Moniciones y Homilía

4º Domingo de Adviento / B

 

MONICIÓN DE ENTRADA

Buenos días a todos. Cada día estamos más alegres y con más emoción en los corazones. Viene el Señor y además lo hace gracias a la obediencia y a la entrega de la Virgen María.

Hoy, nuestros ojos, están puestos en la MADRE DE DIOS, en LA VIRGEN MARIA. Ella, con pocas palabras, hizo y dijo mucho: HAGASE EN MI SEGÚN TU PALABRA.

Que también nosotros, a la vez que encendemos el 4º cirio de Adviento, digamos a los cuatro vientos que, el Señor, está con nosotros, que viene a nuestro encuentro, que la Navidad es el Nacimiento de Cristo. ¿Seremos capaces de vivir todo esto?

 

MONICIÓN A LAS LECTURAS

Dios viene a salvar a todo hombre. Ese plan de salvación, que estuvo en secreto durante siglos, ahora se va a realizar con el Nacimiento de Jesús en Belén. Sin la presencia de María, este plan tejido desde antiguo, no se hubiera podido llevar a cabo.

Escuchemos con atención las lecturas de este cuarto domingo de adviento.

 

PETICIONES

1. Por la Iglesia: para que sea pregonera del amor que Dios nos tiene. Para que esté siempre dispuesta a servir con generosidad al Evangelio. Roguemos al Señor.

2. Para que adornemos la Navidad no solamente en el exterior sino también con una buena vida cristiana, con la caridad, con las actitudes positivas, con más oración. Roguemos al Señor.

3. Por los que no escuchan la voz de Dios. Por los que están sordos por las cuñas publicitarias de la sociedad. Por aquellos que, en Navidad, no se darán cuenta de lo mucho que Dios nos ama. Roguemos al Señor.

4. Por todos los que estamos reunidos en esta Santa Misa. Para que seamos como el ángel Gabriel, pregoneros de una gran noticia: ¡EL SEÑOR ESTA CONTIGO! Roguemos al Señor.

5. Para que, en estos días de la Navidad, no olvidemos de participar en la Eucaristía, en la visita a los belenes, la bendición de la mesa o un detalle con los más necesitados. Roguemos al Señor.

 

Homilía 4º Domingo de Adviento / B

1.- Hoy damos un paso más para acercarnos a la Navidad, los preparativos se aceleran. Seguramente será un momento de encuentros familiares y lo estamos preparando todo para que salga bien. Hemos hecho las compras oportunas, hemos puesto los adornos, sacamos la mejor vajilla, preparamos una mesa digna. La televisión acelera los anuncios de compras y regalos. Las calles están engalanadas, aunque este año hay menos luces, porque hay que ahorrar. Los correos electrónicos están llenos de mensajes de felicitación. También sobreviven las cartas, las felicitaciones de toda la vida, aunque en menor volumen. Hemos llamado por teléfono a esos familiares o amigos que no podremos ver, pero de los que nos acordamos en estas fechas. Cantamos villancicos, brindamos con champán, hay alegría y fiesta. La estampa que presentamos es muy bonita, pero no vale para todos. En primer lugar, porque en muchos hogares la Navidad será mucho más sencilla, por fuerza, porque “de donde no hay, no se puede sacar”. Y en segundo lugar, porque se nos ha olvidado preparar lo más importante: el corazón. Porque la pregunta que nos hacemos hoy es: ¿dónde nace Dios?

2.- En la primera lectura, el rey David pensaba que Dios tenía que “vivir” en un palacio lujoso, como él. Pero Dios, a través del profeta Natán, le hizo saber que Él estaba más a gusto entre su gente, en medio de su pueblo. Tanto el pueblo de Israel, como nosotros, hemos cometido el mismo fallo: nos hemos olvidado de que Dios vive entre nosotros. Y con el paso del tiempo, hemos tenido que construir iglesias y templos para tener referencias y signos que nos recuerden que Dios está en medio de nosotros. Pero el “plan de ordenación urbana” de Dios iba por otro lado. No se trataba tanto de hacer “edificios”, sino de “construir personas”. Y tuvo que venir Él a enseñarnos cómo hacerlo. Y lo hemos visto en el evangelio: el templo, el lugar donde Dios quiere hacerse presente, comienza en el seno de María. Y desde ese momento, el verdadero templo de Dios es la encarnación, cada persona, la humanidad entera. El Hijo de Dios no va a nacer en Jerusalén, ni en su Templo, sino en Nazaret, una aldea alejada, en Belén, un pueblo más pequeño aún, e insignificante, y de una mujer judía que confía en Dios para que se cumpla en ella su Palabra.

