Moniciones y homilías

Domingo  16  del TO / B

 

MONICIÓN DE ENTRADA

Venir a la Eucaristía todos los domingos es un momento para alcanzar la seguridad que, las prisas, el mundo, los problemas u otras tantas cosas nos arrebatan en el día a día.

Hoy, el Señor, nos hace partícipes de su descanso. Nos alimenta con su Cuerpo y con su Sangre, nos cuida y desea para nosotros caminos de alegría, justicia y vida. ¿Seremos capaces de acoger tanto regalo en tan poco tiempo?

 

MONICIÓN A LAS LECTURAS

Hoy, las lecturas, nos hablan de lo negativo que es estar dispersos. Es decir; sin unión, sin fraternidad. Pero Dios, al final de los tiempos, envió a Cristo. El, como Buen Pastor, nos da razones para vivir, para caminar unidos y para no desorientarnos en medio de tanta confusión que reina en el mundo.

Escuchemos con atención.

 

ORACIÓN DE LOS FIELES

1. Por el Papa Francisco. Para que no cese en su empeño de querer una Iglesia más santa, más unida y más formada en los principios de la fe. Roguemos al Señor.

2. Pidamos al Señor que, lejos de apartarnos de Él, nos agarremos a su cayado. Tengamos en cuenta su Palabra y nos dejemos guiar por su presencia. Roguemos al Señor.

3. Por todos los que solo trabajan por lo material y olvidan lo espiritual. Para que descubran que, una vida sin fondo, es una vida fracasada, débil. Roguemos al Señor.

4. Por tantas familias que lo están pasando mal. Para que el Señor les anime y no pierdan la esperanza. Para que los gobernantes busquen la pronta solución a los problemas que estamos padeciendo. Roguemos al Señor.

5. Para que no seamos egoístas. Para que aprendamos que, en el dar, está el secreto para ser felices. Roguemos al Señor.

 

 

Homilía  Domingo 16 del T.O / B

 

En una sociedad democrática y pluralista como la nuestra en la mayoría de los países del mundo, asistimos a una de las muchas modas que aparecen en cada período posterior a una crisis de valores morales y/o éticos, o bien a un relativismo moral exacerbado.

1- .En medio de esa realidad nos encontramos, por otro lado, con multitud de hombres y de mujeres que han perdido la paz en el corazón. Que no saben hacia dónde ir, con quien avanzar y en qué lugar descubrir una luz para su vida o una respuesta para sus numerosos interrogantes.

La Iglesia, consciente de su misión evangelizadora, intenta empujar hasta Jesús a todos aquellos heridos por mil circunstancias. A los que, decepcionados de la coyuntura económica, moral relativista, prisas, decepciones, etc., quieren encontrar un sentido a su vida. ¿Lo tiene fácil la Iglesia? ¡No! Sus palabras no siempre son bien acogidas ni, muchas veces, es presentada como aquella “buena pastora” que intenta guiar al Pueblo de Dios con lo mejor que ella posee: el evangelio. Nunca como hoy (desde el Papa, pasando por los obispos o sacerdotes y terminando por cualquier laico medianamente comprometido con la fe) lo hemos tenido tan arduo para enseñar, acompañar y abrir los ojos del hombre de hoy a la Verdad de Dios:

-Las debilidades y contradicciones de algunos miembros de la Iglesia (una minoría)

-El legado artístico que da una cierta sensación de riqueza o de pomposidad eclesial

-La acusación permanente de que la Iglesia va a remolque de los tiempos

-La constante difamación o maltrato a los sentimientos religiosos

-La contestación de algunos sectores eclesiales o de algunos teólogos

2.- ¿Qué hacer ante esta cruda realidad? ¿Arrugarse? ¿Dulcificar o falsificar el legado de la fe? ¿Intensificar esfuerzos en los supuestos métodos para la Nueva Evangelización?

Son espinosas las respuestas. Todo está escrito y ya nada hay nuevo bajo el sol. Lo que está claro es que hemos de recurrir a la fuente de todo bien. Hasta la persona que clarifica nuestras ideas y nos hace tomar distancias frente a tanta confusión o pensamientos anti-evangélicos: sólo cimentando nuestra fe en Cristo, conociéndolo, escuchándolo y meditándolo podremos encontrar el camino para nuestra realización personal o colectiva.  Es fácil cargar las tintas contra el Papa, un determinado obispo…éste o aquel sacerdote. ¿Y nuestra responsabilidad como cristianos dónde queda? ¿Somos conscientes de que, con nuestras palabras o con nuestros peligrosos silencios, también podemos alejar o dispersar a los que buscan o han encontrado a Dios?

3.- Todos, sacerdotes y no sacerdotes, estamos llamados a transmitir las verdades fundamentales de nuestra fe. Y, esa transmisión, puede quebrarse cuando cada uno de nosotros rompemos el eslabón de esa inmensa cadena de la evangelización:

-Cuando no hablamos de Dios en la familia y ponemos en el centro a los ídolos de turno

-Cuando la Biblia es un objeto de adorno en nuestras casas y otras revistas la lectura preferida

-Cuando no bendecimos la mesa antes de comer y la televisión se convierte en la gran protagonista

-Cuando prima el elemento material u humano en las celebraciones sacramentales (comuniones, bodas…) y olvidamos el aspecto más sagrado

-Cuando no defendemos la labor de la Iglesia frente aquellos que intentar denostarla visceralmente

El Señor, no lo olvidemos, sigue alimentando, animando y acompañando a todo su rebaño. A su Iglesia. A todo aquel que intenta poner alegría, esperanza, valor y coraje a sus palabras y obras.

