Moniciones y Homilía Domingo 21º TO A

 

Domingo 21 del Tiempo Ordinario / A

 

MONICIÓN DE ENTRADA

Buenas tardes   /   Buenos días… Una vez, un joven, entró en un comercio y, cuando un empleado le atendió le preguntó: ¿Qué deseas? El joven mirándole fijamente le respondió: ¡No lo sé! ¡Pasaba por aquí!

Amigos, hermanos: ¿Quién es para nosotros Jesús? ¿Por qué y para qué hemos venido a esta Eucaristía? ¿Nos preocupamos de conocerle? ¿O…venimos aquí, porque pasábamos por aquí?

Que el Señor sea la fuente y la razón de todo lo que somos y tenemos

 

MONICIÓN A LAS LECTURAS

La escucha de la Palabra de Dios nos tiene que ayudar a conocerle más y mejor. Hoy, el Evangelio, nos interpela, nos pregunta: ¿Quién es para Ti Jesús? ¿Qué dices de El? ¿Ya decimos algo o nos callamos?

Que las lecturas de este domingo nos hagan ser más valientes y decididos, como Pedro, para profesar y pregonar nuestro amor a Dios.

 

PETICIONES

1. Por la Iglesia. Para que avance, con todos los medios a su alcance, en el conocimiento y en la propagación de la fe. Para que sea más fuerte el valor y el testimonio de los cristianos. Roguemos al Señor.

2. Por aquellos que confunden al Señor con un líder. Para que vean en Cristo al mismo Hijo de Dios Encarnado para la Salvación del mundo. Roguemos al Señor.

3. Por tantos cristianos que no tienen claras algunas cosas. Por aquellos que ponen sordina a la voz del Señor. Roguemos al Señor.

4. Por los católicos. Para que leamos más la Biblia. Para que nos comprometamos en la participación de grupos de fe, de catecumenado, de vida apostólica. Roguemos al Señor.

5. Por los medios de comunicación. Para que sean más respetuosos con la figura de Jesucristo. Roguemos al Señor.

 

HOMILÍA DOMINGO 21 del T.O. A

1.- ¿Y quién soy yo para vosotros? Desde luego es una pregunta comprometedora, casi diría que a mala idea. ¿Y quién es Jesús para mí? Contestaciones de catecismo y de teología barata, todos tenemos alguna. No es una pregunta de un examen de historia antigua o contemporánea.

No son pocos los ateos que lo saben todo de Jesús. También los fariseos que le espiaban se sabían todo de Él, su padre, su madre, sus parientes, su edad, sus correrías por Palestina.

¿No se interesa Jesús por si llevamos una de esas camisetas en las que pone, con grandes letras, I love Jesus…, quién soy yo para ti?

2.- Y creo que es una buena ocasión de preguntarnos cada uno sinceramente que significa Jesús en nuestras vidas, si es que significa algo.

¿Es algo más que la suegra o esa anciana tía una vez al mes o todas las semanas? Esa que cerrada la puerta de su casa y ya en el descansillo de su misma escalera todo queda en el recuerdo, más o menos cariñoso.

¿Entra Jesús al menos en el grupo de mis amigos, es el mejor de mis amigos o, al menos uno de ellos? ¿Cuento con Él o no cuenta nada en mi vida de cada día? ¿Quién soy yo para ti?

3.- Una ancianita, de esas sin doctorados o estudios, daba el otro día una gran definición de Dios: “Dios es compañía” Esta ancianita, sin ser Pedro, había recibido como Él, no por estudios, ni por grandes maestros, sino del mismo Dios esa revelación interior, esa manifestación de lo que el Señor es para ella. Y había sido digna de esa revelación porque el Señor se manifiesta a los sencillos y a los humildes, no a los entendidos de este mundo.

