Moniciones y Homilía 1º Cuaresma A

1º Domingo de Cuaresma / A

MONICIÓN DE ENTRADA

El miércoles, con la imposición de la ceniza, comenzábamos estos cuarenta días que nos llevarán a la celebración de la Pasión, de la muerte y sobre todo a la RESURRECCIÓN DE JESÚS.

Todas las grandes aventuras, exigen riesgos o, incluso, vencer dificultades. Pero el Señor, con su Palabra nos da la fuerza necesaria para salir victoriosos y no dejar el camino de la fe.

Ojalá que este tiempo de cuaresma nos ayude a tres o cuatro cosas: primero, a hacer un poco más de oración; segundo, a escuchar con más atención o leer la Palabra de Dios; tercero, a ser más austeros y, si podemos, a ayudar en las necesidades de los demás.

MONICIÓN A LAS LECTURAS

Hoy, si miramos al mundo, hay muchas complicaciones y situaciones que nos asustan. Las lecturas que vamos a escuchar son una llamada a ver y sentir a Dios como Alguien que nos elige, nos conduce y nos saca de la esclavitud.

Para ello es necesario que confesemos, frente a toda tentación, que Jesús es el Señor y que la Iglesia es un altavoz por el que lo escuchamos y lo vamos conociendo. Atendamos en este primer domingo lo que el Señor nos dice.

PETICIONES

1. Por nuestra Iglesia. Para que como Madre no deje de rescatarnos siempre que haga falta, de las garras del error y de la mentira. Roguemos al Señor

2. Por los que nos ayudan a descubrir a Jesús. Para que el Espíritu les anime y, sobre todo, no caigan en la tentación de pensar que lo que hacen no sirve de nada. Roguemos al Señor.

3. Por los que gobiernan nuestro país y nuestra tierra. Para que sean respetuosos con las creencias de los católicos. Para que no caigan en la tentación de pensar que son dueños de nuestras conciencias y de nuestras vidas. Roguemos al Señor.

4. Por todos los que estamos aquí reunidos. Para que no nos dejemos vencer por el mal. Para que no nos creamos todo lo que la televisión, la prensa o los medios de comunicación nos dicen sobre la iglesia, la fe o sobre el mismo Señor. Roguemos al Señor.

 

Homilía 1º Domingo de Cuaresma / A

Cuántos de ustedes conocen el juego "Simón dice"? Si Simón dice algo ustedes lo hacen, pero si no lo dice Simón, ustedes no lo hacen. ¿Están listos para jugar? Bien, comencemos.

Simón dice: "Alza una mano".

Simón dice: "Alza la otra mano".

"Bien, bajen sus manos" Oh, oh, engañé a algunos de ustedes esta vez, ¿no es así? ¿Simón dijo: "Bajen sus manos"? ¡No! Tratemos otra vez. (Vuelvan a la posición anterior en la cual las dos manos estaban arriba).

Simón dice: "Baja tus manos".

Simón dice: "Aletea tus codos".

Simón dice: "Aplaude".

Tócate la nariz. Uppps! Los engañé otra vez. Tratemos nuevamente?

Simón dice: "Tócate la nariz".

Tírate de la oreja. ¡Qué bueno, no los pude engañar esta vez! Ya están entendiendo el juego.

En el juego de Simón dice, ustedes hacen lo que Simón dice que hagan, pero en la vida real deben hacer lo que la Biblia dice. ¿Sabes que el Diablo tratará de engañarles para que hagan lo que él desea?

La Biblia dice: "No hurtarás" pero si vas a la tienda a comprar algo y la cajera te dá más dinero de vuelta, el Diablo tratará de que te quedes con él. Dirá: "Esto no es robar", pero si tomamos algo que no nos pertenece, eso es robar, ¿no es así? La Biblia dice: "Ama a tus enemigos", pero cuando alguien nos hace sufrir, el Diablo dirá: "Hazle sufrir también, después de todo, te hizo sufrir primero".

La Biblia dice: "No mentirás", pero cuando accidentalmente rompes un florero de tu mamá y ella pregunta que si sabes como se rompió, el Diablo te dirá: "No le digas la verdad. Si se la dices, tendrás problemas". ¿Sabes que el Diablo aún trató de hacer que Jesús hiciera cosas incorrectas? Cuando trató, ¿sabes lo que hizo Jesús? Jesús le contestó con la Escritura. Esa es una buena manera de derrotar al Diablo, ¿no es así? Sólo lee la Biblia y haz lo que te dice que hagas, no lo que el Diablo desea que hagas.
_________________________

1.- Ojalá que ese espíritu transportista que se llevó a Jesús al desierto nos lleve también a nosotros, desde el Jardín del Edén donde vivimos en Babia, al desierto, a un sitio de silencio, donde ni siquiera llegue la matraca de la publicidad por teléfono no solicitada, porque tenemos mucho que pensar.

