Adviento: Una oportunidad para dejar nacer a Dios en nuestro corazón

 

  1. ¿QUÉ ES ESO DEL ADVIENTO?

 

 

Solemos entender este Tiempo Litúrgico como un tiempo de espera. Y es que tener esperanza es síntoma de vida: cuando alguien no espera es que ha decidido que su vida no merece la pena. Nada hay más positivo y rejuvenecedor que esperar con ilusión un acontecimiento.

 

 

Únicamente comienzan algo los que tienen esperanza. Nosotros, los cristianos, somos o deberíamos ser los hombres y las mujeres de la esperanza, dispuestos a empezar siempre, a levantarnos por encima de nuestras debilidades, fracasos y angustias, porque sabemos que Dios extiende su mano en la persona de Jesús.

 

 

Adviento es posibilidad, descubrimiento, acercamiento, abajamiento, conversión, discernimiento, contemplación, asombro, espera, profecía, alegría, esperanza, confianza, camino, fiesta… Adviento es Jesús de Nazaret.

 

 

Jesús, encarnándose en nuestra humanidad, es la mano que Dios nos tiende.

 

 

Celebrar el Adviento significa dejar que Dios con su mano y su Palabra toque nuestro corazón y lo habite, lo haga confortable, lo serene, lo llene de paz, de sitio libre para acogerlo. En Adviento, Dios extiende su mano.

 

 

La Palabra de Dios esboza un itinerario, dicho itinerario nos presenta cuatro indicaciones básicas para poder acercarnos al Misterio de la Navidad: DESPIERTA, PREPÁRATE, CONVIÉRTETE, CAMINA.

 

 

En este Adviento, Dios Padre va abriendo su mano y nos va mostrando el itinerario para encontrarnos con su Hijo.

 

 

En este Adviento, Dios nos invita a despertar de lo de siempre, de nuestra rutina y adormilamiento, a poner manos a la obra; nos invita a prepararnos, por dentro y por fuera, personal y comunitariamente; nos invita a convertirnos, a ser y estar de otra manera, a caminar, a extender nuestra mano y bendecir (hablar bien, ensalzar, reconocer) a los otros.

 

 

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  1. NUESTRO ITINERARIO PARA EL ADVIENTO

 

 

 

        ¡DESPIERTA!    (Lc 21,25-28.34-36)   

 

     La primera señal que Dios nos hace es ¡Despierta!

 

 

 

 

Cuando en una sociedad las personas tienen como objetivo casi único de su vida la satisfacción de sus apetencias y se encierra cada una en su propio disfrute, allí muere la esperanza. Uno de los efectos más graves puede ser la frivolidad, la ligereza, la superficialidad que lo invade todo.

 

Sólo aquellos que se han insensibilizado pueden sentirse a gusto en un mundo como éste.

 

De la frivolidad y el embotamiento sólo es posible liberarse despertando, aprendiendo a vivir de forma más lúcida. Nunca es tarde para escuchar la llamada de Jesús a vivir vigilantes y discernir, despertando de tanta frivolidad y asumiendo la vida de manera más responsable.

 

La verdadera esperanza ni embota ni adormece, sino que nos desinstala y nos pone en pie.

 

  1. ¿De qué actitudes me tendré que desprender para despertar, para convertirme?

 

  1. ¿suelo ser superficial a la hora de plantearme temas importantes de mi vida como pueden ser: la familia, el trabajo, el estudio, la fe…? De no ser así… ¿en qué se nota?

 

 

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     ¡ PREPÁRATE !    (Lc 3,1-6)

 

 

 

      Esta es la nueva pauta de Dios en boca de Juan el Bautista: ¡Prepárate! ¡Acoge!

 

Juan, un hombre que no pertenece a ninguna jerarquía y que no posee poder ni dinero ni autoridad alguna, es el único que escucha la palabra de Dios. Y es que para oír hay que estar receptivo – si las manos las tenemos vacías estaremos dispuestos para recibir más…

 

Cuando una persona sincera es capaz de aprender a mirar la vida desde la perspectiva del pobre y del indefenso, se siente llamada a renovar su vida.

 

Hoy, un grito estridente y doloroso resuena en nuestro mundo: el clamor de los pobres, los indefensos, los atropellados por la injusticia, los ancianos, los manipulados, los emigrantes… los menores.

 

Es una voz que nos urge a empeñarnos de manera personal y comunitaria. Esa voz nos habla de ponernos manos a la obra, de allanar, enderezar, igualar.

 

Vivimos más y mejor informados que nunca.

Hoy es posible una comunicación rápida y eficaz entre las personas y los pueblos y, sin embargo, cada vez somos menos capaces de entablar relaciones de amor y amistad.  Vivimos en la era de las comunicaciones y lo hacemos (comunicarnos) menos y hasta peor que antes… (surge el individualismo y la indiferencia…)

 

La sociedad está mejor equipada para luchar contra el dolor, la enfermedad y el mal, pero, al mismo tiempo, parece que las personas se sienten más débiles para enfrentarse al sufrimiento y las contrariedades de la vida. Sigue creciendo a la vez el número de personas insatisfechas…

 

Muchos hombres y mujeres se encuentran con falta de ilusión, sentido, horizonte, alegría…

 

“Preparad el camino al Señor”, es decir… nivelad los terrenos…

 

No basta el cambio interior: el camino y los senderos hacen referencia a algo que tiene relación con todos…

 

  1. ¿Suelo ser una persona comunicativa o más bien me evado de todo acercamiento a los demás?

