Moniciones y homilías Ascensión del Señor B

 

 

MONICIÓN DE ENTRADA

Poco a poco, la Pascua, va tocando a su fin. Hoy, con la fiesta de la Ascensión, nos damos cuenta de que –Jesús- sube a los cielos. Va a encontrarse con Dios.

Es la culminación a toda su obra: su obediencia y su disposición a la voluntad de Dios, hace que –ahora- goce de la presencia del Padre en el cielo.

Y, por cierto, si nosotros seguimos sus pasos, sus consejos, su estilo de vida….también nos esperará esa misma suerte que, Cristo, hoy disfruta en el cielo. ¿Lo soñamos así?

 

MONICIÓN A LAS LECTURAS

Los últimos pasos de Jesús en la tierra y, por supuesto, sus últimas palabras y hechos con los apóstoles; la vida que tienen que llevar los cristianos para encontrarse con Dios y el relato de la Ascensión del Señor a los cielos, lo podemos escuchar en las tres lecturas que en este día vamos a proclamar. Os invito a que lo hagamos con atención y, sobre todo, pensando en ese cielo en el que Jesús nos espera.

 

ORACIÓN DE LOS FIELES

 

1. Por la Iglesia. Por el Papa Benedicto XVI. Por nuestro Obispo (...) Por todos los católicos comprometidos en la vida práctica de la Iglesia. Para que encuentren en Dios que habita en el cielo la fuerza para seguir trabajando por el Reino de Dios. Roguemos al Señor

2. Por todos nosotros. Para que no nos conformemos con los trofeos o los premios que el mundo nos ofrece. Para que aspiremos a esa otra recompensa que Dios dará a los que se fíen y crean en El. Roguemos al Señor.

3. Un recuerdo especial por los que proclaman con fuerza el mensaje cristiano. Por los misioneros, los sacerdotes, religiosos, religiosas y seglares. Para que el Espíritu Santo les acompañe. Roguemos al Señor.

4. Por todos los que nos han acompañado en nuestras familias y, la muerte, nos los ha arrebatado. Para que descansen en paz. Roguemos al Señor.

 

Homilía   La Ascensión del Señor

 

1.- Ha llegado la hora de la verdad. Jesús, después de predicar el Reino de Dios, de morir y resucitar; inmediatamente de sus apariciones, va al encuentro del Padre. Es el instante, por tanto, de que la siembra que ha dejado en el surco del discipulado vaya dando fruto, germine y crezca por sí misma.

Es el momento de la madurez. No podemos estar, constantemente, comiendo del pan multiplicado o de la pesca milagrosa. Ahora, por nuestra fe, daremos cuenta de que nuestro amor a Jesús es fiel, valiente, ilimitado, fuerte y sin fisuras.

2.- Su ascensión al cielo es una llamada, para todos nosotros, a descender a la realidad de cada día. Hay que mojarse, hay que involucrarse con los colores del evangelio para colorear el mundo desde la perspectiva de la fe. Y, por supuesto, no solamente con la palabra. Al hombre de hoy se le persuade, se le convence muchísimo más desde el testimonio que con la simple palabrería. Lo mismo que, un montañero, impresiona más cuando proyecta en una pantalla las imágenes de su ascensión a una cumbre que cuando lo narra de palabra.

El Señor, mientras ha estado con nosotros, nos ha seducido de palabra y de obra. Las dos cosas, palabra y obra, hacían un perfecto acorde; nos impresionaban sus palabras –porque eran pronunciadas con autoridad- pero, sus obras, nos hacían sentir que una mano poderosa y desde gran altura dirigía sus pasos: Dios.

3.- Id. ¿Estamos dispuestos a continuar la obra de Jesús? ¿Lo hacemos en nuestras familias a través, por ejemplo, de la bendición de la mesa, cuando apuntamos a los hijos a la clase de religión o en la asistencia a la catequesis?

