ASCENSIÓN DEL SEÑOR

ASCENSIÓN DEL SEÑOR / C

 

MONICIÓN DE ENTRADA

(Buenas tardes a todos). (Buenos días a todos)…  poco a poco, nos acercamos al final de la Pascua. Hoy, con la ASCENSION DEL SEÑOR A LOS CIELOS, nuestros ojos contemplan a un Jesús que dio el todo por la salvación del hombre. Pero, además, su Ascensión junto al Padre, nos abre una puerta por la que estamos todos llamados a entrar para disfrutar viendo a Dios y cantando para siempre lo grande que es. Iniciemos esta eucaristía.

 

MONICIÓN A LAS LECTURAS

Las lecturas que vamos a escuchar nos acercan al Misterio de la Ascensión del Señor. El Señor se va pero, su misión, la sigue llevando adelante su cuerpo visible que es la Iglesia. Hoy, Jesús, sube al podium del cielo: ha cumplido, ha vencido, ha ganado y, ahora, va camino del abrazo del Padre. Escuchemos con atención.

 

ORACIÓN DE LOS FIELES

1. Tengamos un recuerdo especial por nuestra Iglesia. Para que sepa acertar en el cómo transmitir todo lo que Jesús nos ha dejado. Roguemos al Señor.

2 El hombre de hoy se olvida demasiado del lugar al cual Jesús nos encamina: el cielo. Pidamos al Señor que, su Espíritu Santo, nos ayude a trabajar por la ciudad de Dios que es el cielo. Roguemos al Señor

3. Por aquellas personas que sólo quieren ascender en los puestos profesionales y se olvidan de los demás. Para que Dios les haga ver la grandeza de servir. Roguemos al Señor

4. Por todos los que nos ayudan a descubrir, celebrar, vivir y guardar el tesoro de la fe. Para que no se cansen nunca de indicarnos con su vida y con sus palabras hacia el encuentro con Dios. Un recuerdo, muy especial, por todos los sacerdotes. Roguemos al Señor.

5. Por todos los que se desilusionan cuando ven que sus proyectos no siguen adelante. Para que vean en Jesús una persona que les invita a superarse, a luchar y a conquistar metas más altas que lo que el mundo nos propone. Roguemos al Señor

 

Homilía  Ascensión del Señor  /  C

El fin, y la meta de todo buen atleta, no solamente es participar sino –además- intentar coronar el pódium, alcanzar el trofeo bien merecido después de tanto esfuerzo, sacrificio y entrega.

1.- La Pascua va tocando a su fin. Jesús, que después de donarse generosamente por nosotros, murió y resucitó, en la solemnidad de la Ascensión está llamado a vivir definitivamente en la presencia de Dios.

Con Dios estuvo, unido en la tierra, pero –ahora físicamente y cara a cara- rodeado por la gloria celeste, disfruta de la vida de Dios, con Dios y en Dios. ¡Felicidades, Jesús! ¡Tu fidelidad y tu entrega te hacen digno de este premio, de este buen final!

Y, en ese ascenso de Cristo hacia el cielo, nos deja marcado un surco para que, los que aspiramos a vivir en esa gloria de Dios, no nos desviemos. Jesús, al entrar en el cielo, señala una puerta abierta a todos los que creemos en El y vivimos en El. Al igual que los apóstoles, asombrados ante este Misterio, también nosotros nos quedamos maravillados ante lo que nos aguarda. Nuestra profesión de fe (Cristo es el Salvador) nos hace soñar, anhelar, gustar y luchar por esa patria celeste. Por esa ascensión personal a la que todo creyente estamos llamados a realizar. Cristo, como cabeza, ha ido delante y nosotros, como su cuerpo, marcharemos detrás ¿Aspiramos a ello? ¿No nos quedamos –frecuentemente- instalados y sentados en el cómodo salón del mundo? Aspirar al cielo, es bueno; luchar por El –como Jesús lo hizo- se hace más cuesta arriba. Merece la pena intentarlo.

2.- El Señor, una vez más, nos da testimonio de lo que es: Hijo de Dios. Como tal, para que no lo olvidemos, se pone en cabeza. Que no perdamos de la órbita de nuestras aspiraciones el contemplar cara a cara al mismo Dios. . Pablo VI decía: “El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan, o si escucha a los que enseñan, es porque dan testimonio.” Como cristianos, en esta fiesta de la Ascensión del Señor, nos hemos de comprometer más activamente en y con la misión de Jesús. No podemos quedarnos mirando al cielo (con la vista perdida) pero tampoco clavados en lo pasajero, condicionados por lo puramente aparente y engañoso.

