Moniciones y Homilía Domingo 18º TO A

Domingo 18º del Tiempo Ordinario / A

 

MONICIÓN DE ENTRADA

Buenas tardes   /   Buenos días… Uno de los males de nuestra sociedad es que, cada uno, busca su propio interés. Pensemos un poco en lo qué hacemos los que estamos aquí.

Hoy, el Señor, nos viene a decir que donde hay fe, todo se multiplica, todo es posible y, sobre todo, donde hay fe todos estamos llamados a volcarnos para que los demás puedan comer o tener lo imprescindible para vivir.

Que este encuentro sea una pesca milagrosa para nosotros: el Señor nos ayudará a ser más felices

Que este encuentro sea un pan multiplicado: el Señor se hace presente en el altar para alimentarnos.

 

MONICIÓN A LAS LECTURAS

Descubrir a Cristo conlleva el verle en el grito de los más pobres, en el grito de los hambrientos. Las lecturas de hoy nos indican que, a Jesús, se le puede encontrar en nuestra generosidad. Mejor dicho; a Jesús, algunas personas –con hambre espiritual o material- pueden encontrarlo en nuestras actitudes. En nuestra forma de comportarnos con ellos. Escuchamos con atención.

 

PETICIONES

1. Suba al Señor una oración. Por el Papa y los Obispos; por los sacerdotes y por todos los que se multiplican para dar el pan espiritual a los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Roguemos al Señor.

2. Que llegue al Señor nuestra súplica; por todos los que se encuentran desanimados a causa de las injusticias. Roguemos al Señor.

3. Que el Señor recoja nuestras intenciones. Por los que estamos aquí reunidos. Para que el vivir con el Señor nos empuje a convivir con los demás. Roguemos al Señor.

 

 

HOMILÍA

Si quieres respuestas, pregunta primero y… si quieres soluciones, abre la puerta donde puedas alcanzarlas.

1.- Acabamos de proclamar el evangelio de este domingo. Jesús, no puede ser de otra manera, sale al encuentro de la necesidad de las personas. Existe un viejo adagio que dice algo así: “donde hay confianza, da asco”. En cambio, al hilo del evangelio de hoy, es al revés: donde hay confianza…surge el milagro.

Cinco panes y dos peces, cuando hay fe y buena disposición para compartir, son suficientes para colmar y calmar las aspiraciones y las carencias de aquellos/as que llaman a nuestra puerta. Lo más fácil...escurrir el bulto. Lo más necesario y efectivo: hacer frente a tantas situaciones que son las nuevas caras y los nuevos rostros de hambre que caminan a nuestro lado.

¡DÍNOS SEÑOR!

Dónde ir y a quien alimentar con nuestras presencias y palabras, con nuestros gestos y compromiso.

Los nombres y las calles donde multiplicar y hacer presente el pan y los peces de nuestra misericordia y delicadeza.

Los corazones solitarios necesitados de la masa y la harina que es el pan de nuestra compañía.

¡DÍNOS CÓMO!

Permanecer atentos al sufrimiento humano sin necesidad de huir despavoridos en dirección contraria.

Compartir parte de nuestra riqueza sin, a continuación, mirar el vacío o la ansiedad que dejó en nuestros bolsillos.

Salir de nosotros mismos sin pensar que es de necios poner en la mesa de la fraternidad el pan fresco de cada mañana o las horas gratuitamente gastadas.

Cómo hacer posible ante los ojos del mundo la justicia cuando, cada día que pasa, parece utópico y poco menos que un imposible

2.- ¡DÍNOS SEÑOR!

Una palabra ante la situación de la violencia, para poder llevar el pan de la PAZ

Una palabra ante el drama del egoísmo, para que podamos ofrecer los peces de la hermandad

Una palabra ante la enfermedad, para que inyectemos el pan de la solidaridad

¡DÍNOS CÓMO!

Dar de comer a quien no pide precisamente tu pan, sino aquel otro que perece y que en esta vida caduca

Presentar el mensaje de tu vida, cuando hay tanta hartura de golosinas que embaucan, endulzan y malogran el paladar de la humanidad.

Trabajar, y no caer en ese empeño, para que la fuerza del hombre no esté en lo que aparentemente se multiplica sino en aquello que, por dentro, de verdad le enriquece y que en el mundo escasea.

¡DÍNOS TÚ, SEÑOR! ¡DÍNOS CÓMO… SEÑOR!

¡Cómo con tan poco, pudiste Tú hacer tanto! ......cuando, nosotros con tanto, llegamos a tan poco.

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Esta semana el Evangelio nos propone como punto de referencia para nuestra vida el milagro de la multiplicación de los panes y los peces. Hemos elegido, de este hermoso relato, la frase de Cristo, dirigida a los discípulos y referida a la multitud que pasaba hambre: “Dadles vosotros de comer”.

Se trata de un mandato vigente, pues sigue habiendo multitudes que pasan hambre.

Nosotros, como aquellos sorprendidos apóstoles, solemos contestar diciendo que no tenemos prácticamente nada con lo que cumplir ese mandato; no somos ricos, no tenemos capacidad para influir en las grandes decisiones políticas, no podemos crear puestos de trabajo.

Sin embargo, el Señor está dispuesto a hacer milagros con tal de que pongamos algo de nuestra parte, con tal de que pongamos simplemente lo poco que tenemos.

Por lo tanto, no te fijes tanto en la inmensidad de las necesidades sino en lo que tú puedes hacer.

La Madre Teresa decía que lo que podemos hacer es muy poco, pero que ese poco es lo que da sentido a nuestra vida. Será una gota de agua en un desierto, pero al menos habrá quitado la sed a una persona.