Moniciones y homilía

 

MONICIÓN DE ENTRADA

Celebramos hoy al DIOS FAMILIA: el Padre, el Hijo y el Espíritu (la Santísima Trinidad). Los tres viven bajo el mismo amor y con el mismo amor. Su amistad, su esencia, se entiende desde ahí: EL AMOR.

Por eso, siempre, la Santísima Trinidad será un gran enigma ¿Cómo pueden ser tres personas distintas y una misma naturaleza? Resulta extraño pero, para la fe, un gran misterio que adoramos.

 

MONICIÓN A LAS LECTURAS

Escuchemos con atención las lecturas de este día de la Santísima Trinidad. En ellas veremos como Dios se muestra como un Padre desde muy antiguo. Además, en la segunda, comprobaremos como por el Bautismo el Espíritu Santo nos hace Hijos de Dios. Por otro lado, en el Evangelio, se nos recuerda que hemos de vivir orientados a Dios y con la seguridad de que el Señor siempre nos acompaña.

 

ORACIÓN DE LOS FIELES

1. Por la Iglesia extendida por todas las naciones. Para que sepa mostrar al mundo el rostro de la Trinidad: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Roguemos al Señor.

2. Por todas comunidades contemplativas. Por todos los que, en el silencio, viven en permanente encuentro y contacto con Dios. Roguemos al Señor.

3. Por nosotros. Para que busquemos más lo que nos une que aquello que nos separa y podamos conseguir ser una gran familia de hijos de Dios. Roguemos al Señor.

4. Por los que se dedican a romper la felicidad y la paz de los demás. Por aquellos que siembran discordias y peleas. Para que vuelvan al buen camino. Roguemos al Señor.

 

 

 

MONICIÓN DE ENTRADA

Atrás ha quedado la Pascua 2015 pero, ahora, hoy y el próximo domingo, nos quedan por celebrar dos grandes fiestas: la Santísima Trinidad y el Corpus Christi. Hoy celebramos al DIOS FAMILIA: el Padre, el Hijo y el Espíritu. Los tres viven bajo el mismo amor y con el mismo amor. Su amistad, su esencia, se entiende desde ahí: EL AMOR. Por eso, siempre, la Santísima Trinidad será un gran enigma ¿Cómo pueden ser tres personas distintas y una misma naturaleza? Resulta extraño pero, para la fe, un gran misterio que adoramos, reverenciamos, cantamos y queremos.

 

MONICIÓN A LAS LECTURAS

Escuchemos con atención las lecturas de este día de la Santísima Trinidad. En ellas veremos como Dios se muestra como un Padre desde muy antiguo. Además, en la segunda, comprobaremos como por el Bautismo el Espíritu Santo nos hace Hijos de Dios. Por otro lado, en el Evangelio, se nos recuerda que hemos de vivir orientados a Dios y con la seguridad de que el Señor siempre nos acompaña.

 

Homilía  Stma  Trinidad

 

El amor hace posible lo aparentemente increíble, funde lo humano y lo divino y, a Dios mismo, siendo tres personas tan distintas nos lo presenta único, irrepetible, indivisible. Siempre será misterio pero, en el amor, podremos encontrar pistas para hacer más comprensible esta gran Solemnidad que celebramos de la Santísima Trinidad: ¡Dios es amor y, en esa casa que es el amor, habitan tres personas!

1.- Tal vez es uno de los Misterios más impresionantes, impactantes y bonitos de nuestra creencia cristiana. Nos persignamos en su nombre. Sentimos, la presencia del Padre, del Hijo y del Espíritu, desde el momento de nuestro Bautismo, cada vez que entramos en un templo, al emprender un viaje o tomar un avión. Nada, de la Santísima Trinidad, nos es indiferente: nacimos a la fe en su nombre y, en su nombre, quisiéramos marcharnos de este mundo. Poco nos importa que, nuestro Dios, sea “tres y uno a la vez”. Creemos, nos quedamos admirados, aprendemos la gran verdad que hay de fondo (el amor trinitario) y seguimos avanzando, viviendo, amando, progresando implorando su protección.

