Homilía 4º Domingo de Pascua

Cuarto Domingo de Pascua
+ Ciclo B

 

Hoy, Cuarto Domingo de Pascua, también se conoce como el Domingo del “Buen Pastor”. Aunque la mayoría de nosotros en Estados Unidos no estamos directamente relacionados con los pastores que cuidan ovejas, sabemos algo sobre ellos. La Iglesia utiliza esta imagen cuando se refiere a nuestros obispos y a otros dirigentes de la Iglesia. Jesús es el “buen pastor” principal que nos muestra la manera de cuidar al Pueblo de Dios. Este día también celebramos la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. La Iglesia nos invita a reflexionar sobre nuestro llamado individual a responder a la voz de Dios. Echemos una mirada a la vida de una persona que respondió al llamado de seguir al Buen Pastor y también de serlo: San Francisco de Asís.
Hoy día muchos cristianos y no cristianos del mundo entero quieren y admiran a San Francisco de Asís. Lo admiran por haber sido un hombre de oración, de paz y santidad. Abundan las imágenes y estatuas de San Francisco. A menudo se lo retrata alimentando animales o en éxtasis recibiendo los estigmas de Cristo.
La historia de su vida es famosa; sin embargo, el principio de su vida es raras veces el foco del relato. La belleza de la conversión de Francisco y el poder de Dios que se manifestó en él en sus últimos años son los aspectos más emocionantes e inspiradores de su historia.
La vida de Francisco cuando era joven se parecía en algunas cosas a la de un estadounidense de hoy. Si quitas los avances tecnológicos del tiempo actual, te encontrarás que tenemos mucho en común con él. Al ser hijo de un próspero comerciante de tejidos, tenía una vida cómoda. Se vestía con ropa fina, tenía dinero en el bolsillo y amigos con los cuales pasar el tiempo. Si se hubiera quedado dentro del negocio familiar, es posible, que al final de su vida, la gente hubiera pensado en él con cariño. “Un buen hombre”, hubieran dicho de él después de una larga vida con comodidades.
Dios llamó a Francisco a ser mucho más que un acomodado comerciante de tejidos. Porque Francisco contestó el llamado a una vida diferente, Dios cambió el curso de su Iglesia y la fe de muchas personas. En un momento decisivo de su vida, Francisco escuchó el llamado a ser algo más, y respondió. Por la gracia de Dios, Francisco se desprendió de sí mismo, dejó su entorno de privilegios, sus comodidades materiales y a su familia y amigos.
Hoy día, San Francisco es un héroe de la fe por ser capaz de haber hecho esas cosas. San Francisco es una inspiración heroica, porque en el fondo nos damos cuenta de que Dios nos llama a cada uno de nosotros a ser algo más. Todos los hombres y mujeres en cualquier vocación –casados, célibes, religiosos y sacerdotes– son llamados por Dios a ser discípulos de una manera tan intensa que es muy probable que exceda lo que nuestras amistades considerarían “cómodo”. Tal vez evadamos nuestra respuesta. No nos atrevemos a ahondar la profundidad de lo que Dios ha planeado para nosotros.

Las estatuas y pinturas de las cosas mundanas a menudo no son de mucho interés. En cambio, deseamos figuras inspiradoras y heroicas para adornar las paredes y poner en los estantes. ¿Aparecería la estatua de Francisco en tantos jardines y hogares alrededor del mundo hoy día, si se hubiera quedado como hijo de un comerciante de tejidos?
Dios llama a héroes en todas las vocaciones hoy día. En especial, nuevos pastores con fe, virtud y entusiasmo heroicos están invitados a ser mucho más de lo que pensamos que podemos ser.
[El homilista puede poner una historia local o su historia favorita de la respuesta de un héroe al llamado de Dios a servir como sacerdote, hermana o hermano religioso. Un ejemplo de Chicago es P. John Smyth, jugador de baloncesto galardonado de Notre Dame. Rechazó una carrera en la NBA para responder al llamado al sacerdocio. Por medio de Mercy Boys and Girls en su pueblo y, ahora, de la escuela secundaria Notre Dame, al igual que San Francisco, ha tenido gran influencia en la vida de muchas personas.]
En este Domingo del Buen Pastor, celebramos la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, un día dedicado en la Iglesia por toda la Tierra a rezar por un aumento de las vocaciones a la vida consagrada y al sacerdocio. También es un día para celebrar el llamado de cada cristiano bautizado, incluidas las personas solteras y casadas.
En la oración a menudo le comunicamos a Dios nuestras esperanzas, sueños y aspiraciones. Como en cualquier comunicación, después de hablar, también escuchamos. Si escuchamos la voz de Dios en la oración, con el paso del tiempo, entonces podremos comenzar a conocer las esperanzas, sueños y aspiraciones de Dios para nosotros. Cuando nos dedicamos a la oración diaria, llegamos a conocer a Jesucristo, el Buen Pastor, que permite que nos conozcamos mejor y nos revela nuestra vocación.
Este día reza con tu corazón. Cuéntale a Dios todo lo que tengas allí dentro. Luego escucha con el corazón. Escucha con tranquilidad y paz lo que se agita allí. “Ojalá pudieran hoy oír su voz. No endurezcan su corazón”. Si Dios hoy te llama a salir de tu comodidad, entonces confía que Él te dará lo que necesitas para responder. Si en el futuro Dios te llama a desprenderte de una forma de vida cómoda porque tiene algo más para ti, entonces ten valor, confía y responde.
Juan Pablo II nos exhortó: “No temáis”. La Iglesia en toda era descansa en los hombros de mujeres y hombres heroicos de todas las vocaciones. A la luz de las dificultades recientes dentro del sacerdocio y la vida religiosa, Dios está llamando a héroes de entre nosotros a unirse a esa forma de vida. Está buscando pastores para Su pueblo. Dios le pidió a Francisco “reconstruye mi Iglesia”. Dios llama a hombres y mujeres hoy para que ayuden a hacer lo mismo. Reza por los jóvenes para que oigan su llamado a una vocación y que respondan con valentía. Reza para que los padres y familias alienten a sus hijos a estar abiertos a un posible llamado a la vida religiosa y al sacerdocio. Reza para que los hombres y mujeres que respondan al llamado lo hagan con alegría y tengan familiares y amigos que los apoyen. Reza por los que son llamados a la vida consagrada y al sacerdocio. Reza, como San Francisco, para que contesten el llamado a ser pastores para nosotros hoy. Si te están llamando a algo más, responde. ¿Quién será el próximo Francisco, si no eres tú?