Moniciones y Homilía Misa del Gallo B

Misa del Gallo / B

MONICIÓN DE ENTRADA

Sed bienvenidos, en esta noche, donde el cielo parece estrechar su mano con todos los hombres y mujeres de la tierra: ¡DIOS HA NACIDO! ¡DIOS SE HA HECHO NIÑO! Recibamos, en esta noche, la imagen del Niño Jesús –que en medio de la oscuridad y del temor- es para nosotros luz, alegría y motivo para la esperanza. En esta noche, Santa María, nos trae el secreto escondido durante nueve meses en sus entrañas: ¡DIOS CON NOSOTROS! Recibamos a Jesús esta noche que llega a nosotros en silencio y adoración… (nos ponemos en pie)

MONICION A LAS LECTURAS

Vamos a escuchar tres lecturas que nos hacen gustar, hoy más que nunca, la presencia de Dios en nuestra vida: un Jesús que, revestido de luz, salvación y alegría, se convierte en respuesta y en motivación para entregarnos y responder positivamente a la invitación del Señor. Escuchemos atentamente.

PETICIONES

1 - Por la iglesia. Por el Papa y nuestros obispos. Para que no se echen atrás y sigan en su empeño de presentar al mundo a un Jesús que es amor y generosidad. Roguemos al Señor. 2 - Por los que gobiernan los destinos de los pueblos. Para que aprendan la gran lección de la Navidad: la grandeza está en servir y no en servirse de los demás. Roguemos al Señor. 3. - Por todos los que tenemos la suerte y el don de conocer a Jesús. Para que esta Misa del Gallo contribuya en acrecentar nuestro espíritu de fe, de alegría, de paz, de esperanza y de confianza en Dios. Roguemos al Señor. 4. - Por los pobres. Por los que no tienen techo ni hogar. Por aquellos que no pueden sentir la Navidad como nosotros. Por aquellos que han perdido recientemente a sus seres queridos. Roguemos al Señor. 5. - Finalmente, no puede faltar, una oración por nuestras familias. Para que trabajemos cada día más por ellas; para que no pierdan el sabor cristiano de la Santa Navidad. Roguemos al Señor.

Homilía Misa del Gallo /B

1.- Ante Dios hecho uno de nosotros, nadie puede quedar indiferente. Todo el mundo tiene que definirse. De esto tenemos símbolos en los evangelios de estos días. Los pastores abandonan su trabajo y van a Belén. La estrella se pone en camino y arrastra a los Magos de Oriente. Los posaderos cierran sus puertas a la Madre y el Niño. Herodes se inquieta y teme por su trono, todos se definen. Dios hecho hombre, hermanándonos por ser hermano común nuestro es el Misterio Central de nuestra Fe. O lo creemos o no. Si no lo creemos cerremos las puertas y ventanas como tantos vecinos de Belén. Pero si lo aceptamos no tenemos más remedio que tomar una postura congruente con nuestra Fe. 2.- Navidad para los que no creen puede ser motivo de borrachera y gamberrismo, para nosotros no. Navidad es Dios hecho carne de nuestra carne, como un hermano de sangre. Un hermano tan hermano de cada uno de nosotros, que se toma la libertad de sentarse en la butaca junto a la mía y decirme que es hermano mío, y que tiene otros hermanos que lo son también míos. Nos habla de su Padre que lo es también mío, de sus y de mis hermanos. Poco más nos dice, es machacón hasta hacerse molesto. 3.- Este Niño Dios, es un niño bueno, no coge lloreras ni rabietas porque no le entendemos o no queremos escucharle a la primera, sabe esperar y se duerme en nuestros brazos porque confía en cada uno de nosotros, confía que al fin va a triunfar su bondad y nuestra bondad, su generosidad y la nuestra. Ignacio de Loyola, machacón como buen vasco, tiene el mal gusto de poner en la meditación del Nacimiento estas frases: “mirar cómo caminan para que el Señor sea nacido en suma pobreza y al cabo de tantos trabajos para morir en cruz, y todo esto por mí. 4.- Este nacimiento de Dios es algo personal mío, no tenemos derecho a descafeinarlo diluyéndolo como algo que es de todos, es de cada uno y el Niño Dios espera y espera el vasco machacón, que eso “por mi” ponga todo el amor de que soy capaz al desnudo, y que ese amor se convierta en verdadera fraternidad entre el Señor y nosotros y entre nosotros y nosotros. Un amor que vence todo recelo, rencor, intereses creados, todo aquello que impide que seamos un pueblo de hermanos, como la Iglesia de Jesús soñó tal vez desde el pesebre de Belén. En el portal de Belén hay ya tanto pastor y tanto rey que no sé si cabremos, pero apretándonos todos vamos a entrar a pedir al Niño Dios, que si no sabemos ser hermanos de esos hombres que nos apretujan al menos nos haga hermanos del buey y la mula, que a su modo saben convivir y servir a un mismo Señor.

