Moniciones y homilías

Domingo  24  del TO / B

 

 

MONICIÓN DE ENTRADA

En el mundo, cada día con más frecuencia, se responden a muchos interrogantes. Pero, en cambio, hay otros que jamás el mundo podrá contestar con total seguridad. Por ejemplo, sobre Dios.

Hoy, el Señor, nos interroga a nosotros: QUIÉN SOY YO. Pues ojalá, que con nuestras obras, palabras, conocimiento y oración, podamos responderle: TÚ ERES EL HIJO DE DIOS VIVO.

A veces será duro. Pero, el Señor, nos dará la fuerza necesaria para seguir en el camino de la fe.

 

MONICIÓN A LAS LECTURAS

Las lecturas que vamos a escuchar en este domingo nos invitan a dirigirnos al Señor con una verdad y sinceridad de nuestra vida. Entre otras cosas, con las buenas obras, el testimonio de fe y el conocimiento de Jesús, sabremos si nuestra FE es auténtica o solamente un adorno en nuestra vida.

 

ORACIÓN DE LOS FIELES

1 - Por todos los que nos decimos cristianos. Para que seamos fuertes. Para que no nos acobardemos ante las dificultades. Roguemos al Señor.

2 - Por todos los que dudan. Por los que son cristianos pero no viven como tales. Roguemos al Señor.

3 - Por los sacerdotes. Para que el Señor les bendiga y les llene de todos los dones del Espíritu Santo. Roguemos al Señor.

4 - Por los que no se preguntan por nada. Por los que viven sin sentido. Por los que han perdido la alegría de creer y esperar en Dios. Roguemos al Señor.

 

Homilía  Domingo 24 del T.O / B

 

1.- ¿Quién dice la gente que soy yo?... Miles de libros han dado respuesta a esta pregunta del Señor: teólogos, místicos, autores piadosos, novelistas, cineastas y hasta enemigos del cristianismo han tratado de participar entre lo que opina la gente con títulos como Rey de Reyes, La Pasión, Jesucristo, Superstar o, incluso de manera falaz y escandalosa, con “La última tentación”. Otros, han querido verle como un revolucionario al estilo del Che Guevara. Como los apóstoles contestando lo que los demás piensan se quedaron tan anchos y satisfechos, así nosotros, pero se nos corta el resuello cuando el Señor cambia su pregunta por la que, en realidad, le interesa a Él: “¿Y vosotros quién decís que soy yo?”.

Ya no vale refugiarse en títulos de libros, novelas o películas, ni siquiera se responde con muy pulidas respuestas de catecismo. A Pedro no le valió. Contestó con una definición de aventajado discípulo de clase de religión, pero se le quedó en el tintero lo que el Señor le preguntaba: su disposición hacia Él, su disponibilidad, su compromiso, su decisión, su entrega… Y fue reprendido duramente. A Jesús no le valen respuestas de catecismo.

2.- El Señor, ni es teólogo, ni profesor de religión, ni quiere colegiales aventajados, ni teólogos famosos, ni predicadores “piquito de oro”. Jesús sube hacia Jerusalén, se va enfrentar con la enemistad de los más…Sabe en peligro su vida y quiere saber si cuenta con los suyos, gente que pierde la vida con Él, porque Él significa algo para ellos.  “¿Tú quien dices que soy yo?” ¿Qué significó su vida? Pensároslo cada uno en silencio. Contestároslo si podéis. Pero cuidadito porque es una respuesta que compromete y el Señor nos va a tomar la Palabra.

Desde las líneas de un libro, la imagen de un cine o el desenfado de un púlpito caben las frases bonitas, la cháchara. Pero nen el tú a tú con el Señor no vale más que la verdad, y la verdad compromete. Pedro de definió y negó. Tomás dijo “Muramos por Él…

3.- ¿Cuenta Jesús en nuestra vida diaria? ¿O le tenemos encerrado en la Iglesia? ¿Entra en mi despacho, en mi comedor?

--¿lo siento cercano, como a cualquier miembro de mi familia?

