Moniciones y homilías

4º  Domingo de Pascua

 

MONICIÓN DE ENTRADA

En este cuarto domingo de la Pascua nos reunimos en el nombre del Señor. Hoy lo vemos como Buen Pastor. Como Aquel que da la vida por sus ovejas, por sus amigos. Hoy es un día muy especial para pedir por nuestros sacerdotes: les felicitamos y que Dios les dé salud y fortaleza.

 

MONICIÓN A LAS LECTURAS

Los apóstoles, como vamos a escuchar ahora, sabían muy bien que actuaban en nombre del Señor. Es decir; no iban por voluntad propia. Además, en las dos lecturas siguientes, contemplaremos el amor tan grande que Dios nos tiene. Un amor que, en la figura del Buen Pastor, da la vida por sus ovejas que somos todos nosotros.

 

ORACIÓN DE LOS FIELES

1. Tengamos un recuerdo especial por la Iglesia a la que pertenecemos. Por el Papa Francisco. Por nuestro Obispo Jesús. Para que en medio de las dificultades sigan guiando al Pueblo de Dios. Roguemos al Señor.

2. En este Día del Buen Pastor, no puede faltar un recuerdo especial por los sacerdotes de nuestro pueblo de Fuengirola. Para que les ayudemos con nuestra oración, comprensión y apoyo moral y físico. Roguemos al Señor.

3. Por aquellos que se dedican al cuidado de los rebaños. Para que el Señor les dé las oportunas lluvias. Para que cuidemos los valles y las montañas. Para que tengamos “alma ecológica”. Roguemos al Señor

4. Por todos los que colaboran en nuestra parroquia. Para que lo hagan en comunión con sus pastores. Para que no sean independientes y sean humildes y obedientes. Roguemos al Señor.

 

Homilía 4º  Domingo de Pascua

 

NO ES FÁCIL SER “BUEN PASTOR”

--No siempre, tener los mismos sentimientos de Jesús, es fácil

--No todos los días, brindar el corazón de Jesús como El lo hace, resulta cómodo

--No resulta gratificante, en una sociedad permisiva, excesivamente hedonista y

caprichosa, indicar senderos que nos llevan a una vida sobria o austera.

1.- Seguimos en este tiempo de la Pascua, atónitos y deslumbrados, por los fulgores de la Resurrección de Cristo. Antes de su resurrección ya nos dejó muchas pistas para que pensáramos qué significaba ser cristianos o discípulos suyos.

No podemos quedarnos exclusivamente en el ser buenos, en afanarnos por un mundo mejor, en compartir algo de lo nuestro (eso lo puede realizar cualquiera que no sea creyente) para afirmar que nuestra vida cristiana ya es “como Dios manda”. Hay que ir más allá.

El Buen Pastor, Jesús, espera nuestra adhesión hacia El. Implica el dejarnos guiar, seducir y regir por su cayado y por su voluntad. Tres huellas, del Buen Pastor, nos pueden ayudar a no alejarnos de El:

La Palabra: nos ilumina. Nos anima en tiempos de dificultades. Nos rescata de atolladeros en los que, por diversas circunstancias, nos hemos metido. La Palabra del Buen Pastor es siempre segura, certera, sabrosa. No escucharla nos lleva, en la mayoría de los casos, a un desconocimiento total de la personalidad y de la misión de Jesús.

La Oración: con la oración, el Buen Pastor, se relaciona personalmente con cada uno de los miembros de su rebaño. Con la oración, Jesús, nos señala la vía que hemos de escoger para no perdernos en las noches oscuras de la vida. Con la oración sentimos la necesidad de entrar en diálogo con Aquel que nos ama, que nos comprende y que nos quiere tal y como somos.

La Eucaristía: sin ella, los amigos de Cristo, nos debilitamos. El cristiano que no vive ni participa de la eucaristía corre un serio riesgo: ser un simple borrego. Se deja ordenar por lo dictados del mundo. Se alimenta exclusivamente por otros alimentos perecederos que la sociedad ofrece, para embellecer el cuerpo o agradar el paladar, pero en detrimento de la belleza del espíritu o del alma.

2.- En un tiempo en el que escasean tanto los líderes, necesitamos de Alguien que presida y motive nuestra existencia. Que nos reconozca con nuestro propio nombre y apellidos. Que nos trate con cierta dignidad y delicadeza. Como Jesús nada ni nadie.

