Moniciones y Homilía 1º Adviento B

Primer Domingo de Adviento / B

 

MONICIÓN DE ENTRADA

Comenzamos hoy el Adviento. Nos va acompañar, durante todo el año, el evangelista San Marcos. Pero, sobre todo, este tiempo nos va a llevar a la Navidad. Vamos a preparar nuestras vidas y nuestros corazones, nuestra parroquia y nuestras familias, a la llegada del Señor. Sí, amigos; tenemos que vigilar para que, el Nacimiento de Jesús en Belén, sea para nosotros la mejor noticia y la gran celebración de los próximos días.

¿Qué estamos despistados? Sacudamos el polvo de nuestro sueño. ¿Qué no somos totalmente felices? ¡Sacudamos la tristeza que nos impide estar y ser como Dios quiere!  Viene el Señor y no podemos menos que cantarle: ¡VEN SEÑOR JESÚS!

 

MONICIÓN A LAS LECTURAS

Hay acontecimientos que dependen de nosotros (no podemos echar la culpa siempre a Dios) y, además, Cristo, nos ayudará a enfrentarnos ante las dificultades. Que el Evangelio que vamos a escuchar, junto con las otras lecturas, nos animen a ser fieles al Señor. A no mirar hacia otro lado. A estar dormidos para las cosas de Dios y, demasiado despiertos, con las cosas del mundo. La mejor forma de vigilar por dónde vamos en la vida es…escuchar atentamente la Palabra del Señor.

 

PETICIONES

1. Por la Iglesia. Para que sea una TROMPETA que nos despierte y nos ayude a celebrar como Dios manda la próxima Navidad. Roguemos al Señor.

2. Por los que han dejado que su fe se duerma; por aquellos que viven como si Dios no existiera. Para que comprendan que, sin Dios, el mundo no es mejor ni más bueno. Roguemos al Señor.

3. Por todos los que estamos en esta celebración. Para que nos preparemos con mucha ilusión y como cristianos al nacimiento del Señor en Belén. Roguemos al Señor.

4. Por todos los que están preocupados por la crisis. Para que se agarren a Dios. Para que pidamos al Señor por todos los gobernantes del mundo. Para que sean más responsables. Roguemos al Señor.

5. Finalmente pidamos al Señor por nuestra parroquia, por nuestros sacerdotes, por nuestros catequistas, por los padres que nos acompañáis. Para que nos animéis a estar vigilantes y así Dios pueda nacer en nuestros corazones. Roguemos al Señor.

 

Homilía Primer Domingo de Adviento / B

Como todos los años, al comenzar el ciclo litúrgico, la Iglesia nuestra Madre nos recuerda que este mundo ha de tener un final. Con ello nos va preparando a rememorar la venida a la tierra del Hijo de Dios hecho hombre, su nacimiento en Belén que inicia la Redención. A primera vista pudiera parecer que son dos hechos, el del fin del mundo y el de la Navidad, que no tienen conexión alguna entre sí.

Y, sin embargo, sí que la tienen, pues se trata en ambos casos de la venida del Señor. En efecto, cuando todo termine vendrá de nuevo Jesús hasta nosotros, para juzgar a vivos y muertos. En el tiempo precedente a la venida de Cristo es preciso prepararse con penitencias y ayunos, con la enmienda de la vida, avivando el deseo de su llegada. El profeta Isaías nos dice que al final se alzará firme el monte Sión y los hombres se dirán: Venid, subamos al monte del Señor. Sí, subamos por la escarpada senda de las dificultades cotidianas, ascendamos entre peñas y rocas hasta la cima serena del monte de Dios.

 En ocasiones conocemos cuál es el término de nuestro viaje, pero ignoramos cuál es el camino adecuado para llegar pronto y seguros. Todos estamos persuadidos que el fin de nuestra existencia es la eterna felicidad. Es cierto que muchos no son plenamente conscientes de ello, y que otros lo olvidamos con frecuencia, pero en el fondo lo que todos anhelamos es ser felices, dichosos para siempre. Esa dicha es, por tanto, el término del viaje que iniciamos al nacer. Sin embargo, es difícil saber bien el camino, y una vez sabido, también cuesta recorrerlo. Ante esta situación el Señor se nos brinda como guía experto y seguro, buen conocedor del corazón humano, experimentado en los mil sufrimientos y pesares del hombre, sabedor de los deseos más íntimos de los hijos de Adán, ya que somos hechura de sus manos.

