Moniciones y homilía Pentecostés B

 

MONICIÓN DE ENTRADA

(Buenas tardes a todos). (Buenos días a todos)…  Parece que fue ayer cuando comenzábamos la Pascua y… ¡ya han pasado 50 días! Recordamos en este día el gran regalo que Jesús nos ofrece…: EL ESPÍRITU SANTO.

Gracias a Él, somos hijos de Dios por el Bautismo; el pan y el vino se convierten en Cuerpo y Sangre de Cristo; los enfermos reciben la Unción. Gracias al Espíritu Santo, la Palabra obra grandes maravillas o, por ejemplo, tenemos sacerdotes. Gracias al Espíritu Santo, el Señor nos perdona todos nuestros pecados

Hoy también es el día de la Iglesia; miramos a María y, con Ella, estamos llamados a dar lo mejor de nosotros mismos para que, como Iglesia y en Iglesia, manifestemos y vivamos profundamente nuestra fe en Jesucristo.

 

MONICIÓN A LAS LECTURAS

Si algún día hemos de poner atención a la Palabra de Dios, ese día, es hoy. La llegada del Espíritu Santo fue algo sorprendente. Es como si, a nosotros, se nos diera un regalo que no esperábamos. Desde entonces ya no estamos solos. El nos acompaña, nos ilumina, nos fortalece y nos hace sentir la presencia y la voz de Jesús. Además, hoy, es el día de la Iglesia. El día en que, la Iglesia, está llamada a llevar la misión de Jesús adelante. Si se deja conducir, si nos dejamos llevar, por el Espíritu. Llegaremos hasta el final.

 

ORACIÓN DE LOS FIELES

1. Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo. Para que la Iglesia no se deje vencer por las dificultades ni por las sombras que se dan en el mundo. Roguemos al Señor.

2. Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo. Para que descubramos a Jesús como el gran amigo que nunca falla. Para que nos ayude a seguir hacia delante en el camino de la fe. Roguemos al Señor.

3. Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo. Por los pueblos que padecen sequía. Por todos los que se encuentran en los hospitales. Roguemos al Señor.

4. Reparte tus siete dones, según la fe de tus siervos. Por todos los que reciben a Jesús por primera vez. Por los que se confirman en estos días. Para que aumente la fe en nuestras familias. Roguemos al Señor.

5. Salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Por nuestros familiares difuntos. Por todos aquellos que han muerto con la esperanza de resucitar. Roguemos al Señor.

 

Homilía  Domingo de Pentecostés  /  B

 

Culminamos, con esta gran Pascua del Espíritu Santo, los días en que hemos celebrado con gran alegría los días siguientes a la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. Si estos cincuenta días pascuales han servido para ensanchar más nuestras almas y para llenarnos de la vida que nos ha traído Cristo, podemos decir que –no solamente lo hemos celebrado- sino que, además lo hemos vivido y sentido. ¡Feliz Pascua de Pentecostés! ¿Sí o… no? ¿Convencidos o confusos? ¿Decididos o con el freno en el pedal de nuestras perezas o cobardías? ¿Sí o no? ¿Abiertos a los tiempos nuevos o cerrados en nuestros esquemas? ¿Llevando con nosotros a Cristo allá donde vamos o dejándolo en el rincón de nuestra intimidad? ¿Sí…o no?

1.- Desde Él, con el Espíritu Santo, percibimos todos estos misterios. Con Él, con el Espíritu, entramos de lleno a formar parte de la gran familia de los hijos de Dios; Él es quien nos empuja para entrar en comunión plena con Dios y, el Espíritu Santo, nos hace comprender y entender las huellas de Dios en el marco de nuestra vida.

En medio del desconcierto, que a veces lo tenemos, el Espíritu Santo nos serena. Nos hace “contar hasta diez” antes de tomar ciertas decisiones; nos infunde valor cuando tenemos miedo a enfrentarnos a ellas; nos llena de su inteligencia o sabiduría cuando se nos requiere nuestra palabra o consejo.