Muchas cosas que decía y hacía Jesús, no las entendieron aquellos amigos de Jesús (los apóstoles). Se les hizo duro el duro lenguaje de “morir para resucitar”. Pero al final, los discípulos, volvieron a Jerusalén con alegría y alabando a Dios.

3.- Eso, entre otras cosas, se ha de ver en nuestros semblantes cristianos (la alegría y el gozo) y escuchar de nuestros labios (lo que somos y qué significa Jesús de Nazaret para todos nosotros). No escondamos aquello que profesamos: Jesús alegría del mundo, muerto y resucitado, asciende a los cielos para mostrarnos –más a las claras todavía- su victoria. ¡Enhorabuena, Señor!

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1. - El Día de la Ascensión es cuando los Apóstoles caen en la cuenta de que su trato con el Señor va a ser real, pero no como antes. Se acabó el caminar, los caminos por Galilea hombro con hombro con Él. El comer y charlar teniéndole cerca. En definitiva, un día de nostalgia y soledad como lo refleja en su poesía Fray Luis de León:

Y sin embargo, ni nostalgias ni miedos paralizan. Ni siquiera una alegría inoperante como aquella de san Pedro en la transfiguración: “¡qué bien se está aquí! Hagamos tres tiendas”. Quedémonos aquí, nada de eso encaja en los deseos de ese Señor Jesús que se va lleno de gloria y majestad.

2. - Para mí, la clave del día de hoy la dan las palabras de los ángeles: “¡qué, andáis ahí pasmados, hombres de Galilea!”

¿Por qué buscáis a Jesús Dios en el cielo? Volved a Jerusalén, llena de recuerdos de un Dios doliente, abandonado y roto. Todavía está allí ese Jesús, que a pesar de todo, le ha tomado gusto a las moradas de los hombres.

Jesús Dios se va sin irse:

--Ese Jesús sentado a la diestra del Padre, es Dios en el desnudo, en el enfermo, Dios en el hambriento.

--Ese Jesús de Nombre, sobre todo Nombre, es Dios en el sediento, en el encarcelado, en el abandonado.

--Ese Jesús que sube al cielo, es Dios de cada hermano.

¿No nos lo dejó dicho? “Lo que hagáis a alguno de estos pequeños a mí me lo hacéis”.

3.- Jesús abandonado y roto sigue teniendo sed. Sigue teniendo la mano en súplica. Sigue requiriendo nuestra atención y cariño.

¿Qué hacemos aquí pasmados? ¿Cómo podemos vivir una vida cristiana sin andar buscando a Dios en todo lo que nos rodea?

Buscar a Dios en el cielo es muy difícil. Está muy lejos, para codearnos con Él en la familia, en el trabajo, en el estudio, en la calle esperando a que se ponga verde el semáforo. Es cosa de cada día.

Toda nuestra vida cristiana se reduce a convivir con esos líos, habituales en lo que nos rodea. Dejemos nuestras nostalgias, miedos y alegrías inoperantes y seamos fieles a nuestra tierra porque en ella vive Dios.

1.- Muy gentiles amigos:
¿Hay alguna persona a la que le gusten las despedidas?, ¿Quién de nosotros no ha rehuído alguna vez la ocasión de decir adiós y ha preferido mejor desaparecerse discretamente sin la necesidad de tener que justificar el porqué de nuestras momentáneas o definitivas ausencias?;...

Todavía recuerdo aquella tarde de hace 22 años en la Parroquia de la Resurrección del Señor, parroquia de mi juventud, cuando teniendo un servidor unos 22 años el padre Rafael Uribe, erudito sacerdote agustino, me pedía que me sentara junto a él en una comida de despedida que le organizó nuestra comunidad después de 8 años sirviendo a los fieles de Cristo de nuestra feligresía. Aquel hombre austero, sencillo, elocuente, de rasgos duros y en la apariencia seco e inconmovible, abogado titulado por doble partida, así en las leyes civiles como en las leyes eclesiásticas,... un hombre que me imponía siempre con su hábito negro, por su excelente dominio intelectual en diversos campos y por su carácter fuerte, formado indudablemente en la recia y antigua disciplina eclesial religiosa. Sentado junto a él le veía sonreir ante las muestras de afecto de los bautizados y en su silencio imposibilitado para contener las lágrimas de sus ojos que le traicionaron y que sin previa solicitud de permiso escapaban rodando por sus mejillas,... y me decía: “Rogelio, ¡Quién dice que no cuesta despedirse es por que nunca lo ha hecho!”... Y yo volteé a mirarlo y le dije: “y sin embargo está feliz ¿no es así?” El me dijo: lacónicamente: “sí”,... Concluí entonces: “Déjese querer, Don Rafa, ¡Déjese querer!”...

