Carta de Jesús desde el pesebre de Belén

 

Hola amigo/a, aquí estamos de nuevo tú y Yo, frente a frente, para charlar un poco, aunque sea con estas palabras escritas. Los escritos sinceros reflejan los sentimientos que a veces no se pueden expresar de viva voz. Y, ¿a quién no le gusta recibir una carta dirigida precisamente a su nombre, a su dirección, a su persona? Considera que esta carta es realmente para ti. Y en ella quiero abrirte mi corazón, como tantas veces, para hacerte partícipe de mis pensamientos, de mis deseos, de mis ilusiones, de mis sueños...

 

 

Mi MADRE es una mujer soñadora, porque siempre está pensando en el amor a Dios y en los hombres, hijos también de Ella, que quiere traerlos de la mano a Nuestro encuentro. ¡No sabes lo que Yo amo a mi Madre María! ¡Y lo que mi Madre María me ama a Mí, y a ti, y a todos los hombres, buenos y malos! Por eso sueña con veros cerca de Dios, para que no os perdáis la espléndida felicidad que proporciona la vida sobrenatural. Es una maravilla.

 

Pero Yo también sueño, ¡cómo no! En estos días de Navidad sueño ilusionado con la oportunidad que muchos me darán de celebrar Mi Nacimiento. Sí, sé que me dejarán entrar en numerosos hogares, aunque sea en forma de figura sencilla hecha de escayola o de barro, o de cualquier material, no importa. Pero al menos en imagen me tendrán presente, y seré como el “juguete” de la casa, de los niños sobre todo, y de todos aquellos que con buena fe quieren actualizar aquellos días inolvidables de mi entrada en la tierra como hombre, aunque niño pequeño. Es verdad que el lugar donde nací no era muy cómodo, pero me encontraba a gusto en los brazos de Mi Madre María, con José sonriéndome para hacerme el regalo de la alegría. La verdad es que no necesitaba más. Yo lo tenía todo en el Cielo. No viene a la tierra buscando lujos, sino a buscar la pobreza y la sencillez para salvar al hombre del materialismo, de la opulencia, del egoísmo, de la ambición, del afán de tener y dominar... Eso es lo que arruina al ser humano y destroza su dignidad. Y este peligro está siempre presente, por eso la Obra de la Salvación debe ser continua, pues continua es también la obra de la perdición.

 

Yo sueño que la Navidad sea hoy, en este año, lo mismo que fue hace dos mil años: un encuentro mío con todos vosotros, contigo, en la sencillez de mi nacimiento en el corazón de cada uno. sí, quiero que montes el belén interior, porque Yo lo que quiero es nacer en el corazón de verdad. No quiero quedarme convertido para siempre en una figura que arranca sonrisas dulzonas durante unos días y después se arrinconan. Yo no soy una figurita de belén, soy una realidad viva, presente en tu vida, cerca, muy cerca de ti, pero que quiero estar dentro de ti. Ya sabes que Yo estoy en la Eucaristía. Pero, ¡¡de verdad!! La Eucaristía no es un simple recuerdo, no es un símbolo. Soy Yo, es mi cuerpo, mi alma, mi divinidad, bajo el signo visible de un trocito sencillo de pan. En Belén era un Niño, en el Eucaristía soy pan. ¿Para qué? Precisamente para eso, para que me puedas comer y Yo pueda nacer dentro de ti.

 

Que tu alma sea un portal. Sólo quiero el adorno de la Gracia. Todos lo demás sobra. Es lo único que preciso para poder entrar. El Amor y la Gracia son las dos condiciones necesarias en ti para poder Yo estar contigo. Todo el resto de cosas que llenan la Navidad es accidental. Bien están los adornos, y los cantos, y las reuniones familiares, y la alegría, y los regalos, si de verdad son expresión del gozo de estar juntos tu y yo, y todos los demás. Este es mi sueño. No quiero otra cosa. ¿Te parece poco? Y no cuesta dinero, no se vende en ninguna tienda. Es un regalo mío para ti y para todos. Déjate acoger por mi misericordia divina, y recibe estos días el perdón de tus pecados. Que la gracia llene tu alma, y veras como de verdad será navidad, una navidad alegre, bonita, auténtica, maravillosa... porque yo estaré allí, y también mi madre, y San Jose, y los ángeles, y toda la gente de buena voluntad.

 

Mi Padre Dios, y vuestro Padre así lo quiere. Este es nuestro plan. ¡Por favor, amigo, no consientas que nos estropeen la Navidad, que nos echen a perder nuestro encuentro de PAZ! Si tú haces lo posible para amar lleno Gracia, Yo podré estar con vosotros, y entonces cantaremos juntos noche de paz, noche de amor y de gozo.

 

Hasta pronto, yo estaré siempre esperándote aquí y dentro de ti...

 

Te quiero...

 

Jesús