Moniciones y Homilía

2º Domingo de Pascua / B

 

MONICIÓN DE ENTRADA

 ¡Sed bienvenidos a esta celebración! ¡Seguimos en Pascua! ¡Siguen sonando las campanas con sonido de Resurrección!

Todo lo que hemos vivido en Semana Santa, la pasión, muerte y resurrección de Cristo, no nos puede dejar indiferentes. Ahora, a nosotros, nos toca reconocer y vivir en la presencia de Jesús Resucitado. ¿Seremos capaces? ¿No estaremos exigiendo demasiado al Señor?

Hoy, en este 2º domingo de pascua, el Señor se nos presenta y nos dice: “PAZ A VOSOTROS” Agarrémonos fuertemente a esa paz. La paz que nos ofrece Jesús. La paz que es fruto de nuestro encuentro con Él.

 

MONICIÓN A LAS LECTURAS

Hoy, las lecturas, nos ponen el listón muy alto. ¡Qué fe tenían para compartir todo! ¡Para pensar lo mismo! ¡Para respetarse los unos a los otros!

La fe, además, está llamada a expresarse. La 2ª lectura nos recuerda que hemos de anunciar al Dios vivo en Jesucristo.

Finalmente, el Evangelio, nos habla del encuentro con el Resucitado. Encontrarse con Él es alcanzar la paz y vivir en la paz que el Señor nos ofrece.

 

ORACIÓN DE LOS FIELES

1. Por la Iglesia. Para que sea un lugar en el que los hombres y mujeres de nuestro tiempo puedan buscar y encontrarse con Jesús. Roguemos al Señor.

2. Por los países que se encuentran en guerra. Para que miren más lo que les une que aquello que les separa. Para que sea posible la paz en el mundo. Roguemos al Señor.

3. Por los que se encuentran tristes. Por los que se encuentran en horas de incredulidad y de amargura. Para que la solidaridad de las naciones haga posible un bienestar general. Roguemos al Señor.

4. Por nosotros. Para que creamos con alegría y esperanza. Para que no nos alejemos de Cristo y vivamos según su Palabra. Roguemos al Señor.

5. Para que seamos y estemos alegres. Para que se note lo que somos: cristianos. Roguemos al Señor.

 

Homilía 2º Domingo de Pascua / B

SU PAZ QUEDARÁ

1. - El Salmo 85 nos dice: “el mensaje de Dios a su pueblo es la paz. Su justicia caminará delante de Él, pero su paz quedará impresa en las huellas de sus pies”. Y huella de los pies de Dios, su Padre, es Jesús; y también Jesús Pasa por este mundo dejando huellas de paz:

**es un cántico de paz el que anuncia el nacimiento de Jesús. “Paz a los hombres que ama el Señor”

**y un “vete en paz” sella la curación de la hemorroisa.

**y el perdón de la pecadora que lava los pies de Jesús con sus lágrimas queda corroborado con otro “Vete en Paz.

**y envía Jesús a sus discípulos a sembrar de huellas de paz sus andanzas apostólicas diciendo “la Paz en este casa”.

**y “bienaventurados los pacíficos, los hacedores de paz”, queda como uno de los ocho puntos del ideario del Señor.

**el consuelo de Jesús a sus discípulos en su triste despedida “Mi paz os dejo, mi paz os doy”.

**y en las últimas huellas, ya gloriosas, de su paso por el mundo el mismo domingo de Resurrección Jesús deja su paz a los discípulos.

**Y les hace participantes de su misión de mensajero de paz: “Como el Padre me envió yo es envío”, “la paz a vosotros”, “a quien perdonéis sus pecados les serán perdonados.”

2. - Desde ese momento, las huellas que tenemos ir dejando en este mundo los seguidores de Jesús son huellas de paz.

Pero esta paz cristiana no es:

--la quietud sombría de una verde charca    --ni la pesantez sin vida del Mar Muerto

--ni la soledad de cementerio plasmada en aquel “Qué solos se quedan los muertos.