2.- Todos nosotros debemos ser conscientes de que los caminos tienen un principio e incluyen un final, que toda competencia tiene su señal de salida e incluye una meta, que todos los libros deben de tener una introducción y contemplan alegremente una conclusión, que todo prólogo promete siempre un epílogo, que los días poseen sus amaneceres y sus anocheceres, que existe en el horizonte una aurora y un ocaso, que la primavera acusará la factura del invierno, que toda obra musical posee una obertura y también tiene una nota final, que la niñez trae consigo el germen de la ancianidad y que el cansancio de la siembra trae en sus espaldas la alegría de la cosecha. El telonero en el teatro de nuestra vida apenas abre las cortinas y tiene que estar preparado para cuando deje caer el telón. ¡Debemos ser conscientes y consecuentes!

3.- No obstante, los hombres de nuestro tiempo solemos no darnos cuenta, o por lo menos vivimos de tal manera, que pareciéramos, sino en lo teórico sí en lo práctico, querer olvidar la transitoriedad que encierra nuestra vida y la medida que tiene todo aquello que se gesta en el tiempo y en el espacio.

Muchas de nuestras actuaciones en la vida diaria suelen denunciar una falta de conciencia en torno a nuestra contingencia existencial. Nuestra vida diaria se vive, las más de las veces, con tanta frivolidad e irresponsabilidad, que pareciéramos tener en un presupuesto de seguridad la certeza de la posesión de la eternidad mientras que estamos viviendo todavía en la temporalidad.

Y es entonces, que surgen tantas escenas tristes que nos hablan de nuestros fracasos humanos: edificios sin terminar en las grandes avenidas; casas residenciales a medio construir; carreteras, autopistas y anillos viales interrumpidos en su realización, obras de drenaje pluvial detenidas sin un avistamiento de su conclusión o simuladas en su inconclusión bajo el silencio de la superficie; libros diseñados que se han quedado a la mitad de su redacción; y así tantas y tantas sinfonías inconclusas de la vida humana.

Hoy, somos tantos los que cargamos con nuestra propia sinfonía inconclusa, sobre todo cuando no hemos sido capaces de prever la limitación real de nuestros recursos. Somos cada vez más, los que hemos puesto los cimientos de nuestras grandes construcciones académicas, comerciales, laborales, de inversiones y hasta familiares, pero que no hemos pensado con seriedad en la necesidad de diseñar y prever la realización sostenida de todas y cada una de las etapas de nuestros edificios, especialmente las últimas.

4.- No obstante, mi querido amigo:

Es bueno que, no te quedes discurriendo solamente en tu entorno y en esas realidades materiales,... de tal manera que puedas asumir la invitación para que trasciendas en los recursos del pensamiento, y así puedas darte cuenta de que muchas de nuestras familias y de nuestras propias vidas son esas enciclopedias inacabadas.

Somos tantas las personas que no asumimos la caducidad de nuestra vida, y que actuamos en la existencia como si fuéramos eternos, o por lo menos, cómo si tuviéramos la seguridad de que vamos a vivir cien años,... o un poquito más.

Piensa y trata de resolver, no en voz alta sino en la interioridad y en la sinceridad estas preguntas: ¿Tu familia está preparada para cuando sobrevenga tu ausencia? –Sí o no- ¡Sé sincero! ¿Si el día de mañana,... o esta misma noche, Dios te llamara a su presencia y tú ya no te encuentras junto a los tuyos, las cosas podrían continuar con su desarrollo normal? ¿Están preparados tus seres queridos para asumir el timón de la embarcación y seguir el rumbo de la vida, cuando tú no estés al frente de ellos? ¿Saben izar las velas y capitalizar la fuerza del viento? ¿Les has dado las herramientas necesarias como para que sigan trabajando en tu ausencia o te has conformado con entregarles abundantes frutos de un trabajo que ni siquiera saben cómo se realiza, y que cuándo les toque a ellos tomar el arado no serán capaces de autoproveerse?