2.- ¿Qué es el Misterio de la Trinidad? Preguntaba un niño a su profesor de religión. Éste le contestaba: no te diré como se descifra, eso sí, te diré que se sostiene en el amor, que por amor conviven y que por amor se desviven. Lo que les une a las tres personas es precisamente eso: el Dios amor (I Jn 4,8). Hoy al celebrar la Santísima Trinidad contemplamos asombrados el inmenso amor (gratuito, generoso, bello, radiante, puro y desinteresado) que destella esta gran familia. Porque, la Trinidad, es eso: familia que comparte, siente, piensa y vive lo mismo. Orientadas, las tres personas, a la salvación de la humanidad. Volcadas de lleno, las tres personas, al servicio del hombre. No descifraremos este Misterio pero, al acercarnos hasta él, se intuye el aroma que desprenden y el secreto que encierran: el amor habita en el corazón trinitario.

3.- Qué bueno sería redescubrir el gesto de la señal de la cruz. El llevar hasta nuestras catequesis la positiva enseñanza de persignarnos cuando pasamos por delante de una iglesia, cuando nos sentamos a comer, cuando los futbolistas salen al campo de futbol o cuando, ante una tormenta de granizo o espiritual, sintiésemos la protección de la Trinidad que sale a nuestro encuentro.

Tenemos que dar a conocer, a los demás, el amor que Dios nos tiene. Se echan en falta, y muy especialmente en el mundo católico, gestos que denoten nuestra pertenencia a la Iglesia, nuestro afecto por las cosas de Dios, la síntesis de nuestra fidelidad al Padre cada vez que nos santiguamos: en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. ¿Seremos capaces de transmitirlo a las nuevas generaciones?

 

¿Daremos testimonio, del amor trinitario, cada vez que nos subimos a un medio de transporte, nos enfrentamos a un examen, ingresamos en un hospital o incluso al arrodillarnos en una iglesia? Porque, si de la abundancia del corazón, hablan nuestros labios ¿no deberían también verse un poco más y hablar un poco más nuestros gestos cristianos? ¿O es que, tal vez, no tenemos claro el gigantesco amor que Dios nos tiene en el Padre, el Hijo o el Espíritu?

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El dogma de la Santísima Trinidad nos enseña una verdad que conocemos porque nos ha sido revelada por Jesús, pues sin su ayuda jamás habríamos podido acceder a ella. Nos habla de la intimidad de Dios: Hay una sola naturaleza divina, un solo Dios, pero existen tres personas distintas -Padre, Hijo y Espíritu- iguales en dignidad y que participan de esa única naturaleza.

Además, el dogma de la Trinidad nos recuerda cómo es la vida que se lleva en el Cielo.

 

Las tres divinas personas son una, en el sentido de que participan de la común naturaleza. A la vez, son diferentes, pues cada es ella misma, persona distinta a las otras dos. Es un misterio, ciertamente, pero un misterio enriquecedor porque nos enseña cómo tenemos que intentar vivir en la tierra: respetando las diferencias que existen en los demás –las que no son nocivas, por supuesto- y a la vez buscando la unidad, buscando la caridad y el amor recíproco.

 

Por lo tanto, a imitación de la Santísima Trinidad, déjale al otro que sea él mismo, no intentes que sea una copia tuya. Respétale en aquello que tiene legítimo derecho a ser o a hacer, aunque no sea lo que tú harías, porque él no tiene por qué ser como tú, pensar como tú o vivir como tú.

 

Además, el hecho de que sea diferente a ti es bueno para ti, pues te enriquece, te complementa. Sin embargo, este respeto a las legítimas diferencias hay que compensarlo con una búsqueda intensa y sincera de la unidad.

 

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1.- Unos se postraron, pero algunos dudaban… dudaban ante el misterio de admitir a Jesús, le hombre que veían y oían, como Dios y es que el misterio de Dios hecho carne de nuestra carne, no es menor misterio que el de la Santísima Trinidad, que hoy veneramos. Siempre consideramos que el misterio de la Trinidad como el mayor, cuando para nosotros todo misterio es igualmente indescifrable, porque el gran misterio es el mismo Dios.

