Moniciones y Homilía domingo 16º TO A

Domingo 16º del Tiempo Ordinario / A

 

MONICIÓN DE ENTRADA

Buenas tardes   /   Buenos días… Como cristianos, tenemos que aprender a diluirnos en medio del mundo pero ¡sin perdernos! Tenemos que ser como la levadura del pan.

Que esta Eucaristía nos ayude a saber que Dios, nos necesita como levadura en un mundo que necesita ser cocido por la Gracia del Señor, rejuvenecido por su Espíritu y alimentado por los valores del Evangelio.

 

MONICIÓN A LAS LECTURAS

Al escuchar las lecturas de este domingo tenemos que pensar lo siguiente:

+  El corazón de Dios es grande y, siempre, despliega amor, paciencia y acogida

+  San Pablo nos recuerda que el Espíritu nos hace entrar en comunión con Dios

+ El Evangelio nos anima, a pesar de las dificultades, a seguir sembrando, a seguir esperando. Dios, nos acompaña.

 

PETICIONES

1. Por la Iglesia. Por el Papa Francisco. Para que, hoy más que nunca, ayude a los jóvenes a recuperar o confirmar su fe en Jesucristo. Roguemos al Señor.

2. Por todos los gobernantes de la tierra. Para que promuevan la justicia de todos los pueblos. Para que no busquen solamente el levantar los grandes rascacielos de la riqueza olvidando las miserias de tantos millones de hombres y mujeres. Roguemos al Señor.

3. Por todos los que se han cansado de evangelizar. Por tantos sacerdotes que son perseguidos, incomprendidos o señalados por ser testigos de Cristo. Roguemos al Señor.

4. Por todos los que estamos aquí reunidos. Para que no nos echemos atrás en la defensa de nuestra fe. Para que seamos valientes como San Pablo. Roguemos al Señor.

 

HOMILÍA DOMINGO 16º DEL T.O. / A

Desde que amanece hasta que anochece; desde el momento en el que ponemos un pie sobre el suelo hasta el instante de nuestra retirada del mundo, nos damos cuenta de algo que a veces difícil de asimilar: las diferencias existentes entre unos y otros; los adversarios que, con color distinto al nuestro o a veces en dirección contraria, salen a nuestro paso.

1.- Ya King, Martin Luther, llegó a decir: “Hemos aprendido a volar como los pájaros y a nadar como los peces, pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir juntos como hermanos”. La cizaña es aquello que nos desestabiliza o que nos produce insatisfacción. Cizaña, en la siembra buena del campo de nuestra vida, es la enfermedad que nos limita y nos hace darnos de bruces con nuestra debilidad. Cizaña es la muerte cuando, antes o después, aborta nuestros ideales y nos deja sumidos en mil interrogantes.

El evangelio de hoy es un canto a la convivencia. Tenemos que aprender a convivir con aquello que no nos agrada y asumiendo aquellos aspectos que, en la inmensa huerta de nuestra existencia, brotan a nuestro lado y nos incomodan.

A veces creemos que un mundo monocolor sería más asumible y menos sufrible. Pero, Dios, cuando lo creó ya nos hizo hombre y mujer; y quiso que los cielos fueran poblados de aves o que, en el fondo de los mares, se moviesen mil especies submarinas. Dios, ya en los inicios de la Creación, puso día y noche, sol y luna…..luego, el ser humano, se encargó de estropear parte de la hermosura de esa creación cuando, como siempre, nos empeñamos en traspasar la línea roja en busca de más y más felicidad.

2.- De nada sirve estigmatizar todo aquello que va contra nosotros. La Nueva Evangelización, a la que tanto impulso está dando el Papa Benedicto XVI, va al fondo de la cuestión: ¿Qué males detectamos en nuestra sociedad, en Europa, en nuestra familia que hace que –la cizaña- vaya tomando cuerpo e invadiendo aquellos campos que pensábamos eran esenciales e irrenunciables para nuestra cultura y modelo de sociedad?

-La familia; cuando se confunde un “convivir sin más trascendencia que el estar juntos” con la entrega generosa y de por vida buscando el bien del otro antes que el particular. La cizaña del egoísmo y del sensacionalismo.