5.- La fiesta de la Ascensión del Señor nos recuerda a cada uno en lo personal que, junto con la voluntad general de Dios, que consiste en la salvación de todos los hombres, actúa también en nuestra vida una voluntad específica de parte de Él: Dios nos ha enviado al mundo con una misión. ¿Te has dado cuenta de que un día tenemos que escribir la última letra en el libro de nuestra vida y de que un día entonaremos inexorablemente la última nota de nuestro canto?

Una primera actitud para asumir en la vida cristiana, debiera ser la necesidad de que aprendamos a vivir nuestra vida en perspectiva. Esto es lo que nos puede abrir los ojos hacia un futuro que en realidad no es tan distante, o que por lo menos no nos toca a nosotros determinar su arribo. Solamente en la medida de que vayamos adquiriendo la conciencia de la transitoriedad e inexorabilidad del tiempo, podremos detenernos a pensar en las consecuencias de las cosas que hacemos en el presente y de aquellas que erróneamente evitamos que hagan nuestros seres queridos. El ver las cosas en perspectiva, nos permite avistar el día de mañana y nos impulsa a ser previsores al sensibilizarnos a causa de la fugacidad de nuestra presencia al lado de los seres que más amamos.

6.- Sin embargo, cada vez somos más las personas que queremos pasarnos la vida resolviendo problemáticas que les tocaría resolver a nuestros consanguíneos, y asumiendo responsabilidades de nuestros familiares, viviendo una vida que no es la nuestra y atrofiando el campo de deberes que tienen otras personas. ¡Por favor! Te pido que pienses, antes de continuar obrando así, en ese momento en que ya no estés junto a ellos. ¡Enséñales a valerse por sí mismos!

Cuando oigo decir a los padres de familia, incluyendo a mis hermanos y hermanas, que esperan que sus hijos no vivan las dificultades que ellos padecieron, no puedo estar totalmente de acuerdo. Tales dificultades que enfrentamos se han encargado de esculpir el semblante de lo que nosotros somos ahora. En la incertidumbre de la que estamos revestidos todos los seres humanos, jamás podremos saber cuáles serán las situaciones que viviremos el día de mañana y cuáles serán nuestras desventajas. Sin embargo, ¡entiende que la peor desventaja que podrán enfrentar tus hijos en la vida estriba en el no haber aprendido a luchar!

Si realmente quieres ayudarles tienes que dejarlos enfrentar la vida por sí mismos, brindarles las herramientas pero no hacer los trabajos que a ellos les corresponden, permitir que afronten adversidades para que puedan conocer y desarrollar su fuerza y sus capacidades. Recuerda que en los mares tranquilos no se forjan buenos marineros. Si tú quisieras que tus hijos nunca experimenten la violencia de un posible naufragio, entonces no les compres un barco, cómprales una isla, y ¡créeme!, ni siquiera esto les podrá asegurar una vida totalmente tranquila.

7.- Queridos amigos:

Hoy, la liturgia nos invita a reflexionar sobre el retorno de nuestro Señor Jesucristo a la Casa del Padre, y nos hace presente esa línea divisoria que existe entre la misión de Cristo en la tierra y la que será la Misión de su Iglesia. Hoy es el día en que celebramos el que los Apóstoles hayan recibido una estafeta para iniciar la parte que les toca en la noble competición, y es que el tiempo del entrenamiento se ha terminado.

Jesucristo asciende victorioso y alegre y se sienta a la derecha del Padre,... su Iglesia ha sido preparada para asumir sus responsabilidades.

Estoy convencido de que las múltiples historias del grano de mostaza que ha subsistido en este árbol, que es la Iglesia, a lo largo de dos mil años y la de la poca levadura que ha fermentado la masa de la que se compone el mundo, van unidas a dos factores: En primerísimo lugar, la presencia del Espíritu Santo que asiste y en Segundo lugar, el que el Señor haya preparado a cada uno para sus responsabilidades. A San Pedro le confió el Primado, los Apóstoles fueron enviados a evangelizar y están al frente de las comunidades que se van fundando, y así en un movimiento apostólico ininterrumpido un día se fundó esta Iglesia de Monterrey que amamos.

8.- La historia le ha dado la razón a la forma que tuvo de proceder el Señor: lo que ocurrió en aquel ignorado rincón de Galilea, lo que inició con aquel puñado de hombres, con aquellos insignificantes pescadores se ha mantenido de pie, y sigue siendo una permanente actualidad en nuestros días. Y la pregunta que tienes que hacerte es: ¿cuándo a tí te toque despedirte, crees que las cosas y los tuyos continuarán con su curso?

 

ESTA HISTORIA CONTINUARÁ...