Cuando nuestros santos dotados de unas gracias místicas especialísimas han buceado en la Trinidad Santa, cuando luego quieren traducir su experiencia a lenguaje humano, o nos dicen como San Pablo, “ni ojo vio, ni oído vio…” y nos quedamos como antes. O como San Ignacio que nos dice: “vi como tres teclas”, con lo cual tampoco entendemos nada. O como San Juan de la Cruz que plasma estos versos:

La corriente que nace de esta fuente

bien sé que es tan capaz y omnipotente.

La Corriente que de estas dos procede

sé que ninguna de ellas le procede.

Bien sé que tres en sola una agua viva

residen y uno de otra de deriva.

Y menos mal que, inmediatamente, acaba con un estribillo que va repitiendo a lo largo de sus versos y dice: “Aunque es de noche…”, porque realmente nos deja a obscuras.

2.- A veces podemos sentir cierta vergüenza de no entender. O no poder explicar a los demás nuestros misterios, pero si no cabe en la cabeza de un bebé la ciencia de Einstein, y es tan hombre como el niño pequeño, ¿por qué nos debe inquietar que en la nuestra no quepa Dios? ¿Por qué no podemos decir con la cabeza muy alta: “creo en Dios y le quiero, aunque no le comprendo”, cuando aún entre personas humanas pasa esto tantas veces?

El misterio no niega la razón humana, sino que abre ante ella campos infinitos. Da alas a la razón humana para volar por espacios sin fronteras detrás de una verdad, que cuando ya tienes cercana se le escapa y aparece tan leja e intacta como antes.

Nos cuentan los que han recorrido las inmensas pampas argentinas que ese cerro que se ve al final de un pampa, después de andar un día entero tras él, se encuentra tan lejano como el día anterior. Allí está al fondo del paisaje, señero y lejano como antes.

3.- Nos movemos entre misterios, para el niño recién nacido sus padres son un misterio que se va desvelando poco a poco…

--para la inmensa mayoría de nosotros son un misterio los descubrimientos de las ciencias genéticas.

--nuestro subconsciente es un misterio

--los astrónomos llaman muy significativamente agujeros negros a ese perderse en una parte del espacio estelar en el universo conocido.

4.- Y, sin embargo, el misterio es la sal de la vida. ¿Os imagináis lo que sería nuestra vida si desde niños lo supiéramos todo? ¿Si no hubiera novedad, ni sorpresa? ¿Si todo estuviera computarizado? ¿Si todo se redujera a números, teclas y mandos? ¿Si el hombre se acabara en el número del Documento Nacional de Identidad o en Número de Identificación Fiscal?

¿Si todo fuera prosa trillada y sabida, sin novedad en el futuro, ni misterio en el pasado? La vida sería comida de enfermo, sin gracia ni saber, champán sin burbujas.

5.- Dios Trino y Uno, sin dejarnos entrar en la entraña de su misterio, nos dice que Dios, que es amor, no pudo ser un SOLITARIO, sino que necesitó un IGUAL al que amar y OTRO IGUAL con el que compartir.

Que nuestro Dios amó hacia fuera y creo el universo y al hombre. Y amó tanto a los hombres que el corazón se le escapó y se vino a la tierra y se hizo hombre en el Señor Jesús. Y que cuando este Señor regresó a la Casa del Padre, fue entonces cuando ese OTRO IGUAL al Padre y al Hijo, se vino precipitadamente a enseñarnos por dentro a ser lo que realmente somos: “imagen de Dios Amor”. “Amaos los unos a los otros es promulgar entre nosotros la misma y única ley que rige dentro de Dios. Es decirnos “sed lo que sois, imagen viva de un Dios Trino y Uno que no puede existir sin amar y sin ser amado y sin compartir ese amor. No te entiendo pero te quiero; ¿hay alguna dificultad en ello?

 

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1.- Dios es amor, y amor entre personas. El misterio de la Santísima Trinidad -Un sólo Dios en tres Personas distintas-, es la revelación central de la fe y de la vida cristiana, pues es el misterio de Dios en Sí mismo. Misterio es algo que sólo podemos comprender cuando Dios nos lo revela. Aunque es un dogma difícil de entender, fue el primero que entendieron los Apóstoles. Después de la Resurrección, comprendieron que Jesús era el Salvador enviado por el Padre. Y, cuando experimentaron la acción del Espíritu Santo dentro de sus corazones en Pentecostés, comprendieron que el único Dios era Padre, Hijo y Espíritu Santo. Comprendieron, sobre todo que Dios es amor entre personas. Nosotros, como dice la Carta a los Romanos, somos hijos de Dios y coherederos con Cristo. Recibimos a raudales el amor de Dios.