-La sana moral; cuando, el relativismo, nos empuja a poner en jaque todo aquello que nos invita a reflexionar sobre comportamientos, modos de vida, política, economía, etc. La cizaña del “todo es relativo”.

-La unidad; cuando, el personalismo, convierte a muchas iglesias locales en algo cerrado y rompen o dificultan la comunión eclesial. La cizaña de la división.

-El todo vale; cuando, pensando que lo único y decisivo es tener fe, se vive un Dios a la carta; un Dios que me comprende, me entiende y perdona todo lo habido y por haber. Es la cizaña del “Dios a mi medida”. Cómo no puedo ser como El… lo pongo a mis pies.

Que el Señor nos conceda un afán de lucha. Que sepamos convivir, los unos con los otros, pero sabiendo que el Espíritu nos empuja y nos anima a crecer hacia arriba (no a escondernos en las cloacas del mal) y sobre todo a seguir sembrando con esperanza en medio de un campo que, a veces, lo vemos improductivo, duro para el evangelio, crítico con la Iglesia o excesivamente permisivo con otras semillas menos auténticas, seductoras pero totalmente engañosas.

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Esta parábola es una fiel descripción de la vida misma. Mientras algunos se esfuerzan por hacer el bien, otros van por detrás sembrando cizaña, haciendo el mal, destruyendo la labor que los otros han hecho. Y como es más fácil destruir que construir, con frecuencia tenemos la impresión de que el mal avanza y de que el bien pierde continuamente terreno.

 

Esto nos suele producir desánimo e incluso crisis de fe, y con frecuencia –como en la parábola-, le preguntamos al Señor que por qué lo permite, que por qué no interviene.

 

Dios tiene su tiempo y, desde luego, no es el nuestro. Debemos fiarnos de Él, pues sabe lo que se hace. Pero podemos y debemos hacer algo más. No basta con no desanimarse, hay que pasar a la acción e intentar vencer al mal con el bien.

 

Debemos trabajar más rápido que nuestros enemigos y para ello tenemos que pensar en el magnífico salario que Cristo nos ha prometido: la vida eterna. ¿Qué haríamos por dinero? ¿No perdonaríamos, no socorreríamos, no estaríamos al lado del que sufre? Y si eso lo haríamos por cantidades más o menos grandes de dinero, ¿por qué no hacerlo por amor a un Dios que es nuestro Creador, que ha dado la vida por nosotros y que –no lo olvidemos- nos va a juzgar?

 

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<<COMO FERMENTO>>     

Jesús lo repetía una y otra vez: ya está aquí Dios tratando de trasformar el mundo; su reinado está llegando. No era fácil creerle. La gente esperaba algo más espectacular: ¿dónde están las «señales del cielo» de las que hablan los escritores apocalípticos? ¿Dónde se puede captar el poder de Dios revelando su reinado?

Jesús tuvo que enseñarles a captar su presencia de otra manera. Todavía recordaba una escena que había podido contemplar desde niño en el patio de su casa. Su madre y las demás mujeres se levantaban temprano, la víspera del sábado, a elaborar el pan para toda la semana. A Jesús le sugería ahora la actuación maternal de Dios introduciendo su «levadura» en el mundo.

Con el reino de Dios sucede como con la «levadura» que una mujer «esconde» en la masa de harina para que «todo» quede fermentado. Así es la forma de actuar de Dios. No viene a imponer desde fuera su poder como el emperador de Roma, sino a trasformar desde dentro la vida humana, de manera callada y oculta.

Así es Dios: no se impone, sino trasforma; no domina, sino atrae. Y así han de actuar quienes colaboran en su proyecto: como «levadura» que introduce en el mundo su verdad, su justicia y su amor de manera humilde, pero con fuerza trasformadora.

Los seguidores de Jesús no podemos presentarnos en esta sociedad como «desde fuera» tratando de imponernos para dominar y controlar a quienes no piensan como nosotros. No es ésa la forma de abrir camino al reino de Dios. Hemos de vivir «dentro» de la sociedad, compartiendo las incertidumbres, crisis y contradicciones del mundo actual, y aportando nuestra vida trasformada por el Evangelio.

Estos son los preferidos del Señor, quienes toman para sí el mismo modo de actuar de Dios: ¡Serán llamados, amigos y amigas de Dios!