad del espíritu… En realidad ahí se plantean las preguntas más hondas del hombre y se deciden sus respuestas más decisivas y arriesgadas. Al principio de su misión Jesús se miró a sí mismo y vio las tentaciones que le impedirían en su camino para llevar a cabo su misión.

Acompañemos a Jesús al desierto, miremos en lo hondo de nuestro corazón, y con Jesús rechacemos lo que nos atenaza, lo que nos mantiene tibios e indiferentes, para que caminando con él y como él pongamos nuestras vidas al servicio de la paz, de los necesitados…

 

Saludo celebrante

 

Estamos reunidos en el nombre de Jesús.
Él nos trajo vida en vez de muerte;
que su gracia y su paz esté siempre con vosotros.

 

Sugerencias complementarias

Una tarjeta de banco, u otro símbolo de riqueza. - Páginas de publicidad.

En la parte inferior de la cruz clavamos signos de opulencia, poder, opresión o palabras que lo expresen.

 

Acto penitencial:

¿Qué es lo que nos impide seguir más radicalmente a Jesús en el camino hacia Dios y hacia los hermanos?

  • Señor Jesús,  tú rehusaste servirte a ti mismo, ya que elegiste más bien servir al Padre y a la felicidad de los hombres.

Silencio
Señor, ten piedad.
 

  • Cristo Jesús, tú rehusaste impresionar a la gente con acciones espectaculares;
    por el contrario elegiste el camino humillante de la cruz.

Silencio

Cristo, ten piedad.

  • Señor Jesús, tú rechazaste el poder y la riqueza; por el contrario hiciste del amor y la fe en los pobres  el fundamento del reino de Dios entre nosotros.

Silencio

Señor, ten piedad.

 

Oración Colecta
Oremos para que durante esta Cuaresma nos convirtamos de verdad.
(Pausa)
Oh Dios y Padre nuestro:
En el desierto tu Hijo luchó durante cuarenta días
por las exigencias de su misión,
y venció todas las tentaciones.
En estos cuarenta días de Cuaresma
Ilumínanos para que nuestros corazones giren
a la paz de tu perdón, a la luz de tu amor
y de tu preocupación por la humanidad.
Haz que encontremos la vida y la alegría  que Jesús nos trae;
y disponnos a compartir con otros.
Te lo pedimos por el mismo Espíritu de Jesús, que vive ya con nosotros, por los siglos de los siglos. Amén

 

Evangelio: Mateo 4, 1-11

En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre. El tentador se le acercó y le dijo: "Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes." Pero él le contestó, diciendo: "Está escrito: "No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.""

Entonces el diablo lo lleva a la ciudad santa, lo pone en el alero del templo y le dice: "Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: "Encargará a los ángeles que cuiden de ti, y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras."" Jesús le dijo: "También está escrito: "No tentarás al Señor, tu Dios.""

Después el diablo lo lleva a una montaña altísima y, mostrándole los reinos del mundo y su gloria, le dijo: "Todo esto te daré, si te postras y me adoras." Entonces le dijo Jesús: "Vete, Satanás, porque está escrito: "Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto.""

Entonces lo dejó el diablo, y se acercaron los ángeles y le servían.

Guía para la oración personal (3’)

  • Vuelvo a leer el texto del evangelio en actitud de escucha…

Los cuarenta años que duró el camino de Israel desde Egipto hasta la tierra prometida se resumen simbólicamente en estos cuarenta días, que Jesús  pasa también en el desierto. El desierto no es tanto un espacio geográfico cuanto una situación interior en la que se plantean las preguntas más hondas del ser humano y se deciden sus respuestas más decisivas y arriesgadas.

Las tentaciones de Jesús", pues, es un relato en el que se reagrupan y resumen las tentaciones que hubo de superar Jesús a lo largo de toda su vida:

  • ¿Ha de pensar en su propio interés, o escuchar la voluntad del Padre?
  • ¿Ha de imponer su poder de Mesías, o ponerse al servicio de quienes lo necesitan?
  • ¿Ha de buscar su propia gloria, o manifestar la compasión de Dios hacia los que sufren? ¿Ha de evitar riesgos y eludir la crucifixión, o entregarse a su misión confiando en el Padre?

Hoy, como persona y persona en relación, mi vida es un camino que tengo que recorrer en el que me encuentro necesariamente con dificultades ¿Cuáles son esas dificultades? ¿Soy consciente de ellas? ¿Cómo las afronto? ¿Me dejo iluminar por el Espíritu de Jesús?

 

(Si es posible, breve comentario con las dos personas vecinas (3’)

 

Oración sobre las Ofrendas

Señor Dios nuestro:
En estos sencillos signos de pan y vino
Jesús viene a nosotros
para ayudarnos a servirte a ti y a las hermanas y hermanos.
Que él venza en nosotros y en el mundo
la tentación de ser ricos, poderosos, influyentes,
más que buenos y justos.

Te lo pedimos en el nombre de Jesús, el Señor.

 

Plegaria después de la Comunión (Puede ser leída por un lector/a, o por todos, entregando una copia a todas las personas)

 

Cuando sea tentado por el hambre,

no me dejes caer en soluciones fáciles.

No a la gula,

no a la pereza,

no a la vida cómoda y satisfecha.

Dame sólo el pan nuestro de cada día.

 

Cuando sea tentado por la fama,

no me dejes caer en la soberbia.

No a la imagen,

no al orgullo,

no a una vida ambiciosa y fácil.

Dame sólo la grandeza de tener hermanos y Padre.

 

Cuando sea tentado por el poder,

no me dejes caer en sus redes.

No al uso de su fuerza,

no al dominio,

no a una vida arrogante y prepotente.

Dame sólo el gozo del servicio humilde.

 

Cuando sea tentado por lo que sea,

no me dejes solo con mi pena ni con mi osadía.

Y aunque no te lo pida,

ni haya apreciado tu ejemplo y propuesta,

dame tu segura compañía

para andar por la vida.

