Sobre el egoísmo en el matrimonio

La vida doméstica exige el amor entre todos sus miembros. Pero no todos sus miembros son iguales...

 

Una de las homilías de la Casa Santa Marta -habitualmente celebradas- que más ampollas ha levantado fue la del lunes 2 de junio. Francisco la consagró al amor conyugal y al matrimonio cristiano, y entre otras cosas dijo: “Estos matrimonios que no quieren hijos, que quieren permanecer sin fecundidad... Esta cultura del bienestar que desde hace diez años nos ha convencido: «¡Es mejor no tener hijos! ¡Es mejor! Así  puedes ir de vacaciones a conocer el mundo, puedes tener una casa en el campo, estás tranquilo»... Pero quizá sea mejor –más cómodo– tener un perrito, dos gatos, y el amor va a los dos gatos y al perrito. ¿Es verdad o no, esto? ¿Lo vieron ustedes? Y al final este matrimonio llega a la vejez en la soledad, con la amargura de la mala soledad. No es fecundo, no hace lo que Jesús con su Iglesia, hacerla fecunda”.
 
No se oponía el Papa a tener mascotas, cuidarlas y quererlas, pero algunos grupos de amigos de los animales consideraron que sus palabras "encienden los ánimos". Y grupos feministas vieron ofensiva la simple exaltación de la fecundidad.
 
En realidad Francisco ponía el dedo en la llaga del egoísmo contemporáneo, que sitúa los hijos en un lugar secundario, hasta el punto de que ha sido considerado un fenómeno sociológico: las parejas bautizadas como DINK (Double Income, No Kids [Dos sueldos, cero hijos]). A las que, sin embargo, el Papa ofrecía un buen consejo: no cambiar un bienestar cortoplacista por una soledad triste en el largo plazo.
 
A los pocos días de esas palabras -como si de una contestación se tratase- empezó a circular el siguiente anuncio, cuyo contenido explicamos debajo para no desvelar su contenido:
 
 
 
La campaña la lanzó a mediados de junio la británica Royal Society for the Prevention of Cruelty to Animals (RSPCA, Real Sociedad para la Prevención de la Crueldad con los Animales), quedenuncia el abandono de las mascotas domésticas tan extendido en las fechas preveraniegas, cuando el perro o el gato que nos ha acompañado durante meses o años puede convertirse en un estorbo o en una fuente imprevista de gastos. El animal queda tirado en la calle a merced de peligros a los que no está acostumbrado, y sin el hábito siquiera de alimentarse y protegerse por sí mismo.
 
Pero esa necesaria concienciación ante un mal muy extendido se muestra en el vídeo de la RSPCA con una chocante comparación. "Nunca abandonarías a un niño", dice la frase final del anuncio: "Entonces, ¿por qué cada año abandonamos a miles de mascotas?". La respuesta parece obvia: porque miles (y millones) de mascotas, por valiosa que sea su existencia y compañía, no valen lo que la vida de un solo niño que es, además, tu propio hijo.
 
La equiparación niño-animal en este clip parece una resuesta al Papa: en efecto, si niños y animales merecen igual consideración, no hay razón para preferir aquéllos a éstos. Y en tal caso, la soledad final con la que advertía Francisco se resuelve fácilmente acudiendo en la ancianidad a la tienda de mascotas.