Después salió con ellos fuera de la ciudad, hacia un lugar cercano a Betania; levantando las manos, los bendijo, y mientras los bendecía, se fue apartando de ellos y elevándose al cielo.

1.- Sobre la fiesta que hoy celebramos: “la Solemnidad de la Ascensión del Señor” domina una sola pregunta de fondo: ¿Se trata de una conclusión o de un principio?

Podría parecerte irrespetuoso e irreverente, el que nos preguntemos todo esto al leer la Sagrada Escritura, pero bien te podría decir que el día de hoy se nos está hablando de una Conclusión que ineludiblemente se convierte en una Introducción.

Y en esto precisamente se manifiesta el principal sentido de nuestra fiesta: Para el cristiano la Conclusión se convierte siempre en la Introducción a una nueva etapa.

2.- Regresando al texto del Evangelio podemos constatar el que la Ascensión de Jesucristo se convierte en el inicio de la vida de la Iglesia; cuando Aquel que es la Cabeza ha ascendido a lo alto de los cielos es el momento para que su Cuerpo místico inicie sus quehaceres; una vez que el Pastor habita victorioso en los prados de la eternidad es el tiempo de que su rebaño se esfuerce en llegar a donde su Pastor ha ido por delante; es ahora el tiempo de que los hijos por adopción trabajemos a ejemplo de Aquel que es el Hijo por naturaleza.

Es la Solemnidad de la Ascensión, y con ello ha llegado el momento de que todos aquellos que hemos seguido al Maestro nos convirtamos en infatigables pescadores de hombres, en aquellos que buscan servir y no ser servidos, en los pastores que apacientan las ovejas de aquel que le ha dicho a san Pedro: “apacienta a mi rebaño”. Es ahora el tiempo de la Iglesia, es el tiempo de los cristianos, que necesitarán la asistencia del Espíritu Santo, para continuar con la obra de Aquel que se encarnó por obra y gracia del Espíritu Santo en el vientre inmaculado de la Virgen Santísima.

3.- Cristo ha concluído su obra y ahora se ha iniciado el quehacer de los apóstoles, y así continuará la misión de una Iglesia católica, que no tiene ni veinte ni cien años de haber iniciado su caminar, sino los mismísimos veinte siglos que tiene el Señor de haber ascendido a las alturas de la gloria y la eternidad, y de una obra que si fuera de los hombres se hubiera acabado, como lo decía el rabino Gamaliel, pero que sí es de Dios aunque nos empecinemos en destruir no terminará jamás, tal cómo ha sucedido, por la gracia de Dios.

Se trata de una Iglesia que bien puede reconstruir, sin engaños, una lista ininterrumpida de sucesiones desde san Pedro y los once hasta llegar a Benedicto XVI y Don Francisco Robles, en nuestra propia ciudad, aunado al colegio episcopal.

4.- Cristo está ascendiendo a los cielos y la historia no termina, puesto que los apóstoles y sus sucesores han obedecido el mandato del Señor.

Y de esta manera la Ascensión, si bien puede ser visualizada como conclusión en la vida sobre la tierra del Señor, es también el inicio de una nueva forma de manifestarse: mediante aquellos que son su prolongación hasta nuestros días. La ausencia tiene una nueva forma de presencia.

La historia ha continuado, y allí se encuentra la religiosa que trabaja y cuida enfermos en el silencio caritativo de una casa-hogar para enfermos terminales en el norte de la ciudad de Monterrey o cuidando ancianitos en la Casa de Reposo “Nuestra Señora del Rosario”; allí están los padres de familia que soportan desvelos, desilusiones e incomprensiones luchando por inculcar los valores del Reino a través de su palabra y ejemplo en el pensamiento y la vida de sus hijos; allí están los jóvenes, los señores y las señoras dando catecismo, esforzándose día tras día por evangelizar a los niños y sembrando el amor y la paz de Cristo en sus corazones; allí están los grupos de profesionistas atendiendo apostolados intensos y cualificados.

La historia no se ha interrumpido y allí está el ministro de la Sagrada Comunión llevando con celo el Pan de la Vida a los enfermos en sus casas y en los hospitales, allí están muchos sacerdotes, ¡más de los que puedas imaginar!, cargados con sus años, pero mostrando la buena madera del árbol del que proceden, puesto que siguen soportando el peso de la jornada y continúan dando ejemplo de consagración total por amor a Cristo a favor de su Iglesia.