Será difícil alcanzar la meta que Jesús nos propone. Será ardua la tarea de que, los pastores que dirigen la Iglesia, seamos tal y como Jesús se nos mostró. Pero siempre nos quedará el empeño de no abandonar cuando “tantos lobos” intentan apagar la voz de la verdad de Dios y, otras veces, arremeter contra los pastores que –con pecados y virtudes- intentan/intentamos orientar la vida de nuestras comunidades cristianas.

Demos gracias al Señor, en este Domingo IV de Pascua, porque sigue encabezando nuestro peregrinar por esta tierra e, incluso, dando la vida por cada uno de nosotros.

Os pedimos, en este Día del Buen Pastor, una oración por nosotros (por los sacerdotes). Grande la misión que nos ha encomendado el Señor, y muy frágiles en muchas ocasiones nuestras fuerzas. Por nuestras debilidades, pecados e inseguridades.

Es cierto que los libros enseñan mucho, pero los fieles nos enseñan más. En los libros aprendemos ideas, pero en la experiencia con nuestros fieles aprendemos vida, aprendemos la realidad de la vida. Me lo decía muy bien el P. Román en mis vacaciones: “Una cosa es saber que hay pobres y otra es ver el rostro del pobre, ver la pobreza con rostro”.

Quien solo aprende de los libros termina por “hablar ideas y hablar al pueblo”, pero quien aprende de los fieles termina “hablando con el pueblo, con la gente”.

 

Con frecuencia, nosotros hablamos “a”, y hablamos poco “con”. Y por eso la comunicación suele ser pobre. Nos escuchan sí, pero no se identifican con nosotros, porque nosotros no nos identificamos con ellos. Para crear una verdadera comunión personal no basta “hablar a” es preciso “hablar con”. Cumplimos con el deber de hablar, pero no cumplimos con la verdadera misión de sentirlos parte de nosotros mismos y nosotros parte de ellos.

 

Las estanterías de nuestra biblioteca es posible estén llenas de libros. Estamos al día de lo que se escribe y se dice. Llenas de ideas encarnadas en tinta. Pero posiblemente, esas estanterías estén vacías de gente, vacías del Pueblo de Dios que lucha cada día, sufre cada día, ama cada día, se alegra cada día y vive cada día. Ideas no encarnadas en la vida diaria. “Vacías de rostros humanos”.

 

Durante años nos han formado y preparado para hablar “a” los fieles. Pero necesitamos luego de esa otra formación que nos viene de ellos. También los fieles son agentes de nuestra preparación y formación. El buen pastor está llamado a estar con sus ovejas, comer con las ovejas, divertirse con las ovejas, llorar con las ovejas y celebrar con todas ellas. El buen pastor tiene que oler no a despacho parroquial sino a piel de oveja y a caminos y a rediles de ovejas.

 

Nuestro problema pastoral está en que hablamos demasiado y escuchamos demasiado poco. Y quien quiera ser escuchado ha de comenzar por escuchar a los demás, porque son ellos quienes tienen muchas más cosas que decirnos a nosotros que nosotros a ellos.

 

Los pastores nos tenemos por maestros, cuando en realidad debiéramos ser los eternos discípulos que cada día aprendemos de la gente. A los libros tenemos que leerlos con los ojos. Mientras que a la gente tenemos que escucharla con los oídos, con la mente y con el corazón.

Por eso, Jesús mismo nos dice: “conozco a las mías, y las mías me conocen”.

Y aún dice algo más: “igual que el Padre me conoce y yo conozco al Padre”.

 

No hay conflicto alguno entre nuestro escuchar a Dios y escuchar la voz de nuestros fieles. Los dos nos hablan.

 

Nos habla Dios y nos hablan los fieles.

O mejor aún: Dios nos habla de muchas maneras.

Por su Palabra escrita.

Por su Palabra en nuestro corazón.

Y a través de la voz de los fieles.

 

Tenemos dos grandes libros para leer:

El Libro “Dios” y el Libro “los fieles”. Los dos nos instruyen. Los dos nos interrogan. Los dos nos marcan el camino de nuestro quehacer pastoral.

Así como cada día leemos la Palabra de Dios, igualmente cada día tendremos que leer esa otra palabra de Dios que es la vida de nuestros fieles. Y al final del día, terminar diciendo: “Palabra de Dios”. “Te alabamos, Señor”.

