Moniciones y homilías Asunción de la Virgen

Asunción de la Virgen

 

MONICIÓN DE ENTRADA

Buenas tardes   /   Buenos días…    Nos reunimos, amigos y hermanos, para celebrar unos de los Misterios más importantes y populares de la Virgen María: su Asunción a los cielos.

¿Qué hizo María para merecer tal privilegio? ¿Qué hizo María para que, el Señor, no la dejase en el surco de la tierra?

Ni más ni menos que lo que tendríamos que hacer nosotros: CUMPLIR LA VOLUNTAD DEL SEÑOR.

Ella, asciende entre cánticos a lo más alto del cielo y, a la vez, nos enseña el premio que nos espera si, como cristianos, servimos a Dios con alegría y con sencillez.

 

MONICIÓN A LAS LECTURAS

Hoy, en esta solemnidad de la Asunción, las tres lecturas nos hablan de una mujer prodigiosa, elegida y que –desde antiguo- estaba llamada y destinada a ser la morada del Señor durante nueve meses.

Que la Palabra de Dios que vamos a escuchar nos anime también a nosotros a trabajar con empeño por la presencia de Jesús en nuestro mundo.

 

PETICIONES

1. Por la Iglesia. Para que a modelo de María sepa presentar el rostro amoroso de Jesús a todos los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Roguemos al Señor.

2. Por nuestra parroquia del Carmen. Por todas las iglesias que celebran en este día su onomástica; es decir, que tienen como titular a la Virgen María. Roguemos al Señor.

3. Por todas las personas que llevan el nombre de Asunción o María. Para que sepan elegir y ver la escalera que conduce desde la tierra hacia el cielo. Una escalera que es la fe: roguemos al Señor.

4. Por todos nosotros. Para que busquemos la perfección. Para que no nos dejemos engañar por falsos dioses. Para que miremos la entrada que María utiliza para disfrutar de la presencia de Dios. Roguemos al Señor.

5. Por todos nuestros difuntos. Para que Dios les haga gozar de la eternidad mientras nosotros les recordamos y les rezamos desde la tierra. Roguemos al Señor.

 

HOMILÍA

España, por primera vez en la historia del Mundial de Futbol, resultó ser la vencedora en 2010. Y, en todas las portadas, se repetía una y otra vez esa gran efemérides: ¡España campeón!

1.- La solemnidad de la Asunción de la Virgen, tiene mucho que ver con estas sensaciones que millones de hombres y mujeres han descubierto y sentido con este triunfo futbolístico: la perseverancia, el sacrificio, el esfuerzo, el buen equipo y un buen juego hacen que se cumpla un sueño o un milagro.

María, con su “SI” en Nazaret, formó parte de esa “selección” que Dios formó para llevar un mensaje a la tierra: ¡Dios es amor! Y, llevada de la mano de ese Dios, María fue fiel hasta el final. No dijo, primero “sí” y luego “no”. Se comprometió y, en ese compromiso se volcó con todo su ser para que Dios hiciera una jugada magistral: la Encarnación en Cristo.

Desde aquel momento, María, se puso en total disposición para que el bien triunfara sobre el mal. Para que, Dios, ensalzado en las alturas fuera también tocado, amado, adorado o despreciado por los suyos en la tierra. Fue un juego difícil. ¿Cómo entenderían los vecinos de María aquello que llevaba en su seno? ¿Recibiría aplausos o indiferencia? ¿Sonrisas o beneplácito? ¿Ocuparía las primeras páginas de los comentarios de sus más cercanos? Poco, o nada, le importó a María lo que se dijo. Ella supo jugar como sólo ella sabía hacerlo: con dulzura, vida, esperanza, obediencia y disponibilidad. Lo demás, los tiempos, quedaban en manos del Creador. Aguantó, y con entereza, gozos y sufrimientos, soledades y angustias. Sabía que, al final, Dios estaba por encima de todo. Que merecía la pena servir a tal causa.

2.- La Asunción de la Virgen María es, eso, el triunfo de María. Es el premio de sobre merecido. No entendió, no comprendió muchas cosas del Altísimo y, por ello mismo, en este día la Iglesia, el pueblo sencillo y llano, aclamamos a la Virgen que alza aquello que nunca soñó: la copa del cielo, el abrazo con el Señor, el re-encuentro con el Hijo, la presencia de aquel Espíritu que le lleno de Dios en aquella inolvidable Anunciación.