Anunciad. ¿Se nota con nuestra vida, en nuestras actitudes que Jesús es Alguien importante en nuestra existencia? ¿No os parece que, frecuentemente, divorciamos la fe celebrada a la sombra de las bóvedas de una iglesia, de la fe vivida en el trabajo, la economía, las amistades, etc.?

¿Que hay resistencias? ¡Por supuesto! Siempre las ha habido. Jesús las sufrió, los apóstoles las heredaron y, nosotros, una y otra vez, nos topamos con esa cruda realidad: es más fácil perderse por un camino sin Dios que aventurarse por una senda marcada por su dedo. Aunque, luego, ocurre lo que ocurre: lo fácil se convierte en esclavitud y lo difícil (vivir según Dios) es motivo de salud, de alegría y de dignidad.

-Pidamos al Señor, en este día de su ascenso a la gran montaña del cielo, que sepamos desterrar tantos demonios presentes en la sociedad de hoy: la comodidad, el afán de presunción, la intolerancia o el laicismo puro y duro que intenta aniquilar su presencia

-Pidamos al Señor, cuando nuestros ojos lo contemplan marchándose al cielo, que sepamos enfrentarnos sin miedo a tantas serpientes venenosas que inyectan en la sociedad el veneno de la muerte, el aborto, la eutanasia o el “todo vale” con tal de que algunos sean felices.

-Pidamos al Señor que hablemos el lenguaje nuevo del amor. Que sepamos querer como El lo hizo: de una manera no partidista y si universal. Que nuestra lengua, la que nos une a todos los cristianos diseminados por todo el mundo, contenga siempre la palabra del AMOR. Un amor sin farsa, sin tregua, sin límites y cimentado en el inmenso amor que Dios nos tiene.

Es la hora nuestra. De recuperar las ganas por el anuncio del evangelio. No podemos conformarnos con la misa diaria o dominical. Hay que dar un paso más: proclamar que Cristo está vivo y que es el futuro y la vida de la humanidad. ¿Nos atreveremos o nos quedaremos mirando al cielo?

 

_______________

 

1.- Una ancianita sufría en el lecho de la enfermedad con el miedo a la muerte y el pobre cura le dice:

--Pero, hija, si se va a la Casa del Padre.

Y la ancianita le contesta con viveza:

--Mire, Padre, como en la propia casa no se está en ninguna

En este día de la Ascensión, el Señor Jesús, nuestra cabeza, nos abre las puertas de la Casa del Padre. Y aunque los ángeles les dicen a los apóstoles: “Pasmarotes, por qué miráis al cielo”, yo como ángel tentador me atrevo a deciros: “Cristianos, no hagáis caso, por una vez vamos a mirar al cielo que, al fin y al cabo, el cielo es el fin de nuestra peregrinación, ¿por qué no pensar en él?

2.- El primero que hizo un intento de describir el cielo fue San Juan. La Ciudad Santa es un recinto 12.000 estadios de lado, toda de oro transparente, rodeada de murallas de jaspe con doce puertas siempre abiertas y las murallas se posan en cimientos hechos de jaspe, zafiro, esmeralda, topacio, jacinto y amatista. ¿Os imagináis así las murallas y la ciudad de Ávila?

Un río de aguas transparentes como cristal llega a la plaza y árboles frondosos con hojas curativas crecen a sus orillas. Es el río de la Vida que cura toda enfermedad…En la Ciudad Santa no hay noche, si sol, ni luna, porque Dios y el Señor Jesús son su luz. Sus moradores son 144.000, una multitud que nadie puede contar, de toda raza, nación y lengua, que se miran en el rostro de Dios.

No habrá allí luto, ni lágrima, ni lamento, ni dolor, porque allí no tienen entrada los embaucadores, los que han producido este última crisis económica terrible, los que llenaron de terror a los pueblos, los sin Dios, los que hacen gala de su impureza.

