Moniciones y homilías

Domingo  25  del TO / B

 

 

MONICIÓN DE ENTRADA

Bienvenidos, una vez más, al encuentro con el Señor. Hoy, Jesús nos indica que el servicio y la humildad, son características que hemos de llevar a cabo, y guardar sus amigos.

Muchas personas quieren ser siempre los primeros en todo. Pero, los cristianos, hemos de ser los primeros en ser generosos, en demostrar nuestra alegría y sobre todo en buscar siempre el bien de los demás.

 

MONICIÓN A LAS LECTURAS

Nunca nos tiene que dar pena el mostrar la cara más bonita de nuestra vida cristiana: nuestra forma de ver el mundo, las personas o los acontecimientos.

Además, la segunda lectura de hoy, nos indica cuales son los caminos que conducen al hombre a su ruina, a no ser felices.

Finalmente, en el evangelio, Jesús nos recuerda que seguirle es difícil. Pero que, el día de mañana, veremos el valor de todo lo realizado en su nombre. Escuchemos con atención.

 

ORACIÓN DE LOS FIELES

1. Un recuerdo especial por el papa Francisco y por el papa emérito Benedicto XVI. Por nuestro Obispo (Jesús). Por los sacerdotes. Para que nos animen a buscar siempre, en el servicio, nuestra alegría y nuestro orgullo. Roguemos al Señor.

2. Por todos los que han comenzado el colegio. Por los profesores. Para que crezcamos en sabiduría. Para que aprovechemos este tiempo para llenarnos de sabiduría. Roguemos al Señor.

3. Por todos los que dividen. Por los que enfrentan a los países y a las religiones. Por todos aquellos que sólo piensan en sí mismos. Para que vuelvan al camino del bien. Roguemos al Señor.

4. Para que no seamos envidiosos. Para que promovamos siempre la paz, el desarrollo y la comunión de todos con todos. Roguemos al Señor.

 

Homilía  Domingo 25 del T.O / B

 

1.- "Servir a Dios es reinar". Así rezaba una frase lapidaria a la que acudían frecuentemente los predicadores para marcar el camino del cristiano. ¿Cómo podemos servir a Dios? He aquí la repuesta: sirviendo al hermano. Sólo el que hace esto puede decir que en verdad reina, pues se realiza auténticamente como persona y está en disposición de sentarse a la derecha del Padre

2. -- El que quiera ser el primero entre vosotros que sea el último de todos y el servidor de todos, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Lo dijo después de haber anunciado su Pasión. Pero se ve que los discípulos no habían comprendido nada de lo que Jesucristo había venido a enseñarles. El mismo vino a servir a todos, dando su vida por todos nosotros. Servir es a menudo gratificante, pero otras veces no sólo no hay recompensa, sino que trae consigo incomprensión, desprecio y hasta persecución. Esto es lo que parece indicar el texto del Libro de la Sabiduría que escuchamos hoy. El justo es perseguido sólo por ser justo. En el fondo, quienes se meten con él están rechazando a Dios. Cuando esto ocurra debemos recitar las palabras del Salmo 53: "Dios es mi auxilio, el Señor sostiene mi vida.

3.- Conviene hacer autocrítica para ver si ejercemos bien nuestro "ministerio" o servicio a favor de los demás. Frecuentemente, tanto clérigos como laicos, utilizamos la autoridad para sentirnos importantes o abusar de nuestro poder. También hay ambición en el campo espiritual: queremos ser los primeros en virtud, en experiencia de Dios, en radicalidad evangélica. ¿Por qué queremos hacerlo?, ¿para obtener una parcela importante en el cielo?, ¿para que los demás nos honren? Sólo la humildad y el espíritu de servicio es lo que debe distinguir al cristiano. Esta es la auténtica sabiduría que viene de arriba. Es sabio aquél que es amante de la paz, comprensivo, dócil, lleno de misericordia y buenas obras. Es sabio aquél que acoge a los pequeños, a los que nadie aprecia. El que acoge al más pequeño e inocente, acoge a Jesús y al que le ha enviado. Porque ha sabido captar el mensaje de Jesús.