2.- Dios se manifiesta en la historia como Padre, Hijo y Espíritu Santo. Creemos que la Trinidad es Una. No creemos en tres dioses, sino en un sólo Dios en tres Personas distintas. No es que Dios esté dividido en tres, pues cada una de las tres Personas es enteramente Dios. Además, sabemos que cada una de las Personas de la Santísima Trinidad está totalmente contenida en las otras dos, pues hay una comunión perfecta entre ellas. Con todo, las personas de la Santísima Trinidad son distintas entre sí, dada la diversidad de su misión: Dios Hijo-por quien son todas las cosas- es enviado por Dios Padre, es nuestro Salvador. Dios Espíritu Santo-en quien son todas las cosas- es el enviado por el Padre y por el Hijo, es nuestro Santificador. Lo vemos claramente en la historia de la salvación: en la Creación, en la Encarnación y en Pentecostés En la Creación, Dios Padre está como principio de todo lo que existe. En la Encarnación, Dios se encarna, por amor a nosotros, en Jesús, para liberarnos del pecado y llevarnos a la vida eterna. En Pentecostés, el Padre y el Hijo se hacen presentes en la vida del hombre en la Persona del Espíritu santo, cuya misión es santificarnos, iluminándonos y ayudándonos con sus dones a alcanzar la vida eterna. Ahora, en esta etapa final de la historia, es la hora del Espíritu.

3.- Al hacer la señal de la cruz pronunciamos el nombre de las tres personas de la Trinidad, "En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo" Es costumbre repetir frecuentemente estas palabras, principalmente al principio y al fin de nuestras acciones. Cada vez que hacemos la Señal de la Cruz sobre nuestro cuerpo, recordamos el misterio de la Santísima Trinidad.

- En el nombre del Padre: Ponemos la mano sobre la frente, señalando el cerebro que controla todo nuestro cuerpo, recordando en forma simbólica que Dios es la fuente de nuestra vida.

-...y del Hijo: Colocamos la mano en el pecho, donde está el corazón, que simboliza al amor. Recordamos con ello que por amor a los hombres, Jesucristo se encarnó, murió y resucitó para librarnos del pecado y llevarnos a la vida eterna.

-...Y del Espíritu Santo: Colocamos la mano en el hombre izquierdo y luego en el derecho, recordando que el Espíritu Santo nos ayuda a cargar con el peso de nuestra vida, el que nos ilumina y nos da la energía para vivir de acuerdo a los mandatos de Jesucristo..

Al hacer la señal de la cruz manifestamos que Dios es comunidad de amor y que nos ama personalmente a cada uno de nosotros. Esto es lo que tenemos que anunciar a todos, sabiendo que Dios está con nosotros hasta el final de los tiempos.

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--Como los pies de los paseantes, que al borde la playa, son acariciados una y otra vez por las olas del mar.

--Como los rostros de los montañeros que, en su ascensión a las cumbres, son lisonjeados por el sol desparramado en millones de rayos solares

--Como los peregrinos que, en su peregrinar, son zarandeados por la presencia de las ráfagas del viento…..así es el amor trinitario: un Dios que se desborda.

--Un Dios que se acerca al hombre sin perder su naturaleza pero como Padre, Hijo y Espíritu.

1.- La vida de la humanidad, es distinta desde que Dios se encarnó. Desde entonces, los pasos del hombre, han sido seguidos muy de cerca por un Dios que, siendo desconocido, adquiere la hechura de hombre para que entendamos que –su objetivo- no es otro que recuperarnos y rescatarnos definitivamente.