 

Y mientras caminemos por el desierto,

que tu Espíritu, sólo tu Espíritu,

me empuje y guíe

a los corazones y a los oasis

en los que Tú estás presente,

aunque no lo invoque.

 

¡No me dejes caer en estas

ni en otras tentaciones!

 

Bendición
Hermanos: En esta eucaristía hemos mirado con admiración a Jesús
y hemos visto cómo sufrió las tentaciones
y cómo las venció.
Hemos mirado a Jesús, y en  él reconocemos
lo más íntimo de nosotros mismos.
Él es el tipo de persona  que nosotros,
cada uno  a nuestra manera peculiar,
debemos intentar lograr.
Durante nuestros cuarenta días de Cuaresma
seguimos mirándole
e intentamos asemejarnos a él.
Para ello, que la bendición de Dios todopoderoso,
Padre, Hijo y Espíritu Santo
descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.

 

 

Domingo 2º:      Un alto en el camino para recobrar ánimos

 

Introducción

 

En la vida hay días anodinos, pero también hay momentos cruciales y señeros en los que se experimenta el gozo y la alegría de vivir, la esperanza sin disfraces ni amenazas, la verdad sin oscuridades, que nos permite recobrar fuerzas para seguir caminando. La existencia creyente reconoce en esos momentos que Dios se aproxima y se deja sentir. La fe nos permite hacer el descubrimiento de ese Dios oculto pero no ausente.

En nuestro caminar hacia la Pascua, la Transfiguración de Jesús nos aporta luz y fuerzas para superar nuestras “noches oscuras”, para dejar nuestros lastres que nos atan y “subir con Él a Jerusalén”, lugar y símbolo de la entrega que genera Vida…

 

Sugerencias complementarias

Sobre un atril o mesa, se coloca abierto de cara a la asamblea, el libro de la Biblia.  Presentamos unas sandalias, como signo del caminante.

En la parte superior de la cruz, el palo que apunta a lo alto, ponemos el nombre de vicios que falsean nuestra relación con Dios en la oración: rutina, hipocresía, intimismo, desencarnación

 

Saludo del celebrante

Cuando apareció nuestro Salvador Jesucristo,

abolió la muerte y proclamó la Buena Noticia de vida e inmortalidad.
Que su gracia y su luz esté siempre con vosotros.

 

Acto penitencial

 

  • ¿Soy de las personas que todo lo ven oscuro y sin salida o soy de aquellas que buscan y están abiertas a dejarse sorprender por la vida, por la presencia del Espíritu de Jesús?

Silencio

Señor, ten piedad

  • “Este es mi Hijo amado. Escuchadlo”. ¿Me siento realmente amado por Jesús al escucharle en los evangelios, en quienes necesitan de mí, en los que me rodean…?

Silencio

Cristo, ten piedad

  • ¡Qué fácil es instalar la tienda y defender las posesiones adquiridas! ¿Soy de los que se instala en unas formas y prácticas religiosas, o descendido del monte de la indiferencia para hacerme solidario de quienes me necesitan?

Silencio

Señor, ten piedad

 

Oración Colecta

Oremos para que la luz de Cristo resplandezca sobre nosotros.
(Pausa)

Padre de nuestro Señor Jesucristo:
¡Qué maravilloso para nosotros estar aquí
en la presencia de tu Hijo Amado!
Que su rostro radiante nos comunique luz y paz.
No permitas que el pecado nos desfigure aún más,
ni que divida nuestras comunidades.
Que la luz de su rostro transfigurado
brille sobre todos nosotros, y nos dé valor,
para que nosotros, a nuestra vez,
seamos luz unos para otros.

Te lo pedimos por el mismo Espíritu de Jesús

que ya está entre nosotros por los siglos de los siglos. Amén.

 

Evangelio: Mateo 17, 1-9

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro,a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: "Señor, ¡qué bien se está aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías." Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: "Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo." Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: "Levantaos, no temáis."

Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: "No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos."

Guía para la oración personal (3’)

  • Vuelvo a leer el texto del evangelio en actitud de escucha…

 

El relato de la transfiguración revela a los discípulos más cercanos a Jesús, su verdadera personalidad: Él es la plenitud de la ley y los profetas, personificados aquí por Moisés y Elías, que recibieron en el monte Sinaí la revelación de Dios. Su destino de muerte es en realidad un camino hacia la gloria, que ahora se manifiesta anticipadamente.

Pedro se siente tan feliz que llega a proponer: “Si quieres, hagamos tres  chozas… ¿No es verdad que también nosotros desearíamos que los momentos de dicha fueran más duraderos que los dificultad? ¿Acaso esta actitud no es querer vivir a nuestro ritmo, a nuestra voluntad y detener el camino de la vida?

Imagínate presenciando la escena, que concluye de una manera inesperada. Una voz venida de lo alto sobrecoge a los discípulos: «Este es mi Hijo amado»: el que tiene el rostro transfigurado. «Escuchadle a él». No a Moisés, el legislador. No a Elías, el profeta. Escuchad a Jesús. Sólo a él.

Me pregunto ¿De verdad escucho solamente a Jesús, qué otras voces guían mi caminar de cada día?....

«Al oír esto, los discípulos caen de bruces, llenos de espanto». Les aterra la presencia cercana del misterio de Dios, pero también el miedo a vivir en adelante escuchando sólo a Jesús.

Me pregunto ¿Siento miedo de escuchar a Jesús, o no siento nada, como si no me importase…? ¿Qué sientes…?

La actuación de Jesús es conmovedora: «Se acerca» para que sientan su presencia amistosa. «Los toca» para infundirles fuerza y confianza. Y les dice unas palabras inolvidables: «Levantaos. No temáis». Poneos de pie y seguidme.

¿Te sientes más confortado? ¿Eres consciente de que la fe en Jesús no te da seguridad, pero si confianza para seguir escuchándole y caminar con esperanza…?