Loable esfuerzo de San Juan describiendo un cielo donde Dios con su luz lo llena todo, donde no hay muerte ni dolor, donde se junta todo lo hermoso y bello del mundo.

“Como en la propia casa no se está en ninguna”, porque a ninguno nos gustaría vivir en el Palacio Real de Madrid, en el Palacio de Oriente, donde no hay un mesita para poner mi destartalada máquina de escribir, ni un viejo aparador para preparar un bocadillo de queso, ni un butacón donde sentarme descuidadamente junto al balcón.

3.- En el cielo tenemos que encontrarnos como en casa, no de visita. Es verdad que ese mundo nuevo no es un sitio, sino un estado nuevo de vida. No está arriba ni abajo. Ni antes, ni después… ¿Y por qué no? ¿Quién pudo pensar que en el espacio no hay peso? Y hoy vemos a los astronautas flotando en los transbordadores espaciales. ¿Por qué no puede haber un mundo sin espacio, ni tiempo? Pero eso sí, ese mundo nuevo no puede estar desconectado por completo de nuestro mundo actual

--Dios está empujando el mundo de hoy hacia ese mundo nuevo que saldrá de este viejo y podrido como sale la espiga del grano podrido en el surco.

--Dios esta llevando a plenitud todo lo que es vida, felicidad, belleza y bondad en esta vieja creación.

--¿Es qué Dios hará borrón y cuenta nueva del amor de los esposos, de padres y madres, de hijos, de hermanos? ¿Es que la amistad entre amigos, el amor sacrificado de los que viven para los más pobres y débiles quedará? ¡El amor no pasa nunca, dice San Pablo, ese amor entre seres humanos no pasará!

--¿Es que el Creador del nuevo mundo abandonará a Mozart en alguna esquina como pordiosero con su organillo? ¿Es que Shakespeare quedará arrumbado como charlatán y sacamuelas? ¿Y Cervantes como dueño ambulante del teatrillo de papel que distrae a los niños?

--Toda esa belleza como la de pintores, escultores y arquitectos, todo lo que ha sido participación del hombre en la creación de Dios continuará para gozo de esa multitud que nadie puede contar.

--Esa multitud que nunca fue anónima para Dios tampoco lo será para los conciudadanos del cielo, porque cada uno tendrá su nombre, su rostro, su sonrisa.

San Ignacio de Antioquia dejo dicho: “cuando llegue al cielo seré hombre de verdad”. No ángel, ni espíritu puro, hombre en plenitud como lo es el Señor Jesús.

Lo que no habrá es falsía, mentira, engaño, odio o terror, ni enfermedad, dolor o muerte, sino verdad, sinceridad, gozo y vida sin fin.

Allí podremos decir: “Como en la casa propia no se está en ninguna, porque la Casa del Padre será la nuestra, porque nos encontraremos en casa.

___________________

 

Hoy en este día de la Ascensión, Jesús nos vuelve a recordar. “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación”.

Es la hora de que me ayudéis. Hasta ahora Yo lo hacía todo. Pero a partir de aquí me tenéis que ayudar. Yo he sido el Evangelio vivo y vivido. Ahora sois vosotros el Evangelio vivido, hablado, escrito y anunciado a toda la creación.

Yo lo viví y anuncié a Israel. Vosotros me vais a ayudar a proclamarlo al mundo entero. Para que todos los hombres se enteren.

Seréis mis ayudantes en cumplir la misión que el Padre me ha encomendado. Yo hice lo mío, ahora os corresponde a vosotros hacer el resto. Y tened en cuenta de que lo que vosotros dejéis de hacer nadie lo va a hacer.

Mi Padre os dejó la creación para que la fueseis terminando poco a poco. Ahora yo os dejo el Evangelio de la salvación para que lo vayáis completando. Sin vosotros, la creación quedaría salvaje. Sin vosotros, mi Evangelio se va a quedar olvidado. El anuncio de la salvación es asunto “nuestro”: mío y vuestro.

