Celebración de la ceniza

Celebración de la ceniza

Mi cara te suena… porque yo, como ÉL, quiero darme + (adaptación de la Celebración de la Ceniza de la revista “Catequética” – Marzo/Abril 2012)

Ambientación

En la capilla estarán puestas cuatro caretas grandes de colores. A la entrada, a cada uno, junto con la oración final, se les habrá entregado una tira de papel, pequeña, con la imagen de cuatro caretas de colores (negra, verde, gris/plateada, blanca), que utilizarán para la parte final.

Introducción

Bienvenidos. Seguramente, al entrar en la capilla te has sorprendido de las caretas. ¿Os habéis parado a pensar cuántas caretas llevamos puestas a lo largo del día? Estamos llenos de maquillajes, disfraces, antifaces, caretas… todo, todo, para impedir mostrarnos como somos, para impedir que los demás descubran nuestro verdadero rostro, nuestra cara más auténtica. ¿Alguna vez os han dicho “tu cara… me suena”? Este año os proponemos quitarnos las caretas, aquellas con las que en muchas, muchísimas ocasiones, nos ocultamos, y tratar de adoptar, en nuestro rostro, el rostro de Jesús, Aquel que vino para hacer de la autenticidad el santo y seña de su vida. Ojalá, al terminar la Cuaresma que hoy iniciamos, puedan decir de nosotros: “Tu cara me suena” porque cada uno de nosotros, como Él, como Jesús, hayamos entregado parte de nuestra vida a lo largo de todos esos días, nos hayamos dado más. Pero antes necesitamos dejar a un lado la careta que nos tapa. Vamos a intentar identificar cuáles son.

1. La careta negra. Es la careta de los que siempre viven en plan negativo y hacen del pesimismo su modo de vida. Y es que éstos, los de la careta negra, son incapaces de ver lo positivo de los demás y también lo de ellos mismos. Como no confían en nada, ni en ellos, son inseguros y siempre van con la cara larga… ¡de cenizos por la vida! Suelen poner siempre pega a todo, ven el vaso medio vacío y siempre resaltan los defectos de las personas y de los momentos antes que los aciertos. Con esa actitud es imposible que den el paso para entregarse totalmente, para darse + en la vida. ¿Eres tú de esos?

2. La careta verde.La careta verde la llevan los que se creen mejores que nadie para ocultar los propios defectos. Son contrarios a los anteriores. Van de subiditos por la vida, pero en el fondo… son más pobres que nadie. Éstos son orgullosos, miran siempre a los demás por encima del hombro, son exagerados en sus formas y palabras, artificiales. Muchos de éstos pueden pasar ante los demás como vanidosos, o chulos. Y viven siempre en la mentira. Jesús, a éstos, les llamaba hipócritas… y lo hacía con tristeza. Porque la hipocresía nos impide abrir nuestro corazón a los otros, por miedo a sentirnos vulnerables.

3. La careta brillante / plateada. Siempre se ponen esta careta los que defienden su verdad con los puños: son los agresivos, que son capaces de imponer su opinión a los otros y hacerlo de cualquier modo. A veces son los que menos te lo esperas, pero que aprovechan la mínima para criticar a la espalda a los demás. Y es que la crítica es otro modo de agresividad. En otras ocasiones buscan directamente el conflicto. Tienen un concepto elevado de sí mismos y les encanta ser “el rey o la reina” de la fiesta, porque se afanan a toda costa para que los otros les vean brillar. Pero, en el fondo, son incapaces de ver más allá de su vida… y se pierden la oportunidad de descubrir la riqueza de la diferencia.

4. La careta blanca. Esta careta no tiene color… o mejor… tiene un poco de todo adobe acrobat x pro full. Es tu careta, todo aquello que no te deja ser auténtico. A lo mejor tu manera de verte no encaja del todo con las caretas anteriores, pero seguro que hay aspectos de tu vida que no acaban de encajar en lo que entiendes por una persona madura. Todo aquello que te entorpece, que no te deja ser tú mismo ni entregarte a los otros.

Gesto: Vamos a hacer ahora un pequeño gesto. Después de ver cuáles son las caretas que normalmente nos ponemos, vamos a pensar, en un momento, qué careta nos identifica más de todas las que hemos visto. Os recuerdo: la negra es la de los pesimistas y los que ven siempre los defectos; la verde la de aquellos que ven siempre a la gente por encima del hombro, la de los vanidosos y orgullosos; la plateada, la de los que tratan de estar siempre arriba, brillar, cueste lo que cueste, aunque sea mediante la violencia; la blanca, la de cada uno, la que te impide ser tú mismo. Pensadlo en un momento repasando las caretas que tenéis en la tira que os han dado al principio. Ahora, céntrate en una de esas… la que te gustaría eliminar de tu vida. Y córtala, con la mano, de la tira. Las otras, guárdalas en el bolsillo. Quédate sólo con aquella careta que te gustaría hacer desaparecer de tu vida. Y ahora, con esa careta en tu mano, escucha a Dios que quiere hablarte al corazón.

Evangelio: Mateo 6, 1-6; 16-18.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas anunciando como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos por los demás; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu habitación y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará». El evangelio nos invita, en este Miércoles de Ceniza, a ser auténticos, a reflejar en nuestro rostro el rostro de Dios… ¡el rostro de la entrega! Una entrega que nada tiene que ver con el orgullo ni con el estar por encima de los demás, sino con la sencillez, la acogida, la coherencia… Éstos serán los mensajes que irán apareciendo este año en la Cuaresma. Vamos a hacer, ahora, un momento de silencio. Coge tu careta, aquella que te define, y ponla en tu mano. Y en un momento de silencio, con los ojos cerrados, piensa cómo esa máscara no te hace auténtico, qué deforma de ti… cuál es tu verdadero rostro. (Momento de silencio. Antes de la canción, se puede introducir diciendo a continuación): Puedes ser lo que quieras ser… pero en todo, para mostrarte auténtico, para mostrar quién eres, has de amar, como Dios, entregándote, escuchando, abriendo tu vida a los otros…

Tras un momento de silencio, breve (aprox. 2 minutos) se pone la canción de Nek: “Si no amas” http://www.youtube.com/watch?v=mYvxNJtldiM

Imposición de la ceniza

Queremos cambiar… queremos dejar a un lado las máscaras y marcar nuestra vida con un signo que nos recuerde que queremos dejar atrás todo aquello que nos estorba. En el fondo, eso es la señal de la ceniza que vamos a recibir: decir ante los demás que no deseamos volver a tener la máscara del orgullo, el pesimismo, el mirar por encima de los demás… Por eso, después de recibir la ceniza, en silencio, poco a poco, vamos a depositar nuestra pequeña máscara en el cesto que se encuentra al lado de donde te van a poner la ceniza. Así simbolizarás todo aquello que quieres dejar, a los pies de Jesús, para que te eche una mano y te permita, cada día, darte más. Se impone la ceniza y van dejando las máscaras en un cesto situado al lado.

Oración final

Danos valentía, Señor, para cambiar desde adentro, para arrancar lo que no sirve de raíz y con firmeza. Para cambiar de rumbo y de mentalidad. Para vivir el cambio en gestos concretos. Ponemos nuestras manos en tus manos: llena nuestra vida de tu Palabra. Transfórmanos desde dentro y danos una nueva oportunidad. Que la oración, la lectura de tu Palabra, los gestos de solidaridad y entrega, la Eucaristía y la Reconciliación, vayan abriendo nuestro corazón para que poco a poco, en nuestra vida, podamos decir con más firmeza: Sí, Señor, yo, como Tú, quiero darme más.