3.- Por eso mismo, la fiesta de hoy, no es algo que hace a María grande y que, por lo tanto la distancia de nosotros. Ahora ella, introducida en el hogar del cielo, intercede por nosotros. Y, por si fuera poco, este día de su Asunción nos deja una buena catequesis de fondo: el camino que ella ha escogido para su personal triunfo, es el sendero que nosotros hemos de elegir si queremos ascender al mismo sitio. ¿Lo intentaremos? ¿No preferimos a veces una fe en tono menor? ¿Por qué aguardándonos el pódium del cielo preferimos un simple escalón, escalafón o reconocimiento en la tierra?

4.- Aquella que, tanto amó, esa amada, acogida, recibida y agasajada en la Ciudad Eterna. No es extraño que, ante “tal campeona” multitud, infinidad de pueblos, ciudades, catedrales, parroquias, ermitas, barrios, santuarios….celebren en este día una gran fiesta. ¡Somos hinchas de nuestra Madre! ¡Ella nos ha precedido en el camino de la fe!

Que la Virgen, en el Misterio de su Asunción, nos haga sacar lo mejor de nosotros mismos. Que un día, cuando llegue el momento de presentarnos ante el Señor, lo podamos hacer como María en este día lo hace: entregada y apasionada por todo lo relativo a Dios y a su voluntad.

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La Iglesia nos propone para esta fiesta de la Asunción de María la lectura del Magníficat, aquel himno entonado por la Santísima Virgen cuando salió a su encuentro su prima Santa Isabel. Hace bien en recordarnos ese pasaje de la vida de Nuestra Señora, porque en él está ya implícita la gloria que un día se le concedería a la Virgen elevándola en cuerpo y alma al cielo. El “proclama mi alma la grandeza del Señor” va seguido del “porque ha mirado la humillación de su esclava”.

Dios siempre mira la humillación del que a sí mismo se hace pequeño, siervo, por amor a Él y por amor al prójimo. Esa es la primera lección a recordar en la solemnidad de hoy: no dudemos de que ninguna buena obra queda sin recompensa, aunque ésta pueda tardar un poco a veces.

Hay otra lección, importantísima, sobre la que meditar y con la que alegrarnos: la Asunción de María la coloca directamente en el cielo, junto a su divino Hijo. Desde allí, mejor aún que desde la tierra, puede llevar a cabo la tarea que Jesús le encomendara cuando ella estaba junto a Él, al pie de la Cruz.

El “Mujer, ahí tienes a tu hijo”, no ha sido olvidado nunca por María. Desde el Cielo ejerce de Madre nuestra, de abogada defensora, de consuelo de afligidos, de auxilio de cristianos, de salud de los enfermos.

Alegrémonos por el honor que ha recibido nuestra Madre y por la tarea mediadora que continúa haciendo a favor nuestro. Y recordemos que estamos llamados a reunirnos con ella, cuando nos llegue la hora, porque sólo así ella –que tanto nos ama- y nosotros podremos ser felices para siempre.

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María está llena del Espíritu, tan llena que lo transmite con su presencia y  con sus palabras.

Su corazón rebosa de alegría. Se pone en camino -la palabra va acompañada de obras-, impulsada por esa alegría que el mismo Dios le ha ofrecido, hacia quien le puede comprender  y con quien puede compartir su gozo.

Ha pronunciado su “que se haga”, asumiendo unas consecuencias que no conoce. No hay mayor bienaventuranza que la fe: confiar en Dios, poner la vida en sus manos.

Lucas pone en boca de Isabel la verdadera felicidad de María –y la nuestra-: escuchar la Palabra y hacerla vida.

El «Magnificat» es un salmo de acción de gracias compuesto de citas  y alusiones al Antiguo Testamento, especialmente al cántico de Ana,  la madre de Samuel (1 Sam 2, 1-10).

Su núcleo: Dios se apiada de los pobres.

Tiene un contenido de denuncia. Una de las claves que identifican a los profetas. María denuncia: la prepotencia (Lc 1, 51), el poder (1,52) y el tener (1,53). No los denuncia directamente, sino que lo hace a través del triunfo  de las personas pobres sobre esos tres “pilares” de la sociedad.

Dios y su obra es más grande que todo el pecado que pueda haber  en el mundo.

Pocos pasajes de la Escritura recogen, de forma tan precisa y poética, lo que es y lo que realiza la palabra profética, como el canto del Magníficat.

¡Y lo canta una mujer! La esperanza activa de María queda evocada en su propio camino
de entrega y pequeñez personal. Ella es el modelo: dialoga con Dios, inicia como mujer un camino de esperanza, comienza a realizar la acción liberadora.

