Moniciones y Homilía Domingo 3º de Adviento B

Domingo 3º de Adviento / B

 

MONICIÓN DE ENTRADA

Amigos y hermanos: ¡EL SEÑOR ESTA CERCA!

Hoy, Juan Bautista, el enviado de Dios nos da un último aviso: JESUS ES EL QUE TIENE QUE LLEGAR

¿Se dará cuenta el mundo que, Jesús, nace en cada corazón y en cada hombre? ¿Por qué tanta tristeza en la tierra? ¿No será la causa que el mundo ha perdido el interés por Dios?

Estamos en el III Domingo de Adviento, en el Domingo de la alegría. El Señor está cerca, las luces se van encendiendo en las calles y plazas del mundo cristiano ¿Y en nuestras almas?

 

MONICIÓN A LAS LECTURAS

Todas las profecías del Antiguo Testamento se cumplen en Jesús. San Pablo, además, nos dice que la venida del Señor es un motivo para estar alegres. Por otro lado, Juan Bautista, nos recuerda que él no es sino un mensajero, un pregonero que anuncia el Nacimiento y la llegada del Salvador. Escuchemos atentamente.

 

PETICIONES

1. Por la Iglesia. Para que sea un lugar donde podamos recuperar siempre la alegría que el trabajo y las prisas nos roban. Roguemos al Señor.

2. Por los payasos, por los músicos, por todas las personas que se dedican a irradiar alegría al mundo. Roguemos al Señor.

3. Por todos nosotros. Para que preparemos de verdad la próxima Navidad. ¿Hemos buscado ya el Belén? ¿Hemos construido o comprado una estrella para ponerla en el balcón de nuestra casa? Roguemos al Señor.

4. Por los que están tristes. Por los que lloran en la Navidad. Por aquellos que, en Jesús, no encuentran suficientes motivos para estar y ser felices. Roguemos al Señor.

5. Para que no confundamos la alegría con la burla, el chiste malo con el humor bueno. Para que seamos respetuosos con la fama y el buen nombre de los demás. Roguemos al Señor.

 

Homilía Domingo 3º de Adviento / B

1.- Dios veía desde su trono del cielo al mundo entero envuelto en tinieblas, más oscuras aún que cuando en la creación del Universo todo era una masa amorfa sin sol ni luna y antes de enviar a su Hijo envía a un mensajero.

Y de esa oscura tiniebla surge una desdibujada figura de hombre, vestido con pieles de camello con una titilante antorcha en la mano. Surge Juan Bautista como aurora vacilante en la noche, como faro que anuncia bajíos en la costa, como estrella polar que señala el norte a los navegantes.

Surgió de la tiniebla un hombre, un testigo de la luz:

* Testigo contra la falsedad de la tiniebla. Viene a presentar una denuncia contra la mentira de esta vida. Testigo de que la mentira de los poderosos, charlatanes, sacamuelas y embaucadores acabará un día y triunfará de verdad plena a la luz.

*Antorcha vacilante que denuncia el odio, la violencia, el asesinato, que enturbia todo el humo de las bombas y metralletas. Denuncia que ese no es el mundo que Dios quiso desde el principio cuando hizo a los hombres hermanos.

* Denuncia que el explotar a la mayoría de los hombres para que vivan una minoría opíparamente nunca fue el proyecto del Señor.

*Esa antorcha vacilante nos anuncia que hay otra clase de hombres, que en vez de generar una historia de muerte y guerra genera un mundo de paz, de fraternidad, luz, alegría y amor.

* Por eso nos dice San Pablo hoy “alegraos”, porque esa denuncia de Juan Bautista no es vana. Está refrendada por el mismo Dios que le ha hecho surgir de las tinieblas para dar paso a la luz.

* Alegraos porque el Señor está cerca. Alegraos porque ese Señor os inundará de paz, como empapa el agua a la esponja. Alegraos porque ese Señor que ha venido prometiendo la luz de la Verdad a través de los siglos por los Profetas, cumplirá sin duda su palabra.

* Juan surgió de la tiniebla como testigo de la luz y testigo de la alegría.

2.- Juan es la voz que grita en el desierto, donde nadie oye su voz porque los que deberían escucharla no la escuchan y por eso les dice Juan “en medio de vosotros hay uno que no conocéis”.

Hoy hay quien alardea públicamente de conocer a Dios, que esclaviza a los débiles, cuando son ellos esclavos del poder, del dinero, del placer.