Sí; el Espíritu Santo es el gran protagonista de nuestra Iglesia. La sostiene y la dinamiza, la traspasa con su fuerza poderosa y transformadora y, sobre todo, le hace estar en un permanente estado de gracia haciéndole experimentar que es Dios, y no ella misma, quien lleva adelante la obra evangelizadora.

2.- Desde Él y con Él, con el Espíritu Santo, nos llenamos de la piedad de Dios. No podemos vivir huérfanos, aislados de su presencia. Con la oración sentimos que el Espíritu Santo nos hace escalar a las cimas más altas de la perfección cristiana: ¡estar y vivir con Dios! Sin este auxilio del Espíritu Santo nos faltaría identidad en nuestras acciones, luz en nuestros caminos y claridad en nuestro apostolado.

3.- El Papa Benedicto XVI, en su viaje a Zagreb, ante la mediocridad de la fe afirmaba “No nos hagamos ilusiones. O somos católicos o no lo somos”. Sólo con el Espíritu Santo podemos ser fuertes, como cristianos y como católicos, ante diferentes realidades que intentan desangrar, descafeinar o desvirtuar la esencia de nuestra vida cristiana. Ante lo indefinido o el riesgo a separar el evangelio de la Iglesia o a Cristo de la Iglesia, el Espíritu Santo nos garantiza y nos exige la común unión para que, lejos de dividirnos, busquemos la potencia en la hermandad.

4.- Ojala que Pentecostés, además de vida e ilusión, nos aporte una gran dosis de fortaleza: para seguir adelante en el duro combate de nuestra fe. Para que no caigamos en el pesimismo o en la sensación de que, creer, ya no merece la pena o que, si creemos, hay que hacerlo en el ámbito privado y lejos del testimonio público.

Que el Señor nos conceda, en esta Pascua de Pentecostés, su Santo Espíritu para que podamos vivir, morir y resucitar un día con El. ¿Sí o no? ¿Recibimos el Espíritu Santo?

 

CON TU ESPÍRITU SANTO, SEÑOR

Gritaré que, el Amor con mayúsculas tiene un nombre: ¡Padre!

Que Él me acompaña desde la eternidad y que, un día como a Ti Jesús, me aguarda para darme un abrazo de fiesta y definitivo

 

CON TU ESPÍRITU SANTO, SEÑOR

Cantaré el gozo de haber compartido mi vida contigo, la fuerza que tus Palabras han dejado por el camino de mi vida, la ilusión de haberte conocido animándome en mi tristeza, levantándome en mis caídas y dándome Vida donde yo sólo creía hallar la muerte

 

CON TU ESPÍRITU SANTO, SEÑOR

Sentiré y proclamaré que soy de los tuyos que, en tu Iglesia, me siento llamado a dar y recibir dones y carismas, caridad y alegría, perdón y humildad, comprensión y compañía.

 

CON TU ESPÍRITU SANTO, SEÑOR

Iluminaré las entrañas de mi corazón, y luego, llevaré esa luz a los que se hallan en tinieblas a los que, hace poco o mucho tiempo, dejaron de respirar el oxigeno de tu Santo Espíritu sumergiéndose en una atmósfera sin sentido

 

CON TU ESPÍRITU SANTO, SEÑOR

Me sentiré niño, y abriéndome como un pequeño, sabré que es mucho lo que me espera: respirar aires de infinitud vivir como quien nace de nuevo caminar sabiendo que tengo un compañero a mi lado mirar a los cielos con ojos bien abiertos soñar… con un final de mis días en tus manos.

 

CON TU ESPÍRITU SANTO, SEÑOR

Hablaré, y no callaré sobre Ti. Me entregaré, para nunca más cerrarme Avanzaré, sin echar la mirada hacia atrás Cantaré, aun a riesgo de quedar afónico entonando que, al fondo de todo, vives y permaneces Tú… CON TU ESPÍRITU SANTO, SEÑOR.