Dejando aparte todas esas cuestiones que discuten los sabios: si estas tentaciones fueron reales, o si son una especie de parábola resumiendo las tentaciones que el Señor tuvo que padecer a lo largo de su vida respecto a su trabajo de Mesías. Y si fueron apariciones reales del diablo o solo internas en el mismo Jesús, vamos a tratar de ver su transcendencia.

2.- La primera tentación, haz de estas piedras panes es la mas antigua de la Historia humana. En tiempos de los romanos se llamaba “pan y circo” y ahora pesebrismo y fútbol. Es la más indignante de todas porque es la mayor humillación que se puede hacer a una persona humana, con la dignidad de hijo de Dios. Echarle un mendrugo de pan para que mal viva con la amenaza constante de quitarle un pedazo de pan.

Es el procedimiento de los tiranos para manejar un pueblo a su gusto. Y es lo que propone el Diablo a Jesús… que si quiere propagar su mensaje lo mejor es llenar el estómago a la gente. Y Jesús ya tuvo la experiencia de su resultado, cuando después de dar de comer a cinco mil hombres, se encara con la multitud y les dice “me seguís porque habéis comido hasta hartaros”

Jesús ha venido a proclamar la ley del amor, la cual traerá consigo el compartir con los demás, y con eso habrá pan para todos, el amor traerá el pan, pero el pan no traerá el amor, sino el temor de que hasta eso se les quite. Por eso su contestación “no solo de pan vive el hombre”. Un estómago lleno y un corazón vacío es el estado de bienestar más cercano a la animalidad.

3.- La ley del amor procede lentamente, por eso el Señor siempre habla de la semilla, que tarda en hacerse espiga, de la levadura que poco a poco fermenta la masa. Es el arder lento del tronco de encina que calienta y alegra largas horas. Ese desnaturalizado amor del “hacer el amor”, ley fundamental de la sociedad del bienestar. Son fuegos artificiales que como se encienden se apagan. Pues contra esa lentitud de las cosas de Dios se opone la segunda tentación: la eficacia. Y en esa tentación hemos caído todos, las grandes manifestaciones públicas, las televisiones, el derroche de dinero, los grandes templos. Y cuanta menos fe verdadera hay, surgen las apariciones por todas partes y el sol da vueltas y las imágenes lloran y los mensajes apocalípticos al margen del evangelio se multiplican y todo eso trae mayores multitudes que una misa sencilla oída en una ermita de pueblo. Nos enerva la lentitud de Él, claro que no ha estudiado Ciencias Empresariales, ni Marketing, y así le va.

4.- Y la última tentación es la del poder, con la fuerza del rodillo político e imponer desde arriba creencias o desavenencias. Que en otros tiempos se decía en latín “cuius regio ejus et religio” y lo traduzco. Es algo así como “convertido el jefe, convertido el pueblo” o “descreído el jefe, descreído el pueblo”. Y es exactamente la doctrina de Satanás.

Es notable que el Diablo diga “te daré todo esto…”, porque el poder, la gloria de la tierra la tiene por suya. Lord Acton diría siglos más tarde: “el poder corrompe” porque todos llevamos en el corazón aquel grito del diablo en el paraíso: “Seréis como dioses…”. Intocables, inconmovibles, poseyendo la verdad absoluta. Es el campo del poder el que produce las falsas promesas, el engaño, el ridiculizar al oponente, el chalaneo… El poder corrompe tanto que hacer perder la propia dignidad y hace a los poderosos abajarse a ser bufones de un pueblo que, o es inculto o bajo, o le toman por imbécil, y al que tratan como si estuviera formado por disminuidos psíquicos.

Sólo hay un poder que no corrompe, el que proclama el Señor, el que se fundamenta en el servicio a los demás, el que en lugar de arrodillarse ante Satanás --nacional-catolicismo o nacional-agnosticismo—se arrodilla ante los hermanos como hizo Jesús en la Cena.

___________________

1.- Jesús también fue tentado y nos enseña a superar la tentación. La experiencia del desierto nos muestra la evidencia de la fragilidad de nuestra vida de fe. El desierto es carencia y prueba, nos muestra la realidad de nuestra pobreza. Por eso tenemos miedo a entrar en nuestro interior, sentimos pavor ante el silencio. Surge la tentación, la prueba... Sin embargo, el exponerse a una prueba es lo que hace progresar al deportista o al estudiante.

Las tentaciones de Jesús en el desierto son las nuestras:

-- El hambre, que simboliza todas las “reivindicaciones” del cuerpo.

-- La necesidad de seguridad, aunque sea al precio de perjudicar al prójimo.

-- La sed de poder, el temible instinto de dominación.