 

  1. ¿Suelo “pringarme” en los problemas de los demás?

 

  1. ¿Hago mía la situación por la que está pasando el otro?

 

 

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    ¡ CONVIÉRTETE !     ( Lc 3, 10-18)

 

 

 

 

 

Hoy escuchamos muchas llamadas al cambio, a la responsabilidad ética y la solidaridad, pero casi nadie se da por aludido. La conversión es imposible cuando se da por supuesta. Conocemos cada vez mejor las injusticias, las miserias y los abusos que se cometen, lo que crea en nosotros cierto sentimiento de solidaridad, e incluso de culpabilidad, pero a la vez acrecienta nuestra sensación de impotencia: ¿y qué podemos nosotros hacer?

 

Es el momento de compartir y ser solidario, de “abrir los dedos y hacer de nuestras manos, manos abiertas que acaricien, pidan y trabajen y que adopten un gesto de espera; que saluden, que inviten y den; manos limpias que ofrezcan una amistad sincera, manos llenas de amor, manos incansables… manos abiertas.

  1. Ante la sensación de impotencia ante tanta injusticia… ¿qué estoy dispuesto a hacer, en la medida de mis posibilidades, para que mi vida ofrezca esperanza, ayuda y solidaridad al otro?
  2. ¿Doy a quien me pide?
  3. ¿Escucho a quien me habla?
  4. ¿Ayudo al que me necesita?

 

 

    ¡ CAMINA !  (Lc 1,39-45)

 

 

 

 

 

La figura de la María es imprescindible para entender y vivir todo esto…

 

María, tras acoger las palabras del ángel y decir sí a la propuesta divina, se pone en camino y marchar aprisa junto a otra mujer que necesita en esos momentos su cercanía. Y es que ante la necesidad, de ella siempre surgió la disponibilidad.

 

 

Hay una manera de amar que debemos recuperar en nuestros días: consiste en acompañar a vivir a quien se encuentra hundido en la soledad, bloqueado por la depresión, atrapado por la enfermedad, marginado por la droga o sencillamente vacío de toda alegría y esperanza de vida.

 

Parece que queremos e intentamos hacer un mundo hecho solo para los fuertes, los agraciados, los jóvenes y ante esto no es fácil aceptar el mensaje evangélico de “ponerse en camino”, cuando nos consideramos “tan ocupados” en tareas y nos sentimos tan agobiados que confesamos no tener tiempo ni para nosotros mismos. Esto difícilmente se casa con la actitud de María.  ¡¡Estamos tan ocupados en no hacer nada…!!

 

 

Es mentira creer en un Dios que camina y nos visita y, a la vez, encerrarnos en nuestro pequeño mundo y en nuestros problemas.

 

 

En este Adviento somos invitados a despertar, prepararnos, convertirnos y caminar, para poder experimentar y ser testigos de que Dios viene a nuestro encuentro, de que Jesús encarnado en nuestra humanidad es la mano que Dios extiende a cada uno de nosotros.

 

 

  1.  ¿Siento la necesidad que otros tienen de mí?

 

  1.  ¿Hasta que punto estoy dispuesto a estar siempre disponible?

 

  1.  ¿Qué ocupa mi vida? ¿qué me preocupa en la vida?

 

  1.  ¿Me planteo este Adviento como tiempo de espera egoísta o mejor como tiempo de ayuda generosa?

 

 

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DESCUBRAMOS A DIOS CON NOSOTROS

 

 

 

Estrenamos un Tiempo Litúrgico para celebrar algo que Dios ha hecho por nosotros: ser Dios con nosotros. Reconocer a Dios en nuestra vida ordinaria y vivir “divinamente” lo ordinario se nos da mal; nos cuesta, por eso debemos prepararnos como ya hemos venido diciendo:

 

Vamos a darnos un tiempo para entrenarnos, para hacernos más sensibles y poder acoger la presencia de Dios entre nosotros.

 

 

- Necesitamos sensibilizarnos porque estamos muy insensibles a los otros y al Otro. Nos hace falta mirar con ojos de ternura a nuestro mundo y a las heridas de los hombres y mujeres de hoy. Detrás de las apariencias hay duras realidades y mucho dolor callado y mucha soledad ahogada. ¿Cómo reconocer a Dios y su voz si no reconocemos la voz de los próximos…?

 

Es hora de entrenarnos en mirar y reconocer a quien tenemos al lado (al esposo, a la esposa, al padre, a la madre, al hijo, al hermano, al vecino, al compañero de trabajo, al extranjero, al herido, al excluido…

 

No es verdad que aceptemos A Dios-con-nosotros si no nos acogemos próximo –con-el-prójimo. Dios se cruza cada día contigo y conmigo, aunque no caigamos en la cuenta…

 

 

 

- Necesitamos aprender a abajarnos.