Mi Padre puso en vuestras manos vuestra propia realización, vuestro crecimiento y desarrollo.  Pero no os dejó solos. También él siguió comprometido en que cada uno llegue a su propia plenitud.

Tampoco yo os voy a dejar caminar solos. Yo caminaré con vosotros, a vuestro lado. Es posible que no siempre sintáis mis pasos. Así sentiréis mejor que es obra vuestra. Yo me sentiré muy orgulloso de que experimentéis la alegría de ser vosotros los que lo hacéis todo. Aunque os pido que no os olvidéis de que sin mí no vais a poder hacer nada.

Como veis, mi Padre y  yo, todo lo hacemos a medias, porque todo lo invertimos en “semillas”. Pero el arar la tierra, el sembrar, y el segar y el moler el trigo y hacer el pan, ya es cosa vuestra.

Mi Padre os regala las semillas. No os lamentéis si luego no tenéis pan en la mesa.

 


 

 

Celebramos hoy el día de la Ascensión. Las lecturas de la Palabra de Dios giran en torno a un único misterio: la vuelta  de Jesús al Padre que es, al mismo tiempo, el envío de la Iglesia al mundo entero.

 

Envío y mandato misionero.

 

La Ascensión es el inicio de la misión de la Iglesia. Misión que se funda en el envío y mandato misionero de Jesús:"Id al mundo entero y proclamad el evangelio a toda la creación.”

 

El anuncio del Evangelio, la evangelización, es la vocación y tarea propia de la comunidad cristiana y de sus miembros. Los discípulos de Jesús hemos de proclamar su salvación, confirmando además el anuncio con el testimonio de los signos.

 

Anuncio y signos de liberación.

 

Son las dos formas de la misión que Jesús nos confía: el anuncio directo y el testimonio personal y comunitario mediante los signos de liberación.

 

El anuncio del evangelio.

 

 Hemos de realizar hoy la tarea evangelizadora, primeramente por el anuncio directo del evangelio con todos los medios a nuestro alcance.

 

Nuestro anuncio de Jesucristo ha de ser el fiel y valiente; pero anuncio animado por el amor y bajo el aliento del Espíritu de Dios.

 

Anuncio respetuoso con la persona,  sin imponer, sino invitando; sin amenazar, sino ofertando la salvación; respetando la autonomía propia del hombre y de las realidades mundanas, abriéndolos a la trascendencia de Dios y su reinado o soberanía amorosa en todos los sectores de la vida: familia y sociedad, educación y cultura, trabajo, economía y política…

 

El testimonio y los signos de liberación.

 

En segundo lugar, el anuncio y la palabra han de ir acompañados, como hizo Jesús, con el testimonio de la vida y de los signos, es decir, con el compromiso de los cristianos por la promoción del hombre desde su dignidad de persona a su condición de hijo de Dios y hermano de los demás.

 

Para celebrar de verdad la ascensión del Señor hemos de pasar de la comodidad de los buenos sentimientos a la realidad de los hechos, hasta complicarnos la vida por amor a Cristo y a los hermanos. Solamente así

cumpliremos los discípulos de Jesús la tarea y misión que él ha encomendado a la Iglesia.

 

Jesús promete a sus discípulos que no les dejará solos, que recibirán la fuerza de lo alto, que «serán bautizados con Espíritu Santo» y que, llenos de este Espíritu, podrán realizar signos admirables.

 

 

«Echarán demonios».

 

Se enfrentaran con el mal que hay dentro y fuera de nosotros, con las fuerzas diabólicas que dominan muchas de nuestras leyes, costumbres, poderes y estructuras.

 

 

«Hablarán lenguas nuevas», la lengua siempre nueva del amor.

 

«Cogerán serpientes en sus manos».

 

La serpiente es símbolo de la seducción, la astucia y el pecado. Que ninguna seducción nos engañe, que ninguna tentación nos muerda, que ningún miedo nos paralice.

