Domingo 3º TO B (Niños)

DOMINGO 3º del Tiempo Ordinario  -B-

 

Monición de entrada

Seguir a Jesús produce una alegría inmensa. Además es fuente y reposo para cuando nos sentimos cansados. Cuando la gente anda persiguiendo a una persona a quien ama, en el momento de encontrarla siente un gran gozo. Eso es lo que nos debiera de suceder a cada uno, cada vez que celebramos la Eucaristía.

 

Pedimos perdón

En un momento de silencio aceptamos la invitación del Señor a convertir nuestros corazones pedimos perdón porque no siempre somos constructores de unidad y de paz.

 

  1. Tú, Jesús, que nos invitas a cambiar. Señor, ten piedad.
  2. Tú, Jesús, que eres vida y esperanza nuestra. Cristo, ten piedad.
  3. Tú, Jesús, Buena Noticia para la humanidad entera. Señor, ten piedad.

 

Dios, nuestro Padre, tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

 

Oración colecta

Dios y Padre nuestro, que nos das la vida y nos encomiendas la tarea de cuidarla; ayúdanos a cambiar nuestros corazones y que aprendamos a vivir de una manera más humana y más evangélica. Por NSJC...

 

Oración de los fieles

En esta semana de oración por la unidad de las Iglesias, nos unimos con los cristianos de todo el mundo, presentándole a Dios nuestras necesidades.

 1.- por cuantos creemos en el mismo Jesús y sin embargo vivimos separados: católicos, protestantes, ortodoxos; para que nos demos cuenta de que es más lo que nos une que lo que nos separa, y pronto podamos formar la única Iglesia de Jesús. Roguemos al Señor.

 2.- por los que participan en las reuniones ecuménicas y en las actividades a favor de la unidad de los cristianos; para que el Espíritu del Señor les ayude en sus decisiones. Roguemos al Señor.

 3.- Si miramos a nuestro alrededor nos damos cuenta que también dentro de nuestras comunidades parroquiales, de nuestras diócesis, de nuestras familias, falta la verdadera unidad; para que compartamos una misma fe. Roguemos al Señor.

 4.- Para que todos los pueblos de la tierra superemos los conflictos que nos enfrentan y encontremos la armonía y la paz. Roguemos al Señor.

 5.- Para que las divisiones que tanto nos enfrentan, en nuestra sociedad, no sean obstáculo para mantenernos unidos en la fe y en la esperanza. Roguemos al Señor.

 

Evangelio dialogado (niños)

Narrador: Cuando Jesús tenía alrededor de treinta años, dejó su familia y su ciudad de Nazaret. Y comenzó a predicar el Evangelio. Decía a la gente:

Jesús: Convertíos y cambiad vuestra manera de vivir, porque el Reino de Dios está cerca.

Narrador: Uno de los días, mientras paseaba junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos: a Simón, que más tarde se llamaría Pedro, ya su hermano Andrés. Los dos eran pescadores. Jesús les dijo:

Jesús: Venid conmigo seguidme, os haré pescadores de hombres.

Narrador: Ellos dejaron inmediatamente las redes y le siguieron. Más adelante vio a otros dos hermanos: Santiago y Juan. Estaban en la barca con su padre arreglando las redes. Jesús también les llamó. Y ellos, dejando la barca y a su padre, le siguieron. Y así Jesús iba enseñando y proclamando el Evangelio del Reino, curando las enfermedades.

 

                                                                  Palabra del Señor

 

Signos para la Homilía

 

Presentación de una soga – cíngulo

Señor, yo te traigo esta cuerda como símbolo de nuestra dependencia del consumismo y de los valores fáciles que nos quiere imponer nuestra sociedad.

Te la ofrezco y la corto en tu presencia, aceptando el compromiso de liberarnos de tantas ataduras que nos impiden seguirte en libertad.

 

Presentación de una lamparilla

 

Porque hemos aceptado el compromiso de vivir en libertad, te presentamos esta lamparilla, que encendemos en tu presencia, como signo de nuestro nuevo compromiso: ser luz para todos cuantos vivan con nosotros...

 

Presentación de un botiquín de urgencia

 

Sólo seremos luz, si nuestras palabras van acompañadas por gestos de servicio y de atención a los necesitados.

 

Homilía 3 Domingo del TO   -B-

 

No nos gusta hablar de conversión. Casi instintivamente, pensamos en algo triste, penoso, muy unido a la penitencia, la mortificación y el ascetismo. Un esfuerzo casi imposible para el que no nos sentimos ya con humor ni con fuerzas.

Pero, si nos detenemos ante el mensaje de Jesús, escuchamos, antes que nada, una llamada alentadora para cambiar nuestro corazón y aprender a vivir de una manera más humana, porque Dios está cerca y quiere poner nueva vida en nuestra vida.

La conversión de la que habla Jesús no es algo forzado. Es un cambio que va creciendo en nosotros en la medida en que vamos cayendo en la cuenta de que Dios es alguien que quiere hacer nuestra vida más humana y feliz.