 

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1.- Venid solos, a un sitio tranquilo a descansar… todo un programa de veraneo.

--Solos los amigos, lejos de los fariseos que les acosan, lejos de Herodes y sus enviados, lejos de la muchedumbre que no les deja ni comer.

--Solos con el Señor

--Solos, sin compañeros de trabajo, sin jefes, ni superiores, sin clientes ante los que sonreír.

--Solos con la familia cercana, con los amigos de siempre, sin el griterío ensordecedor de noticias políticas lamentables, sin noticias de mejorías sobre un estado de coma.

--Solos en un paréntesis. Solos con el Señor. Y a ver si recobramos con Él, el equilibrio humano, la mirada optimista, el buen humor que es la sal de la vida.

2.- A un sitio tranquilo… Tal vez, Jesús pensó en una pequeña playa solitaria del lago. En contacto con ese precioso mar, que en su grandeza es símbolo de nuestro Padre Dios inmenso, infinito, poderoso y al tiempo tranquilizante, con el ruido de las olas que saben acariciar la arena de las playas del corazón y borrar allí, una y otra vez, todo aquello que nosotros queramos escribir y reconocer como mal hecho en nuestra vida.

No podemos encontrar cada uno una playa, una hora del atardecer, unos momentos de soledad y silencio, un corazón tranquilo, no para obsesionarnos con nuestra miseria y maldad, sino para llenar los pulmones del alma con el olor a oxígeno, a pino de mar o de montaña. De un Dios todo bondad, que me quiere a mi como soy, como quiere al pino señero y grandioso, a la planta del tomillo que nace a sus pies, a la jara olorosa que une su color con el del pino.

--Un sitio tranquilo, sin toda la mercancía y el bagaje de la vida de todos los días.

--Un sagrario ante el que sentarnos y volcar nuestro corazón, unos valles y montañas, donde la plantita más pequeña me incita a alabar a ese Dios y Señor, que los mismo crea el volcán y los enormes picachos que esa florecilla que se resiste a ser cogida entre los dedos por lo pequeña que es, unas arboledas donde cada árbol es una plegaria de alabanza al Señor.

3.- A descansar de esa pose de buenos o de malos en que cada uno vivimos encorsetados… El fariseísmo antiguo era tratar de parecer bueno no siéndolo. Y el fariseísmo posmoderno es tratar de ser reconocido como malo sin serlo. Aparentar ser de izquierdas de toda la vida, aparentar ser anticlericales, presumir de no practicantes, de agnósticos. Y cuando llega su turno nos preocupa el bautizo de los niños, su primera comunión, porque, en realidad, presumiendo de no estar de acuerdo con la Iglesias, al fin demostramos sin querer que tenemos nuestras raíces en ella. Descansar de tanta pose falsa, volver a ser nosotros mismos ante Dios y ante los hermanos. Descansar sintiendo en el atardecer la cercanía de ese Señor que nunca está lejos, que no lo vemos porque la luz de atardecer no nos lo deja ver, pero sabemos que está allí, al alcance la mano, cuando volviendo a ser nosotros queramos estrechar su mano de amigo.

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-- venid solos los amigos, sin fariseos --¡multitud de fariseos!—con la familia, con los amigos de siempre, sin jefes, sin competidores, sin clientes. Con el Señor, que el pensó en una playa, donde el mar es imagen de la grandeza y de la inmensidad de Dios, de su incansable misericordia.

4.- Se me quejaba uno porque el Señor no habla al corazón a los que viven en medio del mundo. Dios no habló en la tempestad, en el terremoto, en el fuego… Dios habló en el susurro de un suave viento.

Damos ocasión a Dios, ¿o queremos que imponerle que use un megáfono? ¿En el coche, la radio o un CD?, ¿en casa en la TV?, ¿a medianoche las tertulias radiofónicas? ¿Y al cantar el gallo, las noticias? ¿Es posible que Dios nos hable?

5.- Ya sé que sobre habiendo niños no es fácil el silencio, ¿pero no habrá modo de encontrar un silencio, un lugar solitario, una playa, un sagrario, una vista de montaña o lago?

--Es verdad la dificultad del silencio, ¿pero no será también que no nos gusta oír el silencio? ¿Aun no sabemos la gran compañía que es el silencio, cuando el se sienta junto a uno es el mismo Señor…?

--Mientras no nos guste el silencio, con dificultad vamos a sentir a ese Señor “que está en la puerta y llamo, y si alguno me oye entraré”

--Dios se puede comunicar donde quiere, pero no es el mejor sitio la discoteca, el sitio de copas, ni entre chistes dudosos, ni rompiendo papeleras, ni menos entre drogas. Allí otra presencia sería necesaria, la de Dios no la esperamos en la noche de algunos jóvenes y de otros no tan jóvenes.

