Moniciones y homilía Santísima Trinidad A

Stma. Trinidad  / A

 

MONICIÓN DE ENTRADA

(Buenas tardes a todos). (Buenos días a todos)…  Han quedado atrás los santos días de la Pascua. Pero, ahora, en estos dos domingos vamos a celebrar dos misterios de nuestra fe. Es decir; dos presencias muy queridas y muy importantes para amar, tocar y entrar en comunión con Dios: la Santísima Trinidad, que celebramos hoy, y el Corpus Christi que celebraremos el próximo Domingo.

 

MONICIÓN A LAS LECTURAS

Las tres lecturas que vamos a escuchar en este día de la Santísima Trinidad nos hablan del amor y del corazón de Dios. Sólo podremos llegar a ser buenos, ante los ojos de Dios, si cultivamos con mucha delicadeza la planta del amor en nuestras relaciones, palabras, expresiones o trabajos. Jesús así lo entendió: se entregó de lleno a lo que Dios le sugería desde el cielo. ¿Lo intentaremos nosotros?

 

ORACIÓN DE LOS FIELES

1. Por la Iglesia. Para que siempre sea esa familia de la cual podamos formar parte. Que siempre tengamos nuestro sitio para comprender y entender, escuchar y vivir lo que Dios quiere de nosotros. Roguemos al Señor.

2. Hoy, en este día de la Santísima Trinidad, no podemos olvidar a los Monasterios de Clausura. A cientos y miles de hombres y mujeres que viven una especial comunión y relación con Dios, a través de la oración, el trabajo y el silencio. Que seamos agradecidos con esas personas que tanto rezan por nosotros. Roguemos al Señor.

3. Por los que gobiernan las naciones. Para que sean más moderados en sus decisiones. Para que busquen el bien común. Para que no promuevan leyes que van en contra de la dignidad de las personas. Roguemos al Señor.

4. Por todos los que están solos. Para que sientan la presencia de Dios. Para que busquen a Dios en Jesús. Para que escuchen a Dios en el Espíritu. Roguemos al Señor.

5. Finalmente pidamos al Señor por todos los que estamos en esta Eucaristía. Para que le amemos de verdad. Para que le busquemos cada día. Para que no rompamos nuestra amistad con El. Roguemos al Señor.

 

Homilía  Stma. Trinidad  /  A

 

Fe, con formulación antigua pero siempre vigente, es “creer lo que no se ve”. Ya San Agustín concluía “y la recompensa es ver lo que uno cree”.

En este día, en el Misterio de la Santísima Trinidad, ensalzamos, sentimos, palpamos y proclamamos el inmenso amor de Dios que, lejos de quererlo para sí, lo comparte, lo manifiesta en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

1.- ¡Dios es amor! Y lo declaramos en ese trípode de tres personas distintas pero con un común denominador: el amor que existe en todas ellas. Ese color, el amor, define este Misterio indescifrable pero que llega a lo más hondo de nuestras entrañas: ¡Dios es familia! ¡Dios es comunicación mutua! ¡Dios es comunidad!

Hoy al cantar la gloria de la Trinidad proclamamos que en su nombre hemos sido bautizados; que todos los sacramentos que edifican a la Iglesia los iniciamos invocando su presencia; que toda la vida de nuestra Iglesia, y de nuestra existencia cristiana, está precisamente marcada por este Misterio: en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

2.- ¡Dios es amor! Y, en esta solemnidad, vemos que lo penetra y lo abarca todo. Dios se hace Padre, Cristo se hace hermano, y el Espíritu comparte –hasta el último día- nuestra vida. ¿Puede ofrecer y enseñar más la Santísima Trinidad? ¡Si! Puede, y lo sigue haciendo: un amor sin fronteras, sin fisuras, sin contraprestaciones, sin pedir nada cambio. Dios, en su ser Trinitario, nos regala un impresionante don: la unidad. Quien proclame la gloria del Padre, del Hijo y del Espíritu, a la fuerza deberá de trabajar para que –su vida- sea fraternidad, comunión y reconciliación.

3.- Es fácil, cantar, signar y anunciar este Misterio Trinitario. Es más difícil llevarlo a la práctica. ¿Por qué no ser yo distinto a los demás? ¿Por qué no puedo actuar libremente? ¿Por qué tengo que respetar la autonomía y el pensamiento del otro? ¿Qué sentido tiene vivir en comunidad cuando “yo soy yo”?

Son interrogantes que, al contrastarlos con la Trinidad de Dios, concluimos que nos cuesta ser familia; compartir sueños y utopías; guardad la comunión –no sólo la apariencia o en formas- de una vida sensata, alegre y armonizada por la batuta de un amor sin límites.