El mismo Señor que hizo maravillas en María hace también maravillas en todos y cada uno de nosotros. María interpreta el gesto de Dios como inversión completa de las condiciones de la historia. Comienza un camino en el que todas las personas hambrientas y oprimidas pueden recibir la liberación.

Es evidente que esas diferencias no se han superado todavía. Los soberbios siguen imponiendo su “ley” sobre la tierra. Los potentados continúan ejerciendo su poder, mientras siguen marginadas millones y millones de personas. Los ricos se enriquecen cada día más en muchas partes del mundo, también en las que se consideran católicas y cristinas, mientras que los pobres pasan hambre.

Nuestra tarea está en sintonizar con la pedagogía de Dios y trabajar por un mundo distinto donde esta proclamación se haga realidad.

María canta en nombre de los pequeños, ella es la voz de quienes que no tienen voz. María es profeta de Dios y se aventura a adelantar lo que sucederá en el futuro, mediante la búsqueda incesante de los signos de Dios y la total disposición de su persona.

Sus palabras suscitan un fuerte compromiso.  Quien las diga de verdad, como ella, ha de comprometerse a convertirlas en principio de existencia personal y de actuación social.

María canta en nombre de los pequeños, ella es la voz de quienes que no tienen voz. María es profeta de Dios y se aventura a adelantar lo que sucederá en el futuro, mediante la búsqueda incesante de los signos de Dios y la total disposición de su persona.

Sus palabras suscitan un fuerte compromiso.  Quien las diga de verdad, como ella, ha de comprometerse a convertirlas en principio de existencia personal y de actuación social.

 

ASUNCIÓN DE LA VIRGEN

MONICIÓN DE ENTRADA

Buenas tardes   /   Buenos días…    En este día, 15 de Agosto, celebramos lo que –muchos cristianos- desde hace siglos, han pesando, hemos creído y hoy cantamos: MARIA SE FUE A LOS CIELOS.

Ella, al entrar en el cielo, nos deja una puerta abierta. Una puerta que, nos esperará abierta, el día en que cerremos los ojos a este mundo.

¡Felicitemos a María! ¡Es el día en que sube al podium del cielo! ¡Es el día en que Dios le abraza personalmente! Es el día en que Cristo le dice: ¡Gracias Madre por todo lo que has hecho con nosotros!

 

MONICIÓN A LAS LECTURAS

Como en todas celebraciones marianas, las lecturas, nos aportan un alto contenido espiritual. Todo, desde antiguo, estaba muy bien pensado: Dios, no contento con habitar en el cielo, se Encarnó en la Virgen María. ¿Y, María? ¡María dijo sí! ¡No se cerró! ¡No se acobardó! Se abrió a Dios y, ello, le valió la fiesta que hoy estamos celebrando: su Asunción a los cielos. ¿Escuchamos atentamente la Palabra de Dios?

 

PETICIONES

1. Por la Iglesia. Para que a ejemplo de María sepa ascender a los cielos por su entrega generosa, sencilla y honesta. Roguemos al Señor.

2. Por todos los que hacen algo por los demás. Para que a imitación de María lo hagan también desde la fe y desde el convencimiento de que Dios es fuente del sumo Bien. Roguemos al Señor.

3. Por tantos pueblos y ciudades que se encuentran en fiestas. Para que todos los actos sean dignos y en “honor a María”. Roguemos al Señor.

4. Por todas las personas que llevan el nombre de María Asunción; por todas las mujeres que, como María, celebran en este día su satisfacción de haber servido y de servir al Evangelio. Roguemos al Señor.

5. Por todos nuestros familiares difuntos. Para que puedan gozar de la presencia del Señor y en compañía de la Virgen María. Roguemos al Señor.

 

HOMILÍA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN

1. - Hoy no es la conmemoración de un privilegio más de la Virgen, que la aparta más y más de nosotros. Es el día esperanzador en que se empieza a cumplir una promesa del Señor Jesús hecha a nosotros: “el que cree en mi tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día”

Es verdad que María tuvo una misión y un puesto de privilegio: el ser Madre del Hijo de Dios. Pero cuando la mujeruca del pueblo le grita a Jesús: “bendito el vientre que te llevó y los pechos que te amamantaron”, lo que Jesús alaba no es el puesto privilegiado de María, como Madre suya... “más bien bendito el que oye la palabra de Dios y la cumple, el que cree en mi y en mi palabra, porque tiene vida eterna”

2. - La fiesta de hoy es una consecuencia del Misterio central de nuestra Fe: la Resurrección de Jesucristo en el que todos hemos resucitado.