Jesús nos ha dicho que Él es el camino. Lo cual quiere decir que sólo si procuramos ser como Él fue, lograremos llegar a nuestra meta. Y Él fue primordialmente amor, pasó por la vida haciendo el bien. Ahí está el secreto. Por esto el profeta, aludiendo a los tiempos mesiánicos dice que de las espadas forjarán arados y de las lanzas podaderas. Es decir, si queremos llegar a nuestro feliz destino, hemos de convertir el odio y la guerra en amor y paz.

2.- EL FIN DEL MUNDO.- El tema del fin del mundo ha preocupado siempre al hombre. Y siempre se han hecho cálculos, por cierto que fallidos hasta ahora, acerca de ese terrible momento. Cuando los Apóstoles preguntan al Señor sobre ese día, reciben una respuesta evasiva. Acerca de dicho acontecimiento, sólo el Padre sabe cuándo será. Es cierto que Jesús, por ser Dios, también sabía el momento. Pero, según los planes divinos, no debía ser revelado, y por eso puede decir que ni él mismo lo sabe para revelarlo. De ahí que lo único que podemos afirmar es que ocurrirá un día, aunque no sabemos cuándo.

Quizás antes de la invención de las armas atómicas había que pensar en una intervención particular de Dios, algo que provocara tal cataclismo de magnitudes universales. Y en realidad, de una forma o de otra, Dios intervendrá. Sin embargo, es una cuestión que cada día se nos hace menos difícil de entender, menos inverosímil. Bastaría un simple accidente, una transmisión equivocada, para que se desencadenase todo el montaje bélico de índole atómica, capaz de destruir diez mundos como el nuestro. Dicho así, de modo tan simple, como quien no dice nada, nos puede dejar casi insensibles. No obstante, un poco sí que deberíamos preocuparnos. Al menos, para pedir a Dios que tenga entonces misericordia de nosotros, y para vivir una vida más acorde con su Ley.

Quizá para esto ha querido el Señor que sea un suceso imprevisible. Por eso las señales que se nos dan en los Evangelios son, en cierto modo, ambiguas. Circunstancias que de alguna manera se han dado y se están dando ahora. Sobre todo en lo referente a las guerras y a las revoluciones. De todas formas, esas señales podríamos decir que son más bien inmediatas, ya que según el texto evangélico ocurrirá como en tiempos de Noé, cuando nadie se creía lo que iba a ocurrir, a pesar de que veían al patriarca y a sus hijos preparar una barcaza de magnitudes colosales. Será tan repentino que cuando uno quiera guarecerse, ya habrán llegado las aguas, o el fuego, a niveles insalvables.

Por tanto, la enseñanza inmediata que de todo esto se desprende es la necesidad de estar siempre en vela. Es preciso vivir preparados para recibir al Señor, para rendir cuentas de nuestras acciones ante él. Hay que convertir la vida en un perenne Adviento, estar siempre con la guardia levantada, para que nunca el enemigo nos aseste un golpe imprevisto. Hay que estar de modo habitual en gracia de Dios, hemos de vivir como quien en cualquier momento pudiera morir. Lo cual, por otra parte, es algo real y no una mera suposición, inventada para tener a todos metidos en un puño. Entre otras cosas, porque Dios no quiere que vivamos angustiados de continuo. Al contrario, se trata de vivir seremos y alegres, muy cerca siempre de Dios, dispuestos a recibirle con los brazos abiertos, en cualquier instante.

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¿A dónde vas? Voy buscando esperanza. ¿De dónde vienes? ¡Vengo cargado de esperanza! ¿Para qué? Porque, el Señor ha venido, viene y vendrá para darnos un poco de valor y de coraje. Porque, hoy más que nunca, la humanidad necesita un mensaje ilusionante. Así preguntaban y así respondía un peregrino a su paso por un pueblo.

1.- Iniciamos este tiempo de Adviento y mirando tanto al interior de las alforjas de nuestra vida como al exterior de los acontecimientos de mundo, vemos que la confianza es un bien escaso. ¿En qué espera el hombre de hoy? ¿Añora algo además de lo transitorio? ¿Por qué, en vez de sentirse peregrino –con ganas de saltar del sueño a los caminos de la vida- se siente vagabundo y sin metas claras?