 

(Si es posible, breve comentario con las dos personas vecinas (3’)

 

Oración sobre las Ofrendas

Señor Dios y Padre muestro:
Danos la gracia de ver más allá de este pan
y reconocer a tu Hijo aquí presente en medio de nosotros.
Lo mismo que este pan y este vino se transforman
para convertirse en el cuerpo y sangre del Señor,
transfórmanos también a nosotros
en pan de fortaleza y bebida de alegría
para los que conviven con nosotros,
Señor nuestro por los siglos de los siglos.

 

Plegaria después de la Comunión (Puede ser leída por un lector/a o entregar una copia a todos)

Te vas manifestando

de mil formas, Señor:

en el encuentro,

en la confidencia;

en el llanto y en el gozo,

en la flor y en la nube;

en la escucha y en la palabra,

en el silencio y en la noche;

en la amistad compartida

y en la mirada intuida.

 

En el rostro amoroso

del corazón conocido,

y en los rasgos sufrientes

del hermano disminuido.

 

En el arduo trabajo,

en las horas de fuego,

y en el fresco descanso

del reposo ofrecido.

 

Te vas manifestando

de mil formas, Señor,

pues en todo te encuentras

y sin Ti nada tiene sentido.

Eres el corazón, el aliento,

el núcleo y el centro de la Creación.

 

Haz Señor que bajemos de la nube,

y que sepamos descubrirte

reconocerte siempre

y amarte en todos,

y en especial en tus predilectos:

los que más sufren.

 

Bendición
Hermanos: La Transfiguración de Jesús es para nosotros un modelo y un signo de esperanza.
El hombre-Jesús era realmente Jesús-el-Señor.
Su verdadera y más profunda identidad apareció brevemente por un momento.
Lo que nosotros estamos llamados a ser en lo más hondo de nosotros mismos llegará a hacerse visible si dejamos a Jesús que nos transforme y si llegamos a ser, con él y como él, hombres y mujeres que viven para los otros.
Que Dios nos dé esta gracia.
Para ello, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.

 

Domingo 3º:       Agua para saciar nuestra sed

 

Introducción

 

Las personas somos seres insatisfechos que siempre tenemos sed de algo: de agua, de riqueza, de poder, de amor, de justicia, de salvación… Por eso es oportuna la observación hecha proverbio de A. Machado: “Bueno es saber que los vasos / nos sirven para beber; / lo malo es que no sabemos / para qué sirve la sed”. Hoy algunos montan su propio negocio a costa de la sed de los demás, y ofertan sucedáneos que en lugar de calmar la sed la oculta y aumenta.

¿Para qué sirve la sed del ser humano? Jesús en el encuentro con la samaritana nos lo manifiesta, cómo a partir de su escasez, toma la iniciativa para el acercamiento y el diálogo irá revelando hasta qué punto su sed consiste precisamente en desvelar en la mujer su propia sed. Es decir, la sed sirve para salir de sí mismo, superar las propias limitaciones y lanzarse a la búsqueda de la verdadera fuente…

 

Sugerencias complementarias

Un cántaro vacío. - Una jarra transparente con agua que se trasladará a la pila bautismal. –

En un brazo de la cruz colocamos anhelos y “pozos” a los que corremos a aplacar la sed.

 

Saludo celebrante

El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones

por el Espíritu Santo que se nos ha dado.
Que ese amor de Dios esté siempre con vosotros.

 

Acto penitencial

  • ¿De qué tengo sed en mi vida? ¿Cuáles son mis deseos y dónde me conducen en mi vida cotidiana? ¿Qué hago para saciar mi sed?

Silencio

Señor, ten piedad

  • ¿Qué es lo que alivia mis sudores y cansancios? ¿los bienes materiales, los éxitos, los aplausos, la bebida… el reconocimiento… o el encuentro profundo con las personas, el gesto acogedor, la cercanía, la generosidad con los demás…?

Silencio

Cristo, ten piedad

 

  • ¿En qué medida contribuyo a calmar la sed de las demás personas? ¿Quiénes son las personas sedientas que esperan un encuentro que les calme sus deseos, sus necesidades, sus sufrimientos…?

Silencio

Señor, ten piedad

Oración Colecta

Oremos a Dios nuestro Padre para que Jesús sea fuente de vida para todos.
    (Pausa)

Oh Dios Padre, que  creas y perdonas:
Tú permites a tu pueblo experimentar tu misericordia
cuando encuentran a tu Hijo, Jesucristo.
Disponnos para encontrarle, de corazón a corazón,
para que apague nuestra sed de vida   
y para que todos beban el agua viva de su amor.

Así te lo pedimos por el mismo Espíritu de Jesús, que vive ya con nosotros, por los siglos de los siglos. Amén.

 

Salmo

 

Evangelio: Juan 4, 5-42

En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el manantial de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial. Era alrededor del mediodía. Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice: "Dame de beber." Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida. La samaritana le dice: "¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?" Porque los judíos no se tratan con los samaritanos. Jesús le contestó: "Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva." La mujer le dice: "Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?" Jesús le contestó: "El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna." La mujer le dice: "Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla."

[Él le dice: "Anda, llama a tu marido y vuelve." La mujer le contesta: "No tengo marido." Jesús le dice: "Tienes razón, que no tienes marido: has tenido ya cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad."

La mujer le dice: "Señor,] veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén." Jesús le dice: "Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así. Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad." La mujer le dice: "Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo." Jesús le dice: "Soy yo, el que habla contigo."

[En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo: "¿Qué le preguntas o de qué le hablas?" La mujer entonces dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente: "Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que ha hecho; ¿será éste el Mesías?" Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde estaba él.

Mientras tanto sus discípulos le insistían: "Maestro, come." Él les dijo: "Yo tengo por comida un alimento que vosotros no conocéis." Los discípulos comentaban entre ellos: "¿Le habrá traído alguien de comer?" Jesús les dice: "Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra. ¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro meses para la cosecha? Yo os digo esto: Levantad los ojos y contemplad los campos, que están ya dorados para la siega; el segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la vida eterna: y así, se alegran lo mismo sembrador y segador. Con todo, tiene razón el proverbio: Uno siembra y otro siega. Yo os envié a segar lo que no habéis sudado. Otros sudaron, y vosotros recogéis el fruto de sus sudores."]

