Moniciones y homilía Corpus Christi B

 

MONICIÓN DE ENTRADA

Hoy es uno de esos días que está muy metido en nuestra Iglesia. No siempre tenemos la oportunidad de acompañar al Señor Eucaristía, por las mismas calles y plazas por las que nosotros caminamos.

El Corpus Christi, fiesta del Cuerpo y la Sangre del Señor, es para nosotros un motivo que nos invita a creer y cuidar la presencia de Cristo en el pan y en el vino.

Además, si somos de los amigos de Jesús, luego tendremos que intentar ser semillas de amor, trabajar por la paz y la fraternidad allá donde estemos.

 

MONICIÓN A LAS LECTURAS

Las lecturas que vamos a escuchar en este día nos hablan del poder, de la acción de Dios a través de los siglos. Dios nunca nos abandona. Además el participar en la Eucaristía es entrar en comunión con Dios, con Cristo en el Espíritu. Que veamos y vivamos la Eucaristía como una fuente de paz, de fuerza, de vida y de entrega.

 

ORACIÓN DE LOS FIELES

1. Por toda la Iglesia. Para que vaya anunciando la salvación y el conocimiento de Jesús a todos los pueblos de la Tierra. Roguemos al Señor.

2. Por los pobres. Para que en este día de la Caridad sientan nuestro compromiso, nuestra ayuda. Para que nunca miremos lo que damos sino las necesidades que hay en la tierra. Roguemos al Señor.

3. Por todos los que rechazan a Jesús. Por aquellos que lo han olvidado. Para que, esta fiesta del Cuerpo y Sangre del Señor, despierte en ellos sentimientos de fe y de esperanza en Dios. Roguemos al Señor.

4. Por todos los niños que han recibido su primera comunión. Por todos los que en este día vamos a comulgar. Para que pensemos que, comulgar a Jesús, es luego anunciar y vivir su vida. Roguemos al Señor.

5. Por Todos los que estamos en esta celebración. Para que amemos más la Eucaristía, para que lleguemos con puntualidad, para que –después de la comunión- demos gracias a Dios por tener la posibilidad de celebrarla en nuestras parroquias. Roguemos al Señor.

 

Homilía  Corpus Christi  /  B

1.- Hoy es jueves de Corpus Christi, aunque sea domingo… Hoy ese Jesús silencioso y escondido en los sagrarios, donde quieren encerrarle todos los anticlericales, se nos sale a la calle a dar público testimonio de su presencia entre nosotros. Porque lo que hoy celebramos, ante todo es la presencia real de Jesús en la Eucaristía, que el Señor está aquí, que ha cumplido su promesa de que no nos dejará solos: “Estaré con vosotros hasta el final de los tiempos…”Eucaristía es prolongación del misterio de la Encarnación, de ese Dios hecho carne por nosotros y que puso su tienda de campaña junto a la nuestra. Coged la lista de teléfonos y buscad por iglesias y allí encontrareis la dirección exacta de dónde podéis encontrar al Señor.

2.- Eucaristía, la última aparición del Señor resucitado. Nuestra aparición. Los discípulos lo veían y lo confundían con un fantasma. Se alegraban, y al tiempo lo temían. Lo oían y no se atrevían a preguntarle Tú quien eres, porque sabían que era el Señor. Nosotros le sentimos cercano, estamos seguros de que es Él, pero nos gustaría que dejase de ser transparente paras verle con nuestros ojos.   Más de una vez os he dicho os he dicho que para mi la presencia del Señor en la Eucaristía es como la presencia en penumbra de la persona querida. Ante el ventanal que nos defiende de la brisa fría del mar, hemos charlado largas horas de todo… ha oscurecido, se acabado las palabras, no nos vemos, pero sabemos que él o ella está allí. No necesitamos encender ninguna luz, porque estamos seguros que no estamos solos. Estamos mano a mano con aquel que voluntariamente dio su vida por mí… porque Eucaristía es memorial de la Pasión, de ese hecho sin precedentes en mi vida, de que alguien dé su misma vida por sacarme de una mala situación. Y eso hace que esa charla con Dios-Eucaristía sea siempre más íntima, más sincera, sin perifollos, sin retóricas, de corazón a corazón. ¿Este pensamiento no debería llevarnos a un gran silencio externo e interno en cada Eucaristía?

3.- Eucaristía es alimento. Y un alimento de cada día como es el pan, que así llama Jesús a su carne dada en comida, pan que no es alimento de las fiestas, el alimento de sólo los domingos. Es ese alimento que llega todos los días a nuestras casas.