-Hoy, no puede ser de otra manera, damos gracias a Cristo porque –a través de El- comprendemos, tocamos y amamos la grandeza de Dios

-Hoy, y así lo debemos de hacer siempre, nos sentimos seducidos y empujados por el Espíritu para ser valientes cristianos; a no dejarnos arrebatar ni menospreciar verdades de fe que son el sustrato de nuestro “abc” cristiano.

-Hoy, al contemplar la Trinidad de Dios, nos incorporamos con Cristo, por Cristo, en el Espíritu y por el Espíritu a esa gran familia en la que –el Padre- siempre tiene un lugar para cada uno de nosotros sus hijos.

4.- Muchas cosas hemos celebrado en este tiempo de la Pascua. Hoy, aun con el fuego de Pentecostés ardiendo en lo más hondo de nuestros corazones, sentimos que la intimidad de Dios nos es revelada en esta fiesta de la Santísima Trinidad. Preguntaban a San Juan Evangelista en su ancianidad: “Dinos algo sobre Dios…” Y, el discípulo amado de Jesús respondía: “¡Dios es amor! ¡Amaos!” ¡Gloria a la Trinidad!

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Celebramos la Fiesta de la Santísima Trinidad.

Misterio fundamental de la fe cristiana, que nos dice que Dios, en su intimidad, es la perfecta unidad siendo comunidad de amor. Tres Personas y un solo Dios, nos enseña la Iglesia.

Es muy difícil predicar sobre este misterio. Las palabras humanas son limitadas para expresar que Dios es, al mismo tiempo, perfecta unidad y perfecta comunidad de amor.  Misterio  que conocemos no por investigación y logro de nuestro entendimiento, sino por revelación de Jesús, que nos habla del Padre y promete el Espíritu Santo.

Dios en su vida íntima es Amor

La síntesis del misterio nos la ofrece el evangelista San Juan que nos dice que: Dios es amor (Jn 4,8). La vida de la Intima de la Trinidad es una vida de amor. Y el amor es sinónimo de  entrega,  donación y diálogo.

 

El Padre: eterno Amante. Que ama desde siempre. Fuente del amor.

El Hijo: eterno Amado. Que acoge desde siempre el amor; eterno agradecimiento. Hecho hombre, se une nosotros: por eso el Padre, amándole, nos ama nosotros que estamos unidos a Él. Amados en el Amado, capaces de recibir el Amor, que es la vida eterna de Dios.

El Espíritu Santo: eterno Amor. Que procede del amor del Padre y del Hijo. Es el vínculo, el abrazo, el beso de amor entre el Padre y el Hijo. Aquel en el que el amor está siempre abierto a darse, a “salir de si”: por eso le llamamos don de Dios, fuego que enciende en nosotros la capacidad de devolver el amor con amor. La vida trinitaria es un darse y un aceptarse, un fluir eterno de vida.

Dios, que es Amor, se comunica con nosotros por Amor

Ese amor de Dios en su ser íntimo tiende a salir de sí, a comunicarse. La Historia de la Salvación es la historia de ese Amor de Dios, que nos creó por amor y que, cuando por el pecado nos alejamos de su amor, no nos abandonó, y en la inmensidad de su amor envió a su Hijo al  mundo, que nos amó con el amor más grande, el que da la vida por los amigos y nos envió el Espíritu Santo.

 

La Trinidad principio inspirador de nuestras acciones

El misterio de la Santísima Trinidad no sólo debe ser reconocido y honrado a través de la oración. También debe convertirse en principio inspirador de nuestras acciones.

Esta comunión trinitaria, salvando la infinita distancia que separa al cielo y la tierra, es fuente y modelo de la comunidad humana que, sobre la individual dignidad de sus miembros, y respetando la originalidad y diversidad de cada uno, construye la unidad de todos; y cuanto más unidad más respeto a la diferencia (la unidad diversifica) y cuanto más diferentes más enriquecimiento de la unidad.

Si Dios en su ser más íntimo es comunidad de amor, nosotros nos iremos haciendo imágenes más fieles de ese Dios comunidad de amor en la medida en que construyamos unas relaciones interpersonales basadas en la verdad y en el amor.

Ser persona es entrar en relación profunda con otros. No hay persona sin relación. Y la Trinidad es fundamento de toda comunidad. Creer en la Trinidad es crear comunión y excluir de la comunión, es ofender a Dios… La entrega, la donación, nos constituye como personas, el egoísmo nos destruye como persona

Santísima Trinidad, eterna historia de amor narrada de manera admirable en la Cruz. Misterio de amor del que venimos, en el que nos movemos y existimos y hacia el que caminamos.