La Transfiguración

 

La Transfiguración (P. Juan Pablo Esquivel)

2° Domingo de Cuaresma

Después de haber contemplado en el Domingo anterior la figura de Cristo padeciendo la tentación, como verdadero hombre, hoy nos muestra al Hijo de Dios, en su gloria eterna, como verdadero Dios.

El Evangelio quiere mostrar que no debemos separar la Pasión de la Resurrección; no debemos considerar los dolores de la cruz, sin pensar en la gloria de la Pascua.

La Cuaresma nos va enseñando que la Cruz no es fin, sino medio: es necesario pasar por ella para llegar a algo mejor: igual que se debe pasar por los dolores de parto para dar lugar a unanueva vida.

Muchas veces nos pesa el aspecto de renuncia, abnegación y sacrificio que implica nuestra fe, hoy miramos hacia adelante para ver porqué lo hacemos (como el deportista que levanta la cabeza para ver la meta y el premio...). La figura de Cristo glorioso nos muestra la condición de hijos de Dios que nos está reservada a quienes perseveremos con Jesús.


 

La Transfiguración es un momento muy especial de la vida de Jesús: cuando mostró su gloria a tres de sus apóstoles. y con ello nos muestra la gloria que nos espera en el cielo.

Tuvo lugar mientras Jesús oraba, porque en la oración es cuando Dios se hace presente. Los apóstoles vieron a Jesús con un resplandor que no se puede describir con palabras pues estaban en presencia de Dios, viéndolo como era.

Jesús hablaba con Moisés y Elías. Hablaban de la muerte de Jesús, porque hablar de la muerte de Jesús es hablar de su amor y de la salvación de todos los hombres.

Pedro, Santiago y Juan experimentaron lo que es el Cielo. Después de ellos, Dios ha escogido a otros santos para que compartieran esta experiencia antes de morir: Santa Teresa de Avila, San Juan de la Cruz, Santa Teresita del Niño Jesús y San Pablo, entre otros.

                                                                                                                                                                                        

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