En aquel pueblo muchos [samaritanos] creyeron en él [por el testimonio que había dado la mujer: "Me ha dicho todo lo que he hecho."] Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer: "Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo."

Guía para la oración personal (3’)

  • Vuelvo a leer el texto del evangelio, en actitud de escucha…

Llama la atención el proceder de Jesús que rompe los convencionalismos sociales y morales; el respeto con que trata a la mujer, reconociendo en ella la dignidad de quien toma muy en serio la propia existencia; con qué mansedumbre va orientando a su interlocutora y dándole respuesta a sus planteamientos vitales, que son las eternas cuestiones religiosas de ayer, de hoy y de mañana:

  • La primera cuestión se centra en el problema de la salvación, simbolizada en la imagen del “agua viva” (v. 7-15)

Presta atención a cómo se va desarrollando el diálogo entre Jesús y la samaritana. ¿Qué deduces? ¿A qué te sientes llamado/a?

  • La segunda cuestión tiene que ver con la respuesta que el ser humano está llamado a dar al Dios Salvador (v. 16-24)

La expresión del encuentro con Dios “en espíritu y verdad” ¿Qué te sugiere? ¿Cómo te sientes? ¿A qué te conduce?

  • La tercera cuestión se centra en el Mesías, tan esperado en aquellos momentos. El Mesías es Jesús, que se autorevela con humildad y sencillez a la samaritana: “El Mesías soy yo, el mismo que está hablando contigo” (v. 25-26)

¿Qué te dice esta manifestación? ¿Cómo la acoges en este momento de tu vida?

En la relación con Dios, qué me evoca la confesión de los samaritanos cuando dicen: “Ya no creemos por lo que tú nos dices, nosotros mismos hemos oído y sabemos que Él es de verdad el Salvador del mundo”.

 

(Si es posible y conveniente, breve comentario con las dos personas vecinas (3’)

 

Oración sobre las Ofrendas

Señor Dios nuestro:
En estos signos de pan y vino
Jesús tu Hijo se va a hacer presente en medio de nosotros.
Que sacie nuestra hambre y apague nuestra sed
de una fe y una esperanza más profundas.
Que nosotros, a nuestra vez,
como comunidad cristiana viva,
lleguemos a ser arroyo de agua viva
que pueda saciar la sed de verdad
de libertad, de justicia y de alegría eterna,
por medio de Jesucristo nuestro Señor.

 

Plegaria después de la Comunión (Puede ser leída por un lector/a o entregar una copia a todos los presentes)

Señor, quiero ver tu rostro,

un dibujo, una silueta al menos,

que permita fijar la imaginación en algo concreto

cuando converso contigo.

 

Háblanos Tú mismo,

y no por Moisés y los Profetas.

Danos tu mano y no tus signos mediadores,

señales de fuego en el monte de la noche.

Enséñanos tu rostro,

que no te vemos en los retratos

de las parábolas y las profecías.

 

¿Es qué hay que morir para verte, tocarte y oírte,

y mientras tanto contentarse con husmear tu rastro,

seguirlo,

y crearlo,

y Tu mientras tanto cerca,

al lado,

dentro,

más dentro que mi propia intimidad?

 

Apaga esta sed que me ahoga…

Pero no, no la apagues,

que la sed es la única presencia de tu agua.

 

Bendición
Hermanos: En esta eucaristía Dios ha saciado de nuevo nuestra sed

dándonos a su Hijo Jesús.
Ahora nos sentimos fuertes de nuevo para caminar

por la difícil ruta de nuestro desierto, que es camino de renovación y conversión

a Dios y a los hermanos.
Que nuestra sed nunca quede saciada a menos que nos hagamos los unos para los otros bebida de agua fresca.
Que el Señor nos dé fortaleza. Y para ello, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.

 

 

Domingo 4º:        Luz para seguir tu camino

 

Introducción

 

A lo largo de toda la Cuaresma suena persistentemente en la Iglesia la llamada a la conversión. Una conversión que siempre parte del convencimiento de que necesitamos ser humildes para acoger la luz (Jesús) que nos viene de Dios. Sólo así permitiremos que esa misma luz desenmascare todo lo que en nosotros nos impide convertirnos de verdad: esas actitudes que poco a poco y casi sin darnos cuenta nos van configurando como personas intransigentes y autoritarias, que tanto daño hacen al interior de la comunidad creyente y que tan poco aportan de lo bueno de Dios al mundo.

 

Sugerencias complementarias

Bastón de ciego. - Vela bautismal. –

También hoy clavamos en el otro brazo de la cruz nuestro pecado. “Ciegos que guían a otros ciegos”.

 

Saludo celebrante

Antes éramos oscuridad, pero ahora somos luz en el Señor.
Despertad del sueño;
resucitad de entre los muertos y Cristo resplandecerá.
Que la luz del mismo Cristo esté siempre con vosotros.

 

Acto penitencial

 

  • “No hay peor ciego que el que no quiere ver” ¿Qué es lo que hay en mi vida de cerrazón, de intransigencia, de superficialidad, de rutina… que no quiero ver?

Silencio

Señor, ten piedad

  • ¿Estoy abierto a acoger la Luz de la verdad, del amor, de la justicia, de la gratuidad, de la generosidad… venga de donde venga? ¿Me creo en posesión de la verdad o me dejo cuestionar por otros?

Silencio

Cristo, ten piedad

  • ¿En qué aspectos de mi vida personal y de relaciones necesito abrirme a la Luz del evangelio? ¿Soy luz que ayuda a ver a los demás?