--¿cuenta en mis decisiones personales o familiares?

--¿oigo crujir sus pasos junto a los míos por el camino de la vida?

--¿es alguien al que miro y hablo para decidir que debo hacer?

La anécdota es muy conocida, y muy antigua, pero hermosa. Se cuenta del Padre Vilariño, autor de una preciosa biografía de Jesús que yendo sólo en el tranvía –allá en el Madrid de los años treinta del siglo pasado—charlando con el Señor, al acercarse el cobrador pidió instintivamente dos billetes, con gran admiración del tranviario… Así era de real Jesús para él. Jesús no es el teólogo curioso, es el amigo y quiere saber si cuenta con sus amigos: ¿qué soy en tu vida?, ¿ocupo en lugar en ella?

4.- Hay muchos “quienes” en el Evangelio, la multitud se pregunta: “¿quién es éste que acalla a la tempestad?, ¿quién es éste que arroja a los demonios?, ¿quién, que perdona los pecados?, ¿quién es el que habla con autoridad? Quién, quién, quién, pero todos fuera de mí. El único quién importante para el Señor y para cada uno de nosotros es: “¿Quién es el Señor para mí?

A una persona se la define por su nombre y apellido, por la referencia a la familia que pertenece, por su carrera o cargo. Pero lo importante es quién es para mí, la persona sin la que no puedo vivir, la persona por la que soy capaz de dar mi vida. Lo único que me importa en la vida… Esta es la respuesta que Jesús espera de mí.

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Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Esta es una buena pregunta que debemos responder cada uno de nosotros. También nosotros, muy frecuentemente, pensamos como hombres, no como Dios, y creemos que Cristo es el que tiene que resolvernos nuestros problemas particulares y los problemas del mundo entero. Acudimos a Cristo como el que acude al médico, o al banco, o al psicólogo, para que nos arregle nuestros problemas de salud, y de dinero, y nuestras angustias y desazones interiores. Y es natural, es muy humano que lo hagamos así, porque somos cien por cien humanos. Pero Cristo nos dice que él no ha venido al mundo para eliminar milagrosamente la enfermedad, o el dolor, o el hambre y la miseria. Él vino al mundo para enseñarnos a luchar y a vencer la enfermedad y el dolor y las miserias y debilidades psicológicas y humanas, con sufrimiento, y con valor, y sobre todo con un amor inmenso y oblativo. Él es nuestro camino y nuestra verdad y nuestra vida; el que quiera seguirle, que se niegue a sí mismo, que cargue con su propia cruz y que le siga. Tratemos hoy de pensar quién es Cristo para cada uno de nosotros.

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La respuesta de Pedro “Tu eres el Mesías”, aunque inspirada por Dios no era suya, no salía de su corazón con plena comprensión de ella. En realidad no sabe lo que es ser Mesías, por eso quiere apartar a Jesús de la Pasión que les predice.

Hay otra respuesta de Pedro mas suya: “Señor, Tú lo sabes todo, Tú sabes que te amo”. Eso es Jesús para Pedro después de la Pasión, el centro de su corazón, el centro de su amor y de su vida, por el que va a trabajar y morir. Un Señor compasivo, perdonador, que ya no recuerda la debilidad y traición de Pedro. También de otro apóstol tenemos su respuesta a esta pregunta: es la de Tomás, “Señor mío y Dios Mío”. Eso es Jesús para Tomás, su Dios y su Señor por el que al fin dará su vida sin cobardías.

¿Qué es Jesús para mí? ¿No, para todos nosotros? ¿Para ti que estás ahí sentado? ¿Para mí que os habla desde aquí?

a) ¿Es para mí Dios? ¿Mi Dios? Como reconocemos en la oración de cada misa: “Por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos”

b) ¿Es para mí ese ser central, imprescindible, anterior y posterior a todo, inmenso, insondable, sin que el universo no tiene explicación?

c) Dios que debe ser el centro de mi vida, al que debo mirar al tomar mis decisiones, que cuenta conmigo para sus planes y yo debería contar con Él para los suyos.

d) Dios, mar insondable de bondad, que pasando la mano suave, como ola tranquila, por las heridas de mi corazón las cura una y otra vez, sin dejar cicatriz ni mancha, sin quedarse ni siquiera con el recuerdo.