Porque, convertirse no es, antes que nada, intentar hacer desde ahora todo «mejor», sino sabernos encontrar con ese Dios que nos quiere mejores y más humanos. No se trata sólo de «hacerse buena persona”, sino de volver a aquél que es bueno con nosotros.

Por eso, la conversión no es algo triste sino el descubrimiento de la verdadera alegría. No es dejar de vivir sino sentirse más vivo que nunca. Descubrir hacia dónde debemos vivir. Comenzar a intuir todo lo que significa vivir.

Convertirse es algo gozoso. Es limpiar nuestra mente de egoísmos e intereses que empequeñecen nuestro vivir cotidiano. Liberar el corazón de angustias y complicaciones creadas por nuestro afán de dominio y posesión. Liberarnos de objetos que no necesitamos y vivir para las personas que nos necesitan.

Uno comienza a convertirse, cuando descubre que lo importante no es preguntarse: «¿cómo puedo ganar más dinero?», sino «¿cómo puedo ser más humano?». No «¿cómo puedo llegar a conseguir algo?» sino «¿cómo puedo llegar a ser yo mismo?».

Cuando uno se va convirtiendo a ese Dios del que nos habla Jesús, sabe que no ha de temerse a sí mismo ni tener miedo de sus zonas más oscuras. Hay un Dios a quien nos podemos acercar tal como somos.

Si, al pasar los años, no nos hemos encontrado nunca con este Dios, podremos llegar a ser algo importante, pero habremos equivocado el sentido de nuestra vida.

Cuando hoy escuchemos la llamada de Jesús: «Convertíos  porque está cerca el Reino de Dios», pensemos que nunca es tarde para convertirse, porque nunca es tarde para amar, nunca es tarde para ser más feliz, nunca es demasiado tarde para dejarse perdonar y renovar por Dios.

 

(B)

 

De ordinario, casi siempre que se habla de la vocación o de la llamada de Dios, se considera que es un asunto de jóvenes que todavía apenas han estrenado la vida.

Y, ciertamente, para un creyente es muy importante la escucha de Dios en esa decisión o dirección inicial que uno da a su existencia, al elegir un determinado proyecto de vida.

Pero Dios no se queda mudo al pasar los años, y su llamada, discreta pero persistente, nos puede interpelar cuando hemos caminado ya un buen trecho de vida. Esta «segunda llamada" puede ser, en ocasiones, tan importante o más que la primera.

Es normal, en plena juventud, seguir la propia vocación con temor pero también con ilusión y generosidad. La pareja que se casa, el sacerdote que sube al altar, la religiosa que se compromete ante Dios, saben que inician “una aventura”, pero lo hacen con entusiasmo y fe.

Luego, los roces de la vida y nuestra propia mediocridad nos van

desgastando. Aquel ideal que veíamos con tanta claridad parece oscurecerse. Se puede apoderar de nosotros el cansancio y la insensibilidad.

Tal vez seguimos caminando, pero la vida se hace cada vez más dura y pesada. Ya sólo nos agarramos a nuestro pequeño bienestar. Seguimos “tirando", pero, en el fondo, sabemos que algo ha muerto en nosotros. La vocación primera parece apagarse.

Es precisamente en ese momento cuando hemos de escuchar esa «segunda llamada" que puede devolver el sentido y el gozo a nuestra vida. Dios comienza siempre de nuevo. Es posible reaccionar.

La escucha de la «segunda llamada" es ahora más humilde y realista. Conocemos nuestras posibilidades y nuestras limitaciones. No nos podemos engañar. Tenemos que aceptarnos tal como somos.

Es una llamada que nos obliga a desasirnos de nosotros mismos para confiar más en Dios. Conocemos ya el desaliento, el miedo, la tentación de la huida. No podemos contar sólo con nuestras fuerzas. Puede ser el momento de iniciar una vida más enraizada en Dios.

Esta «segunda llamada" nos invita, por otra parte, a no echar a perder por más tiempo nuestra vida. Es el momento de acertar en lo esencial y responder a lo que pueda dar verdadero sentido a nuestro vivir diario.

La «segunda llamada" exige conversión y renovación. Dice L. Boros que «sólo el pecador es viejo, pues conoce el hastío de la vida, y el hastío es una señal de vejez".

Dios sigue en silencio nuestro caminar, pero nos está llamando. Su voz la podemos escuchar en cualquier fase de nuestra vida, como aquellos discípulos de Galilea que, siendo ya adultos, siguieron la llamada de Jesús.

 

Cuento

 

Hay una historia que nos puede ayudar a pensar quiénes fueron y quiénes son realmente importantes para Jesús:

 

"En una puesta de sol, un amigo nuestro iba caminando por una desierta playa mexicana. Mientras andaba empezó a ver que, en la distancia, otro hombre se acercaba. A medida que avanzaba, advirtió que era un nativo y que iba inclinándose para recoger algo que luego arrojaba al agua. Una y otra vez arrojaba con fuerza esas cosas al océano.

Al aproximarse más, nuestro amigo observó que el hombre estaba recogiendo estrellas de mar que la marea había dejado en la playa y que, una por una, volvía a arrojar al agua.

