Meditación y vídeos de Santiago Apóstol

Celebramos hoy la fiesta de Santiago Apóstol. Era de familia rica, hermano de Juan y pariente de Jesús. Intuían ya que el triunfo de Jesús estaba cerca. Es verdad que les había dicho que le iban a detener y le iban a asesinar, pero también les había dicho que había doce tronos preparados para cada uno de los Apóstoles. Como esperaban un Mesías glorioso, ellos se quedaron con lo de los doce tronos.

Y aquí interviene la madre, buscando lo mejor para sus hijos. Uno a la derecha y otro a la izquierda de Jesús, cuando llegue su Reino. Por lo que se lee en el evangelio de hoy, Santiago y Juan estaban al tanto de lo que iba a hacer su madre, y cuando Jesús les pregunta si están dispuestos a beber el cáliz de su pasión, sacan pecho y dicen que están dispuestos. Los otros Apóstoles están entre enfadados y expectantes.

Jesús aprovecha este episodio para explicarles que el Reino de Dios nada tiene nada que ver con honores ni ventajas humanas. Los primeros en el Reino son los santos, los que entregan su vida para servir a los más necesitados, los que aman sin esperar nada a cambio, los que se conforman con los últimos lugares. Porque Jesús ha venido a desarrollar lo mejor que hay en cada uno de nosotros, a levantarnos cuando caemos, a curarnos de nuestros egoísmos y ambiciones y a acompañarnos cada día.

Pero no hemos aprendido la lección. Y en las comunidades seguimos peleando por ocupar el primer puesto. Ocupar el primer puesto en lugar de servir desde el silencio y el amor.

 
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Hoy la liturgia nos propone centrar nuestra atención en la figura de"Santiago, apóstol", el primero de los Doce en derramar su sangre por el Maestro, en beber su cáliz. El mensaje es nítido. Seguir a Jesús no significa tanto repetir sus palabras, o hacer sus milagros, cuanto dar la vida como él la dio. Por tanto, en el discernimiento acerca de qué es cristiano, el criterio definitivo es el de “dar la vida”. Sigue verdaderamente a Jesús quien entrega su vida.

Recuerdo cómo hace ya algun tiempo me decía el prior de la Trapa de Venta de Baños (Palencia) que a menudo desfilaban por el monasterio personas que “saben mucho” de oración, “mucho más que yo”, reconocía él. Han leído a Santa Teresa y San Juan de la Cruz. Se han asomado a los místicos alemanes e ingleses del XIV, sintonizan con prácticas budistas ... y, sin embargo, sienten que no “entran en el Misterio”.

 Él me decía, con una sonrisa pícara, que el asunto no consiste en saber mucho sino en “torcer el corazón” hacia el estilo de vida de Jesús. Pretender “entrar” en su misterio y, al mismo tiempo, llevar una vida lejana a la suya es imposible.

Santiago es de los que sigue a Jesús porque muere como él. Esto hay que trabajarlo despacio para que no se indigeste.