La Santísima Trinidad, más que Misterio –que lo es- es una llamada a reconocer al Dios que nos salva. A caer en la cuenta de un mal endémico que nos asola: hablamos muy poco de Dios y, cuando lo hacemos, lo manifestamos tímidamente ¿Dónde hemos dejado a Dios? Estamos en un momento muy apropiado para recuperar espacios para un Dios que, lejos de encerrarse en sí mismo, nos mostró un camino –el de la Encarnación- para encontrarle y para hacerse el encontradizo con nosotros. Flaco favor haríamos a nuestra fe, a nuestra vida cristiana, si la presencia trinitaria la dejásemos envuelta en un gran Misterio pero sin relevancia social, deportiva, económica, política, eclesial o familiar.

--Felicito, a esos deportistas, que cuando saltan al terreno de juego, miran hacia el cielo y se santiguan. Significa, entre otras cosas, que en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu, esperan llegar con éxito al final del encuentro.

--Felicito a esas familias, que cuando se trasladan o adquieren una nueva vivienda, recurren a la presencia del sacerdote para que, con el agua bendita, se haga presente la gloria de la Trinidad que sostiene el amor y la fidelidad en el matrimonio.

--Felicito a esas personas que, al salir de casa, tomar un avión, montarse en un coche o trasladarse en un tren, rezan y hacen la señal de la cruz. Porque, en definitiva, creen y esperan que el amor de Dios, que está presente en el Hijo y en el Espíritu, será garantía de un futuro o de un viaje feliz.

2.- Sí, amigos. Desde el día de nuestro bautismo fuimos marcados con el “sello” de la Santísima Trinidad. Y, precisamente por ello, porque somos sellos de la Santísima Trinidad hemos de estampar con palabras y con obras, en gestos y con la vida, lo que sentimos, creemos y profesamos: DIOS ES AMOR, DIOS ES FAMILIA, DIOS ES TRES EN UNO.

Nunca podremos acceder a ese secreto íntimo, lo más interno de Dios, que es la Santísima Trinidad. Pero, si que es verdad, que hay rasgos que nos hacen deducir como es la vida de esa familia, cómo viven dentro, desde dónde, por qué y para qué: la vida de la Trinidad es una vida de comunión, en el amor y desde el amor, por y para la humanidad.

Un día, Dios, quiso aventurarse y –abriendo una ventana del cielo- quiso hacerse hombre. Otro buen día, el Padre –descendiendo en llamas de fuego- se hizo Espíritu, soplo que anima nuestra vida cristiana, que nos lleva a conocerle más y mejor, a amarle con todas nuestras capacidades y desarrollo de nuestros talentos.

La Santísima Trinidad, su UNIDAD indivisa, es una gran lección para este mundo nuestro; para nuestras sociedades, familias, parroquias, diócesis, pueblos o ciudades… empeñados en ser tan diferentes, los unos de los otros, que olvidamos que la comunión es un factor integrador y que nos lleva a la felicidad. ¡Ese es el secreto de la Santísima Trinidad! ¡Amor de Dios!

 

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La cultura modernista, a partir de Nietsche, ha pretendido eliminar a Dios, como el gran peligro del hombre y de su libertad. ¿Y existe mayor libertad que pasearse tranquilamente al caer de la tarde por el jardín de la vida?

El Dios de mi fe no es un Dios solitario, ni un Dios cargado de guardaespaldas para que nadie se acerque a El. Es el Dios de la compañía, el Dios del Pueblo, el Dios de los sencillos que tratan de agarrarle de la mano o simplemente deja que la viejita enferma le toque la orla de su manto.

Es el Dios que reprende a los discípulos, porque se sienten molestos de que los niños se acerquen demasiado y le molesten. Por eso creo en mi Dios. Es maravilloso. Todo lo piensa al revés de nosotros. Todo lo valora de una manera diferente. Los niños difícilmente se acercan al que les pone mala cara. Los niños solo se aceran a uno cuando se sienten queridos y les dan confianza.
Le encanta encontrarse con los necesitados, y El mismo se hace indigente.
Le encanta encontrarse con los malos, y El mismo les tiende la mano.
Le encanta encontrarse con los pecadores, y El mismo les perdona.

Siempre me habían hablado de un Dios lejano, perdido en no sé qué mundos.
Y al fin me di cuenta de que te tenía al lado.
Que me conocías y pronunciabas mi nombre
Que me llamabas y me invitabas a pasear contigo.