 

 

«El veneno mortal no les hará daño». 

 

El veneno que nos podría hacer daño es el que nos ofrezcan los demás: las injurias recibidas, las persecuciones sufridas, los odios que nos regalan, las humillaciones que nos hacen tragar. Si respondemos a todo con amor, ni esto ni nada nos hará daño.

 

 

«Impondrán las manos a los enfermos y quedarán sanos». 

 

Si somos capaces de transmitirles algo de ternura, de cercanía, de amor, de fe, seguro que recibirán mucha salud.

 

La Ascensión significa que concluyó el tiempo del Jesús histórico. Pero ese Jesús resucitó, transformado, y,  tras la Pascua, varios de sus discípulos tuvieron experiencias especiales que llamamos «apariciones del Señor Resucitado», experiencias que cesaron en un momento dado.

 

Al final de estas experiencias es a lo que llamamos «Ascensión ». Jesús «ya no se aparece», pero sigue estando entre nosotros; de otra manera, pero está. La Ascensión es el cambio en la forma de estar Jesús presente entre nosotros.

 

En realidad Cristo no se ausenta del mundo y de la comunidad eclesial; sólo cambia hoy su modo de presencia. Cristo sigue vivo y actuando en su pueblo. Somos nosotros quienes hemos de hacerlo visible al mundo por el anuncio y el testimonio mediante los signos de liberación.

 

 

_________________________

 

Si viviéramos en un país afectado por graves hambrunas y viéramos morir de hambre a la gente por la calle, nuestra sensibilidad nos movería a hacer algo por ellos. Si estuviéramos en una ciudad afectada por una gran riada, también haríamos lo posible por socorrer a los que lo han perdido todo bajo las aguas. Si hubiera sido un terremoto, un huracán o una guerra los culpables de la catástrofe, no nos quedaríamos indiferentes y nos sacrificaríamos por los afectados. Y todo porque esas desgracias nos entran por los ojos y nos remueven la conciencia.

Sin embargo, Cristo no nos dejó el encargo, cuando se fue de la tierra, de construir hospitales, colegios y todo lo demás. Y eso que todo eso es muy útil e incluso imprescindible. Nos pidió, en cambio, que evangelizáramos, porque haciendo eso no sólo salvaremos el alma sino también el cuerpo, no sólo aseguraremos la vida eterna sino también la de la tierra.

Homilía   La Ascensión del Señor

¿Por qué nos abandonas tan pronto? –Preguntaba un hijo a su padre a punto de cerrar los ojos al mundo- Y, éste, le respondía: he estado muchos años entre vosotros. Ahora os toca vivir según aquello que yo os he enseñado. Guardar todas mis pertenencias y, todo aquello que tanto me ha costado conseguir, cuidadlo. Un día, tal vez, os hará falta.

1.- Cuarenta días atrás nos encontrábamos celebrando el acontecimiento central de nuestra salvación: la Resurrección de Cristo. Hoy, y después de aquella noche en la que renovamos nuestra fe, nuestra adhesión a la Iglesia y nuestra opción por la vida cristiana, vitoreamos este misterio de la Ascensión en el que Jesús, victorioso sobre el pecado y sobre la muerte, asciende al encuentro del Padre.

-Quisiéramos tener siempre contacto personal con nuestros seres queridos pero, por ley de vida, se van yendo de nosotros.

-Desearíamos contemplar cara a cara a aquellos maestros o modelos de referencia que tanto nos han enseñado, pero van desapareciendo

-Soñaríamos con que todo lo bueno permaneciese perpetuamente en medio de nuestra existencia y, comprobamos, que se nos escapa entre nuestras manos.

La Solemnidad de la Ascensión es una evocación a la madurez: ahora nos toca a nosotros continuar con todo ese legado espiritual, humano y divino que Cristo nos ha desgranado. Se va pero, en su Ascensión, nos indica un camino abierto: nos volveremos a ver. Volverá y, cuando vuelva, nos descubrirá todo este inmenso misterio que hoy no llegamos a comprender en plenitud.