Silencio

Señor, ten piedad

 

Oración Colecta

Pidamos como don la luz de la fe.
    (Pausa)

Padre de la luz:
Tú ciegas los ojos de los que piensan que ven
porque sólo confían en sus propias actitudes;
deja a tu Hijo que abra los ojos de los que anhelan tu luz.
Que Jesús, luz del mundo,
nos cure y nos dé fe y comprensión.
Que restaure nuestra visión
para que veamos el camino
que nos conduce a ti y a los hermanos,
Te pedimos por el mismo Espíritu de Jesús

que vive ya con nosotros por los siglos de los siglos.

 

Evangelio: Juan 9, 1-41

En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. [Y sus discípulos le preguntaron: "Maestro, ¿quien pecó, éste o sus padres, para que naciera ciego?" Jesús contestó: "Ni éste pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios. Mientras es de día, tenemos que hacer las obras del que me ha enviado; viene la noche, y nadie podrá hacerlas. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo."

Dicho esto,] escupió en tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego y le dijo: "Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado." Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: "¿No es ése el que se sentaba a pedir?" Unos decían: "El mismo." Otros decían: "No es él, pero se le parece." Él respondía: "Soy yo."

[Y le preguntaban: "¿Y cómo se te han abierto los ojos?" Él contestó: "Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, me lo untó en los ojos y me dijo que fuese a Siloé y que me lavase. Entonces fui, me lavé, y empecé a ver." Le preguntaron: "¿Dónde está él?" Contestó: "No sé."]

Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. Él les contestó: "Me puso barro en los ojos, me lavé, y veo." Algunos de los fariseos comentaban: "Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado." Otros replicaban: ¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?" Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego: "Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?" Él contestó: "Que es un profeta."

[Pero los judíos no se creyeron que aquél había sido ciego y había recibido la vista, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron: "¿Es éste vuestro hijo, de quien decís vosotros que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?" Sus padres contestaron: "Sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego; pero cómo ve ahora, no lo sabemos nosotros, y quién le ha abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos. Preguntádselo a él, que es mayor y puede explicarse." Sus padres respondieron así porque tenían miedo los judíos; porque los judíos ya habían acordado excluir de la sinagoga a quien reconociera a Jesús por Mesías. Por eso sus padres dijeron: "Ya es mayor, preguntádselo a él."

Llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron: "Confiésalo ante Dios: nosotros sabemos que ese hombre es un pecador." Contestó él: "Si es un pecador, no lo sé; sólo sé que yo era ciego y ahora veo." Le preguntan de nuevo: ¿Qué te hizo, cómo te abrió los ojos?" Les contestó: "Os lo he dicho ya, y no me habéis hecho caso; ¿para qué queréis oírlo otra vez?; ¿también vosotros queréis haceros discípulos suyos?" Ellos lo llenaron de improperios y le dijeron: "Discípulo de ése lo serás tú; nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios, pero ése no sabemos de dónde viene." Replicó él: "Pues eso es lo raro: que vosotros no sabéis de dónde viene y, sin embargo, me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino al que es religioso y hace su voluntad. Jamás se oyó decir que nadie le abriera los ojos a un ciego de nacimiento; si éste no viniera de Dios, no tendría ningún poder."]

Le replicaron: "Empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?" Y lo expulsaron. Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: "¿Crees tú en el Hijo del hombre?" Él contestó: "¿Y quién es, Señor, para que crea en él?" Jesús les dijo: "Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es." Él dijo: "Creo, señor." Y se postró ante él.

[Jesús añadió: "Para un juicio he venido ya a este mundo; para que los que no ve vean, y los que ven queden ciegos." Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le preguntaron: "¿También nosotros estamos ciegos?" Jesús les contestó: "Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado, pero como decís que veis, vuestro pecado persiste."]

Guía para la oración personal (3’)

  • Vuelvo a leer el texto del evangelio, en actitud de escucha

 

El evangelista Juan, recurre una y otra vez en su evangelio a la imagen de la luz y las tinieblas. El encuentro y curación del ciego de nacimiento nos es la narración de un milagro más, sino parábola en acción de la confrontación entre la luz, que es Cristo, y las tinieblas que se resisten a dejarse fundir por ella. En el relato hay dos historias: la del ciego de nacimiento y, entrelazada con ella, la historia de otros ciegos por enfermedad, miedo, maldad u ofuscación.

Trata de situarte en ese escenario y contempla los diferentes personajes que lo habitan:

  • Contempla a Jesús: Ve una necesidad y toma la iniciativa de curarle contando con las mediaciones humanas: “Hizo barro… untó… vete a la piscina de Siloé”…. ¿Qué te dice la actitud y comportamiento de Jesús?....
  • Pon la atención en los discípulos: Ante lo que ven tratan de explicar y justificar… ¿Qué te parece su reacción? ¿Te suele pasar a ti alguna vez?...
  • Sigue ahora al ciego: Reconoce su ceguera y hace lo que le dice Jesús. ¿Por qué crees que lo hace?... Tardó en llegar a la confesión de fe: primero sabe “que ese hombre se llama Jesús”; después “que es un profeta”; más tarde, “que es alguien que viene de Dios”; y finalmente, “Creo, Señor. Y se postró ante Él”… ¿Qué te sugiere este itinerario? ¿A qué te invita?...
  • Observa a los vecinos que veían pedir limosna al ciego, se fijan en las apariencias y quedan atados a la superficie de las cosas, sin captar la realidad profunda…. ¿Cómo voy de ceguera de superficialidad? ¿Veo a los demás desde mí o desde ellos...?
  • Fija ahora tu mirada en los fariseos, no quieren ver y cierran sus ojos a la evidencia. Su corazón está bloqueado por prejuicios, ideologías, fanatismo e intereses… Y, yo ¿cómo ando de esta ceguera?...
  • Finalmente observa a los padres del ciego, se inhiben ante las complicaciones que traerá a su vida confesar públicamente sus convicciones… ¿Soy de los que ven, pero por miedo, por respeto… no manifiesto mi punto de vista, mi fe en el Dios de la vida…?