5.- ¿Cómo podrá nuestra ciudad dejar en el sarcófago del olvido el trabajo de un Padre Ponce o del padre Arroyito quienes desgastaron sus ojos con la única intención de mostrar el dulce rostro de Cristo a los hombres que estaban sumergidos en la oscuridad del alma, antes de que ellos mismos concluyeran su camino? ¿Cómo abandonar en el desierto de los desmemoriados a nuestro querido Monseñor Galván y del Padre Alejandro Ostos desgastados en el servicio con una entereza que solamente viene del Señor? ¿Cómo podríamos ser justos si olvidáramos las bendiciones que Él mismo ha derramado en nuestra vida a través del fructífero ministerio de Mons. Alfonso Hinojosa Berrones, ahora emérito, que se gastó y desgastó por el cuidado del rebaño de Cristo? Y como estas historias hay muchas más, puesto que tendría que hablarte de algunos que ya han fallecido como el Padre Huertita, el Padre Leoncito y el mismo Cardenal Don Adolfo Antonio Suárez Rivera, así como algunos que siguen luchando como el Padre José Luis Guzmán, el Padre Catarino, el Padre Lugo, Mons. Panchito Hernández, Mons. Garza Salinas, Mons. Peñita, el güero Martínez por sólo mencionarte unos cuántos. Y, ¿cómo no mencionar al Padre Lupito Rodríguez Martínez que el sábado 30 de Abril de 2005 fue llamado a la casa de Dios teniendo 37 años de vida y 8 de ministerio sacerdotal?

6.- La historia ha continuado y hemos tenido el privilegio de formar parte de una milécima de segundo en el día de la jornada de la vida de nuestra Iglesia, y no nos queda más que la satisfacción de haber cumplido con las indicaciones del Maestro.

Muchos hablan de crisis en la Iglesia: ¡qué superficialidad! ¡Qué visión tan ligera! ¿Crisis? La Iglesia ha vivido en crisis, siempre han existido los dramas pavorosos. La historia de la Iglesia podríamos decir que es una contínua crisis y así hemos ido hacia delante. Y es que la Iglesia está viva y participa de la vida. Y toda vida verdadera es verdadera crisis. Los únicos que no enfrentan dificultades son los muertos, ¡y yo lo dudo! Las crisis de hoy no son mejores ni peores que las del pasado. Y el Señor permite que con su gracia sigamos con la vida de una Iglesia que si bien ha pasado por momentos difíciles, su vida no depende absolutamente de nuestras miserias sino que posee vida verdadera por la gracia de Aquel que nos ha enviado al mundo.

7.- Y con todo lo anterior, debemos ser congruentes, si la crisis de la Iglesia reside en que se secan la reservas espirituales, está claro que la curación está en la búsqueda de reservas espirituales, y si hoy en día percibimos que se acerca un tiempo de escasez sacerdotal, es ahora el tiempo de redoblar la oración por las vocaciones sacerdotales, y de que los jóvenes se cuestionen sobre la generosidad que han tenido en el llamado que Cristo sigue haciendo hoy en día.

Como todavía tenemos agua para nuestro consumo, nos resulta fácil acabarnos toda el agua del depósito, sin preocuparnos por el agua de consumo de aquellos que han de venir después que nosotros. ¡Es demasiado egoísmo! Oye joven,... ¡sí tú! ¿Quién bautizará a tus nietos? Te has preguntado: ¿quién asistirá la enfermedad de tus ahora pequeños hijos si es que no redoblamos la oración por las vocaciones sacerdotales?

8.- Invito a los jóvenes y a nuestras familias para que seamos generosos con el Dios de la generosidad.

¿Sabes? Nunca se me olvida aquella escena en la que un grupo de fieles cristianos fue ante Don José de Jesús Tirado y Pedraza para solicitarle un sacerdote que atendiera a su comunidad. Y el señor Tirado y Pedraza, que de Dios goza, les dijo con esa agilidad mental y ese buen humor que le carecterizaba: “¿Quiéren un sacerdote? Les quiero preguntar: ¿cuántos seminaristas tienen en nuestro seminario?” Ellos le respondieron: “ninguno”. Y él les recalcó: “Dénme un seminarista y yo les doy un sacerdote. Los sacerdotes no se cosechan en los árboles sino que nacen en las familias cristianas”.

9.- Y la historia debe cotinuar... La Ascensión del Señor junto con el ser una conclusión será siempre un inicio.