 

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Nos habla hoy el Evangelio del descanso de Jesús y sus discípulos. Enmarque propicio para el tiempo de vacaciones que muchos viven durante los días del verano. "Venid vosotros solos --dice a sus apóstoles-- a un sitio tranquilo para descansar un poco". Eran tantos los que iban y venían que ni tiempo les quedaba para comer. Este hecho justifica por sí mismo unas buenas vacaciones, necesarias para recuperar fuerzas, para enriquecerse con otras actividades que distraigan y enriquezcan.

Porque eso sí, las vacaciones no pueden ser una ocasión para la pereza y la ociosidad. Hay que pensar que el tiempo que nos da Dios siempre es poco y hay que aprovecharlo lo mejor que podamos. Por eso no se trata de no hacer nada, sino de hacer otra cosa. Ante todo, al tener más tiempo libre, un cristiano ha de pensar un poco más que de ordinario en cultivar su espíritu, en fomentar la vida interior, en acercarse más a Dios.

Ha de considerarse también que las vacaciones son una buena ocasión para dedicar más tiempo a los demás, en especial a la familia, a los amigos. Y luego desarrollar esas otras actividades que contribuyen a relajar nuestro cuerpo y nuestro espíritu: la práctica de nuestro deporte favorito, la lectura de un buen libro, la audición tranquila de la música que nos gusta, etc.

Cuántas cosas se pueden, y se deben, hacer en vacaciones. Lo que de ninguna forma puede ocurrirnos es que nos aburramos. Eso denotaría una pobreza lamentable de imaginación. Por último recordemos que el ser hijos de Dios y portarnos como tales no admite interrupción. Es decir, para ser honrados y honestos, no hay vacaciones. Nuestra condición de cristianos ha de ser algo inherente y permanente en nosotros mismos.

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A Jesús nada le era indiferente pero, sobre todo las personas, eran lo más importante para el hombre. Su cansancio, por su entrega hasta la extenuación, no pasa inadvertida para Jesús En cuantos momentos solemos exclamar: ¡no puedo más! ¡Pueden conmigo los problemas, los agobios, las deudas, las situaciones! Alguien, con cierta razón, ha llegado a decir que –el ser humano- está agotado porque realiza trabajos que, siendo inútiles, nos aportan eso: desaliento y hastío.

1. - ¿Dónde encontrar la paz? La fe, lejos de ser opio, es una buena vitamina. Nos recompone. Rejuvenece nuestro espíritu y, entre otras cosas, nos ayuda a ver el vaso de la vida medio lleno y nunca medio vacío. Para ello, claro está, la Palabra de Dios nos echará un capote en aras a recuperar esas fuerzas que, la lucha de cada día, nos hacen perder por el camino.

La Palabra de Dios hace que recuperemos en la fuente del altar, la paz o el amor que tanto necesitan personas que viven junto a nosotros.

Lo importante, y no lo olvidemos, es que busquemos en la dirección adecuada. No podemos hacer como aquel peregrino que, avanzando hacia un santuario, daba vueltas y vueltas en inmensos rodeos sin llegar al final de su peregrinación. Hay que buscar, pero sin distraernos del camino. La sociedad nos ofrece autopistas con mis seducciones. Incluso para que entremos al trapo, ofertan en rebajas, felicidad y placer, satisfacciones y relax pero ¿qué ocurre a la larga? Que es flor de un día. Gaseosa que pierde enseguida su fuerza.

2. - Como creyentes nunca nos hemos de cansar de ser exploradores de la verdad. No hay peor cosa, para el futuro de la fe, que cristianos desalentados. Cristianos que han llegado a la conclusión que es difícil encontrar a Dios en el gran rompecabezas del mundo. Urge, al hilo del Evangelio de este día, recargar pilas. Hacer un balance de nuestra vida cristiana. ¿En qué estamos fallando?

¿Estará el Señor contento de nuestra acción evangelizadora? ¿En qué estamos echando el resto como personas y en ideas? ¿Forma el Señor parte del gran entramado de nuestra vida o sólo le dejamos el ático de nuestro vivir?

El día de mañana, cuando Dios lo quiera, nos llamará a su presencia. Malo será que, entre las muchas confidencias que le manifestemos, no le podamos decir lo siguiente: Señor, estoy cansado de anunciarte. Entre otras cosas porque, tal vez, le reconozcamos lo contrario: estamos cansados de todo menos de darte a conocer. Porque fueron tantos los dulces los que nos sedujeron que, Tú Señor, no fuiste lo primero.

 

3.- Que el Señor de sentido a nuestros días. Que sea el alimento verdadero. La razón fundamental de nuestro ser y de nuestro vivir.

Que lejos de sentirnos abandonados, apesadumbrados por tantos sucesos lúgubres y negativos del mundo, nos sintamos fortalecidos y acompañados por un Señor que siempre nos precede en el camino de nuestra vida.

Y, sobre todo, que tengamos auténtica pasión por ser sembradores y pancartas del amor de Dios allá donde nos encontremos.