Rito de bendición del cuadro de las Ánimas Benditas

 

Rito de bendición del cuadro de las Ánimas Benditas

2 de Noviembre de 2014

 

Bendición del agua

Señor, Dios todopoderoso, que eres la fuente y el principio de la vida del cuerpo y del espíritu, dígnate bendecir + esta agua que vamos a utilizar con fe para implorar el perdón de nuestros pecados y para alcanzar la protección de tu gracia contra todas las enfermedades y asechanzas del enemigo.

Concédenos, Señor, por medio de tu misericordia, que el agua viva nos sirva siempre de salvación, para que podamos acercarnos a ti con un corazón limpio y evitemos todo mal de alma y cuerpo.
Por Jesucristo nuestro Señor.

R. Amén.

Bendición del cuadro

Mt. 5, 1-10 o Mt. 5, 13-16.

Salmo 1.

C. Nuestro auxilio está en el Nombre del Señor.
P. Que hizo el cielo y la tierra.
C. El Señor esté con vosotros.
P. y con tu espíritu.
C. Oremos.

Se hace un momento de oración silenciosa.

Dios todopoderoso y eterno, tú permites esculpir o pintar las imágenes de tus criaturas, a fin de que, al ser contempladas con nuestros ojos, meditemos y tratemos de imitar sus obras y sus virtudes y de interceder por ellas ante tí.

Por eso, te pedimos, que bendigas + y santifiques este cuadro, hecho en honor y recuerdo de las almas benditas del Purgatorio.

Te rogamos que otorgues a quienes pidan, delante de este cuadro, la intercesión de la Bienaventurada Virgen María y de San José por la salvación de dichas almas, las gracias necesarias, por sus méritos, durante la vida en este mundo y la gloria eterna en la Vida futura.
Por (el mismo) Jesucristo nuestro Señor.

P. Amén.

El celebrante hace la aspersión con agua bendita.
Se recita el Padre nuestro.

¿Por qué y para qué rezar por las ánimas benditas del Purgatorio?

 

El Mandamiento de Jesucristo es que nos amemos los unos a los otros, genuina y sinceramente. El Primer Gran Mandamiento es amar a Dios sobre todas las cosas.

 

El Segundo, o mejor dicho el corolario del Primero, es amar al prójimo como a nosotros mismos. No es un consejo o un mero deseo del Todopoderoso. Es Su Gran Mandamiento, la base y esencia de Su Ley.

 

Es tanta la verdad encerrada en esto que El toma como donación todo aquello que hacemos por nuestro prójimo, y como un rechazo hacia Él cuando rechazamos a nuestro prójimo.

 

Leemos en el Evangelio de San Mateo

(Mt 25:34-46), las palabras de Cristo que dirigirá a cada uno en el Día del Juicio Final.

 

Algunos católicos parecen pensar que su Ley ha caído en desuso, pues en estos días existe el egoísmo, el amor a sí mismo, y cada uno piensa en sí mismo y en su engrandecimiento personal. "Es inútil observar la Ley de Dios en estos días", dicen, "cada uno debe mirar por sí mismo, o te hundes".

 

¡No hay tal cosa! La ley de Dios es grandiosa y todavía y por siempre tendrá fuerza de ley. Por eso, es más que nunca necesaria, más que nunca nuestro deber y por nuestro mayor interés.

 

 

ESTAMOS MORALMENTE OBLIGADOS A ROGAR POR LAS ANIMAS BENDITAS

 

Siempre estamos obligados a amar y ayudar al otro, pero cuanto mayor es la necesidad de nuestro prójimo, mayor y más estricta es nuestra obligación. No es un favor que podemos o no hacer, es nuestro deber; debemos ayudarnos unos a otros.

 

Sería un monstruoso crimen, por caso, rehusar al poder y desposeído el alimento necesario para mantenerse vivo.

 

Sería espantoso rehusar la ayuda a alguien en una gran necesidad, pasar de largo y no extender la mano para salvar a un hombre que se está hundiendo.

 

No solamente debemos ayudar cuando es fácil y conveniente, sino que debemos hacer cualquier sacrificio para socorrer a nuestro hermano en dificultades.

 

Ahora, ¿qué puede estar más urgido de caridad que las almas del Purgatorio? ¿Qué hambre o sed o sufrimiento en esta Tierra puede compararse con sus más terribles sufrimientos?

 

Ni el pobre, ni el enfermo, ni el sufriente que vemos a nuestro alrededor necesitan de tal urgente socorro.

 

Aún encontramos gente de buen corazón que se interesa en los sufrientes de esta vida, pero, ¡escasamente encontramos a gente que trabaja por las Almas del Purgatorio!

 

Y quién puede necesitarnos más? Entre ellos, además, pueden estar nuestras madres, nuestros padres, amigos y seres queridos.

 

 

DIOS DESEA QUE LAS AYUDEMOS

 

Ellas son los amigos más queridos. El desea ayudarlos; El desea mucho tenerlos cerca de Él en el Cielo. Ellas nunca más lo ofenderán, y están destinadas a estar con Él por toda la Eternidad. Verdad, la Justicia de Dios demanda expiación por los pecados, pero por una asombrosa dispensación de Su Providencia El pone en nuestras manos la posibilidad de asistirlos, El nos da el poder de aliviarlas y aún de liberarlas.

 

Nada le place más a Dios que les ayudemos. El está tan agradecido como si le ayudáramos a Él.

 

 

 

LAS BENDITAS ANIMAS DEL PURGATORIO NOS DEVUELVEN

EL MIL POR UNO

 

Santa Catalina de Bologna dice: "He recibido muchos y grandes favores de los Santos, pero mucho más grandes de las Santas Almas (del Purgatorio)".

 

Cuando finalmente son liberadas de sus penas y disfrutan de la beatitud del Cielo, lejos de olvidar a sus amigos de la Tierra, su gratitud no conoce límites. Postradas frente al Trono de Dios, no cesan de orar por aquellos que los ayudaron.

 

Por sus oraciones ellas protegen a sus amigos de los peligros y los protegen de los demonios que los asechan.

No cesan de orar hasta ver a sus benefactores seguros en el Cielo, y serán por siempre sus más queridos, sinceros y mejores amigos.

 

Si los católicos solamente supieran cuan poderosos protectores se aseguran con sólo ayudar a las Ánimas benditas, no serían tan remisos de orar por ellos.