Moniciones y homilías

 

MONICIÓN DE ENTRADA

Poco a poco nos vamos acercando a fiestas tan importantes como la Ascensión del Señor, Pentecostés (la venida del Espíritu santo) o la Santísima Trinidad.

Mientras tanto vamos sintiendo que, Dios, es amor. Que, el Señor, nos ofrece lo que recoge de Dios: amor y más amor.

¿En qué se nos puede notar que somos amigos de Jesús? Ni más ni menos en el amor que ofrecemos. Es un distintivo que hemos de llevar. Un traje que, por nada del mundo, hemos de guardar en el armario de nuestro egoísmo particular. Nos ponemos de pie y comenzamos esta celebración.

 

MONICIÓN A LAS LECTURAS

En Jesucristo, Dios, nos ha elegido para ser sus hijos. ¿Por qué? Simplemente porque, como muy bien dice Juan, DIOS ES AMOR. El fondo de Dios, su esencia, su ser…es el AMOR.

Además, el evangelio de este día, nos invita a caer en la cuenta de algo muy importante: somos amados por Dios y, por lo tanto, estamos llamados a amar con el mismo amor que sentimos del Señor. ¿Seremos capaces? Escuchemos con atención.

 

ORACIÓN DE LOS FIELES

 

1. Por la Iglesia, para que promueva el entendimiento y el respeto entre todas las naciones y pueblos de la tierra. Roguemos al Señor.

2. Por todos nosotros aquí reunidos. Para que no pongamos barreras al amor. Para que tengamos detalles con aquellas personas que más lo necesitan. Roguemos al Señor.

3. Por los que sólo piensan es ser amados, en ser servidos. Para que lleguen a conocer la satisfacción que produce el amar a las personas sin esperar nada a cambio. Roguemos al Señor.

5. Para que, a ejemplo de María la Virgen contribuyamos, en gestos y palabras, a la paz del mundo. Roguemos al Señor.

 

Homilía 6º  Domingo de Pascua

 

1.- Yo os he amado como el Padre me ama a Mí. Os he amado con el amor más grande que es dar la vida por los amigos. Pues sed mis amigos cumpliendo mi mandato que es que os améis los unos a los otros como Yo os he amado”. Este es el resumen de este evangelio.

--Jesús nos manda amarnos unos a otros con ese volcarse por entero en el otro, como el Padre le ama a Él, tan vaciándose en el otro que de dos se hace uno.

--Y nos manda que nos amemos Él como nos ha amado a nosotros, hasta el extremo, hasta dar la vida, hasta desvivirse por el otro.

--Ya no es amar a los demás como a uno mismo, es amar a los demás más que a si mismo.

Necedad de Dios, insensatez de Dios, diría San Pablo, pero que supera toda sabiduría humana. Y éste es el único mandamiento que el Señor Jesús nos deja. Es la única cláusula de su testamento, si cumplimos esto seremos cristianos, amigos del Señor Jesús, si no olvidemos nuestra amistad con Él.

2.- Todos somos muy listos, más que el Señor, ocultos racionalistas, tenemos respuestas para todo. “La caridad empieza por uno mismo”, “la prudencia debe regir a la misma caridad”, “esta mandamiento del Señor es una utopía, algo a lo hay que tender”.

Todo son frases bonitas con las que vamos empujando el único mandamiento del Señor Jesús a un aparcamiento, mejor a un cementerio de coches donde lo dejamos aparcado para siempre, pero con nuestra conciencia tranquila.

Ninguno tenemos la fiereza, la divina insensatez de tomar el mandato a la letra. Y cuando aparece alguno que lo hace, que da su vida por los demás, que se contagia de alguna enfermedad por asistir a los enfermos, que se deshace, día a día por los hermanos, nos apresuramos a subirlo a lo más alto de los altares, tal vez con el ánimo de apartarlo de nosotros en la lejanía de esa utopía que nos hemos inventado, con tal de no reconocer nuestra cobardía y falta de fe cristiana.

 

3.- Dios es amor y un día se le escapó el corazón y se hizo hombre, en Jesús, para enseñarnos a amar a lo Dios con un corazón humano.