 

Suenan por todas partes voces que llaman a ser “triunfadores”.

 

La vida se convierte en una continua “Operación Triunfo”. Tienes que subir, llegar, alcanzar, superar… Pero ¿dónde vamos? Hay que llegar a la cima profesional y ser un fracaso es insoportable. Es una guerra permitida y admitida para subsistir: si no luchas, te devoran, desapareces, por lo que tienes que luchar y triunfar. Pero, ¿podremos entender lo que significa el

Dios que desciende? Descender, abajarse, encarnarse es asumir andar junto a los que están más abajo, junto a los que no pueden y no les dejan subir. Es hora de entrenarnos en bajar hacia los que Dios mira con más complacencia y a los que llama bienaventurados: los pobres, los que lloran, los que no se las dan de nada…

 

 

- Necesitamos aprender a intimar con Dios.

 

Sin intimidad todo es vacío. La intimidad hace milagros, es la que lanza e impulsa. Es hora de íntimos y de intimidad. Hagamos de nuestra vida humana una vida más íntima para aprender a intimar también con Dios.

 

 

- Necesitamos aprender la grandeza de lo pequeño.

 

La Navidad comercial es atrayente, deslumbrante, pero es la hora de lo pequeño, de lo sencillo. Tenemos que inaugurar gestos de Navidad densos y sencillos, tan sencillos como la levadura o el grano de mostaza. Cuando inundemos de gestos pequeños el espacio y el tiempo que abarcamos, escucharemos el deseo de paz de Dios. Lo pequeño tiene nombre: una sonrisa, una palabra, un minuto dado, un gesto inesperado de cercanía y comprensión, una oración callada… Tienes que saber que todo lo que Dios inicia, siempre tiene orígenes pequeños.

 

 

          CORRESPONDENCIA CON DIOS

                    EN ESTE ADVIENTO

 

 

Querido Dios:

 

Te escribo desde el planeta Tierra. Estoy oyendo que vas a venir, que es Adviento, y se me ha ocurrido ponerte unas líneas para informarte sobre el lío en que te vas a meter. Tú verás lo que haces. Me perdonarás si acentúo un poco las tintas negras…

 

Lo primero de todo es preguntarte por qué vienes, quién te ha pedido que vengas…. No creo que haya salido de los humanos esta idea. Si es cosa tuya, te admiro. Debes estar muy admirado de nosotros.

 

Oye, saber que alguien se acuerda de nosotros tanto es como para sorprenderse… De paso, se te agradece la idea… Ya sé que para el amor no hay razones, para el amor la única razón es el amor.

 

Yo no digo que no haya gente que te espera y suspira por ti, pero son los menos. No te creas que te vas a encontrar con muchos esperadores. Aquí, Dios, tú interesas poco. Has pasado a segundo lugar, mejor, estás pasado de moda. Se puede vivir sin ti y no pasa nada. ¿Para qué tener un compromiso con Dios si se puede vivir sin Dios tan ricamente? Dicen que creer en ti es ser un poco trasnochado.

 

La gente de la Tierra no te necesita, lo que necesita es trabajo, dinero, salud, pasarlo lo mejor posible, subir un poco más, tener un poco más. Con este panorama, ¿qué vas a hacer entre nosotros? ¿Qué musiquilla celestial nos vas a tocar? Estamos en otra onda. Imagino que te vas a llevar un chasco si vienes.

 

Bueno, y no te cuento los líos que tenemos montados de conflictos, de guerras, de olvidos de la gente pobre… Es cierto que hay personas que están muy sensibilizadas y trabajan lo que pueden y dan todo lo que tienen por ayudar a los más desfavorecidos. Hay más millones que lo pasan mal que bien.

 

Como opinión particular, no logro comprender cómo unos humanos juegan y explotan tanto a otros. El bolsillo y el placer de unos hace a otros esclavos, pobres y juguetes. No entiendo, por eso muchas veces decimos ¡Pero dónde vamos a llegar! He exagerado un poco, pero que conste que es verdad todo lo que te digo. Y, en el fondo, el corazón de los humanos sigue vacío, buscando, insaciable…

 

Tenemos tanto que hacer, que lo esencial, ser personas y querernos, no lo hacemos. Vamos muy acelerados y no nos damos tiempo para aprender a amar, ni para saber esperar y perdonar.

 

Bueno, supongo que en algún sitio encontrarás gente maja que te acogerán bien, junto a la mula y el buey. Donde hay riqueza tendrás menos sitio porque allí no te necesitan. Donde no hay, te harán un hueco en seguida… ¡Cosas de este planeta!

 

Nada más, que conste que me alegro de que vengas. Tendremos que mirar menos al cielo si tú estás en la tierra, aunque no sé si te reconoceré. ¿Cómo sé yo dónde vas a estar, si vas a dar conferencias y a que hora? Si no nos dices con claridad estas cosas, no vas a tener mucho público.

