Homilía del padre Damián

A ninguno de nosotros le gusta ni le apetece el hecho de estar enfermo.

 

Hay una enfermedad silenciosa cuyos síntomas se manifiestan en el interior de la persona, puede llegar a arruinar la alegría de vivir, el descanso, la paz interior y hasta la salud... El dinero, porque sin darse apenas cuenta la persona termina por reducir su existencia a ser reconocido y admirado por lo que tiene y posee... El remedio está en saber darle al dinero su verdadero valor: el que se gana con un trabajo honrado... es bueno y necesario para vivir; pero cuando éste domina nuestra vida y nos empuja a tener más y más aun a costa de todo (engaño, injusticias, robos...) entonces es muy dañino...

 

Aquel muchacho podemos ser hoy cualquiera de nosotros. Jesús le dijo: " Una cosa te falta"... Hoy podría decirnos: "Una cosa te sobra", aquello que te ata y esclaviza, aquello que nos impide seguirle. (Su problema fue que pensó más en lo que tenía que dejar que en lo que había encontrado...).

 

El dinero y los bienes son necesarios... pero se van pegando al corazón (por eso el más rico no es aquél que más tiene sino aquél que menos necesita para ser feliz). Y eso quiere Jesús, que seamos felices.

 

Dios y el dinero se parecen en algo... aspiran a llenar nuestro corazón, con la diferencia que uno lo enriquece, y otro lo empobrece...

 

+ El dinero absorbe y hasta divide a las personas (herencia), nunca tenemos bastante y cuanto más poseemos, más queremos...

 

+ Dios nos quiere del todo para sí, pero para hacernos felices, y lo hace gratuitamente...

 

El joven se acercó a Jesús, quiso orientar su vida pero escogió la dirección equivocada... no se dio cuenta que al seguir a Jesús poseería el mayor de los tesoros... Seguro que volvió...