2.- “Misericordia, Señor, hemos pecado”. En el Salmo reconocemos nuestro pecado, con la confianza de que Dios nos perdona con su infinita misericordia. Dios no quiere exponernos al mal, sino que es cada uno el que es probado en aquello que le arrastra y le seduce. Dios es el que nos da la fuerza para vencer la tentación y salir victoriosos sobre nuestros instintos. El no permitirá que seamos tentados más allá de nuestras fuerzas; antes bien, “con la prueba dará también la salida” La gran tentación es “pensar que los resultados dependen de nuestra capacidad de hacer y programar”. Está bien que pongamos en juego los medios de nuestra inteligencia y voluntad, pero no debemos olvidar que sin Cristo no podemos hacer nada.

3.- Jesús venció, también nosotros podemos hacerlo. La oración, la aspiración a la santidad, la escucha y el anuncio de la Palabra en nuestro mundo es el mejor programa cuaresmal. El Papa en su mensaje cuaresmal de este año nos recuerda el compromiso adquirido en el Bautismo y la gracia que en él recibimos: «Con Cristo sois sepultados en el Bautismo, con él también habéis resucitado» (cf. Col 2, 12).

El primer domingo del itinerario cuaresmal subraya nuestra condición de hombre en esta tierra. La batalla victoriosa contra las tentaciones, que da inicio a la misión de Jesús, es una invitación a tomar conciencia de la propia fragilidad para acoger la Gracia que libera del pecado e infunde nueva fuerza en Cristo, camino, verdad y vida. Cristo sale victorioso, para abrir también nuestro corazón a la esperanza y guiarnos a vencer las seducciones del mal.

___________________

1.- Estamos viviendo una hora histórica. Parece como si el hombre fuese errando por un inmenso desierto de purificación y de penitencia. ¡Nos gustan tan poco estas palabras! ¡Se escuchan tan escasamente estos mensajes en los medios de comunicación o en las propuestas de nuestros gobernantes! Hasta ahora se nos decía todo lo contrario: frente a la purificación, la corrupción; frente a la penitencia, la opulencia o la comodidad. ¡Así nos va!

Pero, Jesús, sale a nuestro encuentro. Para ser fieles a Dios, como El mismo lo fue en su lucha a brazo partido con el maligno, hemos de responder con la fe, la esperanza y la caridad.  No ambicionó Jesús pan en sus horas de hambre y si rechazó tan sabroso alimento, es porque siguiendo la voluntad de Dios quería ser pan, caridad, para el resto de la humanidad. Prefirió ser comido a comer.

No quiso postrarse el Señor ante el maligno ¿Por qué? Su fe profunda y sin fisuras hacia el Padre se lo impedía. Sabía que, si le adoraba, en ese gesto terminaba su libertad y comenzaba su definitivo cautiverio. Mirando a nuestro alrededor podemos concluir que constantemente estamos siendo llamados a postrarnos y arrodillarnos ante numerosos dioses que, luego, resultan ser látigo de nuestra salud y azote de nuestro bienestar. Hasta ayer mismo se nos decía “come, gasta, viaja, corre y consume”. Hoy, desde el mismo vértice, escuchamos lo contrario: no gastes, no viajes, no enciendas la luz, ahorra y si tienes coche…no vayas a más de 110 kilómetros por hora. Vivimos en una contradicción y confusión permanente: tentados por lo dulce y decepcionados cuando, repentinamente, todo se convierte en sabor amargo.

No quiso Jesús tampoco caer en la falsa interpretación del maligno sobre las escrituras “encargará a los ángeles que cuiden de ti, y te sostendrán en sus manos.” Jesús actuó con responsabilidad. No se dejó llevar por el chantaje del tentador. Sabía que Dios no le iba a fallar, que su cuerpo no tropezaría con la losa….pero ¿merecía Dios ser puesto contra las cuerdas? No quiso utilizar a Dios. ¡Y cuánto nos molesta cuando nos manipulan! ¿O no? Jesús no aspiró a ningún beneficio propio por la acción extraordinaria de Dios. ¿Acaso no la hubiera preferido en la cruz y tampoco la pidió?

La vida cristiana, como la de Jesús en pleno desierto, es una llamada a la madurez y a la coherencia. Dios sigue de cerca nuestros pasos, nos cuida (aunque a veces nos parezca lo contrario) en los tortuosos caminos de la vida….pero, Dios, no puede estar constantemente pendiente de nuestras travesuras, de nuestros chantajes o de nuestra falta de compromiso.

2.- Qué bueno sería, en este primer domingo de la Santa Cuaresma, hacer una sería reflexión sobre qué tentaciones salen a nuestro encuentro y cómo respondemos a ellas. Igualmente sería muy positivo que, observando a nuestro alrededor (los aleros desde los cuales miramos, servimos o dirigimos a los demás) meditásemos si en más de una ocasión no seremos nosotros los que nos convertimos en causa de desánimo, desconcierto, desesperanza o promotores de falsas ilusiones.

La vida cristiana es una permanente lucha: entre el bien y el mal, entre la riqueza y la pobreza, entre Dios y los dioses que nos encontramos en nuestro recorrido por el mundo. Jesús los tuvo y, nosotros, constantemente los padecemos. ¿De qué lado nos ponemos?