4.- Las 10 cuestiones que Dios te preguntará

1. -Dios no te preguntará si tu nombre fue conocido en la tierra; te preguntará si diste a conocer su nombre aquí en la tierra.

2.- Dios no te preguntará por los lujos de tu casa; te preguntará a cuánta gente recibiste en ella.

3.- Dios no te preguntará la marca de la ropa en tu armario; te preguntará a cuántos ayudaste a vestir.

4.- Dios no te preguntará cuál era tu título o profesión; te preguntará si hiciste tu trabajo con lo mejor de tu capacidad.

5.- Dios no te preguntará a que iglesia asistías; te preguntará cómo estabas dispuesto a servir a tus hermanos.

6.- Dios no te preguntará las cosas malas que dejaste de hacer; te preguntará por todas las cosas buenas que no hiciste.

7.- Dios no te preguntará cuántos amigos tenías; te preguntará cuánta gente te consideraba su amigo.

8.- Dios no te preguntará cuanto dabas o que dabas; te preguntará si lo dabas de corazón o por presión.

9.- Dios no te preguntará cuanto tiempo pasaste conectado a Internet; te preguntará en que aprovechaste el tiempo que te dio de vida.

10.- Dios no te preguntará cuantas veces leíste la Biblia; te preguntará si la viviste.

________________________

En aquel que sirve bien y con generosidad es donde se hace visible el Reino de Dios. En aquella persona que, sin ruido, hace bien (como afirmaba San Vicente de Paul), es donde se hace manifiesta la mano de Jesús. En aquella persona que, sintiéndose pequeña por lo que hace, es donde emerge con verdad y evidencia el evangelio en vivo. Y es que, aunque nos parezca difícil de entender, la grandeza de la vida cristiana está precisamente en eso: en multiplicarnos en pequeños detalles allá donde se nos requiera. Qué bien lo expresó el papa emérito Benedicto XVI en su reciente viaje al Líbano: “En estos tiempos inestables y de violencia es urgente que los discípulos de Cristo den un testimonio auténtico de su unidad para que el mundo crea en su mensaje de amor, paz y reconciliación". Para el papa emérito Benedicto XVI, la presencia de los cristianos, se ha de hacer palpable y real. Servir, aun siendo los últimos en muchas ocasiones y aún a riesgo de ser mártires por la causa de Cristo.

1. -También a nosotros, cuando llegamos del trabajo un tanto decepcionados, nos pregunta Jesús. ¿D e qué habéis discutido? Y, en algunas ocasiones, reconocemos que nos duele que nuestro esfuerzo no sea reconocido o valorado. El hecho de que, otros, con mucho menos sean más considerados.

-También a nosotros, cuando ejercemos ciertas responsabilidades sociales, políticas o incluso religiosas, el Señor nos cuestiona: ¿Qué pretendes? ¿Servir o servirte? Y, al contestar, nos damos cuenta que en algunas ocasiones utilizamos nuestra posición con un afán de apariencia, de trepar a costa del que sea y de lo que sea.

-También a nosotros, cuando realizamos algunas tareas (humanas, apostólicas, caritativas, etc.) el Señor nos interpela: ¿Y por qué lo hacéis? Y, al responderle, lo podemos llegar hacer hasta ruborizados: nos gusta que nos señalen como buenos; que aplaudan nuestras pequeñas proezas o simplemente, eso, el sentirnos imprescindibles o importantes.

