29º Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo C

29º Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo C
 
    La meditación sería la siguiente:
 
    

        La mejor prueba del grado de interés que tenemos en algo es la perseverancia que ponemos en conseguirlo. Si al primer fracaso dejamos de luchar por lo que pretendíamos, es que no nos importaba demasiado. En cambio, cuando algo nos preocupa de verdad, insistimos hasta que lo logramos o hasta que vemos que es absolutamente imposible. Si eso hacemos con las cosas del mundo, ¿por qué no hacemos lo mismo con las cosas de Dios?. 

 

         ¿Pedimos al Señor, con la misma intensidad, la santidad que el trabajo, la superación de nuestros defectos que el éxito en los estudios? 

 

         Decimos que queremos amarle, y es verdad, pero en la práctica no le dedicamos el mismo interés que a nuestro trabajo, a nuestros amigos o a la diversión y el descanso. Insistamos, pues, en pedirle al Señor la santidad y en poner los medios para conseguirla. Esa insistencia será una prueba de que queremos ser santos, a la vez que un acto de confianza en Dios y en que Él tiene la fuerza para conseguir un milagro tan grande.

 

         Por otro lado, la insistencia tiene que ser humilde, sabiendo que estamos pidiendo un favor y no reclamando un derecho, pues de lo contrario lo único que conseguiremos con nuestra soberbia es ofender a aquel al que pedimos ayuda, en este caso a Dios.

Propósito: Pedir a Dios por nuestra santidad todos los días en la oración y pedir también por la de los demás, sabiendo que es el principal tesoro. 

 

                     Poner los medios para conseguirla.