¿Quién soy yo para ti? ¿Qué soy yo para ti? ¿Es mi Dios? ¿Y lo que preguntamos en el fondo de la conciencia –o nos pregunta el inmediatamente—cómo es posible que lleve la vida que llevo?

4.- ¿Quién dices tú que soy yo? El que se entregó y murió por mí fue la conclusión de San Pablo. El único en este mundo que ha dado su vida por mí… ¿Creemos esto o es como el FUEQUE de la niña? ¿La vida que llevo se corresponde a esta creencia? ¿O es casi olvidada definición del catecismo? ¿Qué es Jesús para mí… para ti?

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¿Qué decimos cuando, en un ambiente frío u hostil, se nos interroga sobre nuestra fe? ¿Qué respuestas ofrecemos, desde nuestra vivencia religiosa, cuando se nos plantea la ausencia o inexistencia de Dios en medio del mundo?

1.- Preguntas que, más que respuestas, exigen un convencimiento profundo de lo que somos y vivimos: somos cristianos y queremos vivir como tales. Ser cristiano, no es muy difícil. Pero “VIVIR COMO CRISTIANO” se hace más cuesta arriba. Sobre todo si, vivir como cristianos, implica ir contracorriente. Decir al “pan, pan y al vino, vino”. O, por ejemplo, no comulgar con ruedas de molino en temas o en problemas que, la sociedad, presenta como paradigma de progreso o bienestar social.

Como a Pedro, también a nosotros, el corazón nos puede traicionar. Queremos un Jesús amigo, confidente, compañero pero sin demasiadas exigencias. Aquel viejo adagio “serás mi amigo siempre y cuando no pongas piedras en mi camino” viene muy bien para reflexionar sobre el mensaje evangélico de este domingo. Jesús nos lo adelanta: “quien no coja su cruz y me siga no es digno de mi”.

2.- Es cómoda una fe sin obras. Una vivencia sin más trascendencia que un “bis a bis” con Dios. Sin más compromiso que la tranquilidad que supone el estar bautizado. El ser cristiano, pero sin aventurarse en dar testimonio de lo que creemos, escuchamos y sentimos: Jesucristo es nuestra salvación. ¿Que quieres vivir bien? ¡No te compliques la vida! Pero, viene el Señor y nos recuerda que para entrar por la puerta del cielo, hay que emplearse a fondo en su causa. Confesar el nombre del Señor no solamente es despegar los labios y decir un “sí creo”. Además nos exige un construir nuestra vida con los ladrillos de la fraternidad, el perdón y el testimonio de nuestra fe.

3.- ¿Queremos confesar, con todas las consecuencias, el nombre de Jesús? Aprendamos a conocerle más y mejor. Nos preocupemos de meditar su Palabra. De avanzar por los caminos que El nos propone. El Señor, además de bautizados en su nombre, desea gente de bien que viva según lo que nos exige el Bautismo: una vida en Dios, entregada a los demás y profundamente arraigada en Cristo.

4.- En cierta ocasión un nadador cruzó un inmenso río. Y, al llegar a la otra orilla, le preguntaron: “¿son profundas las aguas?” Y, el deportista, respondió: “la verdad es que no me he fijado. Solamente he nadado superficialmente. No he buceado”. Algo así, queridos amigos, nos puede ocurrir a nosotros. Como Pedro podemos pretender quedarnos en lo bonito de la amistad, En la superficialidad de la fe. Pero, el Señor, quiere y desea que ahondemos en lo que creemos. Que vivamos según como pensamos. Y que, en definitiva, no rehuyamos de esas situaciones en las que podemos demostrar si nuestra fe es oro molido o arena que se escapa entre las manos.  Y nosotros ¿qué?...