2.- En un gran y afamado monasterio, desde hace muchos años, se encontraba una hermana que humildemente se dedicaba a poner en orden la sacristía, resplandecientes los manteles, luminosos los candelabros, limpios los ornamentos y vasos sagrados. Aparentemente, aquella mística, no era esencial en el desarrollo de la liturgia monacal. Un buen día, una gran cadena de televisión se acercó hasta aquel monasterio, y decidió realizar una entrevista. La Abadesa, sin pensárselo dos veces, les comunicó a los periodistas: “empiecen por Sor María. Sin ella, sin las cosas más pequeñas en las que la hermana se entrega y va muriendo, sería imposible llevar a cabo nuestro oficio divino”.

--Así es Jesús; mira con ojos agradecidos lo aparentemente o interesadamente escondido al mundo. Aplaude a todos aquellos que, más que discutir sobre títulos o reconocimientos, se dedican en el camino a buscar a quienes hacer felices o, simplemente, levantar el ánimo.

--Así es Jesús; observa nuestra entrega interesada y nos invita a convertirnos hacia un servicio más nítido. Sin llevar cuentas de lo que se hace o de lo que se da.

--Así es Jesús; alguien que desea que su Iglesia sea un espacio, no con escaleras para trepar, sino con manos e ideas prácticas para ayudar al necesitado.

--Así es Jesús; alguien que, siendo el más importante de los nacidos de mujer, se hace poco y nada en su intento de acercarse –hasta la extenuación- a la humanidad. ¿Y todavía nos queremos dar importancia cuando, el más importante, se sintió feliz desgastándose sin reconocimiento alguno?

_________________________

“Cuando llegaron a Cafarnaún, Jesús preguntó a los discípulos: ¿De qué discutíais por el camino? Ellos no contestaron, pues habían estado discutiendo sobre quién era el más importante”. San Marcos, cap. 9.

1.- Desde nuestro lenguaje pudiéramos decir que sus discípulos, sobre todo el grupo de los Doce, le sacaron canas al Maestro. En varias ocasiones Jesús había explicado el sentido del Reino de los Cielos, mediante el colorido lenguaje de sus parábolas. Pero la mayoría continuaba esperando un reino temporal. Materializaban de forma grosera ese ideal de paz, de progreso y de justicia, que tiempo atrás presentaron los profetas.

Pedro, Santiago, Juan y casi todos pensaban que el Señor, luego de otro milagro desmesurado, semejante al los panes y los pescados, se dejaría coronar como rey. Expulsaría entonces a los romanos de su territorio. Cortaría de raíz la corrupción en el sanedrín y en el templo. Y todo sería concordia y prosperidad en ese nuevo reino, copia fiel de aquella edad de oro que el pueblo disfrutó bajo el rey Salomón.

Por simple lógica, los más allegados a Jesús alcanzarían los primeros puestos en ese estado teocrático. Para lo cual se habían hecho ya algunas gestiones. La madre de los Zebedeos le había pedido directamente al Maestro un lugar de preferencia para sus hijos. Lo cuenta san Mateo. Según san Marcos, ellos mismos habían intrigado para lo mismo.

2.- Les hubiera servido a los apóstoles recordar aquel salmo que se rezaba en la sinagoga: “Señor, mi corazón no es ambicioso, ni mis ojos altaneros; no pretendo grandezas que superan mi capacidad; sino que acallo y modero mis deseos, como un niño en brazos de su madre”. En esta molesta coyuntura, Jesús presenta una unidad didáctica que podríamos titular: “De cómo han de portarse los cristianos en relación con el poder”. O bien: “Acercamiento a un nuevo organigrama, bajo la luz del Evangelio”. O también “Sobre la importancia de los niños en la política de la Nueva Alianza”.

Fue una lección teórica práctica. Primero el Señor explicó al grupo: “Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos”. Y enseguida, “acercó a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: El que acoge a un niño como éste en mi nombre, me acoge a mí”. Con este texto de san Marcos en la mano, podíamos llegar a nuestras familias. Y además visitar las comunidades cristianas, las empresas, los centros educativos, las reuniones sociales. ¿Quién podrá calcular el copioso caudal de envidias, maledicencias, intrigas, chismes, que allí se gestan y ensombrecen la convivencia?

