Moniciones y homilías

MONICIÓN DE ENTRADA

En este 4º domingo de cuaresma, contemplamos la cruz como el máximo estandarte del amor que Dios nos tiene. Nos invita a seguirle. A no olvidarle. A elegir entre Jesús y otros “dioses pequeños”. Dios siempre permanecerá fiel incluso hasta morir. Que el Señor, que es la luz de nuestras vidas, sea también el TODO de nuestro vivir. Levantemos nuestros ojos y renovemos nuestro amor hacia Él. Su cruz será para nosotros la luz.

MONICIÓN A LAS LECTURAS

Las lecturas de hoy intentan llevarnos a la luz. En la primera veremos como el pueblo, a pesar de sus pecados, cuenta con otra oportunidad por parte de Dios. En la segunda, San Pablo, nos recuerda que nuestra salvación viene como consecuencia de haber sido salvados en Cristo. Finalmente, el Evangelio, nos recuerda que Dios nos ama con locura. Tan sólo nos pide que, en la cruz, seamos capaces de descubrir lo mucho y cómo Él nos ama.

PETICIONES

1. Por la Iglesia. Para que nunca olvide que la Salvación que Dios nos trajo, la debe de llevar –sea como sea- a todos los hombres y mujeres del mundo. Roguemos al Señor.

2. Para que nos fiemos más de Dios. Para que los hombres descubran el amor tan gigantesco que Dios nos manifestó al dejar crucificar a su hijo en la cruz. Roguemos al Señor.

3. Para que seamos conscientes de nuestros errores. Para que, con una buena confesión, nos preparemos bien a la próxima Semana Santa. Roguemos al Señor.

4. Para que hagamos de cada eucaristía una gran fiesta. Para que demos gracias a Dios por lo mucho que nos quiere y nos perdona. Roguemos al Señor.

 

Homilía Domingo 4º de Cuaresma / B

 

"Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna" (Juan 3:16 - NVI).

Miren este regalo tan preciosamente envuelto. ¿A alguno de ustedes la gusta recibir regalos? ¡Desde luego que sí! No puedo imaginar a alguien diciendo que no le gusta recibir regalos. Si fuera a darte este paquete y te pidiera que me dieras cinco euros, ¿te estaría dando un regalo? No, si tienes que pagar por él o hacer algo para recibirlo, entonces no es un regalo. Cuando alguien te da un regalo, no te cuesta. No hay condiciones. Lo que tienes que hacer es aceptarlo. Eso hace que sea un regalo.

¿Cuál es el mejor regalo que has recibido? ¿Fue tu primera bicicleta? Tal vez fue una XBox 360 o una Playstation. Para algunos de ustedes puede haber sido un coche de control remoto y para otros puede haber sido un muñeco de peluche. En un grupo como este, podemos tener diferentes ideas de lo que es un buen regalo, pero hoy deseo hablarte sobre el mejor regalo que se ha dado jamás.

¿Cuál es ese regalo? Es el regalo de la vida eterna. Es el regalo de Dios y que es dado a todo aquel que desee recibirlo. La Biblia dice: "Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él crea no se pierda, sino que tenga vida eterna."  Todo el que cree? Esos somos tú y yo. El mejor regalo de todos es para tí y para mí.

Cuando alguien te da un regalo, no es correcto es preguntarle: "¿Cuánto te costó?" Pero en este caso, la Biblia nos dice cuánto costó el regalo de Dios, y el costo es muy grande. Le costó a Dios su único Hijo. ¿Puedes imaginarte cuánto amor tuvo que sentir Dios por nosotros para que enviara a su único Hijo a la tierra a morir por nosotros para que tuviéramos vida eterna? ¿Puedes imaginarte cuánto amor nos tuvo Jesús al disponerse a morir en la cruz para que viviéramos la vida eterna con él  en el cielo?

Vida eterna, ¡qué regalo! Y todo lo que tenemos que hacer para recibirlo es creer y aceptar a Jesús como nuestro Salvador.

Gracias, Padre, por el mejor regalo de todos. Gracias por Jesús, quien nos amó tanto que pagó el precio por nuestros pecados para darnos el regalo de la vida eterna. En el nombre de Jesús oramos. Amén.

___________________

 

Celebramos en este cuarto domingo de cuaresma el llamado Domingo “Laetare”, es decir “Alégrate” por la proximidad de la Santa Pascua. ¿Poseemos razones para la alegría? ¿Mirando a nuestro alrededor podemos sonreír, levantarnos o dar una ojeada con optimismo al futuro?

1.- Recientemente, en un estudio sociológico sobre España, nos hemos desayunado con que la práctica religiosa ha aumentado un 4%. Muchas lecturas se pueden desprender de esta publicación de datos. Entre otras que, las personas, necesitamos más profundas y auténticas razones para la esperanza. Que el entorno que nos presiona y nos maniata lejos de producir en nosotros un efecto de vida y de paz, nos conduce a todo lo contrario.

¿Dónde están nuestras fuentes de satisfacción? ¿En el circo en el que a veces se convierte nuestra vida? ¿En aquello que los tecnócratas diseñan para nuestro día a día?

2.- La Pascua, que asoma en la esquina de la santa cuaresma, nos brinda la luz de Jesucristo. Viviremos con pasión y devoción lo que, el ruido del día a día, nos impide disfrutar: la presencia de un Cristo que es salvación, redención o más allá.

Es extraño, por no decir imposible, caminar por una calle o una vía sin encontrarnos con una pancarta que no reclame, anuncie, convoque o no diga algo. Jesucristo en medio del caos es un estandarte de vida y de resurrección. Pero, para que así lo apreciemos, hemos de saber mirar en la dirección adecuada. ¿Qué nos impide contemplar, amar, celebrar y desear a Cristo?

3.- La Pascua, y no lo olvidemos, es el paso de Dios por medio de nosotros. Lo hizo en Navidad (de una forma humilde) y, de nuevo, lo realiza de un modo radical: nos ofrece la prueba de su máximo amor en cruz. ¿Quién busca a quién? ¿Buscamos nosotros a Dios o es Dios quien nos busca a nosotros? No lo dudemos, siempre, la iniciativa está en Él, viene de Él y en nosotros, tan sólo, reside la respuesta. ¿Qué le respondemos?

4.- Que en el sprint final de la cuaresma nos sintamos atraídos por la persona de Jesucristo. La Nueva Evangelización sólo será posible con cristianos evangelizados. ¿Cómo vamos a presentar como modelo de referencia a Jesús si, previamente, no lo sentimos en propias carnes? ¿Cómo vamos a proponerlo como blasón de tantos valores que hacen falta en nuestro mundo si preferimos enarbolar en nuestras manos cometas de colores, sin consistencia, volátiles o sin contenido alguno?

5.- Una vida sin Dios es un barco a la deriva, una embarcación sin ancla. La Semana Santa que llama a nuestra puerta puede ser una gran ocasión para llenarnos de entereza y de fortaleza. Para reconstituirnos por dentro y para sentirnos con capacidad, venida de lo alto, seguir adelante. Pero, también, para volver a las fuentes de nuestra fe. Para saber en qué creemos, en quién creemos y por qué creemos.

Es cuestión de levantar la cabeza, de no dejarnos despistar por otras banderas que no sean las de la fe y la confianza en Dios. Sólo así sentiremos que nuestra vida estará tocada por la resurrección y la vida que Jesús nos ofrece a su paso cerca de nosotros.