Esa paz cristiana a la que aludo es:

--la paz fructífera de los trigales mecidos por el viento    --la paz de los cielos poblados de estrellas reventonas de energía.

--de los arroyos que siembran de flores sus orillas.  --de los lirios vestidos con mayor gloria de Salomón.

--es la paz doliente y gloriosa del grano de trigo que muere y resucita en miles de espigas.

3.- No hay paz en las huellas...

--del que rechaza la mano del que le pide.  --del que conculca el derecho del otro.

--del que maquina el mal de su hermano.  --del arrogante que se cree con todos los derechos. --del que vive en ebullición del rencor, el odio o el sexo.

4.- Es la paz de quien es más feliz dando que recibiendo, de quien tiene siempre tendida la mano para dar el perdón, de quien se aleja del confesionario sabiéndose perdonado, del que sabe que su fe no es vana por que Cristo ha resucitado.

Es la paz del niño que se abraza cariñoso al cuello del padre.

________________

1.- Cuenta una hermosa leyenda que Tomás fue a predicar el evangelio a la India. Y un rey le dio dinero para que le edificara un palacio. Pero Tomás distribuía el dinero entre los pobres y les anunciaba la muerte y resurrección de Jesús. Y muchos se hicieron cristianos.

"¿Cómo va mi palacio?", le preguntaba el rey. "Va muy bien" y el rey le daba más dinero. Al cabo de un tiempo, la ciudad toda era ya cristiana. Un día el rey le dijo a Tomás: "¿Cuándo podré ver mi palacio?" "Majestad, pronto lo verá terminado", le contestó.

"¿Por qué no puedo verlo hoy? Llévame a verlo ahora mismo", le dijo el rey.

Tomás paseó al rey Vecius por la ciudad y le señalaba a la gente y le explicaba cómo sus vidas habían cambiado para bien.

--¿Dónde está mi palacio?, preguntaba el rey.

--Está a su alrededor y es un hermoso palacio. Qué pena que no pueda verlo. Espero pueda verlo un día, le decía Tomás.

--¿Qué has hecho con mi dinero, ladrón?

--Tu palacio está hecho de personas, tu palacio es tu gente. Ya no son pobres y ahora creen en Jesús. Tus gentes son las torres de tu palacio. Dios vive en ellos. Tu palacio es un magnífico palacio.

Tomás fue encarcelado. Pero el rey vio poco a poco el cambio de la gente y cómo por el poder de la resurrección de Jesús, éste vivía en el corazón de las gentes. El último en convertirse fue el rey y éste liberó a Tomás. Y su palacio no fue una obra de piedras sino de corazones vivos y creyentes.

2.- Aún sin haber visto al Resucitado, al contrario que Tomás, creemos en el prodigio de la Resurrección. Para que algunos descubran el costado abierto de Cristo en medio del mundo. Para que otros incrédulos puedan meter sus dedos en los agujeros de las manos del Señor, qué bueno sería que pensáramos que nosotros somos las señales, los agujeros o los pies del mismo Jesús.

Para ello hemos de creer con todas las consecuencias en aquello que la Pascua nos ha brindado: ¡Cristo es la Salvación!

--¿Tocamos de lleno su Gracia? ¿Disipamos las dudas que intentan disuadirnos del camino que hemos emprendido de la fe?

--¿Rozamos, con nuestro corazón, los sentimientos de Cristo? ¿Hacia dónde se inclinan nuestros pensamientos y deseos?

3.- Que la pascua del Señor, que sigue anunciando y trayéndonos vida en abundancia, nos ayude a insertarnos de lleno en la persona de Jesús. A llevar, en este octavo día y siempre, la Buena Noticia de que está vivo y presente entre nosotros.

¿A quién hemos deseado unas felices pascuas? ¿Tal vez a nadie? ¿No será en el fondo que, por no vivir la Pascua profundamente, no nos sale decir “yo he tocado el costado de Cristo” “yo he estado con Cristo” “yo he hablando con Cristo”?

¡Feliz Pascua! ¡Felices con la paz que nos trae el Señor!