3.- En anteriores épocas el pecado fundamental era el sexo. Los predicadores se estremecían señalando sus nefastas consecuencias. Más adelante, los moralistas satanizaron el dinero. No se tocaba el tema del poder, pues muchos estamentos cristianos lo habían sacralizado. De tal modo que dominar, someter, excluir, destruir eran parte integrante del plan de Dios, en orden a salvar la Iglesia.

Hoy nos enseñan un Evangelio más encarnado. Es decir, más situado dentro de nuestra mortal naturaleza. Por lo cual, hemos de prestar atención a ese enemigo, el poder, que nos aleja automáticamente del ideal cristiano. San Pablo escribió a los filipenses: “Siendo Cristo de condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios, pasando por uno de tantos”.

_______________

 

Las luchas, las rivalidades. Las contiendas y las envidias. El afán de aparentar y de conseguirlo todo, son en el fondo, muestra de una gran asignatura pendiente: nuestra falta de comunión con Dios. Nos queda mucho por llegar a la perfección en nuestro seguimiento a Jesús.

1.- Quien está en paz, y en perfecta sintonía con el Señor, sabe que aquello que prima en el mundo (ser el primero) no ha de ser la motivación de su existencia. Por el contrario; el cristiano que intenta vivir acorde con la Palabra del Señor e iluminado por el Espíritu, intuye que ser el último significa servir con generosidad, guardar silencio aunque a veces se tengan ganas de hablar, dar como perdida una batalla aunque poseamos mil armas escondidas o resortes para ganarla.

Es un gran misterio la presencia del mal en el mundo. ¿Por qué esto a mí? ¿Cómo puede permitir Dios que ocurra todo esto? ¿Por qué a mí esta injusticia? La respuesta, como siempre, Jesús. Su cruz, su muerte, su pasión….su “ser el último” lo clarifica todo. No podemos dejar sobre los hombros de Dios todo lo que acontece de negativo en el mundo. Siempre recuerdo aquel famoso predicador que, ante una desgracia ocurrida en su parroquia, preguntaba a sus feligreses: ¿Por qué cuando las cosas van bien decimos que obedece a la casualidad o al progreso humano y, cuando van mal, es culpa de Dios?

2.- Nuestra debilidad, seamos cristianos o no, siempre nos acompañará. Lo importante no es que seamos débiles. No es malo que erremos en muchas situaciones. Que nos equivoquemos a la hora de tomar decisiones. Lo pernicioso, para la fe y para nosotros mismos, es creer que nuestros pecados son mayores que la gran misericordia de Dios. Esa misericordia que se manifiesta en el “pagó uno por todos”. ¿Puede hacer algo más Dios por el bienestar y el futuro de la humanidad? ¡Por supuesto que sí! A través de nuestras manos, inteligencia, ciencia y creatividad. Otra cosa es que, como siempre, nos empecinemos en elegir el camino de la destrucción.

La vida cristiana, el bautismo, no es un cheque en blanco. No nos garantiza una vida muy distinta a la de los demás. NO nos evita desgracias. Pero, eso sí, la vida cristiana –nuestro vivir cristiano- ha de impregnar con los colores de la esperanza, la ilusión y el amor a Dios todas las situaciones que nos salgan a nuestro encuentro.

Dios no nos va a proteger, una y otra vez, de los problemas que sacuden a la humanidad. Pero siempre nos dará su aliento para saber cómo y de qué manera enfrentarnos a ellos.

Cuesta mucho, ¡pero que mucho!, ser el último. No entender a veces los designios de Dios. Ver la mano del Señor en aquello que nos sacude diariamente la felicidad, la conciencia o la paz. Pero, es bueno recordar, que el Señor también fue el último en muchas cosas y el primero en resucitar gloriosamente en beneficio de todos nosotros.

Y, por El, hasta merece la pena…..ser de vez en cuando, el último ante los ojos de algunos o ante los ojos del mundo. ¿O no?