Homilía del padre Damián

A todos nosotros nos ha tocado vivir una vida y a medida que la vida pasa nos vamos dando cuenta que no siempre logramos lo que soñábamos y que no siempre tenemos aquello por lo que hemos luchado tanto...

 

La vida nos enseña la gran lección de que más que alimentarnos de cosas, necesitamos de buenas personas que sean como "el pan" que nos sirvan de estímulo y alimento en los momentos de más debilidad de la vida...

Queremos "comernos el mundo", alimentándonos de lo que pensamos, decimos o hacemos y no nos damos cuenta de que eso... por mucho que dure... dura poco...

Vivimos en un mundo que lucha por tener una buena "calidad de vida" y parece que esa vida aumenta en calidad cuando mejora nuestro coche, nuestra casa, nuestra cuenta bancaria o nuestra lavadora o tele...

Creemos estar "llenos", pero ahora más que nunca el ser humano se siente vacío...

Aumentan las consultas ( psicólogos, parapsicólogos, psiquiatras...). Intentamos llenar nuestro "vacío de vida" rellenándolo de placer, agitación, codicia...

Jesús hoy nos dice que la vida de verdad, la vida plena, es otra... y no se encierra ahí...

Es como si nos dijera:

"Me importas tanto..., te quiero tanto..., eres tan importante para mí... que para que no te sientas vacío ni muerto, me he quedado a tu lado en el pan que alimenta y fortalece, y en el vino que alegra y da vida...

Hoy tenemos algo por lo que dar gracias a Jesús...: porque Él, en la Eucaristía, puede infundir de nuevo en nosotros un deseo inmenso de vivir... porque Él es la Vida que necesitamos para no morir...