--Cada uno de nosotros somos un trocito del corazón de Dios, que viene al mundo para regresar a Dios, dejando en este mundo una estela de cariño, de calor humano, de comprensión

--Cada uno de nosotros es responsable de que nuestro mundo se vaya enfriando más y más, muy al contrario de ese efecto invernadero de que nos hablan los sabios.

Jesús vino a poner fuego en el mundo y que quiere si no arda. El Señor se dio cuenta de que la lumbre se iba extinguiendo en los hogares, que el hombre se iba quedando solo en la sociedad, acurrucado junto a una lata agujereada en que humea moribundo un rescoldo, que acabará muriendo al frío de los egoísmos.

4.- El mandato de Jesús viene a descubrirnos que en el mundo cristiano no deben existir el TÚ y el YO, sino que debe quedar solamente el TÚ, que es olvidarse uno de si mismo para pensar solamente en el otro.

De esto saben las madres. Desde antes de nacer el niño lo aman más que a su propio bienestar, sacrifican su tiempo, su preocupación. Cada diente que echa el niño, cada centímetro que crece, cada paso vacilante que da va envuelto en el cariño de la madre, cada palabra mascullada es sólo interpretada por el amor de la madre.

Los primeros disgustos infantiles encuentran consuelo en el regazo de la madre, la cuesta arriba de los estudios está alentada por la preocupación maternal. El primer amor fuera del hogar es el arrancón del corazón de la madre que siente que el hijo empieza a dejar de ser suyo.

Y luego, en toda la vida, la oración de la madre nos envuelve en dulzura y armonía, hasta que ella nos falta. Y es entonces cuando caemos en la cuenta de que fue la madre y su amor, la encarnación del amor de Dios a nuestra vera.

Debería haber un altar con tantas hornacinas como madres hay en el mundo, yo no perdería el tiempo en buscar milagros para hacer santos nuevos, porque los tenemos por las calles haciendo la compra, en los parques empujando los cochecitos del hijo, en las puertas de los colegios esperando a los pequeños o en las iglesias pidiendo a los otros santos por cada uno de sus hijos.

Este es mi himno de agradecimiento a la que fue mi madre y a todas vosotras madres que me escucháis. Tal vez, hubiera sido más apropiado hacerlo el domingo pasado, que celebrábamos el Día de la Madre, pero entender que no es cosa de fechas, no de un día al año. Es cosa de siempre el amor de cada madre, como lo es, siempre, el amor de Dios.

_________________

 

1.- Todos hemos disfrutado alguna vez de la experiencia de bañarnos. Lo mismo da en el mar, en un río o en una cómoda piscina. ¿Cómo salimos? Ni más ni menos que empapados. Sumergirse en las aguas es salir de ellas chorreando, eso, agua.

Con el amor de Dios ocurre algo parecido. Quien dice vivir en Dios, se le nota enseguida: por su forma de ser. Por el trato que ofrece y, sobre todo, porque –por los cuatro costados de su persona- brota gratuitamente el amor.

No podemos pretender ir caminado por el borde de la playa pregonando ¡qué fría o qué caliente está el agua! si, los que nos observan, nos ven vestidos con traje de etiqueta. En todo caso pensarán que somos simples curiosos o figurantes de un circo cercano.

Con las cosas de Dios también ocurre lo mismo. Quien ama a Dios, además de dar fruto en abundancia, cae en la cuenta que todo lo que hace es consecuencia del amor inmenso que Dios siente por él. Nadie puede dar aquello que no posee. Cristo, si nos dio mucho, es porque la fuente de “ese mucho” estaba más allá de El mismo: en Dios

2.- ¿Cómo es el amor del Señor? Idéntico al del Padre. El amor que, se materializó en la curación de los enfermos, en su opción por los pobres, en su mano tendida a las necesidades –humanas, espirituales y materiales de los hombres- arrancaba de una instancia superior a la misma tierra: el cielo. Amó con amor de Padre. Abrazó con los brazos del Padre. Perdonó con el perdón del Padre.

Llegados a este punto nos podemos preguntar ¿Cómo podemos dar gusto a Jesús? ¿Cómo sentirnos de verdad sus amigos? Ni más ni menos que haciendo lo que El nos manda.