3.- María nos enseña que lo más importante que hay que preparar para que nazca Dios es nuestro interior, y que la manera que tiene Dios de nacer en cada uno de nosotros es acogiendo su Palabra. María es Templo de Dios, porque lo llevó en su vientre, y también porque se fió de Él: “aquí está la esclava del Señor, hágase en mi según su Palabra”. Cada uno de nosotros estamos llamados a ser señal, signo de la presencia de Dios. Y también como comunidad parroquial, como Iglesia viva, no echa solo de piedras, sino construida con personas (“piedras vivas”). Cada uno de nosotros, y todos juntos como comunidad, tenemos la tarea de comunicar en nuestro entorno, en estos momentos de oscuridad, el misterio de todo un Dios que viene a nacer entre nosotros para estar al alcance de todas las personas, como decía San Pablo en la segunda lectura. Pero esta tarea exige una fuerte experiencia interior de Dios, que nos fortalece con su gracia para llevarla a cabo.

4.- Tenemos dos tareas muy urgentes y necesarias: tomar conciencia de que somos templos de Dios, preparar nuestro corazón, nuestro interior para su nacimiento, ser señal de su presencia también de manera comunitaria; y en segundo lugar, que esa Buena Noticia llegue a todos los hogares, que sea Navidad verdaderamente para todas las personas. Por eso hoy Caritas nos pide nuestra ayuda y nuestra colaboración a través de la colecta, del momento del compartir. Dios nació pobre, vivió entre los pobres y se quedó para siempre en los pobres. En ellos nace Dios y podemos verle cada día.

5.- Preparémonos para la Navidad viviendo intensamente la Eucaristía. Esta iglesia es un signo de la presencia de Dios, porque Dios se hace presente en el pan y en el vino, y en la comunidad reunida. Pero también nosotros le seguimos haciendo presente allá donde vamos si verdaderamente nos hemos encontrado interiormente con Él aquí, si la comunión nos ayuda a darnos a los demás, a entregarnos por amor, por el mismo amor por el que Jesús dio su vida por nosotros. Que sea Navidad en nosotros para que pueda ser navidad para todos.

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LA VIRGEN NUNCA PRONUNCIO UN “PERO”

Lo sabemos por experiencia: tenemos muchos proyectos entre manos y, muchas veces, no encontramos personas dispuestas o medios para llevarlos a cabo. Nunca como hoy existen tantas posibilidades para realizarnos las personas como tales y, por el contrario, sentimos que nos asusta todo aquello que sea definitivo: el compromiso para siempre.

1.- Dios, allá por donde pasa, no deja indiferente a nadie. Así lo siente María cuando, por la ventana de su vida, aparece el Señor: “El Señor está contigo”. A partir de ese momento, la humilde Nazarena, estará rendida y volcada de lleno a los planes de Dios. ¿Qué pensaría en sus entresijos? ¿Por qué a mí? ¿No podías haber pasado de largo, oh Dios, de esta humilde morada?

¡No! Nunca, con tan pocas palabras “hágase en mí según tu palabra” unos labios expresaron la belleza del amor que Dios puso en el interior de nuestra Madre.

2.- Dios, allá por donde pasa, se hace el encontradizo. ¿Cómo hallaría a María? ¿Colmada de fe o en un mar de dudas? ¿Preocupada por lo superficial o con las antenas de su vida orientadas hacia el cielo? ¿Cómo nos tropieza Dios a nosotros en estas vísperas de la Santa Navidad? ¿Estresados por el disfrutar o ansiando el celebrar cristianamente el Misterio de su Encarnación? ¿Ya hemos dejado algún tragaluz abierto para que, el ángel del Señor, se cuele por él? ¿No le habremos tapiado a cal y canto, con clavos y martillo, hasta el último balcón de nuestro corazón?

Ojala que, al Señor, y cuando estamos a punto de finalizar este tiempo de Adviento no le respondamos con demasiadas palabras. Que como María, que supo hacer del silencio y de la confianza su mejor respuesta, seamos capaces de ofrecer al Señor nuestro más vivo deseo de colaborar con Él en su proyecto de la salvación de la humanidad.

3.- Dios, allá por donde pasa, quiere nítidas respuestas. “SI” dijo María y, a una con Ella, nosotros nos comprometamos junto con Ella a tener una fe viva y activa, operativa y profética.

¿Os imagináis que el “Sí” de María al Señor hubiera sido un “sí” con “peros”…?

-Pero si me das razón de tu existencia

-Pero si me dices cómo será lo qué me propones

-Pero si me aclaras cómo me va a ir la vida

-Pero si me comunicas por cuánto y para cuánto tiempo me necesitas

-Pero si me dices por qué me has elegido a mí

-Pero si me dices qué voy a sacar con esto

-Pero si me dices cómo voy a solucionar una vida que yo ya tenía marcada

Viene el Señor y, ahora, no podemos menos que valorar la figura de María. Sin Ella, sin la esperanza que brotaba como una cascada desde su espíritu, todo hubiera sido distinto.

4.- La mujer que tenía alma grande, corazón gigante, fe sin fisuras y alegría desbordante….quiso ponerlo todo al servicio de aquella primera Navidad….de ese acontecimiento que, dentro de muy pocos días, vamos a celebrar.

Quitemos los “peros” y, al Señor, digamos: ¡AQUÍ ESTOY! … ¡TE ESPERO!