Jesús murió y resucitó. Ese Jesús que vivió con los Apóstoles hoy vive. María murió y resucitó, y esa misma María que llevó en su seno a Jesús hoy vive. Y nosotros que estamos aquí un día moriremos y también viviremos con Jesús y María. Dejemos a un lado el “como” y el “cuando” que no lo podemos imaginar. Quedemos con esta realidad de Fe y creamos.

3. - María se nos ha adelantado. Dios la ha puesto en lo alto del cielo, como estrella llena de luz que nos llene de esperanza al hacer nuestro camino:

-- cuando la lucecilla de nuestra fe vacile, miremos a la estrella y pidamos a María esa fe que nos trae la vida eterna.

-- cuando nos encontremos desesperanzados por los problemas familiares, económicos, de enfermedades, miremos a la estrella y María nos dará esperanza, que también Ella llegó a lo alto por senderos empinados y duros de montaña.

-- cuando nos demos cuenta de que la borrachera de la diversión, del pasarlo bien, del egocentrismo se va apoderando de nosotros, pidamos a María que no permita que seamos juguetes de los demás, porque llevamos en nosotros el tesoro de la vida eterna.

Que María, Madre de Dios y Madre Nuestra, nos llene de alegría y esperanza y sea la estrella que nos conduzca a donde esta Jesús.

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No sé qué tienen, hermanos y amigos, las fiestas de María. Pero, cada vez que celebro una de ellas, espontáneamente surge en mi interior la siguiente exclamación: ¡Todo se lo merece! ¡Te lo mereces María!¡Nadie, como Ella, se lo merece!

*No eres Pedro; pero tuviste las llaves del corazón de Cristo

*No fuiste Pablo; pero a lo largo y ancho del mundo, sigues hablando a los hombres que buscan y quieren conocer a Cristo

*No llegaste como Santiago hasta los confines de la tierra; pero –a mitad de su camino- le ayudaste y le alentaste para que siguiera adelante en el anuncio del Reino de tu Hijo.

1.- ¡Qué tienes María para que, Dios, te reservase para El desde el día de Nazaret y, para que al final de tu vida, Dios, te llevase en cuerpo y alma a los cielos! ¡Qué tienes, María!

Hoy, en la fiesta de la Asunción de la Virgen, miles de pueblos y de ciudades de todo el mundo estallan en un cántico de alabanza a María: ¡Nadie, como Ella, supo cumplir la voluntad de Dios!

Y, por eso mismo, columnas con su efigie en las plazas más famosas del mundo. Ermitas escondidas o catedrales que rompen con sus agujas el azul del cielo, nos hablan del esplendor y de la sencillez, de la verdad y del amor, de la alegría y de la valentía de una mujer que, con pocas palabras, pero con una gran vida, supo hechizar, enamorar y embobar al mismo Dios.

-¡Felicidades, María! ¡Tu Asunción es un triunfo bien merecido!

-¡Felicidades, María! ¡Tu Asunción es el premio a tanta locura de amor!

-¡Felicidades, María! ¡Tu Asunción es anuncio, preludio de lo que, si nosotros cumplimos, a nosotros nos espera!

-¡Felicidades, María! ¡Tu Asunción es el abrazo con el Dios Trinitario!

-¡Felicidades, María! ¡Tu Asunción es la placa, la honra, el homenaje que –santos y ángeles, hombres y mujeres de toda condición, consagrados y laicos- con Dios y la Iglesia a la cabeza, ofrecen y festejan.

2.- Y es que, la que dio tanto amor –desde Nazaret, pasando por Belén, escapando a Egipto o permaneciendo al pie de la cruz- no puede perderse en un sepulcro frío o dejarse como buena siembra en el surco de la tierra. La Solemnidad de la Asunción de la Virgen es el tributo y el Misterio que, la Iglesia entera, pueblos hermanados en la misma fe católica, millones de católicos extendidos a lo ancho y largo del mundo, creen y veneran. ¡No hay nadie como Ella! ¡Tiene que estar junto a Dios! ¡Te lo mereces, María!

3.- Gracias, Virgen María. ¿Quién eres Tú para que, en este día, seas encumbrada en las manos de los ángeles y presentada ante el mismo Dios? ¡No me respondas! ¡Sé muy bien quién eres, porque te vas y cómo te vas! ¡La esclava del mismo Dios! ¡El cielo te espera y…en el cielo nos aguardas!

¡Feliz ascenso al cielo, María del Señor!