Con los ojos puestos en la Navidad, saboreamos este tiempo de gracia y de vigilancia, de oración y de silencio. El Adviento es un espacio donde, el corazón, se dispone, se prepara a la llegada del Señor. ¿Encontrará respuesta en la Noche Santa de su Nacimiento? ¿No llamará a nuestra puerta y, una vez más, nos encontrará rendidos a lo superfluo, sordos por los ruidos comerciales o confundidos por aspectos totalmente secundarios a su advenimiento?

2.- Necesitamos esperanza. Pero, como todo, para llenarnos de algo…primero tenemos que sentir necesidad de ello y vaciar o despejar aquellos lugares que están ocupados o saturados por la desesperación, el orgullo, la pereza o la falta de entusiasmo en nuestra fe.

Cuánto miedo y qué inseguridad nos produce la crisis (económica y moral) que sacude a toda Europa. Millones de personas sufren conmocionadas el desempleo, la falta de horizontes o se sienten obligadas a dejar sus países de origen en busca de un futuro mejor. ¿Qué podemos hacer los cristianos?

-Cargarnos de esperanza. Para que, estos escenarios negros que nos acechan los sepamos cambiar o superar desde la certeza de que, el Señor, nos acompaña en ese cometido.

-No bajar la guardia. En períodos de inclemencia, material o colectiva, hemos de ser centinelas de una venida anunciada desde siglos y que, tarde o temprano, se dará: vendrá el Señor. ¿Por qué ese intento programado de apartar a Dios de toda esfera social?

-No decaer en nuestro ánimo. El Adviento, si algo nos trae y tiene, es una buena dosis de consuelo: el Señor está a la vuelta de la esquina. Estará a nuestro lado. Compartirá nuestras penas y nuestros sufrimientos. Se hará hombre como nosotros.

3.- Reavivemos en estas semanas previas a la Navidad, las brasas de nuestra fe. Que nuestra oración, en estos días, sea más intensa y más confiada.

Que, ya desde ahora, lejos de pensar en el “menú” navideño, reflexionemos un poco más sobre ese otro “menú” bien distinto que nuestros corazones y nuestras almas, nuestro equilibrio personal o nuestra mente necesitan y nos exigen.

Posiblemente, entre lo más importante, lo que más reclamen será eso: vigilar por dónde vamos. Esperar a Aquel que más amamos y no encolerizarnos a pesar de los muchos contratiempos que salen a nuestro paso.

¡A espabilarse toca! ¡Llega el Señor…y no es bueno estar dormidos! Como la veleta, que en lo alto de la torre nos indica de dónde viene el viento, también la fe nos advierte que…el Señor viene… llega… ya está aquí.

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El Adviento empieza del mismo modo que terminó, las semanas anteriores, el Tiempo Ordinario: con una llamada de advertencia, con una invitación a estar preparados. Si el Señor, en la parábola de las vírgenes sensatas y las vírgenes necias, nos decía que no sabemos cuándo será el día o la hora en que nos llegará la muerte, en esta ocasión nos habla de la ignorancia en que está el empleado acerca de cuándo llegará el dueño de la casa.

 

Se trata, pues, de estar preparados, pero para cosas distintas; aquella advertencia era para que estuviéramos preparados para la muerte -que es la vida definitiva- y para el juicio. Ésta es para acoger aquí en la tierra al Dios de la vida, a Cristo.

 

¿Cómo prepararnos?. Evidentemente, el mejor modo de hacerlo es tener la casa bien dispuesta para cuando llegue el dueño a vivir en ella. Eso significa que debemos tener nuestras cosas en orden, la tarea hecha, las obligaciones cumplidas, las grietas reparadas, las heridas curadas. Y todo eso lo podemos hacer, antes que nada, haciendo una visita de inspección por el lugar para ver con detenimiento qué está fallando, qué va mal, qué necesita arreglarse.

 

Es decir, tenemos que despertar la conciencia para, con ella como luz, poder revisar nuestra vida, nuestra alma. Para hacerlo es preciso escuchar la voz de Dios a través de su Palabra y también a través de la Iglesia.

 

¿Qué nos dice Cristo en el Evangelio, qué nos enseña la Iglesia?. A la luz de esa doctrina, revisemos nuestra vida para descubrir qué tenemos que reparar, antes de que sea demasiado tarde.