 

(Breve comentario con las dos personas vecinas (3’)

 

Oración sobre las Ofrendas

Padre de la luz:
Danos la gracia de ver con los ojos de la fe
a tu Hijo Jesucristo
en estos humildes signos de pan y vino.
Ayúdanos a reconocerle
también en el mendigo ciego de la acera,
en el discapacitado en silla de ruedas,
en el desempleado que vive en las chabolas.
Para ellos también está tu Hijo entre nosotros hoy,
Jesucristo, nuestro hermano y Señor,
que vive y reina por los siglos de los siglos.

 

Plegaria después de la Comunión (Puede ser leída por un lector/a o entregar una copia a todos)

¡Ay, si te contara yo mis cegueras, Señor!

Tendrías compasión de mí

como la tuviste de tus discípulos.

Ellos no vieron la luz hasta después de Pascua.

Y yo pienso si no estaré todavía antes de Pascua con ellos.

 

¡Mi ceguera para verte a Ti!

¡Mi ceguera para ver a los demás!

¡Mi ceguera para verme a mí mismo/a!

 

Y como no te veo a Ti,

tampoco veo a los demás

ni veo mi cuarto vacío, lleno de telarañas…

 

Sácame fuera de la ciudad oscura y aplica tu saliva a mis ojos;

pon las manos en ellos y pregúntame si veo algo.  

Quizá comenzaré a ver árboles que se mueven,

mis prójimos a los que nunca había visto con claridad,

y seguiré viéndolos cada vez mejor,

y entonces te veré también a Ti y quedaré limpio…

 

Entonces volveré con los ojos del corazón renovado

para verte a Ti en el bullicio de la vida;

ver a mis hermanas y hermanos y caminar con ellos

haciendo un mundo más justo y fraterno.

  

Bendición
Hermanos:
Dios nos ha llamado por Jesucristo a ser hijos de la luz.
Que ojalá sepamos dar testimonio de la luz de Cristo en la vida de cada día,

viviendo con bondad, justicia y verdad.
Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo

descienda sobre nosotros  y nos acompañe siempre.

 

Domingo 5º:   Entregar la vida para llegar a la meta

 

 

Introducción

 

Ya estamos llegando. Nos disponemos a rendir viaje en el camino de la cuaresma. Como camino de Jesús, y con Él, caminar la cuaresma es “subir con valor a Jerusalén” (Lc 9,51). Jerusalén aquí no es una ciudad. Es la Pascua, el amor último, la Vida plena.

Hoy vivimos en una sociedad que ha sido descrita como "una sociedad de incertidumbre". Nunca había tenido el ser humano tanto poder para avanzar hacia una vida más feliz. Y, sin embargo, nunca tal vez se ha sentido tan impotente ante un futuro incierto y amenazador. ¿En qué podemos esperar?

Hoy nos invita el Señor a que nos atrevamos a vivir esa Vida. Curiosamente tenemos miedo a vivirla. Nos invita a lanzarnos desde nuestras muertes a la vida, desde el sepulcro, que es nuestro corazón cuando se repliega sobre sí y se cierra en innumerables formas de egoísmo, al sepulcro lleno de vida del resucitado.

 

Sugerencias complementarias

Óleos bautismales.

En el centro de la cruz ponemos nuestras desesperanzas y faltas de fe.

 

Saludo  celebrante

Que el Espíritu que resucitó a Jesús de entre los muertos
esté vivo en nosotros.
Que vivamos ahora en plenitud la vida de Jesús,
para que podamos resucitar en el último día.
Que Jesús, el Señor de la vida,
esté siempre con vosotros.

 

Acto penitencial

  • ¿Cuáles son nuestras resistencias y miedos que dificultan la ilusión de vivir y que conozcamos, admiremos, acojamos la novedad de Vida que nos ofrece Jesús?

Silencio

Señor, ten piedad

  • ¿Soy de los que sigue creyendo que la resurrección de Jesús solamente nos garantiza la “vida eterna” o de quien cree también que con el Espíritu de Jesús ya es posible esa otra vida, aunque no plenamente?

Silencio

Cristo, ten piedad

  • ¿Cómo siento yo en mi vida la invitación que hace Jesús: “Lázaro, sal”? ¿Me siento invitado a salir de mí, a dejar de pensar en mí. Salir a mirar por otros, por todos los seres humanos?

Silencio

Señor, ten piedad

Oración Colecta

Oremos para que podamos vivir la vida resucitada de Jesús, nuestro Señor.
(Pausa)
Oh Dios de vida:
Tú quieres que vivamos y seamos felices.
Tu Hijo Jesús nos asegura: “Yo soy la resurrección y la vida”.
No permitas que tu vida muera en nosotros.
Haz que salgamos de nuestras tumbas de pecado,
de nuestra mediocridad y de nuestros temores.
Que la vida triunfe en nosotros,
aun en nuestras pruebas e incertidumbres,
y haz que nuestra esperanza sea contagiosa para otros.
Te lo pedimos por el mismo Espíritu de Jesús,

que vive ya con nosotros por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

 

 

Evangelio Juan 11, 1-45

En aquel tiempo, [un cierto Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta, su hermana, había caído enfermo. María era la que ungió al Señor con perfume y le enjugó los pies con su cabellera; el enfermo era su hermano Lázaro.]

Las hermanas mandaron recado a Jesús, diciendo: "Señor, tu amigo está enfermo." Jesús, al oírlo, dijo: "Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella." Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo, se quedó todavía dos días en donde estaba. Sólo entonces dice a sus discípulos: "Vamos otra vez a Judea."

[Los discípulos le replican: "Maestro, hace poco intentaban apedrearte los judíos, ¿y vas a volver allí?" Jesús contestó: "¿No tiene el día doce horas? Si uno camina de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo; pero si camina de noche, tropieza, porque le falta la luz. Dicho esto, añadió: "Lázaro, nuestro amigo, está dormido; voy a despertarlo." Entonces le dijeron sus discípulos: "Señor, si duerme, se salvará." Jesús se refería a su muerte; en cambio, ellos creyeron que hablaba del sueño natural. Entonces Jesús les replicó claramente: "Lázaro ha muerto, y me alegro por vosotros de que no hayamos estado allí, para que creáis. Y ahora vamos a su casa." Entonces Tomás, apodado el Mellizo, dijo a los demás discípulos: "Vamos también nosotros y muramos con él."]

Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. [Betania distaba poco de Jerusalén: unos tres kilómetros; y muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María, para darles el pésame por su hermano.] Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús: "Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá." Jesús le dijo: "Tu hermano resucitará." Marta respondió: "Sé que resucitará en la resurrección del último día." Jesús le dice: "Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?" Ella le contestó: "Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo."

[Y dicho esto, fue a llamar a su hermana María, diciéndole en voz baja: "El Maestro está ahí y te llama." Apenas lo oyó, se levantó y salió adonde estaba él; porque Jesús no había entrado todavía en la aldea, sino que estaba aún donde Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban con ella en casa consolándola, al ver que María se levantaba y salía deprisa, la siguieron, pensando que iba al sepulcro a llorar allí. Cuando llegó María adonde estaba Jesús, al verlo se echó a sus pies diciéndole: "Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano."]

Jesús, [viéndola llorar a ella y viendo llorar a los judíos que la acompañaban,] sollozó y, muy conmovido, preguntó: "¿Donde lo habéis enterrado?" Le contestaron: "Señor, ven a verlo." Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban: "¡Cómo lo quería!" Pero algunos dijeron: "Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que muriera éste?" Jesús, sollozando de nuevo, llega al sepulcro. Era una cavidad cubierta con una losa. Dice Jesús: "Quitad la losa." Marta, la hermana del muerto, le dice: "Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días." Jesús le dice: "¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?" Entonces quitaron la losa. Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo: "Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado." Y dicho esto, gritó con voz potente: "Lázaro, ven afuera." El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo: "Desatadlo y dejadlo andar."

Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

Guía para la oración personal (3’)

  • Vuelvo a leer el texto del evangelio, en actitud de escucha…

 

El evangelista Juan quiere poner de manifiesto que Dios y Jesús son Vida. Trata de situarte en la escena que se relata y contempla lo que se dice y las reacciones de las personas…

  • Escucha el diálogo de Jesús con sus discípulos en los vs. 7-16 es el primer acto de la manifestación. Observa cómo coexisten, sin invalidarse mutuamente, los dos niveles de la realidad: el empírico (Lázaro ha muerto) y el profundo (Lázaro está dormido). Crudeza y dulzura.

¿Qué te dice a ti? ¿Cómo te afecta esta coexistencia de muerte y vida?

  • Percibe ahora el diálogo de Marta y de Jesús (vs. 17-27). El acto se abre con la crudeza de lo empírico. Cuando llegó Jesús, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Y con la muerte, la tristeza y la solidaridad humanas ante lo inevitable. En este contexto Marta representa lo máximo a lo que un creyente judío podía llegar: la fe en una resurrección al final de los tiempos.  El futuro del que habla Marta se adelanta y se acerca al presente hasta hacerse uno con él. Yo soy la resurrección y la vida.  ¿Crees esto? Es la pregunta crucial del relato.

¿Qué te dice en tu situación actual…? ¿Cómo te sientes al oír: “Crees esto”…?

  • Contempla el tercer y definitivo acto es la realización de lo formulado verbalmente en los dos anteriores, la verificación de las palabras de Jesús. Aquí están efectivamente los judíos y los discípulos, es decir, dos personajes clave en la obra. Aquí están, sobre todo, Jesús y el Padre. Es el momento culminante. La reiterada conmoción de Jesús así lo resalta. Es la única vez que aparece este dato en todo el cuarto evangelio. Pero con el mismo realismo de lo empírico emerge lo que Jesús y el Padre son y transmiten: “Lázaro Sal (vive)”.

¿Te sientes invitado a ir al encuentro de Jesús y descubrir la realidad plena de su persona?

 

(Breve comentario con las dos personas vecinas (3)

 

Oración sobre las Ofrendas

Oh Dios y Padre nuestro:
Tu Hijo Jesús ha dado sentido a la muerte
además de a la vida.
En su propio cuerpo
experimentó nuestros sufrimientos
junto con nuestras alegrías
y murió nuestra misma muerte
como una ofrenda a ti y a nosotros.
Al unirnos a él en esta ofrenda,
ayúdanos a cargar con él
las cargas de nuestros hermanos,
para que con él y contigo
vivamos para siempre,
por los siglos de los siglos.

 

Plegaria después de la Comunión (Puede ser leída por un lector/a o entregar una copia a todas los presentes)

 

Tú dices: “Yo soy la resurrección y la vida,

y todo cambia ante nuestro ojos.

En tus manos se transforma el mundo, Señor.

 

Nuestra tierra, escenario del odio,

se convierte en la semilla de alegría eterna.

En sus surcos Tú trabajas.

 

Nuestra alegría, que tan pronto pasa,

se hace semilla de alegría eterna.

De su luz Tú sacarás el sol.

 

La muerte ya no pone término,

porque en el término de todo

Tú siembras el comienzo.

 

La vida y la muerte, en duro combate

vence la vida porque Tú estás con ella.

Y nosotros venceremos contigo.

En Ti resucitó la tierra.

En Ti resucitó el cielo.

En Ti se hunde todo

y se yergue, sola, la Vida.

 

Bendición
Hermanos:
Dios nuestro Padre quiere que vivamos. Aceptemos de él la vida con gratitud como un don y una misión.
R/ Amén.
Nuestro Señor Jesucristo murió por nosotros para que podamos vivir.
Que vivamos con él una vida digna de los hijos e hijas de Dios.
R/ Amén.
El Espíritu, dador de vida, nos inspira a seguir el camino de Cristo como personas que vivamos para los otros.
Que él nos haga siempre disponibles y abiertos a cualquiera que tenga necesidad.
R/ Amén.
Y que la bendición del Dios de la vida, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros nos guarde en su amor y permanezca para siempre.
R/ Amén.