Siempre, cuando escucho esta frase “vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando” me resulta un tanto desconcertante. Como si la amistad verdadera exigiera condiciones. Como si, para ser amigo de Cristo, tuviéramos que convertirnos en simples marionetas. Pero eso, claro está, no es así. Somos aliados de Jesús en la medida que valoramos lo que hizo y dijo en pro de la humanidad. Todo se resume en una palabra: AMOR DIVINO.

3.- Es el momento de preguntarnos ¿Somos amigos de Jesús? Pues nos toca amar como Él lo hizo: sin fisuras, sin intereses, sin límites, sin acepción de personas, sin recompensas, sin arrogancias de “yo he hecho”.

¿Somos amigos de Jesús? “Dime con quien andas y te diré quien eres” Caminar con Jesús significa tratar con la verdad. Luchar contra la mentira. Impregnar aquellos ambientes en los que nos encontramos con buenas dosis de optimismo. En definitiva, el cristiano, el discípulo de Jesús tiene que ser como aquella rosa que, aún sin verla nadie, por el aroma que despide, se sabe que está en medio de la sala.

Fácil nos lo puso el Señor: una cosa os pido, que os améis. Pero, cuesta arriba nos lo dejo, “cómo yo os he amado”. ¿Lo intentamos?

 

___________________

 

 

 

Las lecturas de hoy nos presentan el amor como el programa prioritario de los cristianos. Este es el "mandamiento" por excelencia de los seguidores de Jesús. Un amor en tres pasos:

 

Dios es amor. Frente a la presentación de Dios como poder, majestad, justicia, transcendencia, la palabra de Dios, hoy, nos dice que Dios es amor. No es que Dios tiene amor, es que es amor.

 

Y ese Dios, que es amor, nos ha amado primero, Lo ha demostrado en toda la historia, pero la mejor prueba del amor de Dios la tenemos precisamente en la Pascua, que estamos celebrando: ha resucitado a Jesús y en él a todos nosotros, comunicándonos su vida.

 

Gozar de su amor no es una conquista de nuestros esfuerzos y méritos, es un regalo suyo, un regalo eterno porque, nos amó “antes de la creación del mundo” y porque nunca dejará de amarnos, porque, siendo amor, Dios ni sabe, ni puede, ni quiere hacer otra cosa que amar. Y si Dios es amor, la realidad última de todo, su fundamento es el amor. La Primera palabra la tuvo el amor y la última la tendrá el amor.

 

Jesús es el rostro visible del amor invisible, la personificación perfecta del amor de Dios: Dios, que es Amor, se ha manifestado en Jesús. “Como el Padre me ha amado, así os he amado yo”. El Dios-Amor  toma rostro humano, visible, cercano, en Jesús y en él aprendemos lo que es y cómo es el amor:

 

Un amor gratuito: sin razones, sin motivos, sin intereses, puro regalo, que no es pago a nuestro meritos, sino puro don. “No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido”.

 

Un amor generoso: que lo da todo, se da del todo y se da a todos.

 

Incondicional: que ama sin condiciones. Que nunca nos cerrará el crédito de su amistad, ni aún en el caso de que nosotros no correspondamos a su amor. Un amor que nos ama por encima de nuestras cualidades y comportamientos.

 

Sin límites: Sin condicionamientos humanos. Ni siquiera la muerte es su limite, porque “el amor no pasa nunca”. Sin limites de intensidad, hasta el extremo: "Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos".  Sin límites particularistas, porque es universal.

 

Un amor con unos preferidos: que son los que más necesitan de su amor: los pobres, los pequeños, los desvalidos, los pecadores.

 

 

Nuestra ley el amor: “Que os améis unos a otros como yo os he amado”

 

Este es el mandamiento de Jesús. Parece como que rompe la lógica, porque se podría suponer que acabara de otro modo: si Dios es amor y nos ama, si Jesús es la demostración del amor que Dios nos tiene, la conclusión lógica parece: responded vosotros con vuestro amor a Dios y a mí. Y sin embargo, la conclusión de Jesús es otra: "Amaos unos a otros".

 

Es una lógica sorprendente, pero que Juan subraya una y otra vez. Sólo el que ama a los demás "ha nacido de Dios", sólo el que ama "conoce a Dios".

 

Permanecemos en el amor de Jesús, es decir, seguimos fieles al amor que nos tiene, si nos dejamos amar por él, y permitimos que su amor fluya a través de nosotros a nuestros hermanos. Esa es la vida.

