Moniciones y homilías

MONICIÓN DE ENTRADA

¡Bienvenidos, amigos, a esta celebración! Van llegando los días santos de la Semana Santa. Los días en que, Dios, por Jesucristo, establecerá con nosotros un pacto sagrado. Un pacto que nada ni nadie podrá destruir. ¿Somos conscientes de lo mucho que nos ama Dios que es capaz de dejar que su único Hijo muera en la cruz?

Que el Señor, que por amor y obediencia morirá en la cruz, nos enseñe también a nosotros a morir un poco para que su Reino sea posible en el mundo.

 

MONICIÓN A LAS LECTURAS

Las lecturas de este domingo 5º de cuaresma, tienen sabor ya a pasión y muerte de Jesús. Llegan días en los que, el Padre, a través de Jesús hará algo grande: una Alianza Nueva. Además, en la 2ª lectura escucharemos como Jesús aprendió a ser grande, obedeciendo. El Evangelio, por otro lado, nos habla del fruto de la renuncia: la vida. Escuchemos atentamente.

 

ORACIÓN DE LOS FIELES

1. Por la Iglesia extendida por todos los continentes de la tierra. Para que anuncie el rostro de un Dios que es amor, sacrificio, generosidad y entrega. Roguemos al Señor.

2. Por todos los gobiernos del mundo. Para que actúen con verdad. Para que no digan “sí” y luego “no”. Para que los tratados de los hombres sean respetados. Especialmente aquellos que dan dignidad a los más pobres. Roguemos al Señor.

3. Por todos los cristianos. Para que no nos importe perder de nuestros derechos. Para que trabajemos por el Reino de Dios en la tierra. Roguemos al Señor.

4. Para que trabajemos en la Iglesia. Para que nuestros esfuerzos contribuyan a que la Iglesia sea más santa, dinámica, generosa y cercana a los problemas de los hombres. Roguemos al Señor.

5. Para que la próxima Semana Santa sea un motivo de crecimiento en nuestra fe. Para que valoremos el amor que Dios nos tiene. Roguemos al Señor.

 

Homilía 5º Domingo de Cuaresma /B

 

Las lágrimas de Jesús, sus peticiones y oraciones al Padre, son para nosotros garantía de que nuestros sufrimientos y pruebas contarán siempre con su mano tendida. Ante el dolor ¿cómo reacciona el hombre de hoy? Ante la cruz ¿por dónde y cómo se la toma?

1.- Nos aproximamos poco a poco a la Santa Pascua. Y al igual que le pasó por la mente a Jesús, en muchos instantes, quisiéramos que desfilara de nosotros el cáliz amargo del desazón, preocupaciones, sufrimiento o muerte.

--Pretendemos ser eternos y comprobamos que somos caducos

--Presumimos ser dueños de la vida, y es el día a día quien nos empuja hasta la muerte

--Tenemos respuestas para todo y, detrás de una solución, surge de nuevo un interrogante.

2.- A punto de iniciar la Semana Santa es bueno saber que no estamos solos ante los grandes dramas que nos sacuden. Uno, especialmente sangrante, es la orfandad que padecen en propias carnes muchas de las personas que nos rodean. No saben a quién recurrir. No tienen a quién suplicar. Y, algunos de ellos, no poseen ya ni razones para vivir. ¿Qué hacer por aquellos hermanos nuestros que han dejado por el camino el amor de Dios? ¿Cómo hacerles entender que, a la vuelta de la esquina, les aguarda un Cristo con suficiente fuerza y vida para todos?

Debemos acercarnos a aquellos que reclaman un poco de atención o de cariño, de ternura o de apoyo. La sociedad nos instruye para la vida pero nos oculta la realidad de la muerte. La sociedad siembra de música el escenario de nuestro vivir pero no nos alerta para los momentos, existencialmente obligados, que llamarán a nuestra puerta como pueden ser el llanto, el dolor o la negación de uno mismo.

3.- Hoy, como aquellos griegos que se acercaron a Felipe, también nosotros quisiéramos ver a Jesús. ¡Se solucionarían tantos enigmas! ¡Callarían tantas lenguas! Pero lo cierto es que, Jesús, está en medio de nosotros. Nuestra fe, a veces adormecida y otras interesada; unas veces entusiasta y otras tímida nos dice que está aquí. ¿Seremos capaces de intuirlo con ese sexto sentido de nuestra confianza? ¿Seremos tan ilusos de dudar por el simple hecho de que, no siempre, lo percibimos con nitidez o con suficiente calor?

¿Queremos, de verdad, ver a Jesús? ¿No estaremos en algunos momentos esperando a que se nos manifieste totalmente? ¿Tenemos ansias de ver, creer, amar, fiarnos y aguardar a Jesús?

En ese camino de discernimiento no estamos solos. Nos acompañan, como he dicho al principio, sus lágrimas, su oración y la gran promesa que nos dejó: “estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28,16-20).