 

No sabes la cantidad de cosas que se anuncian, nos sobran y pasamos de ellas.Espero que enciendas alguna estrellita para seguirla y poder encontrarte, pues en el fondo tengo ganas de ti y de encontrarte, aunque lo disimule… ¡Anda, guíñame el ojo, que te necesito, aunque no lo grite muy alto!

 

 

                                         Un abrazo para ti y toda la familia celestial

 

 

 

  CARTA DE DIOS AL HOMBRE

 

 

Querido hombre:

 

 

Esto del correo electrónico es un invento buenísimo que hasta lo hemos instalado en el cielo. El sistema es especial y no dependemos de vuestras multinacionales. ¡Eternidad de planes económicos! ¡Una gran ventaja!

 

Gracias por el panorama que me presentas. Es un tanto pesimista pero dices verdades. Yo sí que sé dónde están los que esperan de verdad. Suele ser siempre gente sencilla que no ha perdido la cabeza ni se le han embotado los ojos por el resplandor de la ambición. No te preocupes: conozco dónde están los que me esperan. Iré a los sencillos.

 

Otra cosilla: no es que haya decidido “visitar” la Tierra. Lo que he decidido es hacerme hombre y vivir con vosotros para hablaros al corazón. Un pequeño matiz: no voy de visita, voy para estar con vosotros y para que escuchéis las palabras que no se os ocurren a vosotros. Llevo en el corazón las palabras de mi Padre y os la anunciaré.

 

Tenéis que tener en cuenta que no voy a la tierra porque seáis buenas personas, sino para que seáis buenas personas…, claro, el que quiera.

 

El clamor de los que sufren, las heridas de los heridos, los gemidos de los explotados, las lágrimas de los niños llegan hasta el cielo. Tú no lo sabes, pero muchos que se las dan de felices son unos pobres infelices. Ya te digo que desde aquí se ven las cosas de otra manera. ¡Si supieras lo que hablan los corazones cuando calla el ruido y llega el silencio! Es cierto que el corazón de los humanos, de no usarlo o usarlo mal, se hace corazón de piedra. Pero yo confío: no está todo perdido. El amor despedaza las piedras.

 

Merece la pena cualquier cosa por ablandar el corazón de los hombres y mujeres del planeta Tierra prix du cialis generic. Yo me propongo dejar todo y abajarme, con tal de que una de las cien ovejas perdidas vuelva a la majada…

 

Sé muy bien querido hombre, que no voy a recoger frutos. Voy a sembrar palabras de vida, de amor, de contradicción… Germinarán sólo si caen en buena tierra… Lo importante es que tengáis semilla de vida y de novedad para hacer una tierra nueva y un cielo en la tierra… Te preocupa no reconocerme.

 

Te aseguro que nos toparemos: la señal es que voy revestido de persona. Donde veas una persona, escucha y trátala como me tratarías… Te aseguro que nos encontraremos. Te sorprenderé y te hablaré en silencio al corazón.

 

 

       Hasta pronto: en cualquier lugar o persona, te esperaré…

 

 

 

                                                                     TU MEJOR AMIGO...

 

 

Momento para compartir en oración:

 

       (En clima de silencio y con tranquilidad, lee, interioriza, contempla…).

 

 

· Dichosos lo que encuentran en este Dios la fuerza que les ayuda a mantenerse esperanzados en medio de su debilidad personal…

 

· Dichosos lo que encuentran en este Dios la fuerza para mirar y amar a los hermanos como son.

Sin resignación ni juicio. Con amor paciente que aprende a cargar con los demás…

 

· Dichosos los que encuentran en este Dios su fuerza para sufrir y encajar los contratiempos y fracasos de cada día, la dureza, especialmente de algunos días…

 

· Dichosos los que encuentran en este Dios su fuerza para permanecer en la oración cuando muchas veces no sienten sino aburrimiento, desazón o sólo silencio…

 

· Dichosos los que encuentran en este Dios su fuerza para hacer lo que sí pueden hacer, para no ceder ni a la actividad frenética ni a la retirada…

 

· Dichosos los que encuentran en este Dios su fuerza para no despreciar los pequeños detalles, los pequeños gestos, los encuentros cuidados, los trabajos sencillos, no reconocidos ni valorados. Los que no buscan el brillo del reconocimiento sino que se alegran de veras porque sus nombres están grabados en el corazón de Dios…

 

· Dichosos los que encuentran en este Dios su fuerza para estar entre los pobres de todo tipo sin pretensiones, sin ruido, sin paternalismos, con valentía…

 

· Dichosos lo que encuentran en este Dios su fuerza para no desanimarse ante el peso de su mala salud, la falta de relevancia, el poco y lento cambiar de las cosas…

 

· … porque ellos engendran Reino de Dios.

 

· … porque ellos reconocerán a Dios en el pesebre.

