Moniciones y homilías

Domingo  20  del TO / B

 

 

MONICIÓN DE ENTRADA

Cada domingo, los cristianos, celebramos la fiesta de la Eucaristía. Y, además, lo hacemos en el domingo porque este día es santo. En una mañana radiante y dominical, el Señor, resucitó.

Participemos de este momento. No rechacemos lo que el Señor nos da: su Cuerpo y su Sangre. Y, ya que es una fiesta, pongamos nuestra sonrisa, nuestros corazones, nuestros mejores sentimientos delante del altar.

El Señor va a hablar, va a hacerse presente. Escuchemos su voz y comulguemos su pan.

 

MONICIÓN A LAS LECTURAS

En el mundo, desgraciadamente, faltan razones para vivir, para soñar. El hombre, cada día más, se queja de que algo nos falta para ser totalmente felices.

Las lecturas de este día nos van animar. Nos dicen que Jesús es el pan que baja del cielo. Nos llaman a la sensatez. Al banquete de la vida y de la amistad.

Escuchemos con atención

 

ORACIÓN DE LOS FIELES

1 Pidamos por el Papa Francisco, para que Dios le asista en sus trabajos y desvelos. Roguemos al Señor.

2. Por los sacerdotes. Que el Señor les dé salud, esperanza, fortaleza y entereza. Roguemos al Señor.

3. Por los que no dan importancia a la Eucaristía. Para que descubran en esta fuente, la vida, la verdad, la gracia y la alegría del Señor. Roguemos al Señor.

4. Por todas las familias. Para que no les falte lo esencial para vivir. Roguemos al Señor.

 

Homilía  Domingo 20 del T.O / B

 

1.- JESÚS; ¿PAN SIN SABOR?

- Unos lo gustan como líder pero no lo saborean como presencia real de Dios.

- Otros lo comen mecánicamente y, por esa actitud, se diluye sin efecto alguno en sus entrañas.

- Algunos lo escuchan sin interés: son palabras que pronto difuminará el viento.

- Muchos lo toman como si fuese un seguro de vida, pero no caen en la cuenta de que tiene un precio: seguir y vivir el mensaje de Aquel que lo amasa.

- Otros más lo comulgan pero no lo ven: ojos que no ven corazón que no siente.

 

2.- JESÚS; ¿PAN PARA NADA?

- Unos acuden a Él cuando su casa se resquebraja y lo olvidan cuando, de nuevo, está ya construida.

- Otros se sientan para participar de su mesa y a continuación cierran filas para que no entren más comensales.

- Algunos quisieran espectaculares milagros pero se resisten a ver el trasfondo divino de ellos.

- Muchos lo siguen porque no pierden nada pero luego les cuesta bastante el dejar algo por el “todo”.

- Otros más apuran su cáliz pero les resulta duro el despuntar sus vidas al estilo de Jesús.

 

3.- JESÚS; ¿PAN SIN TRASCENDENCIA EN NUESTRA VIDA?

- Unos lo llevan grabado en oro pero en su corazón aparece como invisible.

- Otros lo esculpen en las cumbres de los montes pero no lo ven en el prójimo.

- Algunos lo comulgan en la Eucaristía y lo rechazan en lo cotidiano de la vida.

- Otros más no lo comulgan en la Iglesia prefieren un Jesús “a la carta”.

 

4.- JESÚS; ¿PAN QUE NOS CAMBIA?

- Unos lo ven como personaje operativo y presente; saben que su figura no ha quedado encorsetada en una simple página de la historia.

- Otros lo viven en propia sangre; lo hacen vida con su vida.

- Algunos lo ven como regalo del cielo y lo llevan a mil rincones de la tierra.

- Otros más intuyen que es fotocopia de Dios y lo multiplican a miles con su testimonio veraz y comprometido.

 

5.- JESÚS; ¿PAN DE CONTRADICCIÓN?

- Unos dicen que hace tiempo que pasó, vivió y murió y con esta afirmación se construyen castillos de falsas vidas y de intereses mezquinos.

- Otros afirman que vive y tratan de cambiar el mundo con la fuerza de su amor negándose, si es preciso, a sí mismos.

- Algunos dudan de su presencia y convierten su vida en un “sí” pero luego en un “no”.

- Otros más ni dudan ni afirman; simplemente creen y esperan en la última Palabra que se presenta y se visibiliza en forma de pan.

 

6.- JESÚS; ¿PAN QUE INTERPELA?