2.- Cuando una persona se muere solemos decir “Dios nos libre del día de las alabanzas”. Y es que, normalmente, esperamos a que una persona fallezca para hacer racimo de sus virtudes. Pues bien; la solemnidad de la Ascensión, nos convierte en pregoneros de todo aquello que Cristo ha anunciado. Además de ser un modelo de referencia, de hablar bien de Él, de proclamar sus maravillas……..tenemos un gran cometido y una gran asignatura pendiente: ¡NO PODEMOS DEJAR EN EL TINTERO EL REINO DE DIOS!

-Si eres padre o madre de familia, háblales a tus hijos de Jesús de Nazaret. ¿Que no quieren saber nada? ¿Acaso los apóstoles no toparon con corazones duros y obstinados?

-Si eres empresario o estas al frente de un medio de comunicación; si eres obrero, funcionario, arquitecto, médico, o participas en algún órgano de decisión (política o económica), no olvides que –como cristiano- estás convocado a sembrar valores altos en esa realidad terrena que te toca vivir.

-Si eres religiosa, si soy sacerdote, si eres catequista o perteneces a cualquier grupo cristiano…no olvidemos de levantar la cabeza. De insistir, por activa y por pasiva, que una realidad superior está por encima de nosotros.

3.- Dios espera mucho, pero mucho, de esta última hora de nuestra era cristiana en la que nos encontramos: unir el cielo y la tierra con nuestro esfuerzo por supuesto, y sobre todo abriendo el corazón y nuestras iniciativas apostólicas a la fuerza del Espíritu Santo en la próxima fiesta de Pentecostés.

Hoy, desgraciadamente, muchos han dejado de mirar hacia el cielo. Prefieren fijar sus ojos en los pequeños paraísos que, luego, se convierten en grandes infiernos en la tierra.

Es un momento oportuno, hoy más que nunca, para llevar nuestra experiencia de Cristo resucitado a cuántos nos rodean. La pregunta, claro está, es si durante este tiempo de Pascua hemos sentido y vivido esa presencia resucitadora de Jesús. Porque, nadie, puede dar algo que no posee previamente.

¡Gracias, Señor! ¡Marcha al cielo y, desde allá, haznos pregoneros de todo lo que nos has hablado y dejado!

______________

Si viviéramos en un país afectado por graves hambrunas y viéramos morir de hambre a la gente por la calle, nuestra sensibilidad nos movería a hacer algo por ellos. Si estuviéramos en una ciudad afectada por una gran riada, también haríamos lo posible por socorrer a los que lo han perdido todo bajo las aguas.

 

Si hubiera sido un terremoto, un huracán o una guerra los culpables de la catástrofe, no nos quedaríamos indiferentes y nos sacrificaríamos por los afectados. Y todo porque esas desgracias nos entran por los ojos y nos remueven la conciencia.

 

Sin embargo, asistir al espectáculo de una multitud que vive alejada de Dios nos deja fríos, como si eso no tuviera importancia. Y eso que sabemos que eso no sólo tiene consecuencias para la perdición eterna del alma, sino que provoca divorcios, malos tratos a las esposas, desgracias a los hijos, robos y todo tipo de corrupciones.

 

¿Por qué somos así? ¿Por qué no tomarnos al menos tan en serio la salvación del alma como la del cuerpo? ¿Por qué hay más vocaciones para médicos que para sacerdotes?.

 

Cristo no nos dejó el encargo, cuando se fue de la tierra, de construir hospitales, colegios y todo lo demás. Y eso que todo eso es muy útil e incluso imprescindible.

 

Nos pidió, en cambio, que evangelizáramos, porque haciendo eso no sólo salvaremos el alma sino también el cuerpo, no sólo aseguraremos la vida eterna sino también la de la tierra.

 

:::::::::::