Pero tendríamos que preguntarnos nosotros también si no es el Señor un desconocido para nosotros. Si no tenemos un Dios desconocido, como aquella estatua de que nos habla San Pablo que tenían los atenienses entre sus dioses para no dejar de adorar a ningún dios posiblemente existente.

3.- ¿Será nuestro Dios un desconocido para nosotros? Juan les dice que no conocen a Dios a los levitas y a los sacerdotes, a los que sabían teología, Sagrada Escritura, Moral… los que monopolizaban a Dios.

Y es que Dios no se le conoce con mucha ciencia. Se le conoce con el corazón. Cuántas veces son las gentes sencillas las que sintonizan de verdad con Dios.

No es la fría lógica la que nos lleva a Dios, es el calor humano. No conoce el padre al hijo mejor con raciocinios que la madre con la intuición del corazón.

Todos nosotros tenemos Fe, y muchos sin duda una fe muy fundada en estudios, pero para sintonizar con Dios, para que Dios no sea un desconocido para nosotros, necesitamos que esa Fe baje de la cabeza al corazón.

Y sólo cuando esa Fe caliente nuestros corazones seremos como Juan el Bautista, antorchas en medio de las tinieblas de nuestra sociedad y testigos de la luz y de la alegría de un Dios bien conocido por nosotros.

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¿Sirve de algo preocuparse cuando, algunas cosas, ya no tienen solución? ¿Es posible vivir con alegría verdadera en un mundo que, un día y otro también, nos salpica con preocupaciones, problemas, inquietudes u horizontes un tanto oscuros?

1.- Los cristianos tenemos muchos motivos para estar alegres. La más importante es que, el Señor, está con nosotros. En los aledaños de la Navidad, sentimos que nuestras fuerzas son mayores que toda la problemática que nos rodea. ¿Estará el Señor de nuestra parte? ¿No se habrá desentendido de nosotros?

Interrogantes que, en este tercer domingo de adviento, merecen una respuesta: nuestra alegría no depende de sensaciones externas (más bien estas la condicionan) sino de una fuente misteriosa y a la vez cercana. Brota de Aquel que, Juan Bautista, señala con su dedo y que el mundo ignora porque, entre otras cosas pretender sustituirle, marginarle o erigirse como “dios” de nuestras conciencias. Es, Jesús, la fuente y la causa de nuestra alegría auténtica, sana y verdadera.

¿Acaso no es satisfacción pasajera la que da una fortuna, un premio, un record deportivo, el éxito o la fama? ¿No son estos, por el contrario, trampolines de decepciones o contrariedad? Hoy, muchas personas, no van buscando en nuestra tierra el prestigio o el dinero, aunque nos parezca imposible, cada vez buscan alguien que les ame, alguien que les devuelva la alegría de vivir.

2.- Es aquí, en la alegría de vivir, donde los cristianos podemos intervenir en nuestra peculiar orquesta. Donde podemos ser, no protagonistas de esa alegría (pues lo es Jesús), pero sí canales por los que continuemos contagiando a nuestro mundo un poco de luz frente a espesos nubarrones, un poco de humor ante tantas caras largas o un poco de fe donde asoma y se cuece la incredulidad.

¿Y dónde conseguir la luz, el humor y la fe? Ni más ni menos que mirando a Cristo. Todo se lo debemos a Él y, muchos de los dramas que estamos padeciendo (a nivel social, cultural, familiar, personal, eclesial….) se deben a que, en muchos momentos, nos hemos apartado de esa fuente de alegría y de luz verdadera que es Jesús. ¿O acaso muchos de los problemas que nos encadenan no se han dado porque, nuestros ojos, han dejado de orientarse hacia la Verdad y los hemos dirigido egoístamente a nuestros grandes castillos construidos sobre pequeñas mentiras?

3.- El niño, cuando ve a su madre, siente una indescriptible pero sonora alegría. El enamorado, cuando divisa a su amada, se siente el más feliz de los hombres. El sacerdote, cuando eleva el Cuerpo y la Sangre del Señor, es incapaz de expresar su emoción sacerdotal. Los ángeles, en la Noche de Navidad, armonizarán sus voces y sus instrumentos para proclamar que, Dios, se ha hecho humanidad.

¿Queremos recuperar la alegría? ¿Queremos que nuestros rostros vuelvan a brillar con gozo santo, auténtico y verdadero? Ya sabemos dónde está y donde tenemos la razón: ¡JESÚS NOS ESPERA! ¡JESÚS NOS LA PUEDE DAR! ¡Vayamos hacia la Navidad! ¡Jesús tiene alegría para todo el mundo! ¿La sabremos aceptar?