No creéis que llevamos un cristianismo de medio pelo, tuberculoso, tísico, anémico y tantas veces vergonzante y tantas veces con razón, porque damos una demacrada imagen de cristianos. Y es que nos empeñado en comer de domingo a domingo, un alimento que según nos lo dejó el Señor es pan para cada día. Tenemos un cristianismo anémico, pero la culpa es nuestra. Sí. Es alimento que fortalece y quita los pecados, dice santo Tomás de Aquino. Pero no es alimento que nos asimilemos a nosotros y lo hagamos como el alimento corporal, sino al contrario es un alimento que nos asimila y nos mete en la corriente sanguínea del mismo Dios. Y asimilados todos a Dios, unidos todos a Dios, formamos un solo ser, como los granos de trigo que se recogen esparcidos por las colinas donde nacen y molidos acaban formando el mismo pan. Así todos nosotros, distintos y de muchas partes, unidos en el mismo pan de la Eucaristía, formamos un solo ser.

Por eso Eucaristía y Unidad de todos ha sido siempre hombro con hombro en la Iglesia. Y su hay unidad hay preocupación unos por otros, como los mismos miembros de un mismo cuerpo sienten y se duelen de los dolores de los otros miembros. ¿Y no deberíamos preguntarnos si de cada misa salimos más hermanos unos de otros?

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La Eucaristía es "fuente y cima de toda la vida cristiana" (LG 11). En este día del Corpus Christi nuestros ojos se concentran totalmente en el núcleo de la custodia. En ella, ante el mundo, manifestamos públicamente que sólo el Señor es digno de ser adorado. Que, sólo el Señor, va por delante de nosotros indicándonos con su vida entregada, radicalmente sacrificada llamándonos a ser custodias del Amor Divino, pregoneros de su presencia, brazo prolongado de su inagotable caridad allá donde la Iglesia tenga que salir al paso de la pobreza y necesidades.

1. ¡DIOS ESTÁ AQUÍ Y NOSOTROS CON ÉL!

Celebramos, saboreamos, vivimos y adoramos la Eucaristía. Sigue siendo, y siempre lo será, un alimento imprescindible para todos los cristianos.

Si ya de por sí es difícil mantener el tipo de una vida evangélica con el auxilio de este Sacramento, qué difícil resulta –por no decir imposible- dar testimonio de una fe (convencida, contrastada no descafeinada) sin el Pan de los Ángeles. La primera consecuencia de que hemos celebrado el “Dios aquí” es que, a continuación, las consecuencias son comprometedoras:

-Donde existe odio, trabajaremos por el entendimiento -Donde brota la venganza, ofreceremos el perdón

-Donde surgen las distancias, buscaremos el abrazo y a unión -Donde brilla el egoísmo, propondremos siempre la caridad

2. ¡DIOS ESTÁ AQUÍ Y NOSOTROS CON ÉL!

Nadie, pero nadie, puede poner en duda nuestra pertenencia al Cuerpo de Cristo (su Iglesia). Como cristianos no podemos confundir la caridad con la solidaridad.

-La caridad no entiende de límites (todo ser humano tiene la puerta abierta a ella). La solidaridad, por el contrario, puede ser utilizada como instrumento ideológico e ideologizante  -La caridad apunta más allá de las personas (no espera recompensa). La solidaridad, en algunos momentos, si no es agasajada y aplaudida, va decreciendo hasta desaparecer.  -La caridad viene de Dios (surtidor inagotable de amor). La solidaridad puede surgir espontáneamente pero morir allá donde nace.  -La caridad es consecuencia de la vida cristiana (del encuentro con Cristo). La solidaridad, a golpe de sentimiento, viene condicionada por una situación puntual y sin más perspectiva futura.

Quien se ha encontrado con Dios, en el pan multiplicado, está llamado a ser caridad viva, caridad continua e incomprendida, pensamiento y palabras, con las manos abiertas y el corazón abierto.

3. ¡DIOS ESTÁ AQUÍ Y NOSOTROS CON ÉL!

Pero, también el Señor, tiene derecho a nuestra caridad. En este día del CORPUS CHRISTI le decimos que Él es la inspiración de muchas iniciativas de la Iglesia (incluida Cáritas). Que, nuestros amores humanos, sirven de poco y se debilitan pronto cuando lo intentamos arrinconar en la sacristía o reducirlo a la esfera de lo privado. En este día del Corpus, los católicos, nos vestimos de gala por fuera para decir al mundo que, nuestra fiesta, es vivir con el Señor y en el Señor. Que nuestra vida, sin la Eucaristía, no sería la misma. Que nuestra opción por los más necesitados (y la Iglesia es vanguardista como nadie en ese terreno) no es por simple altruismo o solidaridad: nos urge y nos empuja el amor de Dios que, dentro de una custodia, nos invita a ser trampolines de amor y de justicia.