 

 

 

 

                                                                                                           (Mikel Hernansanz OFM, Revista “Frontera-Hegian”, nº 43)

 

 

 

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La espera del Señor en los personajes bíblicos del Adviento

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El Adviento celebra la manifestación del Señor. Esta manifestación salvadora de Dios exige una actitud, una postura de parte del hombre creyente. Los textos bíblicos que nos ofrecen las Misas del Adviento, como también las de la Liturgia de las Horas, son auténticos e ideales modelos de respuesta y de sensibilización ante las manifestaciones salvadoras del Señor.

 

Señalamos los principales personajes bíblicos del Adviento: Isaías, Juan Bautista, María, San José.

 

 

ISAÍAS, el hombre de la esperanza

 

*  Su nombre hebreo sería  Iesayaú, que traducido significa Yavé es ayuda, se siente llamado al profetismo más o menos a los 25 años de su edad y profetizará al Pueblo de Dios durante cuarenta años. Su misión fue difícil: debía anunciar a sus compatriotas la huida de Israel y de Judá, en castigo de las infidelidades e idolatrías de su pueblo.

 

* Recibió en el Templo de Jerusalén su vocación de profeta, Is 6, 1-13, y esa manifestación de Dios, muy calcada en el género literario de otras vocaciones bíblicas, lo marcó profundamente. Por una parte, Dios le muestra su grandeza y su trascendencia, la inmensidad de lo que Él es, el Santo de Israel, Yavé de los Ejércitos; y esta manifestación pone muy en claro la poquedad del elegido y la desproporción de sus potencialidades para desempeñar la difícil misión que le encomienda Yaveh. Estas dos realidades antagónicas, la trascendencia de Dios y su propia  limitación e indignidad de su persona, marcarán a fuego todo el aporte y el servicio profético de Isaías y su lucha constante por lograr la pureza del Yavismo en Israel y la fidelidad a la Alianza.

 

* El ambiente político que le tocó vivir fue muy tenso y difícil por la amenaza constante y creciente de Asiria: La superioridad del enemigo es muy clara y, de nuevo, esa claridad ahonda aun más y pone de relieve la pobreza y la limitación del profeta y del pueblo.

 

* Frente a esta situación de incertidumbre se producen dos reacciones entre los judíos creyentes: una, la de los reyes y dirigentes del pueblo que buscan hacer alianzas y pactos con otros pueblos oprimidos para ver la manera de liberarse del invasor; la otra es la de Isaías y un número reducido de fieles que, partiendo del reconocimiento de su pobreza, ponen su confianza y su fe solamente en el Señor, en la certeza que será Él el único y el auténtico liberador.

 

* Isaías interpreta el peligro y la amenaza extranjera desde su punto de vista profético, y no como lo habría hecho un observador político: Es Dios el que habla y frente a este Dios que se manifiesta, hay que tomar algunas actitudes concretas para purificar nuestra relación con Él y para asumir el camino que el mismo Señor nuestra  a su Pueblo.

 

Subrayamos algunas líneas de su enseñanza profética:

 

I - Frente al culto de Yaveh, amenazado por el formalismo ritual y la idolatría, Isaías proclama la trascendencia de Dios. Pero esa trascendencia que, por definición supone lejanía, superioridad, altura, en el Dios de Israel es cercanía, amistad, misericordia, protección: ¡Dios está cerca de Israel, lo cuida, lo sana, lo dirige, renueva alianza con él!  Las dificultades de la esclavitud no deben oscurecer la certeza de que Yaveh es el que salva;

           

II - Frente a las injusticias y la opresión que los poderosos ejercían sobre los débiles del pueblo, Isaías proclamará un mensaje religioso y será la voz de Dios que llama y denuncia a los esclavizadores de sus hermanos, denuncia que buscará siempre la conversión del pecador y del injusto;

 

III - Para lograr esto Isaías predica la cercanía del Dios de la Alianza e invita a una confianza ilimitada en Yaveh, más bien en el amor providente de Yaveh. El Dios que ha estado escondido, aparecerá para calmar los dolores de su pueblo y para sanar sus heridas. Pero esto no se realizará sin la entrega confiada e incondicional del creyente: aunque la salvación viene de la bondad de Dios, la confianza de sus fieles será garantía y certeza de salvación.

 

* Volver al Señor, es el centro iterado y repetido de su predicación: Y la vuelta supone una renovación comprometida de la Alianza pactada en tiempos antiguos y que fue pisoteada por los infieles judíos, un volver de los ídolos a la intimidad con el Señor.

 

* Tal vez el mensaje y el modelo de Isaías podríamos resumirlo en estos puntos:

 

a) sustituir los criterios y las seguridades humanas por los ideales propuestos por Dios; confiar más en el Señor que en las ayudas de salvación que nos puedan venir de los hombres, de las instituciones, de los pactos con los poderosos;

 

b) redescubrir el verdadero rostro del Yaveh, despojarnos del concepto negativo que se tiene de Dios y descubrirlo como el Dios clemente, compasivo, misericordioso, siempre dispuesto a perdonar y comprender;

 

c) aceptar nuestra indigencia, nuestra falta de méritos, nuestra pobreza, como punto de partida en la vuelta a Dios; jamás uno que no se sienta indigente, saldrá de sí para pedir ayuda o perdón;

           

d) condiciones para lograr el reencuentro con Dios: La fe incondicional en el Señor; la confianza absoluta en su bondad y en sus promesas de salvación que, aunque hayan estado limitadas por el castigo, este castigo era el correctivo necesario para el pueblo lograra comprender la bondad salvadora de Yaveh.