4.- Ha llegado la hora de Dios, la hora de Jesucristo. Que seamos capaces también nosotros de poner a punto nuestros relojes cristianos. La Pascua nos exige, como a los discípulos, vivir unidos al Maestro. No podemos quedarnos en el “héroe de Jesús”. Su testimonio sigue siendo algo vivo, algo que nos interpela y nos conduce a entregarnos en la medida de nuestras posibilidades con Él, en Él y para Él. No estamos solos.

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HA LLEGADO LA HORA

En donde, la muerte, lejos de ser fracaso será por Cristo, culmen de una misión

En donde el llanto y el dolor, por la vida, serán respuesta y salvación para todo el que, mirando a Jesús, esté dispuesto a morir un poco.

HA LLEGADO LA HORA

En la que, sin ver frutos aparentemente, descubramos que es importante sembrar dar y entregarnos, aún sin recibir agasajos aquí, brindarnos y negarnos, aún a riesgo de aparecer como fracasados.

HA LLEGADO LA HORA

De saber que, estando unidos a Cristo, nuestro mañana incierto será una Pascua definitiva y feliz

De soñar que, el mundo roto y sin horizontes, contará con un Aliado en el más allá invitándonos a superarnos a levantar la cabeza a alzar nuestros ojos a la invitación de Dios.

HA LLEGADO LA HORA

En que, además de esperar de Dios, nos empeñemos más en nuestra misión

En que, además de aguardar al Señor, avancemos por la tierra despertando fe y esperanza, ilusiones y caridad, alegría y gozo

HA LLEGADO LA HORA

De contemplar, frente a frente y sin miedo, la pobreza que cuelga de la cruz

De contemplar, sin dudas ni temores, la riqueza de amor que se desangra en la cruz

De contemplar, con agradecimiento y fe, el Misterio Divino que muere y calla en la cruz

¡HA LLEGADO LA HORA!

Título:  Mi alma está turbada

Tema:  Glorificando a Dios en tiempo de tribulación

Objeto: Una "piedra para la preocupación" o cualquier objeto que tengan para relajar la tensión.

Escritura: "'Ahora está turbada mi alma; ¿y qué diré? ¿Padre, sálvame de esta hora? Mas para esto he llegado a esta hora. Padre, glorifica tu nombre.'  Entonces vino una voz del cielo: 'Lo he glorificado, y lo glorificaré otra vez.'  Y la multitud que estaba allí y había oído la voz, decía que había sido un trueno. Otros decían: 'Un ángel le ha hablado'"  Juan 12:27-29 (RVR1995).

No sé dónde conseguí esta piedra.  Quizás la encontré en la tierra o tal vez alguien me la dió.  La he tenido por mucho tiempo, pero me había olvidado de ella hasta que la encontré hace varios días en una gaveta de mi escritorio en mi oficina.  Como ven, es pequeña y plana y cabe en mi mano de forma tal que puedo frotarla con mi pulgar.  Muchas personas llevan en su bolsillo una piedra como esta.  Le llaman la piedra para la preocupación.  Cuando la persona está turbada o preocupada por algo, meten la mano en su bolsillo y frotan la piedra para la preocupación.  Creen que el frotar la superficie suave de la piedra le provocan un sentimiento apacible y le ayuda a no preocuparse sobre sus problemas.

No cargo esta roca en mi bolsillo.  Eso no significa que no tenga problemas en mi vida, sino que no creo que el frotar una piedra pueda ayudarme a no preocuparme de los problemas de mi vida.  Si realmente deseamos saber qué debemos hacer cuando nos enfrentamos a los problemas de la vida, debemos mirar lo que hizo Jesús.

Unos días antes de ser crucificado Jesús dijo: "Ahora está turbada mi alma; ¿y qué diré? ¿Padre, sálvame de esta hora? Mas para esto he llegado a esta hora. Padre, glorifica tu nombre".   Jesús sabía que iba a morir en la cruz.  Pudo haberle pedido a Dios que lo salvara, sin embargo pidió que el nombre de su Padre fuera glorificado.

¿Porqué llegan los problemas a nuestras vidas?  Creo que los problemas llegan por la misma razón que dijo Jesús, para que el nombre de Dios sea glorificado.  He conocido a personas que han seguido el ejemplo de Jesús cuando se han encontrado en situaciones difíciles.  He conocido personas que, como Jesús, se han enfrentado a la muerte como Jesús, con valentía y con la fe de que el nombre de Dios era glorificado.  ¿No le sería agradable a Dios el saber que todos nos enfrentamos a nuestras dificultades con la convicción de que Su nombre será glorificado?

Querido Padre, todos nos enfrentamos diariamente a diferentes dificultades. En lugar de pedirte que las quites, permite que podamos enfrentarnos a ellas de tal forma que tu nombre sea glorificado. En el nombre de Jesús oramos, amén.