 

El Buen Pastor

 

En un contexto de polémica, con los representantes religiosos de Israel, Jesús se aplica a sí mismo la imagen bíblica de Dios, pastor de su pueblo (Ez 34, 11-31) y se presenta como el Buen Pastor.

 

Un Pastor que da Vida porque entrega la Vida

 

La palabra clave de evangelio de hoy es "vida". Jesús puede dar vida (=salvar) porque está dispuesto a dar la vida (=morir). Los responsables religiosos de Israel no pueden dar vida porque no arriesgan la suya. Para ellos la religión no es cuestión de vida sino de ley.

 

Este dar vida no es, para Jesús, un simple hecho casual. Es el cumplimiento de la misión recibida del Padre: "Yo he venido para que tengan vida y para que la tengan abundante"(Jn 10,10) Toda la misión de Jesús tiene esta finalidad: dar vida. Por eso, la entrega de la vida es un mero accidente en la vida de Jesús, sino consecuencia de asumir voluntariamente esa misión: "Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente" (v. 18).

 

Hay pastores y asalariados.

 

Mucha gente se ofrece para guiarnos. Pero, hay pastores y asalariados. Muchos pretenden guiarnos, pero hay mucho asalariado que sólo le interesa el salario, no las ovejas. Expertos en la materia, pero que no dan vida porque no quieren arriesgar la suya. Para distinguirlos Jesús ofrece una regla de discernimiento elemental. Los falsos pastores se dan a conocer en el momento en que toca arriesgar la vida por las ovejas. Y… sin llegar a tanto: cuando se pone en cuestión el futuro profesional, la cartera, la imagen, la fama y por ahí, los falsos pastores prefieren ponerse a salvo antes que salvar. Cuando ven las orejas al lobo, huyen sin arriesgar nada. No les importan las ovejas, les importan solamente sus propios intereses, “y el lobo hace estrago y las dispersa”. Jesús da vida, porque arriesga y da la vida; y da la vida y arriesga, porque le importan las personas, porque ama a la gente.

 

 

Al buen pastor le importan las ovejas.

 

A Jesús, Buen Pastor, “le importan las ovejas” , y por eso cuida y vela por su rebaño. “Conoce personalmente a cada una de susovejas por su nombre y ellas le conocen. Es un conocimiento interior, profundo, cordial y amoroso, muy alejado de un saber intelectual, frío y especulativo, es un conocimiento ¡como el que hay entre Jesús y el Padre!

 

Tengo también otras ovejas...”, Jesús no está hablando sólo de las ovejas que hay en el redil (=el pueblo judío), sino que su preocupación por dar vida alcanza a toda la humanidad. Su proyecto es universal y su corazón abarca a todos los hombres.

 

Como él, hemos de ampliar cada vez más nuestros horizontes para que todos los seres humanos puedan escuchar la Buena Noticia de Jesús y tengan vida abundante, participando en la tarea de hacer que sientan y descubran la cercanía amorosa y entrañable de Dios.

 

Nuestra tarea: Dar vida dando la vida

 

Nuestra tarea, como seguidores del buen Pastor, es dar vida entregando nuestra vida y es tarea de todos, no sólo de los sacerdotes.

 

Pero, ¿de qué vida se trata? de la vida en sentido integral:

La vida material en primer lugar: atender las necesidades básicas de todos: comida, enseñanza, trabajo, sanidad… todo lo que permite una vida digna a las personas, ha de ser preocupación de los seguidores del buen Pastor.

La vida eterna: que es la vida del Eterno «Esta es la vida eterna, que te conozcan a ti, oh Padre, y al que enviaste, Jesucristo» (Jn 17,3). Que todos tengan esa vida eterna ha de ser preocupación fundamental de los que seguimos al buen Pastor.

 

Estamos en Pascua. Celebramos la vida recibida, de quien no dudó en arriesgar la suya. Su vida entregada es la piedra angular de nuestra comunidad pascual. El es la Resurrección y la vida "Yo soy la Resurrección y la Vida, el que cree en Mí, aunque hubiera muerto vivirá" (Juan 11, 25).

 

Todos somos responsables de que a todas las vidas llegue la VIDA y en abundancia. Vivir partiéndonos y repartiéndonos para que su vida, con mayúsculas, llegue a todas las personas que experimentan cada día la privación: sin techo, sin familia, sin cariño, sin sentido, sin derechos sociales, sin justicia, sin paz, y sin tener la vida eterna que supone vivir en el amor que Dios nos tiene S.M.R.

