Homilía íntegra del obispo en la misa de bendición

INAUGURACIÓN DEL COMPLEJO PARROQUIAL
Y REHABILITACIÓN DEL TEMPLO PARROQUIAL
(Parroquia NªSª del Carmen - Fuengirola, 31 enero 2015)

 

Lecturas:Heb 11, 1-2. 8-19; Sal (Lc 1, 69-75); Mc 4, 35-41.

1. La carta a los Hebreos, que nos ofrece la liturgia de hoy, define la fe como «fundamento de lo que se espera y garantía de lo que no se ve» (Heb 11, 1). La fe es un don de Dios; y una respuesta por parte del hombre al don divino. En el plano subjetivo la fe puede ser débil y frágil, como tantas actitudes y comportamientos del ser humano. Las relaciones humanas son fácilmente quebradizas, como lo demuestra la experiencia y las permanentes noticias en todos los niveles: matrimonios rotos, familias fragmentadas, amistades tronchadas, hostilidades entre grupos, naciones y etnias. La confianza en las personas puede perderse fácilmente incluso por motivos insignificantes.

Pero la fe en Dios es un don divino, que garantiza la confianza, sostiene la esperanza y reafirma el amor. La fe como virtud teologal fundamenta lo que se espera en la otra vida y garantiza aquí lo que no puede ser verificado por los sentidos y trasciende la vida terrena.La fe es garantía de las verdades eternas y su fundamento en esta vida. La fe, como ha dicho el papa Benedicto XVI, es “razonable”, es racional; no es ilógica. Jesucristo es llamado en el Evangelio de san Juan “Verbo”, es decir, “Palabra”; en griego se le llama “Logos”, que significa “la razón”, la lógica por excelencia. La fe en Dios en razonable y no es invento de nadie.

2. La carta a los Hebreos nos ha dicho que «por la fe obedeció Abrahán a la llamada y salió hacia la tierra que iba a recibir en heredad. Salió sin saber adonde iba» (Heb 11, 8). Abrahán se fio de Dios. La fe necesita una buena dosis de confianza, de fiarse del otro, como el amor; para que dos personas se amen y mantengan bien su relación necesitan fiarse el uno del otro. Cuando empieza a tambalearse la confianza, comienza a tambalearse el amor. Lo mismo ocurre con nuestra relación con Dios.

Esta comunidad cristiana de la parroquia de NªSª del Carmen en Fuengirola vive también de la fe teologal, que Dios generosamente le concede. Gracias al don de la fe os fiais de Dios y celebráis los misterios de la vida del Señor Jesús, fundamentalmente el misterio pascual de su muerte y resurrección. Gracias a la fe anunciáis el Evangelio de Jesucristo para que sea escuchado y creído, educáis a las nuevas generaciones en la religión católica, dais testimonio del amor de Dios ante vuestros paisanos y coetáneos, obedecéis los mandamientos divinos, compartís vuestros bienes con los más necesitados. Este el programa de vida de una comunidad cristiana.

3. La figura de Abrahán nos anima a salir de nosotros mismos, para emprender el camino que Dios nos indica. Para poder llegar a la tierra prometida es necesario salir de la tierra donde me encuentro. Si Abrahán no hubiera salido de su casa, no hubiera llegado a la tierra prometida; para poder alcanzar la meta es necesario salir del punto de partida. Estamos llamados a salir de nosotros mismos, de nuestro egoísmo, que nos encierra y no impide crecer. El amor necesita abrirse al otro y a Dios.

El papa Francisco nos insiste mucho en salir a las “periferias existenciales”. Esta invitación está ya presente en el Evangelio: hay que salir al encuentro del prójimo necesitado, como dice la parábola del Buen Samaritano (cf. Lc 9, 29-37). El amor a Dios y al prójimo resumen todos los mandamientos (cf. Mt 22, 39).