 

* Textos bíblicos: Vocación de Isaías Is 6, 1-12;

            La promesa de salvación, Is 32, 15 al 33, 6;

            Dios se manifiesta salvando, Is 61, 1-3.

 

 

JUAN BAUTISTA, el predicador de la conversión.

 

*  Es otro de los modelos bíblicos clásicos del Adviento. Es santificado por Cristo en el seno de su madre Santa Isabel aun antes de nacer. Lleva una vida austera y de profunda comunicación con Dios en el desierto. Adquiere conciencia clara de su rol de profeta y no de cualquier profeta, sino el que ha de señalar con su dedo al Mesías. Y eso lo hace descubrir, igual que Isaías, la trascendencia de Dios y la poquedad de su persona. Y toda esta experiencia la comparte con los israelitas en una predicación fuerte y valiente que lo lleva a desenmascarar la mentira y el vicio y a anunciar con entereza la conversión, la verdad y el bien hasta el supremo sacrificio.

 

* Por esta conciencia de la trascendencia de Dios y de su propia poquedad es que se declara indigno hasta de desatar la correa de las sandalias de Jesús. Es necesario que el Mesías crezca y Juan mengue ante Él. No quiere bautizar a Cristo.

 

* Hombre de profunda fe y de valiente compromiso en el seguimiento de su vocación. Hasta dar su vida por los valores y por la verdad que predica.

 

* Pero su fe sufre la prueba: Mt 11, 1-6. Se siente desconcertado [¿defraudado?] por la pobreza de Jesús, por sus medios demasiado simples o rutinarios: Cristo asume como discípulos a hombres de poco cultura; predica a los sencillos y se pelea con los dirigentes del pueblo judío; su lenguaje es demasiado simple. Y esto desconcierta al Bautista, hombre profundamente anclado en las categorías religiosas israelitas y para quien era tan clara la trascendencia, la infinitud y la grandeza de Dios. En su concepto, el enviado de Yaveh no podía rebajarse tanto.

 

* Y en esa situación Juan Bautista acude a Cristo mismo: ¿Eres tú... o debemos seguir esperando?... Y la respuesta de Jesús fue el testimonio bíblico de las características del Mesías: hace oír a los sordos, hablar a los mudos, evangeliza a los pobres...  Y Jesús añade una respuesta específica a Juan, al escandalizado Juan: ¡Dichoso el que no tomare de mí ocasión de tropiezo...!

 

* La trascendencia de Dios que tan clara era para el judío Juan lo llevó a no poder aceptar las formas de salvación encarnadas en Jesús. Y por haber acudido a Cristo en su duda e incertidumbre, recibió del Señor la confirmación de la fe. Y esta maduración y confirmación se logró cuando supo despojarse de su criterio religioso y humano; cuando aceptó el plan de manifestación simple y sencillo que Dios hacía a través de su Hijo; cuando se dio cuenta que Dios estaba cerca, muy cerca de quien lo busca.

 

* Así Juan Bautista, frente a la manifestación de Dios en Jesucristo, nos entrega varias lecciones:

 

a) Aceptar y apreciar la grandeza trascendente de Dios y nuestra poquedad, miseria y limitación. Nos enseña a ubicarnos delante de Dios, a asumir nuestro lugar y rol en la salvación que Dios quiere protagonizar en nosotros a través de su Hijo: Conviene que Él crezca...;

 

b) Tener sensibilidad ante el paso del Señor; saber descubrir su cercanía. Y cuando no logremos descubrirla, acudir al Señor para que sea Él quien ilumine el camino de nuestra fe y de nuestra experiencia con Él;

 

c) Tener una flexible capacidad de conversión, de acomodamiento a los planes de salvación que el Señor tiene para salvarnos, planes que no siempre coinciden con nuestros criterios y categorías. O más bien, que son siempre distintos y lejanos a los nuestros,

 

* Juan Bautista nos enseña, por una parte, que es necesario aceptar la humildad de la manifestación divina: ¡Dichoso el que no se escandalizare en mí! Y resulta también un admirable ejemplo de pobreza y limitación: Conviene que Él crezca y yo  disminuya. Para llegar a Dios, Juan Bautista asumió  dos actitudes de humildad: aceptó la pobreza de los medios de manifestación de Jesús y experimentó la cercanía de la Salvación, no sólo en forma pasiva en el seno de su madre, sino sobre todo en la aceptación dificultosa de los planes de Dios en su Hijo Jesucristo.

 

 

MARÍA, la mujer que oyó, meditó y vivió la Palabra

 

*  El que logró realmente ser pobre del Señor pudo percibir la manifestación y la presencia salvadora de Dios en su vida.  El Evangelio nos presenta a María, la Madre de Jesús, como una mujer dichosa por haber creído, por haber descubierto a Dios y por haberse sabido fiar de Él.