- Unos lo ven como PAN duro al paladar; les resulta interpelante a sus cómodas vidas.

- Otros lo comen por rito y obligación; es más fácil el comer que pasar hambre.

- Algunos se acercan humildemente a su presencia; saben que DIOS entra más cómodamente y mejor por esa puerta.

- Otros más elevan sus ojos hacia el cielo; saben que el horno de ese PAN está situado más allá del sol y de las estrellas. Es un pan que se multiplica con el cuchillo de la justicia, se cocina con las brasas que Dios sopla, se digiere con la virtud de la Fe, se retiene con los ojos de la esperanza, se mantiene eternamente tierno cuando se comparte, sirve como paladín para la vida eterna y se presenta en la mesa de Jesús por el gran panadero que es Dios.

 

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Tres ideas en torno a las lecturas de este domingo:

 

    "Venid a comer de mi pan y a beber el vino que he mezclado; dejad la inexperiencia y viviréis, seguid el camino de la prudencia."»

 

    "Fijaos bien cómo andáis, dejaos llenar del Espíritu"

 

    "Una buena comida tiene que comenzar siempre con hambre".

¿Hemos venido con hambre , hoy, a la iglesia? Jesús es el pan que nos alimenta.

¿Cuál es su imagen preferida de Jesús?  ¿En la cruz,. Maestro, profeta, pastor, puerta, resucitado…?

Hoy, Jesús quiere que lo veamos como PAN.

- PAN que satisface lo que ningún otro puede satisfacer.  - PAN que da vida.  - PAN que nos ayuda a seguir luchando.

     Aquí venimos para alimentarnos y poder llegar al final de la semana. La mesa, más que el púlpito es el centro de la iglesia. El pan, más que la palabra es el centro de la iglesia.  ¿Qué es el pan para ti? ¿Alimento, hambre, comunidad, comida, familia, recuerdo, vida, comunión…?

Todo eso es la Eucaristía, la cena del Señor. Si entiendo esto, me basta.     Calvino escribió sobre la presencia de Jesucristo en la Eucaristía: "prefiero experimentarla a entenderla".   Jesús nos salva, pero también nos alimenta.

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1. - En estos dos próximos domingos, la Iglesia, nos hace reflexionar sobre el tema eucarístico. Entre otras cosas, porque la Iglesia, sabe que bebe y se alimenta de este sacramento que, por lo que sea, algunos de nuestros hermanos o conocidos dejaron de frecuentar.

La Eucaristía, además de ser testamento del mismo Cristo, es alimento para todo creyente. Es un punto en el que convergen Dios y el hombre. Un lugar en el que, la debilidad, se transforma en fuerza invencible. Un momento, que cuando se vive apasionadamente, se entra en comunión perfecta con Dios y se cae en la cuenta de que estamos llamados a ser instrumentos de su amor en medio del mundo.

Si con la Eucaristía, ya nos resulta a algunos mantener encendida la llama de la fe, ¡cuánto más difícil sería sin ella ser fieles a la verdad o en el seguimiento a Jesús!

Hoy nos escandaliza los suicidios que, muchas personas, buscan como única salida para su vida. También, en la vida cristiana, existe la muerte espiritual: cuando dejamos de participar en la asamblea dominical; cuando, hostigados por tanto enemigo, dejamos de apetecer el pan de la vida y el vino de la salvación que es el Cuerpo y la Sangre de Cristo; cuando preferimos tener una fe individual y sin más referencia al evangelio que nuestra forma de ver las cosas, y al mismo Dios, a nuestra manera y con nuestro propio criterio.

Cada vez que comulgamos, además de llenarnos de Dios, nos sentimos llamados a ser sus heraldos. Los pregoneros de su amor y de su poder. De su gracia y de su ternura. Por el contrario, cuando no lo comulgamos, cuando nos dejamos empalagar por el manjar del mundo, corremos el riesgo de quedarnos vacíos, traídos y llevados por el zigzag de los caprichos.

2. - Pidamos al Señor que sea la vida de nuestra vida. La sangre que corra por nuestras venas. El horizonte de nuestra existencia.

--Pidamos al Señor que, su Cuerpo y su Sangre, sea alto precio que Él pague por nuestras debilidades, fracasos, traiciones o deserciones.