4.- El Señor Jesús ya sabe lo que es Él para esa pobre anciana. ¿Quién dices tú que soy yo?, esta pregunta tiene una resonancia especial para nosotros que no tenía para los apóstoles cuando el Señor se la hizo. Para ellos ese Señor no había aun dado la vida por ellos y por nosotros ya sí.

¿Podremos escaparnos con una respuesta facilota, teológicamente muy atildadita, con muchas exactitudes filosóficas? ¿Es eso lo que el Señor espera de mí?

Hay que hacerse cada uno esta pregunta a solas, ante un Jesús expirante en la Cruz y dejando hablar al corazón. ¿Quién soy yo para ti?

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Seguramente que, allá donde pasamos muchas horas cada día, la cuestión de la fe (ser cristiano y todo aquello que ello entraña) no capitaliza –ni mucho menos- el centro de atención de la conversación. Tal vez, y puede ser un fallo grande o exponente de una debilidad: sabemos hablar de todo pero nos cuesta hablar de Dios. Expresar nuestras convicciones religiosas. Manifestar nuestras creencias. Defender, si la situación lo requiere, la concepción que tenemos de la vida, de la familia y de la sociedad desde el Evangelio.

1. ¿Quién dice la gente que soy yo? Hay que quitar esa gran máscara del cristianismo vergonzante o de falsos respetos que, algunos de nosotros, podemos tener. La fe no la podemos reducir y enclaustrar exclusivamente a una vivencia interna. Con el Señor, en estos domingos precedentes, hemos comido el pan multiplicado, nos ha sacado del fango de las aguas turbulentas, nos ha sanado en numerosas ocasiones como lo hizo con la hija de la mujer cananea.

Viene el Señor, una vez más, y nos pregunta que qué pensamos de todo esto. De nuestra fe y de nuestra esperanza, de nuestro seguimiento y de nuestra entrega, de su persona y de sus palabras.

En un mundo mediatizado por la imagen, el Señor, no nos pregunta sobre El por sentirse inseguro o por guardar la imagen. Lo hace porque tal vez, nosotros, no estemos seguros de a quién seguimos, quien es y por qué le seguimos.

2. Aquí, hoy, podríamos poner encima de la mesa del altar las cartas de la verdad o de la falsedad de nuestras creencias.

-En nuestras conversaciones ¿cuántas veces hablamos de Dios?

-Con los amigos ¿cuándo planteamos seriamente nuestra vida cristiana o el hecho de ser católicos y cristianos? Porque, en definitiva, de lo que abunda en el corazón se expresa en los labios.

3.  Jesús espera una respuesta: ¿Qué decimos sobre Él? ¿Le conocemos profundamente o sólo superficialmente? ¿Escuchamos su Palabra o simplemente asistimos a su lectura? ¿Estamos en comunión con Él, o somos unos amigos interesados que sólo lo saben vivir y sentir en ciertas celebraciones solemnes? ¿Es Cristo la razón, la raíz de nuestra vida?

4. Uno de los aspectos más negativos de nuestro tiempo es el relativismo. También, respecto a la persona de Jesús, ha hecho estragos este virus. No es difícil encontrar personas que digan que Jesús es un personaje formidable, fuera de serie, histórico pero… olvidan (tal vez no lo han sentido nunca) que…

--Jesús, como Hijo de Dios, es sobre todo Salvador.

--Jesús no ha venido al mundo para ser coreado en pancartas y luego ser olvidado en el estilo de vida de los que nos decimos Creyentes.

--Jesús no ha nacido para que nos remitamos a las actas de la historia y comprobemos que, en verdad, existió.

--Jesús no ha irrumpido repentinamente para que lo ensalcemos como un defensor de las causas perdidas.

--Jesús, sobre todo, ha venido para que veamos en El, la mejor fotografía y el mejor rostro que Dios tiene: el amor.

Hoy, como Pedro entonces, nuestra iglesia (con contradicciones, deficiencias, limitaciones, dificultades, temperamento, carácter, etc.) sigue respondiendo: Tú, Señor, eres el Hijo de Dios.