4. El espíritu de peregrinación implica dejar la propia tierra y la parentela, pa¬ra ir más allá de lo inmedia¬to, más allá de lo que uno conoce o posee, más allá de lo inmanente para alcanzar la trascendencia. «Para ir adonde no sabemos, hay que ir por donde no sabemos”, escribía San Juan de la Cruz. La patria de cada cual es solo un punto de partida. Somos extranjeros de la propia patria y anhelamos y buscamos la tierra prometida, como Abrahán (cf. Heb 11, 9).
Querida comunidad de NªSª del Carmen, seguid caminando hacia la patria del cielo; no os detengáis en el camino; caminad siempre hacia Dios. Un autor clásico nos cuenta que un peregrino sale de su casa en dirección a su destino. En el camino encuentra un paisaje muy hermoso y se detiene a contemplarlo; y le gusta tanto que se olvida que está en camino. El autor nos invita a que no nos sentemos a mitad camino, contemplando los paisajes hermosos, pero olvidando la meta de nuestro viaje. A veces nos encontramos tan bien donde estamos, que nos olvidamos de adonde vamos.

5. La carta a los Hebreos dice que Abrahán, en su peregrinar, «esperaba la ciudad de sólidos cimientos cuyo arquitecto y constructor iba a ser Dios» (Heb 11, 10). Quien construye es Dios; quien me dio la vida es Dios, quien dirige mi vida es Dios; quien me mantiene la vida es Dios.
El creador de todas las cosas construye también la ciudad para sus fieles. Dios es el buen arquitecto y constructor, que hace las cosas para nuestro bien.

La parroquia ha restaurado su templo y construido unos salones, para realizar las diversas actividades pastorales.Deseo agradecer la colaboración de todas aquellas personas que han aportado su tiempo, trabajo, ilusión, creatividad, recursos económicos; hay que seguir aportando.
La estructura material sirve para que la comunidad espiritual crezca. Hay que seguir trabajando por el Reino, hay que seguir educando a los niños en la fe, hay que seguir celebrando los sacramentos y anunciando el Evangelio. Ahora la comunidad parroquial tiene mejor infraestructura; pero tiene también mayor compromiso de trabajo. También esta obra construida tenemos que pagarla entre todos. La comunidad cristiana necesita un lugar de encuentro, un templo sagrado para celebrar los sacramentos, unos locales para desarrollar las distintas actividades. Por todo ello damos gracias a Dios, que nos ha permitido construirlo.

6. La estructura material ha sido realizada; pero ahora hay que edificar sobre el fundamento, que es Cristo (1 Co 3, 11). Nadie debe construir fuera de este fundamento. Los que anuncian el Evangelio han de hacerlo en fidelidad a la Palabra, Cristo; quienes educan en la fe a las nuevas generaciones deben explicarles la verdad de la revelación y la doctrina de la Iglesia de manera clara, sin mezclas de ideologías; los que ejercen las diversas misiones eclesiales deben hacerlo con gran fidelidad a los pastores de la Iglesia.

Unos locales hermosos deben ser usados por una comunidad espiritualmente madura, recia en la fe, comprometida y evangelizadora. Lo más importante es construir una comunidad de amor, de esperanza y de fe, que adora a Dios, lo alaba con salmos, himnos y cánticos inspirados (cf. Ef 5, 19), celebra el misterio pascual en la divina liturgia, anuncia la Buena nueva a los no creyentes, comparte sus bienes con los más necesitados y vive con alegría según los mandamientos de Dios. Vivir como cristianos es vivir alegres; el cristiano debe saber gozar de la vida y de las cosas buenas; debe hacerlo naturalmente con libertad y responsabilidad. De este modo al igual que Sara, la mujer de Abrahán (cf. Heb 11, 11-12), la comunidad cristiana será fecunda en nuevos hijos por el bautismo y fructífera en buenas obras.