 

Esa es la alegría verdadera: sentirse amados por Dios y amar. Quien no lo ha experimentado no conoce a Dios, por que Dios es amor.

 

Y… para no confundir el amor con algo abstracto o con meras simpatías sentimentales, hemos de tener la mirada puesta en Cristo que es el rostro visible del amor de Dios  y al que el amor le constó la vida, lo cual  tiene poco de abstracto y melifluo.

 

 

 

6º  Domingo de Pascua

 

MONICIÓN DE ENTRADA

Bienvenidos a la eucaristía en este VI domingo de Pascua, en el que se nos invita a tener un recuerdo y una oración para el mundo de la salud y la enfermedad, para los enfermos, sus familias y los profesionales de la salud.

 

Es la Pascua del enfermo y en ella recordamos a todos los que trabajan y viven junto al dolor y el sufrimiento poniendo esperanza a la vida. Nos reunimos en torno a la mesa para fortalecer y expresar la unión con Cristo y con los hermanos. Cristo, el Señor Resucitado, nos invita a amarnos como él nos ha amado y a encontrar en la fe del Bautismo la fuerza para amar y vivir. Unidos a Él podremos amar a cada persona como él mismo nos ama.

 

Que la eucaristía ayude a nuestra comunidad (parroquial) a tener al Señor como raíz, centro y modelo de nuestra vida cristiana.

 

MONICIÓN A LAS LECTURAS

En Jesucristo, Dios, nos ha elegido para ser sus hijos. ¿Por qué? Simplemente porque, como muy bien dice Juan, DIOS ES AMOR. El fondo de Dios, su esencia, su ser…es el AMOR. Además, el evangelio de este día, nos invita a caer en la cuenta de algo muy importante: somos amados por Dios y, por lo tanto, estamos llamados a amar con el mismo amor que sentimos del Señor. ¿Seremos capaces? Escuchemos con atención.

 

ORACIÓN DE LOS FIELES

  1. • Para que la Iglesia, guiada por la Espíritu Santo, anuncie al mundo, a través de la caridad, la presencia vivificadora y salvífica de Jesucristo. Roguemos al Señor
  2. • Para que los responsables de las naciones, en instituciones políticas, económicas y sociales trabajen por la libertad y la salud de los pueblos. Roguemos al Señor
  3. • Para que los enfermos en sus dolores, angustias, y limitaciones, se apoyen en la fuerza de la fe y, en la comunidad cristiana, encuentren ayuda y consuelo. Roguemos al Señor
  4. • Para que los que sufren por causa del rechazo, la violencia, la indiferencia, la falta de amor, la presencia de los cristianos como continuación del amor de Jesucristo, les ayude a experimentar el gozo renovador del amor de Dios. Roguemos al Señor
  5. • Para que todos nosotros, presentes en la eucaristía, animados por el Espíritu Santo amemos a nuestro prójimo a la medida del amor de Jesucristo. Roguemos al Señor

 

Homilía 6º  Domingo de Pascua

 

Cómo se sienten en el día de hoy?  ¿Están contentos? .  ¿Se sienten tristes? ¿Cuáles son algunas de las cosas que te hacen sentir contento?  He pensado alguna de las cosas que pueden hacerles felices, y las quiero compartir con ustedes.

    Un día soleado
    Una fiesta
    Un juguete nuevo
    Un perrito
    Un barquilla de mantecado
    Un globo
    Compartir un rato con un amigo

¿Cuáles son algunas de las cosas que te hacen sentir tristeza?

    Caerte y herirte la rodilla
    Sacar una mala nota en la escuela
    Sentirte solo
    Perder tu juguete favorito
    Pelearte con tu mejor amigo
    Cuando alguien te hiere tus sentimientos
    Cuando echas de menos a alguna persona

Es muy simple el pensar acerca de las cosas que te dan alegría y las que te dan tristeza.  Cuando algo bueno ocurre, estás contento y cuando algo malo pasa te sientes triste.  ¿Crees que Jesús desea que te sientas feliz, contento?  Escucha lo que Jesús dice en la Biblia para la lección de hoy: "Les he dicho esto para que tengan mi alegría y así su alegría sea completa" (Juan 15:11 - NVI). 

