Estar de vuelta sin haber ido (Octubre 2012)

Hay muchas personas que pasan de la religión. Hoy en día, al menos en España, parece que para muchos es incompatible ser creyente y sobre todo practicante con ser normal.

“¿Que aún vas a misa? ufff, qué colgado o anticuado estás…”.

“¿Que estás en algún tipo de grupo para formarte en cosas de fe? ufff, esto es grave, estás en una secta, te han lavado el cerebro”.

“¿Que crees en Dios? qué “carca” (o qué bobo)”

“¿Que cómo puedes pertenecer a esa Iglesia?” (normalmente en el concepto “esa Iglesia” va una simplificación y una caricatura que poco tiene que ver con la complejidad, riqueza y hondura de la iglesia real y sus gentes). 

Es curioso, porque en estas latitudes, y en muchos asuntos, hay una tolerancia políticamente correcta –y digo yo que está francamente bien respetar la diversidad de actitudes, orientaciones, sensibilidades, opiniones, etc.- pero luego parece igualmente correcto ser tremendamente intolerante con las creencias del personal.

A mí me deja a veces alucinado cómo la gente se mete con otros –incluso amigos, cercanos, etc-por sus creencias. Me duele que a menudo se parte de estereotipos gastados –que, en general, lo que muestran es bastante desconocimiento de lo que de verdad está en juego cuando hablamos de fe. A menudo te encuentras personas que parecen prematuramente desengañados de todo, escépticos sin motivo, rendidos sin guerra.

El caso es que esto a veces me cuestiona, otras me entristece y otras me provoca.

Me cuestiona, porque hay que reconocer, con un poco de autocrítica, los muchos errores que ha habido -y hay- a la hora de transmitir la fe.

Me entristece, porque me doy cuenta de que bastantes veces las personas que pasan de la religión tienen una visión poco reflexionada, y está fundada en prejuicios, simplificaciones y estereotipos, antes que en preguntas, búsquedas y opciones serias. 

Me provoca, porque es un reto ayudar a las personas a abrirse, ¿Cómo ayudar a la gente a darse cuenta de que la religión en realidad tiene que ver con lo más hondo, lo más auténtico, lo más profundo que se pone en juego en nuestras vidas: el amor, la alegría, la soledad, el propio lugar en el mundo, el sufrimiento, la muerte, el encuentro entre las personas, la libertad, el riesgo, el tiempo y Dios…? 

¿Cómo ayudar a la gente a adentrarse por el camino de la duda, la búsqueda y la fe, cuando a menudo la actitud es la de quien está de vuelta sin haber ido?

Dios quiera que en este Año de la Fe, los que tenemos clara nuestra identificación cristiana de seguidores de Jesús, Mesías y Salvador, ayudemos a “ir” a Él a todos aquellos que sin “ir” ya “vienen”…

       Es un reto que hay que afrontar, y que con la ayuda del Señor se hará realidad, estoy seguro…

       Dios te bendiga

                                                          Damián