Y esto también podríamos aplicarlo a nuestra separación temporal de aquellos a los que amamos. Para el cristiano la muerte no es algo que termina sino el punto de partida verdadero. Para nosotros la muerte no es algo que sucede sino Alguien que nos sale al encuentro. Decía san Agustín: “No teme perder a aquellos que ama, quién los ama en Aquel que no se pierde”

Estoy seguro que la muerte no debería compararse con una luz que se extingue sino con un tapiz que alguien termina de tejer con una filigrana de abundantes obras buenas.

Y lo anterior se ubica en la frontera del tiempo y la eternidad.

10.- ¡Cuánto más debe pensarse de cada etapa de nuestra vida! Todo lo que concluímos es simultáneamente un punto de partida: terminas los estudios y con la graduación inicias tu vida profesional, concluye una mujer con la etapa del embarazo y con el parto se inicia la etapa práctica de la maternidad y la paternidad, concluyen los estudios en el Seminario y con la ordenación sacerdotal se inicia la vida ministerial, se concluye el noviazgo y con el matrimonio se inicia la vida esponsal.

Lo importante será el cuadro de actitudes que tengamos en la vida.

Así por ejemplo, el matrimonio más que la llegada a una meta es la señal de salida que se da para iniciar un nuevo camino, más que al atardecer de una ilusión es el amanecer de un nuevo ideal, más que el ocaso de un proyecto es la aurora de una realidad totalmente nueva, más que la conclusión de un tomo en la historia de tu vida es la introducción a un nuevo tomo con una gran cantidad de hojas en blanco por escribir, más que cerrar una puerta es la apertura de una puerta con la incertidumbre que trae el ingreso a una nueva habitación que exige confianza en el alma.

Y el problema de muchos matrimonios es el vivir la vida esponsal como algo adquirido más que como un punto de partida, y será entonces que se deja morir aquello que necesita vida a través de los detalles y de todas aquellas cosas que los esposos conocen que le agrada a aquel que un día cortejaron o que les cortejaron. ¿Punto de partida o de llegada? He allí el dilema y,... el nacimiento de nuestros problemas.
 

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“Hablen ustedes un poco más del cielo….que no nos dicen nada”. Así se expresaba una joven al finalizar una misa por un fallecido. Y es que, queriendo o sin querer, ocultamos verdades como un templo o, por lo menos, se diluyen como el azúcar en el agua. Lo cierto es que, así como es fácil hablar de las cosas de la tierra ante el auditorio, no lo es tanto hablar de aquello que no conocemos pero en lo que sí creemos: LA CIMA QUE NOS AGUARDA. EL CIELO.

1.- La Pascua va tocando a su fin. Jesús, que después de donarse generosamente por nosotros, murió y resucitó, en la solemnidad de la Ascensión está llamado a vivir definitivamente en la presencia de Dios.

Con Dios estuvo, unido en la tierra, pero –ahora físicamente y cara a cara- rodeado por la gloria celeste, disfruta de la vida de Dios, con Dios y en Dios. ¡Felicidades, Jesús! ¡Tú fidelidad y tu entrega te hacen digno de este premio, de este buen final!

En ese ascenso de Cristo hacia el cielo, nos deja marcado un surco para que, los que aspiramos a vivir en esa gloria de Dios, no nos desviemos. Jesús, al entrar en el cielo, señala una puerta abierta a todos los que creemos en El y vivimos en El. Al igual que los apóstoles, asombrados ante este Misterio, también nosotros nos quedamos maravillados ante lo que nos aguarda. Nuestra profesión de fe (Cristo es el Salvador) nos hace soñar, anhelar, gustar y luchar por esa patria celeste; por esa ascensión personal a la que todo creyente estamos llamados a realizar. Cristo, como cabeza, ha ido delante y nosotros, como su cuerpo, marcharemos detrás ¿Aspiramos a ello? ¿No nos quedamos –frecuentemente- instalados y sentados en el cómodo salón del mundo? Aspirar al cielo, es bueno; luchar por El –como Jesús lo hizo- se hace más cuesta arriba. Merece la pena intentarlo.

2.- El Señor, una vez más, nos da testimonio de lo que es: Hijo de Dios. Como tal, para que no lo olvidemos, se pone en cabeza. Que no perdamos de la órbita de nuestras aspiraciones el contemplar cara a cara al mismo Dios. Como cristianos, en esta fiesta de la Ascensión del Señor, nos hemos de comprometer más activamente en y con la misión de Jesús. No podemos quedarnos mirando al cielo (con la vista perdida) pero tampoco clavados en lo pasajero o incluso creyendo que, la Iglesia, es una especie de ONG (como muy bien alertaba el Papa Francisco en el inicio de su pontificado.