 

Homilía Misa Familiar con niños

 

SIGNOS A UTILIZAR: Necesitamos una pizarra de corcho o de cualquier otro material, para utilizar por ambas caras. Por una cara tendrá un título: EL MUNDO ESTÁ SUCIO ….. TENEMOS QUE LIMPIARLO. y estará llena de fotografías de las cosas negativas del mundo: hambre, pobreza, marginación, contaminación, guerra, terrorismo, paro, etc…… También vamos a necesitar cuatro letras A, M, O , R del tamaño A3, ya que luego taparemos todo el cartel con las letras de la palabra AMOR. Por el otro lado tenemos un título que dice “ADVIENTO, PREPAREMOS LA VENIDA DEL SEÑOR” y debajo un corazón enorme que llena todo el cartel, y que dentro dice “VEN SEÑOR JESÚS, A MI VIDA”. Además necesitamos dos niños/as, uno con un cartel colgado con la palabra ESPERA, y otro con la palabra ESPERANZA.

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Hemos acabado el ciclo A y hoy empezamos un nuevo ciclo, el B. El Adviento es el momento en el que estamos preparándonos para el nacimiento de Jesús…. Representa también el tiempo en que María, la madre de Jesús, estaba en cinta, cercano ya el nacimiento del niño. Por lo tanto es tiempo de espera o de esperanza, pero son cosas muy distintas….

El que espera está quieto (NIÑO: con la palabra “espera” que lo único que hace es sentarse al lado del cartel con cara de aburrido, a mirar el reloj y preguntar “si falta mucho todavía para que llegue Navidad”) Sin embargo el que vive este tiempo con esperanza está preparándose y trabajando sin parar para cuando llegue el momento esperado. (OTRO NIÑO/A con la palabra “Esperanza” que es el que va a estar ayudando a todo. Ya se empieza a notar que las fiestas están cerca ¿En qué se nota? … solo en las luces y los anuncios para comprar regalos.

Porque la realidad es que el mundo en el que vivimos no parece enterarse del por qué de esta fiesta.  La realidad del mundo en que vivimos, es la siguiente: levantamos el velo que tapa el cartel (un cartel de corcho: con fotografías de: guerra, terrorismo, hambre, paro, enfermedad, contaminación…… y un texto que diga: el mundo está sucio ……y hay que limpiarlo…)

Es el mundo de que hablaba la 1ª lectura, que olvidándonos de los valores y de Dios , hemos creado…… Pero este mundo tiene solución, tiene esperanza…. si no la tuviera no merecía la pena vivir….. todo esto se puede mejorar…… Y Dios ante esta situación, actúa y quiere nacer para traer paz y amor al mundo, quiere limpiar de mal el mundo que nos rodea…….. Cuando quitemos entre todos esta suciedad, llegará a ser el mundo que todos deseamos……Y como siempre, Dios actúa a través de nosotros…… para que nosotros seamos sus mensajeros, sus trabajadores en este mundo…… luego, entre todos tenemos que limpiar este mundo….

¿Y cómo se puede limpiar este mundo… lo veremos…(Vamos tapando las fotografías con las letras grandes que vamos explicando una a una..)…..  El mundo necesita “A” de acogida, de acercarse al otro, de acompañamiento,…. Porque el otro es mi hermano.. y tengo que compartir con él lo que tengo….

“M” , porque tenemos que hacerlo con misericordia, cariño, ternura….comprendiendo su situación y sus circunstancias …..

“O” porque tenemos que poner orden en el mundo, que es un caos……. Un orden divino donde a las personas se les ame….. y no se les mida por el dinero…. Cuando peor estás, más necesitas…

“R” Y todo esto respetando a todos, actuando con libertad, sin obligar a nadie….

Por lo tanto ¿para limpiar este mundo necesitamos? se han quedado tapadas las fotografías con la palabra “amor” Y por eso… porque necesitamos de ese AMOR DIVINO que todo lo cure y lo cambie…. es por lo que : (le damos la vuelta al cartel y lo leemos) Necesitamos que VENGA EL SEÑOR A NUESTRA VIDA….. Por eso no podemos quedarnos atontados esperando. Observar las cosas y no hacer nada...... porque nuestros somos un instrumento de Dios en mitad del mundo......... sino tenemos que estar trabajando para que el Señor pueda nacer en nuestras vidas….. por eso (pedimos a todos los niños que lean a la vez y en voz alta el lema) le vamos a pedir fuerte a Dios que VEN SEÑOR JESÚS A MI VIDA:…….ESTAREMOS ATENTOS.......