 

 

 

4º  Domingo de Pascua

 

MONICIÓN DE ENTRADA

Hoy celebramos una de las páginas más bonitas del Evangelio: JESÚS BUEN PASTOR.

¡Cuánto nos impresionan aquellas personas que hacen algo por los demás, que se sacrifican para que otros vivan mejor!

Pues bien, Jesús, como Buen Pastor dio y da todo lo que es por nosotros que somos miembros de su pueblo y ovejas de su rebaño.

En este domingo, además, tenemos un recuerdo y homenaje agradecido por nuestros sacerdotes. Les felicitamos por su misión. Por lo que hacen por nosotros y, sobre todo, porque intentan llevarnos al encuentro con Dios.

 

MONICIÓN A LAS LECTURAS

Las lecturas de hoy nos hablan de un Jesús resucitado que, después de sufrir, dio su vida por nosotros hasta el final. Pero, sobre todo, nos vamos a fijar en una cosa: JESÚS ES LA PUERTA por la que podemos entrar para llegar a Dios.

Ojala, que todos los domingos, vayamos recorriendo el mismo camino que Jesús hizo mientras estuvo con nosotros.

 

ORACIÓN DE LOS FIELES

1. Pidamos por el Papa Francisco, por nuestro obispo Jesús. Por toda la Iglesia. Para que sean pastores que conduzcan al mundo al encuentro con Dios. Roguemos al Señor.

2. Pidamos al Señor en este día por nuestros sacerdotes. Para que en este día del Buen Pastor, cuenten con nuestra oración, con nuestra felicitación y con nuestra alegría de tenerles entre nosotros. Roguemos al Señor.

3. En esta jornada de las vocaciones pidamos para que de nuestra parroquia salgan jóvenes que quieran ser sacerdotes o religiosas. Necesitamos de personas que nos hablen de palabra y de obra del amor que Dios nos tiene. Roguemos al Señor.

4. En este día del Buen Pastor que celebramos la Eucaristía. Para que conozcamos más la persona de Jesús. Para que leamos la Biblia. Para que escuchemos con atención su Palabra. Roguemos al Señor.

5. Por los que han cerrado las puertas de su corazón a la gran puerta del amor de Dios que es Jesús. Por nuestros seres queridos que ya han muerto. Roguemos al Señor.

 

Homilía 4º  Domingo de Pascua

Jesús se nos presenta como el Buen Pastor. No dice un buen pastor sino el Buen Pastor. Ya el profeta Ezequiel, cuando hablaba de los malos pastores de Israel, vaticinó un pastor único que, a diferencia de aquéllos, se preocupe de apacentar a las ovejas, sea el fiel sucesor de su padre David que arriesgaba su vida por salvar el rebaño de las fieras del campo. Jesús llegará más allá todavía. Él no se limitará a arriesgar la vida por su grey, él morirá por salvarla. Por eso nos dice en este pasaje: Yo doy mi vida por las ovejas. En realidad desde que nació fue entregando su vida por los hombres, día a día iba desgranando su existencia para ayudar a los demás, hasta gastarse del todo en la Cruz.

Pero aquel momento no fue el final. Podríamos decir que fue más bien el principio, el comienzo de una nueva era, la del tiempo mesiánico. Por eso ahora nos vuelve a decir el Señor que da su vida por nosotros. Para esto está presente en la Eucaristía, para ser nuestro alimento y nuestro mejor compañero de camino, para inmolarse como Víctima expiatoria y propiciatoria en el Santo Sacrificio de la Misa. Sí, Jesús sigue vivo y sigue entregándonos su misma vida, para que sea la suya y no nuestra vida la que nos anime y nos impulse a ser sus discípulos fieles, ovejas de su rebaño que conocen su voz, la escuchan y le siguen.

El Señor dice que tiene, además, otras ovejas que no son de este redil. Jesús piensa en las que están fuera, esas que se han extraviado y a las que es preciso ir a buscar y traerlas al mejor redil, el único donde hay seguridad y salvación. Es esa una verdad insoslayable. Es cierto y lógico que a quienes no pertenecen a la Iglesia católica les moleste que digamos que es la única verdadera. Muchos de ellos no admiten ni tan siquiera que haya de haber una sola Iglesia y consideran que la Verdad se encuentra repartida y que nadie se puede arrogar el monopolio sobre esa Verdad. Sin embargo, el Señor ha querido un solo rebaño y un solo pastor. Es cierto que el hombre, ninguno, puede arrogarse ese privilegio de formar el verdadero reducto de salvación, pero también es evidente que Jesucristo ha podido, y lo ha hecho, fundar una sola Iglesia y que fuera de ella no sea posible la salvación.