--Pidamos al Señor que, la Eucaristía, sea una fiesta en la que nos sintamos hermanos. Ser cristiano, además de estar configurados con Cristo, es saber que el que está a nuestro lado, no es un adversario; es un hermano, un amigo, un hijo de Dios. Alguien que, siempre, puede contar conmigo. Entre otras cosas porque tenemos un mismo Padre.

--Pidamos al Señor que nosotros los sacerdotes celebremos con la misma emoción del día de nuestra primera misa, cada Eucaristía. Que no seamos meros funcionarios. Que sepamos transmitir, celebrar y vivir todo el Misterio que rodea a este Sacramento. En definitiva, que sepamos repartir a manos llenas el Pan de la Vida que es Jesús.

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1.- Los evangelios de todos estos últimos domingos están llenos de olor a buen pan. El Señor nos viene diciendo que Él es el pan bajado del cielo, el pan vivo, que el que come de este pan tiene vida eterna. Y se pregunta uno por qué el Señor Jesús se le llama el Buen Pastor, y nunca ha cuajado el título de, o el Buen Pan, o el Buen Panadero.

Todo el Evangelio huele a pan recién hecho. Belén, donde el señor nació se traduce por la Casa del Pan.

--Cuando Jesús siente pena por la multitud hambrienta lo que multiplica es pan.

--Cuando nos enseña a pedir lo que necesitamos nos enseña a pedir el pan nuestro de cada día

--A la pobre cananea le dice que no está bien echar el pan que comen los hijos a los perros y la cananea le rebate que los cachorrillos comen las migajas de ese pan debajo de la mesa.

--Y al despedirse de nosotros con la promesa de que estará con nosotros hasta el final de los tiempos nos deja su Cuerpo en pan… ¿No merece ser llamado el Buen Pan?

2.- ¿Pero qué pretendía el Señor al hablarnos de tanto pan? Para el pueblo sencillo que le seguía sin comer pan era símbolo de satisfacción de un hambre endémica, símbolo de la vida que el pan mantiene,

Aun para nosotros que hacemos tantos remilgos del pan por miedo a los triglicéridos, el pan sigue siendo símbolo del hambre satisfecha y de unas fuerzas reparadas.

Un buen chef de un buen restaurante no podría entender que la mitad de los invitados a un banquete ni tocaran los alimentos. Y eso es lo que pasa cada domingo en nuestras eucaristías. ¿Es que no sabemos que necesitamos el alimento bajado del cielo?

Jesús nos quiere decir que le necesitamos a Él “porque sin Él no podemos hacer nada” como nuestro cuerpo necesita del alimento de cada día, sin él nuestro cuerpo se debilita, cae en toda clase de enfermedades y al fin se sumerge en un coma profundo.

Necesitamos alimentarnos con la fe de Jesús. Y necesitamos recibirle en la Eucaristía. No es un acto de piedad o de devoción que se pueda hacer como tres Avemarías o un Rosario. Se puede dejar de comer bombones, pero no se puede dejar de impunemente de comer ordenadamente cada día.

Nos sentimos débiles, caemos constantemente en los mismos pecados o en otros cada vez peores. Y no se nos ocurre pensar en lo más elemental: si estamos comiendo bien o nos estamos abandonando sin tomar el pan nuestro de cada día.

Una vez que unos nuevos cristianos japoneses asistieron a una misa en una iglesia de la calle de Serrano luego  comentaban: “¿Cómo es posible que no comulguen todos los que asisten a misa? ¿Nos lo podéis explicar?

3.- Hay otra cosa que nos quiere enseñar el Señor al hablarnos tanto del pan: y es que nuestra vida cristiana no es seguir a un jefe a un rey. No es imitar al Señor en sus maneras, su vestido, su voz. Ser cristianos es asimilarnos al Señor, como nos asimilamos y hacemos nuestro el pan que comemos. Es asimilar esa vida suya de forma que podemos decir como Pablo: “vivo yo, digo no vivo yo, sino que Cristo vive en mí”. Es asimilar sus sentimientos, su escala de valores, sus adhesiones, sus rechazos. Es que en obras y palabras asimilemos a Cristo.

Que como Cristo nos amó, amemos; como Cristo perdonó, perdonemos; como Cristo supo comprender a los demás, sepamos comprender. Cristiano es ser Buen Pan para los demás.

El pan que comemos no lo racionalizamos, no lo memorizamos, lo asimilamos. Y por eso no harta y nos satisface. Como dijo San Ignacio no el mucho harta y satisface el alma sino el sentir hondamente las cosas de Dios.