 

* El Evangelio nos la muestra en un proceso de esa aceptación y de este acercamiento al Dios que se le manifestaba. La Virgen escuchó meditó y vivió el contenido de la Palabra o manifestación de Dios a través de su Hijo.

 

*  María escucha la Palabra. Y por esa razón fue dichosa. Tuvo estrecho contacto con su Hijo en el hogar de Nazaret, en donde Cristo vivía los contenidos que después, en los días de su vida pública, palabrizó; oyó atónita el mensaje del ángel el día de la Anunciación; escuchó la profecía que Simeón le hacía.

 

*  Pero en la aceptación de la Palabra y en su proceso de fe, María también siguió el caminar corriente de todos los creyentes. Como no comprendía el sentido y la proyección de lo que escuchaba como manifestación del querer y de los planes de Dios, la Virgen meditaba y reflexionaba, guardaba en su corazón el mensaje de Dios.

 

*  Y la grandeza de la Madre de la Iglesia consistió en vivir el contenido de esa manifestación de Dios, vivencia que no le fue fácil, sobre todo cuando veía la marginación que se hacía de su Hijo en los días de su vida pública, y más todavía cuando estaba de pie junto a la cruz de su Hijo, asumiendo su rol y viviendo su hora junto a Jesús Salvador. Así se constituyó en madre de los creyentes y medianera del pueblo de Dios.

 

*  Frente a la nueva manifestación de Jesucristo como Salvador, que sacramentalmente celebramos en este Adviento, la Iglesia nos propone el modelo bíblico de María para que nosotros también asumamos este ejemplo de docilidad, docilidad que, en el itinerario de fe de la Virgen,  no estuvo exenta de dudas e incertidumbres, pero que supo apoyarse en la bondad infinita del Dios que nos ama y que, por ese amor, nos salva en su Hijo.

 

 

SAN JOSÉ, el hombre justo

 

*  No son muchos los datos que los Evangelios nos entregan de la vida y misión de San José. Pero afirman categóricamente que era un hombre justo, Mt 1, 19. Y descubrimos esa justicia en las actitudes que tomó frente a la difícil manifestación de los planes divinos.

 

*   Es descendiente de la familia de David y a través de él llega la promesa mesiánica a Jesús. Jesús aparece legalmente como el Hijo de José y es, a través de esta característica, que Él asume el título y la prerrogativa bíblica de Hijo de David.

 

* El calificativo bíblico de justo solemos entenderlo ordinariamente con relación a una buena conducta moral. En el caso de San José su justicia radica más bien en su conformidad a la voluntad y al querer de Dios. Como María y como tantos otros fieles del Antiguo Testamento, José es el pobre del Señor, el hombre capaz de despojarse de sí mismo y de la lógica de sus criterios y planes para asumir en obediencia total la voluntad y los caminos de Dios. Por difíciles que éstos resulten.

 

* Es el hombre de la fe y de la obediencia incondicional que, aun con dificultades en la comprensión y en la ejecución de lo manifestado por Dios, se le mantiene fiel. Es el hombre justo que entra en diálogo existencial y siente y experimenta la cercanía de Dios.

 

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Tenemos una cita con Dios

 

  1. Experimentando nuestra vida como un camino... en cada Oración hacemos un alto…

 

En el camino de nuestra vida vamos renovando, fortaleciendo y experimentando que 3 grandes virtudes nos acompañan y nos van fortaleciendo y marcando el camino... porque estamos llamados a caminar y a caminar siempre (no acumulando años a la vida, sino ojalá, vida a los años...)

 

  1. Renovamos nuestra Fe (esa pequeña llama que arde desde nuestro Bautismo en nosotros).

 

  1. Intentamos fortalecer con esa Fe la Esperanza de que no podemos, ni debemos dejar debilitar, pase lo que pase, sencillamente porque la Esperanza es lo último que se pierde y lo primero que hemos de experimentar y vivir...

 

  1. Y experimentamos un Amor especial, el de Dios a nosotros que continuamente y sin méritos propios se va derramando en nuestros corazones como la mejor medicina ante cualquier mal o dolencia...

 

 

  1. Experimentar que Dios sale a mi encuentro, de nuevo y como siempre...

 

Nuestro caminar tiene sentido porque sabemos que no es un caminar en solitario. Él nos dice una y otra vez “venid vosotros benditos de mi Padre”, “venid a mí los que estáis cansados y agobiados... y yo os aliviaré...

Se hace compañero de viaje que sostiene nuestro cansancio, que nos alienta con sus palabras, que nos ofrece un bálsamo de amistad sincera y que repara nuestras heridas con su misericordia infinita...

 

Él es quien nos busca (a veces creemos que es él el que nos debe algo y es más bien lo contrario, nosotros se lo debemos todo...)

