Moniciones y Homilía Domingo 5º de Pascua A

5º Domingo de Pascua / A

 

MONICIÓN DE ENTRADA

 

El Señor sigue mostrándonos el camino hacia Dios, la Verdad de Dios y la Vida de Dios!

Hoy,  y ya en más de la mitad de este tiempo Pascual, celebramos a Jesús no como “un camino más” sino como el CAMINO que nos lleva hacia el Padre. ¿Nos damos cuenta de lo que ello significa? Creer en Jesús nos empuja a optar por El con todas nuestras fuerzas y verle como la salvación que el mundo, las personas y nuestras vidas necesitan.

Iniciemos esta celebración con alegría. Volvamos de caminos equivocados, de las mentiras que nos sacuden, de las muertes que nos acechan.

 

MONICIÓN A LAS LECTURAS

Las lecturas que vamos a escuchar hoy tienen algo en común: cuando ponemos a Cristo en el centro de todo, las diferencias, lo secundario, lo que no es importante….lo debemos de dejar a un lado. Lo imprescindible, lo que Dios quiere de nuestra vida cristiana, es que a través de Jesús lleguemos al conocimiento de su amor y de su verdad. Escuchemos atentamente las lecturas.

 

PETICIONES

1. Por el Papa Francisco. Para que el Espíritu Santo le asista y les lleve la esperanza y el amor que Dios nos tiene. Roguemos al Señor.

2. Por todos los que estamos reunidos en esta celebración. ¿En dónde nos encontramos? ¿Nos hemos alejado durante esta semana de Jesús? Para que volvamos a su camino. Roguemos al Señor.

3. Por todos los que mienten y maquillan la verdad. Para que construyamos un mundo basado en la VERDAD que es Cristo. Roguemos al Señor.

4 Por todos los que siembran la muerte, por los terroristas, por los países en guerra. Para que mirando al cielo defendamos la VIDA sobre la muerte. Roguemos al Señor.

5. Por todos los que piensan que son la respuesta y la solución a los males del mundo. Para que sean más humildes. Para que no olviden que Dios dirige y espera con amor la mirada de todos los hombres y mujeres del mundo. Roguemos al Señor.

Homilía 5º Domingo de Pascua / A

Yo soy el camino y la verdad y la vida. Esta es la norma suprema de los cristianos: si queremos llegar a Dios, caminemos por el mismo camino por el que Cristo anduvo; si queremos conocer la verdad de Dios, hagamos del evangelio de Cristo nuestra verdad suprema; si queremos vivir en Dios y tener la vida de Dios, vivamos continuamente la vida de Cristo, a través del amor.

No nos compliquemos demasiado la vida con leyes y teorías; nuestra ley y nuestra teoría es Cristo, porque él es nuestro camino, nuestra verdad y nuestra vida. Después de que Cristo se fue corporalmente de entre nosotros nos dejó su Espíritu y el Espíritu de Cristo es el que debe guiarnos en nuestro diario caminar, mostrándonos en cada caso la verdad de nuestras decisiones. Cristo debe ser la vida de nuestra vida. Cuando tengamos alguna duda sobre el camino que hemos de seguir preguntémonos con la mayor humildad y sinceridad posible: ¿cómo actuaría Cristo en mi caso? Y actuemos en consecuencia.

No perdáis la calma, creed en Dios y creed también en mí. Ya hemos dicho más de una vez que para los judíos creer en Dios era ser fieles a Dios, hacer su voluntad. La fe en Dios es fidelidad a Dios y amor a Dios. Tengamos en cuenta que Cristo les pide a sus discípulos que crean en él y que no tengan miedo. Les dice esto inmediatamente después de haberles dicho que se va y que, durante algún tiempo, no le van a poder ver. Lo que Cristo les dice es que se va, pero que no va a dejarles huérfanos, ni abandonados. Se va, pero les deja su Espíritu y les promete volver y llevarles con él. El cristiano debe ser una persona de paz y de calma interior; la fe en Cristo debe darnos esta paz. Por muchas desgracias y dificultades que tengamos sabemos que Cristo no nos abandona, está en medio de nosotros y dentro de nosotros, infundiéndonos su paz. Ni el mismo miedo natural a la muerte debe quitarnos esta paz y esta calma interior.

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Ni todos valemos para todo, ni unos pocos, pueden hacerlo todo. Y, la primera lectura de este domingo quinto de Pascua, nos instala ante una gran realidad: hay que contar con los demás para llevar adelante nuestra misión de constructores del Reino de Jesús en la tierra.

1.- Seguimos en Pascua. ¡Feliz Pascua de Resurrección! ¿Dice algo la muerte de Jesús al hombre contemporáneo? ¿Transmitimos que, seguir a Jesús, es un camino, una verdad y una vida?

Los primeros seguidores de Jesús no pensemos que lo tenían fácil ni claro. Había que optar por Jesús.

Estaban un tanto desconcertados con sus palabras y, para colmo, ya no era que Cristo tuviera que ser el eje fundamental de su vida sino que, dando una vuelta más a la tuerca, habría de convertirse en el único camino, en la auténtica verdad y en la referencia más absoluta para su vivir.

Pero ¿y cómo llevar este ideario a las nuevas generaciones? Tenemos que empezar desde abajo. En primer lugar hemos de colocar a Jesús en el lugar que se merece.

Es un ejemplo que, con el servicio y el amor totalmente entroncados en Dios, nos interpela: ¿Amas como yo? ¿Te entregas como yo? ¿Perdonas como yo? ¿Vas por los caminos que te indico yo?

-Frente a las confusiones de las ideologías dominantes, Jesús, es un camino que aporta seguridad y confianza

-Frente a las falsedades, maquilladas con la crema del modernismo, se alza la verdad de un Jesús sustentada en Dios y no, como la del mundo, en los intereses de algunos en contra de otros

-Frente a la muerte, a veces pregonada como avance (el aborto, la eutanasia o muerte asistida), Cristo nos recuerda que su proyecto es un plan de vida y que nadie, excepto el Padre, puede considerarse dueño de la vida de los demás.

2.- Como siempre nos queda una asignatura pendiente: creer y conocer a Jesús. Para testimoniarlo primero hay que sentirlo (como María en sus entrañas), reconocerlo (como los de Emaús) e imitarlo (como los apóstoles) desde el convencimiento y no como si fuera un simple disfraz semanal.

El mayor peligro y contradicción que muchos católicos podemos tener es hacer de Jesús un insignificante atajo (no camino) por el que nos colamos cuando queremos para recibir simplemente unos sacramentos; cuando lo entendemos como un consejo (no como verdad suprema) y, por lo tanto, su mensaje no es indicativo ni imperativo para nuestro pensamiento (ahí la causa primera de la debilidad del cristianismo de Europa).

¿Dónde están los “Tomás y Felipes de nuestro tiempo” que pregunten, en las estructuras políticas y decisivas de nuestro mundo, sobre la vigencia y necesidad del mensaje del cristianismo? ¡Casi nada! Brillan por su ausencia.

3.- Ya sabemos que una famosa sentencia aquello de “existen muchos caminos que conducen a la única vedad”. Pero ello no nos quita para que, como cristianos, estemos convencidos de que el único CAMINO (certero, limpio, justo, y comprometido) que nos lleva a Dios es precisamente Jesucristo Salvador.

Decir lo contrario es caer en una religión a la carta: recojo esto que me conviene y dejo aquello que no me agrada.