Intrigado, el paseante se aproximó al hombre para saludarlo:

-Buenas tardes, amigo. Venía preguntándome qué es lo que hace.

-Estoy devolviendo estrellas de mar al océano. Ahora la marea está baja y ha dejado sobre la playa todas estas estrellas de mar. Si yo no las devuelvo al mar, se morirán por falta de oxígeno.

-Ya entiendo -replicó mi amigo-, pero sobre esta playa debe de haber miles de estrellas de mar. Son demasiadas, simplemente. Y lo más probable es que esto esté sucediendo en centenares de playas a lo largo de esta costa. ¿No se da cuenta de que es imposible que lo que usted puede hacer sea de verdad importante?

El nativo sonrió, se inclinó a recoger otra estrella de mar y, mientras volvía a arrojarla al mar, contestó:

-¡Para ésta sí que es importante!

 

Comentario:

* ¿Se parece Jesús a este hombre que recogía estrellas de mar? ¿En qué?

* Según eso, ¿cómo se comporta Jesús con nosotros? ¿Quiénes son importantes para Él?

* ¿Le mereces tú la pena?

 

Oración sobre las ofrendas

 

Recibe con cariño este pan y vino y bendícelos a ellos y a nosotros, para que alimenten nuestros corazones y nos abran los oídos para escuchar tu Palabra. Por JNS...

Plegaria Eucarística

Te damos gracias,

Padre bueno y bondadoso,

porque tanto amaste a los hombres

que nos diste a tu único Hijo Jesús,

para que fuera nuestro Señor y nuestro hermano.

El manifestó su amor a todos los hombres,

especialmente a los pobres y a los enfermos,

a los marginados y a los pecadores.

Nunca permaneció indiferente

ante el sufrimiento humano.

Su vida y su palabra son para nosotros

la prueba de su amor.

Por todo ello, Señor,

te damos gracias y te alabamos diciendo:

Santo, Santo, Santo...

Jesús nos ha dado ejemplo,

para que nosotros le imitemos.

Nos dio ejemplo de amor y de perdón,

de fraternidad y de solidaridad,

de comprensión y de paz.

 

QUE TU HIJO JESUS/ SEA PARA NOSOTROS/ UN EJEMPLO A SEGUIR/ UN MODELO A IMITAR.

 

Nos reunimos, Padre Santo,

en tu nombre, para recordar y celebrar

la Muerte y Resurrección de Jesús,

la Cena Pascual de su amor.

Así se reunió Él

con sus íntimos amigos, los apóstoles,

la víspera de su Pasión,

cuando tomó pan, lo bendijo...

....

Padre de Misericordia:

derrama sobre nosotros

el Espíritu de tu Hijo Jesucristo,

que nos da en este sacrificio su Cuerpo y su Sangre

y nos abre el camino hacia Ti.

 

¡GRACIAS, PADRE,

PORQUE TU AMOR NOS ACOMPAÑA SIEMPRE!

 

Que todos los que creemos en Tí,

Señor, seamos fieles al Evangelio de Jesús

y nos preocupemos de compartir

las angustias y tristezas de los hombres,

sus alegrías y esperanzas.

 

JESUS NOS HA DADO EJEMPLO,

PARA QUE NOSOTROS LE IMITEMOS.

 

Ten misericordia, Señor,

de todos los que han muerto.

Te pedimos por nuestros familiares difuntos

y por todos los difuntos de la parroquia,

especialmente te pedimos hoy por...

 

Ten también misericordia

de nosotros, tus hijos, que somos pecadores

y haz que un día, al fin de los tiempos,

nos reunamos contigo,

para participar de la Gloria que nos has prometido.

 

POR CRISTO, CON ÉL Y EN ÉL...

 

Oración de Acción de gracias

Padre, a veces nos entretienen cosas sin importancia. En ocasiones estas cosas se convierten en pequeños ídolos que nos influyen más que Tú. Acoge nuestra conversión que se renueva con tus continuas llamadas. Y te damos gracias porque nunca dejas de pensar en nosotros. Por NSJ...

 

(B)

 

Al darte gracias, Señor, por esta Eucaristía y por todos los bienes que de ti recibimos; te pedimos nos ayudes a vivir con ánimo, con valentía y con esperanza, ya que hacia ti queremos caminar. Por JNS.

 

(C)

 

Padre nuestro del cielo, hoy nuestra plegaria se centra en el deseo de Cristo al pedirte ardientemente la unidad total de cuantos por el ancho mundo creemos en ti.

Solamente tú puedes lograr lo que parece imposible: que los hermanos separados nos unamos en una sola Iglesia, formando un solo rebaño bajo la guía de un solo pastor.

Todos hemos sido bautizados en un mismo Espíritu para constituir un solo cuerpo, el cuerpo eclesial de Cristo.

Ayúdanos a mantener la unidad de la fe con el vínculo de la paz, porque una sola es la meta de la esperanza de la vocación a la que tú nos llamas en Jesucristo nuestro Señor.

 

                                                                                      Amén.