 

Domingo de Ramos:     NOS HACEMOS POBRES

PARA ACOGER LA RIQUEZA DE JESÚS

 

Introducción

 

Dios sigue luchando contra el mal presente en la historia, implicándose en ella. Jesús, el Hijo de Dios vivo, es ‘un ajusticiado’ de entre los muchos ajusticiados por los poderes de este mundo. Éste ajusticiado quiere contribuir a salvar y liberar la humanidad de una forma muy particular. Una forma divina: muy lejana del paternalismo, del recurso al poder, a toda ideología; lejana incluso de la posible “indiferencia y silencio” ante la situación de la humanidad, porque actúa y se encarga “cargándose esta humanidad sufriente” y haciéndose cargo con todas sus consecuencias. El Señor nos enseña a “dar dándonos” en el día a día, en las diversas circunstancias del mundo actual.

 

BENDICIÓN DE PALMAS Y PROCESIÓN
¿Hasta Dónde Sigo a Mi Señor?

Hoy, Domingo de Ramos, es un día de gloria para el Señor, que es aclamado por el pueblo como mensajero de Dios: “Bendito el que viene en nombre del Señor”. Dentro de pocos días, como oiremos en la historia de la Pasión, el pueblo gritará: “¡Crucifícalo!” Entendemos esto mejor cuando reflexionamos sobre nuestras propias vidas. Tenemos algunos días de felicidad gloriosa, de éxito, de alegría, pero también días tristes de contradicción y de fracaso. Hoy miramos esos días a la luz del Señor. Con él vivimos días felices; con él experimentamos también días llenos de tristeza; pero, sean días tristes o alegres, en todos ellos seguimos al Señor.

 

Evangelio: Lucas 22, 14-23.56

Oración de la Bendición de los Ramos

Oh Dios de toda vida:
Venimos hoy ante ti con ramos verdes,
símbolos de vida y juventud,
y símbolos de Jesús,
que se llamó a sí mismo “árbol verde”.
Bendícenos, y bendice (+) estos ramos
que portamos en nuestras manos.
Que estos pequeñas ramas y hojas
aclamen a Cristo como a nuestro Señor,
que nos trae plenitud de vida,
aun cuando tengamos que caminar con él
por el difícil camino del sufrimiento y de la muerte
hacia la victoria final.
Te lo pedimos por medio del mismo Jesucristo
nuestro Señor, que vive y reina
por los siglos de los siglos.

Procesión.

Jesús entra en Jerusalén con triunfo popular. También nosotros lo proclamamos ahora como nuestro Rey glorioso, pero su auténtico reinado era el del Siervo de Dios y del pueblo, que murió para traernos vida. ¿Queremos ser como él?
Con el pueblo de Jerusalén honramos a Jesús como Señor nuestro y seguimos cantándole nuestra alabanza, mientras caminamos tras él.

 

II. LA EUCARISTÍA

 

Oración Colecta
Pidamos a nuestro Padre del cielo que la pasión y muerte de Jesús nos traiga perdón y vida.
(Pausa)

Oh Dios y Padre nuestro:
En la pasión y muerte de Jesús
tú has hecho que nos percatemos
de lo profundamente que tú nos amas.
Haz que seamos conscientes de lo malo que es el pecado
y disponnos a seguir creyendo en tu amor
cuando tenemos que llevar la cruz del sufrimiento;
porque a la cruz sigue la resurrección,
en Jesús y en nosotros.
por los siglos de los siglos. Amén

 

Evangelio: Lucas 22, 14-23.56

 

Guía para la oración personal (2’ o 3’)

 

Jesús fue, ante todo, históricamente hablando, un Mesías. Y a ese Mesías histórico es al que confesamos como símbolo especial de Dios. El Jesús que guía mi forma de ser religioso, ¿es también mesías? ¿Mi concepción de Jesús, es mesiánica: tiene algo o mucho de mesiánica…está centrada en una esperanza por un mundo más justo y fraterno? ¿Prolongo el mesianismo de Jesús aquí y ahora, «viviendo y luchando por la Causa de Jesús», por una gran Utopía, como la que ´Él predicó y encarnó: el Reino de Dios?

 

(Breve comentario con las dos personas vecinas (3’ o 4’)

 

Oración Sobre las Ofrendas
Oh Padre amoroso:
En la víspera de su muerte,
Jesús se dio a sí mismo a sus amigos
en forma de pan y vino,
como lo hace de nuevo
aquí entre nosotros, en la eucaristía.
Que esta ofrenda nos traiga reconciliación
con nuestros hermanos y contigo.
Te lo pedimos en el nombre de Jesús, el Señor.

 

Plegaria después de la Comunión (Puede ser leída por un lector/a o entregar una copia a todas las personas)

 

Jesús, te has hecho uno de nosotros y has actuado como un hombre cualquiera.

Iniciamos hoy la celebración de los finales de tu existencia.

El domingo de Ramos sintetiza tu vida y nuestra vida.

Recordamos tu alegría y tu cruz de hombre solidario.

 

Tu alegría no viene de los honores del poder ni de la riqueza.

Tu alegría viene de la fraternidad: del amor y la entrega mutua.

Te contemplamos alegre, montado en una borrica:

mira que viene tu rey, con toda sencillez...;

vienes en el nombre del Señor sintiéndote uno de tantos, indigente, indefenso...;

ofreciendo vida, desintoxicando el templo, curando, acogiendo a los niños...

 

Tu vida entregada hasta la cruz es una fuerte llamada:

a venerar a los crucificados de la tierra que necesitan nuestro amor;

a entregarnos como Tú en la construcción de la fraternidad humana;

a desprendernos de todo lujo y ostentación ante tu “ajusticiamiento”;

a seguir tus huellas por caminos de pobreza, de servicio, de amor sin medida. Amén.

Bendición
Jesús vivió por nosotros, Jesús murió por nosotros.
Acompañémosle durante esta Semana Santa en su camino hacia la cruz, para que él nos acompañe siempre en nuestro camino de servicio y entrega a Dios y de los unos a los otros.
Para ello, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre
.