Santa teresa, poemas...

Comenzamos el V Centenario de su nacimiento.

 

¡Qué gran mujer Teresa!

Teresa Sánchez de Ahumada

 

Nació Teresa en Ávila en 1515,

hija de Alonso Sánchez Cepeda y Beatriz de Ahumada.

Y murió, con 67 años, en Alba de Tormes en 1582.

 

Teniendo 18 años entró en el Carmelo.

Y con 45 emprendió la reforma carmelitana, creando 15 monasterios.

 

Muchas cosas ejemplares destacan en su vida,

resalto sólo dos:

 

-Su admiración y contemplación de la Humanidad de Cristo:

Por aquí vamos seguros, escribe ella.

 

-Su vivencia e insistencia en la oración:

El gran bien que hace Dios a un alma que la dispone a tener oración...

 

Como pequeña muestra, ADJUNTO dos poemas suyos muy conocidos, preciosos y de una inmensa hondura.

 

Y nos vendría muy bien leer hoy algo de su vida:

 

-Algo del Libro de su vida.

-Alguno de sus poemas.

-Quizás algo de sus Obras Completas.

-Alguna biografía:

-fácil de leer la escrita por José María Javierre.

-y hasta en comic: Teresa la de Jesús, de J. L. Cortés.

 

De Santa Teresa de Jesús
 

VUESTRA SOY

              

Vuestra soy, para vos nací:

¿Qué mandáis hacer de mí?

 

Soberana Majestad,

eterna Sabiduría,

Bondad buena al alma mía;

Dios, Alteza, un Ser, Bondad:

La gran vileza mirad,

que hoy os canta amor así:

¿Qué mandáis hacer de mí?

 

Vuestra soy, pues me criasteis;

vuestra, pues me redimisteis;

vuestra, pues que me sufristeis;

vuestra, pues que me llamasteis;

vuestra, porque me esperasteis;

vuestra, pues no me perdí:

¿Qué mandáis hacer de mí?

 

Veis aquí mi corazón,

yo le pongo en vuestra palma:

mi cuerpo, mi vida y alma,

mis entrañas y afición.

Dulce esposo y Redención,

pues por vuestra me ofrecí:

¿Qué mandáis hacer de mí?

 

Dadme muerte, dadme vida,

dad salud o enfermedad,

honra o deshonra me dad,

dadme guerra o paz crecida,

flaqueza o fuerza cumplida,

que a todo digo que sí:

¿Qué queréis hacer de mí?

 

Dadme riqueza o pobreza,

dad consuelo o desconsuelo,

dadme alegría o tristeza,

dadme infierno o dadme cielo,

vida dulce, sol sin velo,

pues del todo me rendí:

¿Qué mandáis hacer de mí?

 

Si queréis que esté holgando,

quiero por amor holgar;

si me mandáis trabajar,

morir quiero trabajando:

decid dónde, cómo y cuándo,

decid, dulce Amor, decid:

¿Qué mandáis hacer de mí?

 

VIVO SIN VIVIR EN MÍ

 

Vivo sin vivir en mí,

y, tan alta vida espero,

que muero porque no muero.

 

Vivo ya fuera de mí,

después que muero de amor,

porque vivo en el Señor,

que me quiso para sí.

Cuando el corazón le di,

puso en él este letrero:

“Que muero porque no muero”.

 

Esta divina prisión

del amor en que yo vivo

ha hecho a Dios mi cautivo,

y libre mi corazón.

Y causa en mí tal pasión

ver a Dios mi prisionero,

que muero porque no muero.

 

¡Ay, qué larga es esta vida!,

¡qué duros estos destierros!,

¡esta cárcel, estos hierros,

en que el alma está metida!

Sólo esperar la salida

me causa dolor tan fiero,

que muero porque no muero.

 

Mira que el amor es fuerte;

vida, no me seas molesta;

mira que sólo te resta,

para ganarte, perderte.

Venga ya la dulce muerte,

venga el morir muy ligero,

que muero porque no muero.

 

Aquella vida de arriba,

que es la vida verdadera,

hasta que esta vida muera,

no se goza estando viva.

Muerte, no me seas esquiva;

viva muriendo primero,

que muero porque no muero.

 

Vida, ¿qué puedo yo darle?

a mi Dios que vive en mí,

si no es perderte a ti,

para mejor a Él gozarle?

Quiero muriendo alcanzarle,

pues a él sólo es al que quiero:

Que muero porque no muero.