El día del Corpus Christi es un día en el que, el Señor, sale a nuestras calles y plazas para dar un poco de vista al ciego, oído al sordo, pan al hambriento, fe al incrédulo, vida al que hace tiempo la ha cambiado por el pesimismo, la depresión o el desencanto. El día del Corpus Christi, hoy más que nunca, es una llamada a poner al Señor en el centro de nuestras miradas. Siempre será esencial el amor al prójimo (mandamiento de obligado cumplimiento) pero ¿acaso Cristo no se merece, por un día, por unas horas…miradas de amor, pétalos de rosa, incienso y adoración, campanas y regocijo, música y romero, cantos y silencio, oración y contemplación? Porque, Dios está aquí, hoy sentimos la necesidad de estar nosotros con Él.

-Si el Señor va en la custodia, nosotros estamos llamados a custodiar su testamento espiritual: el amor

-Si el Señor salta del sagrario a las calles y plazas para encontrarse con la humanidad, también nosotros tendremos que ser más ambiciosos para proponer y presentar la fe más allá de los muros de un templo

-Si el Señor es aclamado en este día como Rey de reyes, también nosotros tendremos que descubrir en el rostro de los más sufridos o perseguidos, el tesoro que en este día desfila a lo largo y ancho de nuestro mundo en la procesión del Corpus: el amor infinito de Dios en la Eucaristía. ¡DIOS ESTÁ AQUÍ! ¡VAYAMOS NOSOTROS CON ÉL!

 

GUÍANOS, SEÑOR

 

Con emoción, Señor, te alabamos y te exaltamos

Acostumbrados a encumbrarte en el altar, creemos que, las calles y plazas de nuestro vivir, no siempre están preparadas ni bien dispuestas para acoger tu limpia y santa presencia.

La Eucaristía, nos recuerda a Ti //  La Eucaristía, nos trae a Ti   //  La Eucaristía, nos habla de Ti

Vienes, Cristo, personalmente a cada uno de nosotros

Observas nuestra vida, y ves que le falta algo de amor te adentras en nuestros corazones, y adviertes que, en ellos, no siempre hay lugar para Dios

 

¡GUÍANOS, SEÑOR, CON LA FUERZA DE LA EUCARISTÍA!

Convierte nuestras almas en una morada para tu presencia.

Ilumina nuestros corazones con la luz de tu verdad. Abre nuestros ojos con el resplandor de tu Cuerpo.

Dirige nuestros pies por los senderos de tu Verdad. Fortalece nuestro interior cuando, tantas fuerzas externas e idólatras, nos pruebas, nos persigues o nos rechazan.

 

¡DANOS, SEÑOR, A BEBER TU VIDA!

Para nosotros, y para el mundo que te espera

Sin tu vida, nuestra vida se desangra es insatisfecha, vacía y llena de fisuras.

Porque, un mundo sin Dios, sin el Padre es una creación que muere con panes efímeros una realidad que pierde el sentido del futuro.

Acepta por un día, Señor, por unas horas, Señor la ofrenda de nuestras calles aromatizadas, el encanto de nuestras plazas engalanadas, el aroma del incienso que por Ti se quema y se eleva la música armoniosa y triunfal: todo es para Ti, amigo que te dignas caminar junto a nosotros

Y, después de todo, Señor no dejes de bendecirnos, de tocarnos con tu gracia, de inspirarnos oportunamente con tu Palabra, de hacernos invencibles con tu Sacramento, de llenarnos con el Pan de la Vida, de saciarnos con la Sangre que corre por tus venas

Bendícenos, Señor; haznos vivos y valientes. Bendícenos, Señor; haznos entusiastas y decididos para que, a la multitud que espera tu llegada, sepamos anunciarles y llevarles tu Reino tu presencia, tu pan multiplicado, tu mano sanadora y tu corazón compartido.

Amén.

 

 

Oración

 

Señor: Tú eres el pan que se hace vida.

Tú eres el pan que quieres que nosotros comamos.

Eres el pan que nunca se endurece, porque se hace vida.

Haz de nosotros ese nuevo pan de tu eucaristía.

Haznos pan para que coman los niños.

Haznos pan para que coman los hombres y mujeres.

Haznos pan blando para que coman los ancianos.

Danos la capacidad de poder compartirnos, aunque nos coman.

Danos la capacidad de hacernos el “pan de cada día” para los demás.

Que compartamos nuestro pan con todos los que no tienen pan.

Que compartamos nuestra alegría con los que están tristes.

Que compartamos nuestro tiempo con los que están solos.

Que compartamos nuestra esperanza con los que la han perdido.