3.- Muchas cosas que decía y hacía Jesús, no las entendieron aquellos amigos de Jesús (los apóstoles). Se les hizo duro el duro lenguaje de “morir para resucitar”. Pero al final, los discípulos, volvieron a Jerusalén con alegría y alabando a Dios. Eso, entre otras cosas, se ha de ver en nuestros semblantes cristianos (la alegría y el gozo) y escuchar de nuestros labios (lo que somos y qué significa Jesús de Nazaret para todos nosotros). No escondamos aquello que profesamos: Jesús alegría del mundo, muerto y resucitado, asciende a los cielos para mostrarnos –más a las claras todavía- su victoria. ¡Enhorabuena, Señor!

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    La celebración litúrgica de la Ascensión del Señor a los cielos nos plantea, cada año, la ocasión para recordar que hemos llegado a la mayoría de edad. Jesús pasó por el mundo haciendo el bien. Hizo su parte y la hizo perfectamente. Pero Él ni puede ni quiere hacerlo todo a base de milagros suyos. Desea que nosotros colaboremos con Él en la construcción del Reino de paz y de justicia que Él vino a instaurar. De alguna manera, nos necesita. Necesita que seamos “testigos de su amor”, testigos suyos en medio del mundo. Necesita que nos comportemos como adultos y que seamos su prolongación viva en la tierra para llevar adelante su obra. Sentirnos así, intentar vivir así, como testigos suyos, es el objetivo de la “palabra de vida” de esta semana.

         Para hacerlo, tendremos que preguntarnos ante cada circunstancia: ¿cómo haría Cristo? ¿qué debo hacer para no dejar en mal lugar su nombre, pues todos saben que soy cristiano?.

         Habrá momentos en que tendremos que callar y contener nuestro carácter, nuestras ganas de gritar. En otras ocasiones, por el contrario, deberemos hablar para no ocultar nuestra fe o para defender a los que están siendo oprimidos. A veces tendremos que dejar actividades, incluso apostólicas, para ocuparnos más de nuestra familia, mientras que en otras tendremos que asumir responsabilidades al servicio del prójimo o de la Iglesia. Pero siempre, siempre, tendremos que amar, de tal modo que, al vernos, los que nos rodean digan: “Ahí va un cristiano, un “Cristo vivo”, un verdadero seguidor de Cristo”.

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      Recordamos que hace meses, cuando celebrábamos la anunciación y el nacimiento de Jesús, la alegría era la nota dominante, la alegría de María, de Isabel, de los ángeles, de los pastores...  Ahora también, los discípulos después de despedir a Jesús, vuelven con gran alegría a Jerusalén.  ¿Qué es lo que ha pasado en todo este tiempo? Sencillamente, Dios ha pasado por este mundo.  La presencia de Dios trae como primera consecuencia la alegría de todos aquellos que saben acogerle.   Esta es la noticia que desde hace dos mil años los cristianos tenemos en nuestra boca, una buena noticia, una alegre noticia para todos los que quieran escucharla:  Dios ha pasado por nuestro mundo, Dios está con nosotros, Dios se ha revelado como Padre bueno y cariñoso, Dios ha vencido al mal, Dios ha resucitado a Jesús.  Esta es la noticia que nos constituye como Iglesia, como comunidad que vive la experiencia de haber sido liberados del mal, de la muerte, de la tristeza.

       Todo comenzó con un Dios que amando al ser humano quiso hacerse uno como nosotros, descendiendo a nuestro mundo, descendiendo a lo más bajo de nuestra sociedad, un Dios que se hizo pobre y humilde, y luego continuó y continuó bajando allí donde nadie quiere ir, con los leprosos, con los enfermos, con los pecadores... y continuó bajando, bajando hasta donde no se puede quedar más bajo,  hasta quedar colgado del madero. Y fue entonces cuando Dios Padre lo levantó, y lo levantó, y lo puso en lo más alto, y le dio toda la creación y toda criatura tiene desde entonces el espejo de su realización en Cristo.

      Por eso, hoy, a pesar de las dificultades y del cansancio, a pesar de esta crisis que corroe la vida de tantas personas, estamos alegres, porque Dios ha estado grande con nosotros.  Por Cristo, con El y en El, nos comprometemos a seguir descendiendo a los lugares de marginación a los que nadie quiere ir, llevando ayuda y consuelo a nuestros hermanos, esperando que Dios nos levantará a nosotros también en el último día, el día de la Alegría eterna.