7. A los cristianos nos tachan de “retrógrados” y “carcas”; pero somos los más “progres” de todo el mundo; y lo podéis decir bien alto. Todos los avances de la ciencia no contradicen la enseñanza bíblica ni la doctrina de la Iglesia; más bien le dan la razón.
Naturalmente hay que distinguir entre los escritos bíblicos, tomados al pie de letra,y lasverdadesreligiosas que la Biblia enseña, en vista de la salvación del hombre: la creación del hombre, la igualdad y la dignidad de las personas, la libertad, el respeto al otro, el amor, la conducta moral.

Algunas cosas, que se presenta hoy como “progres”, resulta que ocurrían ya hace miles de años. No es “progre” lo que va contra el ser humano, esté en el seno materno o haya salido de él, se encuentre en pletóricas fuerzas o magullado por la enfermedad. Lo que va contra el ser humano es “muy carca”, porque va contra la vida, contra Dios y contra el amor. Y todo lo que vaya a favor de Dios, que es Amor, de la verdadera libertad, de la vida y del ser humano, es “progre”.
Es probable que alguien, que no sea cristiano, no comparta lo que digo. Pero cuando llegue el día en que estemos en la presencia definitiva delante del Señor, ya se enterará de quién tenía razón.

8. El Evangelio de hoy nos presenta a Jesús, dormido en la barca de Pedro (cf. Mc 4, 38). Una gran tempestad parece que iba a hacer naufragar la barca (cf. Mc 4, 37) y los discípulos, asustados, despertaron a Jesús increpándole: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?» (Mc 4, 38).
Pero Jesús, que conocía bien sus corazones, quiso darles una lección de confianza y una demostración de su poder: «Se puso en pie, increpó al viento y dijo al mar: «¡Silencio, enmudece!». El viento cesó y vino una gran calma» (Mc 4, 39). Con cierta tristeza les dijo: «¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?» (Mc 4, 40). ¡Atención todos! Porque esa misma pregunta nos la puede hacer hoy Jesús. No demos motivo para que Jesús nos diga que no tenemos fe y que no confiamos en él. No le demos ocasión de que Jesús nos regañe diciéndonos: ¿Aún no te fías de mí? ¿A qué esperas? ¿Aún tengo que demostrarte más lo mucho que te amo? ¿No ha sido suficiente dar mi vida por ti? ¿Qué más quieres?

9. La barca de la Iglesia sigue hoy zarandeada por muchas tormentas: la de la ignorancia religiosa, la del ateísmo, la del odio a la fe, la del intento de manipular su doctrina, la del deseo de vaciar los signos religiosos y dejarlos como simples expresiones de cultura, la de arrinconar la dimensión religiosa al ámbito de lo privado, para que no influya en lavida pública. Vivir la fe y el amor a Dios y al prójimo toca todas las dimensiones del ser humano: persona, familia, trabajo, cultura, arte, economía, política. Porque todas esas realidades deben quedar iluminadas por la luz del Evangelio, que es infinitamente más potente que nuestra pobre inteligencia. Cuando contemplamos las cosas desde la luz del Evangelio cambian a mejor. Por tanto, aunque nos fuercen a ello, no arrinconemos la vida cristiana al ámbito de lo privado. La fe debe transformar todas las dimensiones de la persona y de la sociedad. El cristiano está llamado a transformar el mundo con sus estructuras, como lo ha dicho claramente el Concilio Vaticano II hace ya cincuenta años.

10. Hoy damos gracias a Dios por la obra realizada y le pedimos que nos siga ayudando para formar una comunidad cristiana comprometida y testigo valiente de la fe. El cristiano de hoy necesita la fuerza del Espíritu y la valentía del amor de Dios para dar testimonio de su fe.
Pedimos a Nuestra Señora del Carmen que nos acompañe en la travesía de nuestra vida temporal para llegar a buen puerto sin naufragar y para realizar una buena pesca de hombres para Dios. Amén.