 

Más que afanarnos en buscar “yo a Dios”, debo empeñarme en “dejarme encontrar por él”

 

Habría que preguntarse si nos dejamos encontrar... En muchos momentos de nuestra vida hemos visto muy cerca al Señor: en el dolor o la alegría, en la vida familiar, comunitaria. Dios se me acerca. Lo importante es que yo le abra mi corazón, y lo acoja. Dios siempre saluda, pero a veces, somos nosotros los que no respondemos.

 

Él no quiere imponerse nunca, él se ofrece, como un Padre, como un amigo, como Señor de nuestra vida y de la Historia. Y lo hace desde el amor y la amistad, ya que tanto una como otra se ofrecen, no se imponen...

 

Si supiéramos dejarnos encontrar  por Dios y ofrecerle, de corazón, nuestra amistad, lo sentiríamos más cerca de nosotros de lo que nos creemos. La Eucaristía nos enseña a entender todas estas cosas.

  1. Experimentar las grandes enseñanzas que vivimos con nuestro mejor Maestro...

       Que no son otras sino: 

 

AMOR   /   HUMILDAD   /   POBREZA   /   ALEGRÍA   /   PAZ

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 AMOR à  Ef 4,2  /  1 Cor 13, 1-13  /  Rom 5,5

 

   Porque  hemos de ser conscientes de un inmenso amor, el de Dios, a la humanidad. Jesús es el Dios que nos sonríe. Jesús no sólo nos amó, sino que nos contagió el amor para que vivamos en ese mismo amor con nuestros semejantes.

 

HUMILDAD à  Filp 2, 1-11  /  Lc 2, 6-7

 

   Es una gran humildad la que sentimos cuendo nos acercamos a Jesús en la Oración.

   Vivir esta virtud nos acerca a aquél que supo callar y acercarse desde el servicio a todos…

 

POBREZA à  2 Cor 8,9  (“Dios se hizo pobre, siendo rico”)

 

     No hay más que ver la familia de la que nace, la cuna en la que nace, los medios de vida con que se sustenta. Fue pobre e hizo opción por los pobres, se acercó a los que más sufrían y más le necesitaban.  Esa es la verdadera pobreza.

 

ALEGRÍA à Filp 4, 4-6

 

      Una Alegría contagiosa y que nace de una fe tremenda en él y en saber que está con nosotros todos los días hasta el fin del mundo.

Celebramos porque estamos alegres... estamos alegres porque con su nacimiento hemos podido nosotros volver a nacer una vida que no acaba y que no es capaz ni de destruir la muerte... Y lo mejor es que sentimos una alegría que nace de la certeza de que nuestra vida no acaba, ni termina, sino que se transforma según Dios quiere, somos en sí mismos semillas de eternidad…

 

 

PAZ à  Filp 4, 9  /  Lc 2, 13-14

 

             Se podría decir que la Paz ha de ser el perfume de nuestra vida, nuestra fragancia , es el gran regalo que Dios nos envía desde el cielo: “Paz a los hombres con mucho Amor”. En Jesús vemos a un Dios que viene desarmado, con una única “arma”, la del Amor. Que no viene a condenar, sino a perdonar y salvar.

 

 

 

 

 

Tenemos una cita con Dios…

 

 LA ORACIÓN

 

  1. Reserva un momento y un lugar para estar a solas conmigo y contigo y di “Dios y Señor mío, Padre y amigo mío que me amas...”

 

  1. Busca una postura adecuada, orante, que te ayude a encontrarte con él y a centrarte en él. Serénate interiormente, respira hondo y tranquiliza todo tu cuerpo y tus sentidos... Dios está contigo.

 

  1. Pide Luz al Espíritu. Toma conciencia de que estas en su presencia en una íntima relación de Amor contigo... Cierra los ojos y di con un profundo acto de fe: “Creo que estás aquí, dentro de mí, en medio de mi corazón”

 

  1. Cae en la cuenta de quién es él para ti, tu Amigo de corazón y de verdad, Dios y Hombre verdadero: Jesús

 

  1. Delante de él, reconoce tu verdad, quien eres y como estás en estos momentos de tu vida. Él te conoce y te ama...

 

  1. Lee el evangelio o la lectura correspondiente de la Escritura y adéntrate en él como si fueras uno de los protagonistas...

 

  1. En silencio observa la situación en la que se desarrolla el texto y pide luz para entender, claridad para interiorizar y fuerza para llevar a cabo lo que Dios te pida...

 

  1. Toma nota de todo lo que te transmita Dios en tu meditación, de esos “regalos” que el Señor te de, como son, pensamientos, sentimientos, deseos, obras a llevar a cabo... Todo esto despertará tu amor a Él y tu deseo de seguir su voluntad

 

  1. Sigue en silencio intentando dejarte llevar por todo lo que sientes, imagina que estas sumergido en un mar de satisfacción... la de saber que todo esto te lo transmite Aquél que lo dio todo por ti en la Cruz...

 

  1.  Da gracias por todo lo que has experimentado, por este rato de intimidad con Dios y disponte ahora a recomenzar o seguir el camino de tu vida con la fuerza interior que Dios te ha transmitido hoy...

 

 

 

Sin darte apenas cuenta ha crecido tu relación de amistad y de cariño a Él.

 

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