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Silenciosamente y suavemente. Sin tarjetas de presentación y sin más pretensión que, el ser como nosotros, nos has visitado, Señor. ¿Por qué siendo tan grande te haces tan pequeño? ¿Por qué abandonas el amplio cielo y te empeñas en avanzar por la encrucijada de nuestras plazas y calles del mundo? ¡Has llegado, Señor, y eso es lo importante! ¡Te adoramos! ¡Te bendecimos! Con lágrimas en los ojos y, con el corazón en la mano, te decimos que nunca la tierra ha estado tan cerca del cielo como en estos momentos. ¿Nos sientes a nosotros cerca de Ti, Señor? ¿No seguirás sufriendo la soledad como en aquella primera Santa Noche de hace más de dos mil años? 1.- Noche Santa y Misteriosa. Dios ha descendido de los cielos. Se reviste de nuestra frágil humanidad. Hoy, en estas horas de oscuridad, es el Amor de Dios quien habla e ilumina nuestros más profundos sentimientos. ¡Nos dice tanto el Señor en el pesebre! ¡Nunca tan gigantesco mensaje estuvo escondido en un ser tan pequeño! Nos habla su Amor. A partir de ahora, el Padre, estará junto a nosotros. Hoy, al mismo Dios, lo besamos, lo contemplamos y lo arrullamos en nuestros brazos. ¡Bendito sea este Misterio que, sin comprenderlo, nos seduce y nos hace sentirnos más buenos, más hermanos! Aquí está el secreto de la Navidad. En Navidad no existe el espíritu navideño, en estos días nace, brota, se ve y comienza a caminar por la tierra el amor de Dios, el mismo Dios con nosotros. 2.- Hoy, más que nunca, sentimos que la noche se rompe por este acontecimiento que ha cambiado el rumbo de una gran parte de la humanidad: ¡Dios nos ha visitado! -Como los pastores contemplamos arrodillados su salto gigantesco desde el cielo hasta nuestra tierra. -Como la gruta del pesebre, nos sentimos incapaces y hasta indignos de contener este gran Sacramento, este Prodigio de salvación y de vida, de gracia y de paz, de ternura y de humildad. ¡Nunca, Dios, arriesgó tanto! -Como los ángeles, pregonamos en los valles de nuestras familias y de nuestros amigos que, la Navidad, o es cristiana o no es Navidad. Que, la Navidad, es el tobogán por el que se desliza Dios al encuentro de cada uno de nosotros. ¿Por qué algunos tan empeñados en convertir la Navidad en simple vanidad por y de las cosas? -Como José y María, en estos instantes, nos apoyamos en el cayado de la fe. En la confianza de que, Dios, ha venido para quedarse junto a nosotros. Sólo es cuestión de abrirle el corazón. Hoy, en el pesebre, hay lugar para todos, para ti y para mí…para todo aquel que, sintiéndose tocado por el Misterio de la 3.- Navidad, se asombra ante la estrella, expresa su alegría con los villancicos, hace efectiva su fraternidad por la caridad con los demás o se arrodilla ante un Niño que nos trae una gran noticia: ¡DIOS ES AMOR! ¡Has llegado, Señor! ¡Bienvenido a este pobre pesebre que es el mundo!