Demos gracias por estar dentro del redil de Cristo, sin mérito alguno por nuestra parte. Hagamos cuanto podamos para que todos vengan a este redil. Recemos a Dios por la unidad de todos los cristianos, de todos los hombres. Recitemos la oración del mismo Jesús: Que todos sean uno, que todos aceptemos la voluntad del Señor que ha querido, y quiere, que haya un solo rebaño y un solo pastor.

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--No siempre, tener los mismos sentimientos

de Jesús, es fácil

--No todos los días, brindar el corazón de

Jesús como Él lo hace, resulta cómodo

--No resulta gratificante, en una sociedad permisiva, excesivamente hedonista y caprichosa, indicar senderos que nos llevan a una vida sobria o austera.

1.- Seguimos, en este tiempo de la Pascua, atónitos y deslumbrados, por los fulgores de la Resurrección de Cristo.

Antes de su resurrección ya nos dejó muchas pistas para que pensáramos qué significaba ser cristianos o discípulos suyos.

No podemos quedarnos exclusivamente en el ser buenos, en afanarnos por un mundo mejor, en compartir algo de lo nuestro (eso lo puede realizar cualquiera que no sea creyente) para afirmar que nuestra vida cristiana ya es “como Dios manda”. Hay que ir más allá.

El Buen Pastor, Jesús, espera nuestra adhesión hacia El. Implica el dejarnos guiar, seducir y regir por su cayado y por su voluntad. Tres huellas, del Buen Pastor, nos pueden ayudar a no alejarnos de El:

La Palabra: nos ilumina. Nos anima en tiempos de dificultades. Nos rescata de atolladeros en los que, por diversas circunstancias, nos hemos metido. La Palabra del Buen Pastor es siempre segura, certera, sabrosa. No escucharla nos lleva, en la mayoría de los casos, a un desconocimiento total de la personalidad y de la misión de Jesús.

La Oración: con la oración, el Buen Pastor, se relaciona personalmente con cada uno de los miembros de su rebaño. Con la oración, Jesús, nos señala la vía que hemos de escoger para no perdernos en las noches oscuras de la vida. Con la oración sentimos la necesidad de entrar en diálogo con Aquel que nos ama, que nos comprende y que nos quiere tal y como somos.

La Eucaristía: sin ella, los amigos de Cristo, nos debilitamos. El cristiano que no vive ni participa de la eucaristía corre un serio riesgo: ser un simple borrego. Se deja ordenar por lo dictados del mundo. Se alimenta exclusivamente por otros alimentos perecederos que la sociedad ofrece, para embellecer el cuerpo o agradar el paladar, pero en detrimento de la belleza del espíritu o del alma.

2.- En un tiempo en el que escasean tanto los líderes, necesitamos de Alguien que presida y motive nuestra existencia. Que nos reconozca con nuestro propio nombre y apellidos. Que nos trate con cierta dignidad y delicadeza. Como Jesús nada ni nadie.

Será difícil alcanzar la meta que Jesús nos propone. Será ardua la tarea de que, los pastores que dirigen la Iglesia, seamos tal y como Jesús se nos mostró. Pero siempre nos quedará el empeño de no abandonar cuando “tantos lobos” intentan apagar la voz de la verdad de Dios y, otras veces, arremeter contra los pastores que –con pecados y virtudes- intentan/intentamos orientar la vida de nuestras comunidades cristianas.

Demos gracias al Señor, en este Domingo IV de Pascua, porque sigue encabezando nuestro peregrinar por esta tierra e, incluso, dando la vida por cada uno de nosotros.

Os pedimos, en este Día del Buen Pastor, una oración por nosotros (por los sacerdotes). Grande la misión que nos ha encomendado el Señor, y muy frágiles en muchas ocasiones nuestras fuerzas. Por nuestras debilidades, pecados e inseguridades.

La desobediencia, como recientemente nos recordaba el Papa Francisco, debilita la fuerza de los pastores, dispersa la unidad del rebaño y nos hace perder muchas fuerzas por el camino.