 

¿Quiere decir eso que nada malo ocurrirá en tu vida? No, desde luego que no, pero aún cuando te sientas triste, puedes tener gozo en tu corazón porque sabes que Jesús te ama.

Padre celestial, sabemos que amas a tu Hijo y que tu Hijo nos ama.  Ayúdanos a mantenernos en su amor para que seamos llenos de tu gozo.  En el nombre de Jesús oramos.  Amén.

 

 

Quien descubre a Dios, sólo puede ofrecer, dar, entregar y regalar amor. Es como el arroyo que, empujado en sus inicios por la abundancia de nieve, va surcando y mojando rocas, montañas y valles con lo que la nieve le ha fecundado: agua.

1.- Dios es amor y, desde el mismo instante de la Navidad, nos ha mostrado el lado más débil de su ser Padre: nos ama. Por amor descendió (sin más ruido que el propio amor). Por amor ascendió a la cruz (sin más silbido que ese mismo amor) y, por amor, fue desplegándose a través de Jesucristo curando infectados, levantando muertos, calmando dolores y llamando a la vida:

-Los enfermos que tuvieron la suerte de tocar su manto, fueron sanados

-Los hambrientos que contemplaban la escasez de paz, fueron hartos

-Los tristes que oyeron el paso del nazareno, recuperaron la alegría

-Los egoístas y cerrados en sus intereses que tropezaron con él, se volvieron espléndidos y buenos.

Y es que, cuando uno choca con Jesús, a la fuerza responde con amor. Amor a Dios (piedad hacia el cielo) y amor hacia la humanidad (piedad volcada a las causas que nos producen sufrimiento, pobreza, injusticia, etc.).

¿Quieres saber si andas con Dios? Mira la dosis de amor que administras allá donde te encuentras. Ese será un buen termómetro para medir la calidad de tu unión con Dios.

2.- El amor, en Pascua, produce alegría. La Resurrección de Cristo ha sido el gran regalo de Dios a la humanidad. Con Cristo, la vida y la muerte, cambian de color. La vida, aun finalizando en la tierra, tiene proyección de futuro y, la muerte, aun siendo despeñadero en el que todos hemos de caer…lejos de tener un fondo siniestro es un paso que, lejos de ser definitivo, será superado por el don de la resurrección a la que estamos llamados. ¿Por qué? Porque, Cristo, venció, sufrió, padeció, murió y resucitó por amor. ¿Amor? ¡Sí! ¡Amor a Dios y amor infinito al ser humano!

Todo lo que toca Dios, automáticamente, lo convierte en surtidor de bondad y de delicadeza. ¿Queremos palpar a Dios? ¿Sabemos las consecuencias de estar cerca de Él? La primera, entre otras, amarnos, querernos, respetarnos, ayudarnos y procurar una vida mejor a cuántos nos rodean.

3.- “Yo tengo una fe a mi manera”, afirmaba un cristiano. Y, un sacerdote, le preguntaba: ¿Haces algo por los demás? ¡No! ¡Bastante tengo con mis problemas! ¿Das testimonio de Cristo? ¿Yo? –respondía el primero- ¡Es suficiente con que tenga fe! ¿Estás comprometido con los más desfavorecidos, eres caritativo, amas sin mirar a la persona amada? ¡Pero bueno! ¿Qué tiene que ver la fe con el amor?

4.- Esto, desgraciadamente, no es una caricatura. Abunda, por supuesto, en los dos bandos: en el lado de los que creemos en Jesús (y a veces nos fatigamos por hacer el bien a los demás) y en el lado de los que, no creyendo en Jesús o en Dios, presumen del amor al prójimo pero, ese amor, no es constante y a veces excesivamente ideologizado. Y es que, el amor cristiano, es caridad (no solidaridad).

La caridad es ilimitada, no tiene en cuenta el color del pensamiento de la persona, no se fija si es para América, Asía o África, para el blanco o el moreno, el rojo o el verde. La solidaridad, muchas veces, acaba con los primeros fracasos o con decepciones. La caridad cristiana (el amor que viene de Dios) aguanta todo lo que haga falta porque arranca de la inspiración divina que nunca se acaba: del Padre.

____________________________