Homilía Domingo 17º TO A

1.- El evangelio de hoy nos habla de la radicalidad ante el mensaje del Señor. Su buena nueva. Nos dice que no es dejar sino encontrar y que es encontrar algo mucho mejor que todo lo que tenemos. Y se pregunta uno si en nuestra vida cristiana no tenemos más bien la sensación de que nos pide mucho y todavía estamos por encontrar algo que merezca la pena.

Si no tenemos la sensación de los indios de América, que cambiaban cadenas de oro por preciosas bolitas de vidrio de colores, que nos encandilan tanto los colorines de las cosas de cada día, que no nos importan nada que nos despojen de los lo únicos importante.

O cuando más conscientes somos si no pretendemos quedarnos con ambas cosas el oro y las bolitas de cristal, mas encandilados por éstas que por el oro.

2.- El ser radicales no está de moda. La acomodación a todos y a todo es lo que priva. Ni en política queremos que nos tengan por radicales para que nos llamen de la derecha o de la izquierda, claro.

Estamos en la hora de los plásticos, acomodables a todas las formas. Somos plastilina en manos de los demás, que nos den la forma que otros quieren, no la que queremos nosotros. O mejor, la que Dios quisiera.

3.- Pues tenemos que pensárnoslo muy bien, porque las frases de Jesús no dejan lugar a duda

--el que no está conmigo está contra mí.

--el que quiera seguirme que tome su cruz

--el que ama más a los suyos que a Mí no es digno de Mí.

---no se puede servir a Dios y al dinero.

--amaos los unos a los otros como yo os he amado, hasta la muerte.

Jesús no conocía los plásticos: “No he venido a poner paz sino guerra” Y tal vez una de sus palabras más exigentes es aquel aviso de que antes de edificar en cristiano pensemos bien si podemos acabar, porque si no seremos el hazmerreír de todos.

Jesús sabe que ofrece el tesoro escondido, que no ofrece bolitas de cristal en colores y nos anima a dar todas esas cuentas de colorines por el único tesoro.

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Cuando seas grande, después de haber sido pequeño, no presumas de tus tesoros. (Anónimo)

1.- La fe es una llave que nos proporciona el conocer y abrirnos a los tesoros de Dios. Sin ella es imposible vender otros campos (lo material, lo aparente o lo superficial) para quedarnos con lo esencial y verdaderamente valioso: el amor de Dios.  Desde lo más hondo de nuestras almas sentimos la presencia de Dios, pero son tantos los obstáculos que salen a nuestro encuentro que, en muchas ocasiones, ese sentimiento de lo divino queda en segundo o en tercer lugar.

Siempre, y lo tenemos que reconocer, es más fácil marcharnos o escaparnos en busca de lo que reluce (aunque sea simplona hojalata) y dejar de lado aquello que no es tan alucinante pero que resulta ser oro.

Hoy, más que nunca, vemos que el tesoro de la fe es joya escondida en el inmenso campo de nuestra sociedad. Resulta arduo dar con él; nos quedamos en las cosas y olvidamos las personas. Apostamos por las ideas y relegamos el lado humano de los que las defienden. Nos asombramos por la grandeza del mundo y desertamos de Aquel que lo creó para la perfección, disfrute y supervivencia humana: a Dios.

--¿Dónde hemos dejado a Cristo?

--¿En qué risco lo hemos olvidado?

--¿Es la familia un huerto en el que cultivamos la perla de la fe?

--¿Es la política una tierra en la que los católicos, cuando acceden a ella desde distintas opciones, respetan e incluso valoran el tesoro de la fe?

--¿Es el corazón y nuestra vida misma un rincón en el que cuidamos con esmero nuestra pasión por Cristo?

2.- Hay que comenzar desde abajo. Si hay cosecha es porque, previamente, ha existido siembra, riega, poda, abono y esfuerzo. La fe, aun siendo una fortuna, nos exige un trabajo de conocimiento y de transmisión. ¿Sirven de algo cruces o imágenes en los montes o en las plazas si, luego, la vida de sus ciudadanos van en dirección contraria a lo que esos símbolos significan? Desde luego, la simbología cristiana, ha de ser más que pura estética. Mucho más que un decoro histórico o cultural.

El tesoro de la fe no podemos sustentarlo exclusivamente en las formas o en las tradiciones seculares heredadas. En cuántos momentos, sin percatarnos de ello o incluso sabiéndolo, podemos caer en un paralelismo entre fe celebrada y fe vivida: celebro festivamente a María, a los santos….en mil expresiones populares pero, a continuación, la fe no cambia mi forma de pensar, vivir o actuar. Es cuando vemos que, la fe, lejos de ser un tesoro, es moneda irrelevante y sin valor. Se queda en la superficie, su manifestación, pero no ha llegado a calar en nuestro comportamiento personal o comunitario.

¿Qué hacer para que, la fe, llegue a ser un tesoro apetitoso y recuperarla de nuevo?

-No poner a las cosas, lo efímero, por encima de Dios. Volver a la lectura de su Palabra.

-Vivir como cristianos implica no mirar hacia atrás (quemar o vender lo que puede convertirse en huida)

-No vivir apegados (como el erizo en un acantilado marino) a nuestros caprichos o religión a la carta

-Considerar el ser católico o cristiano, como una ganancia, un orgullo, una oportunidad para ser diferentes y distanciarnos de muchos dictados de la sociedad.

3.- Ojala que, al meditar el evangelio de este domingo, nos preguntemos ¿qué tengo que vender para salvaguardar el tesoro de Cristo?

Cosas tan sencillas como el egoísmo, la timidez como cristiano, el testimonio silenciado ante las gentes, la vanidad, el mal carácter, la tacañería, las malas palabras, la falta de oración o de comunión con la Iglesia……pueden servir para seguir cultivando el campo del gran tesoro de nuestra fe en Jesús.

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Un cristiano debería levantarse cada mañana diciéndose a sí mismo: “¡Qué suerte tengo!”. Y no porque las cosas le vayan bien en lo económico, o porque su salud sea siempre excelente, o porque en su familia no existan dificultades. La suerte nos viene de tener fe, de saber que Dios existe y que ese Dios no sólo es el Creador y el Señor sino el Padre lleno de amor que nos quiere como somos.

 

Puedes pensar que la fe no te ahorra dificultades. No es verdad, ya que cualquier situación por mala que sea es susceptible de empeorar y, probablemente, si no tuvieras fe tu situación sería aún peor. La fe al menos te sirve para no desesperar, para luchar, para no rendirte. Y ese es el único camino de la victoria. Si no tuvieras fe, no sólo tendrías los mismos problemas o aún mayores, sino que además, muy probablemente, no tendrías la fuerza que da Dios, el consuelo que viene de Dios, para enfrentarte a ellos.

 

Por eso tenemos que considerar que la fe es una suerte. Y debemos cuidar esa fe, para que no se apague ni se vuelva tibia. Cualquier cosa antes que perderla. Para ello, nada mejor que la oración, pues rezar es estar en contacto con Dios, el origen y fin de nuestra fe. Si tienes dudas de fe, no te devanes la cabeza buscando argumentos, reza más, comulga más, acércate al Señor más.