Moniciones y homilías

Domingo  29  del TO / B

 

MONICIÓN DE ENTRADA

En este domingo 29 del Tiempo Ordinario, la presencia del Señor, nos anima a celebrar una jornada que todos conocemos como el DOMUND. Es decir: el día en que rezamos, recordamos y ayudamos a la Iglesia que se encuentra en misiones. A tantos hombres y mujeres que llevan LA PALABRA QUE ES LA LUZ allá donde Jesús ha sido conocido o todavía es un gran desconocido.

Hoy es un día para salir de nosotros mismos. La parroquia, nuestras iglesias, son más católicas en la medida en que salen de sí mismas y no olvidan a los más pobres, a los misioneros, a los que nos piden un gesto de generosidad para que el anuncio del Evangelio siga llegando a todos los pueblos.

 

MONICIÓN A LAS LECTURAS

En las lecturas de hoy se nos anima a descubrir a Jesús como el único y sumo sacerdote. Gracias a Él, el hombre, puede unirse plenamente a Dios. Pero, seguir a Jesús, no siempre es fácil. Las dificultades, las cruces y los tropiezos asoman por algunas esquinas de nuestra vida cristiana. Escuchemos con atención.

 

ORACIÓN DE LOS FIELES

1. Por la Iglesia. Para que sea altavoz de la PALABRA que es Jesús. Roguemos al Señor.

2. Por todos los medios de comunicación. Para que utilicen su poder para llenar el mundo de verdad y no de mentira. Roguemos al Señor.

3. Por los misioneros. Por todos los miles y miles de hombres y mujeres que han dejado su familia y su casa para llevar a Cristo a tantos lugares del mundo. Roguemos al Señor.

4. Por nosotros. Para que seamos misioneros. Para que nuestras familias, nuestras parroquias y todos los cristianos no olvidemos en nuestras oraciones a los que siembran el amor de Dios en los países más pobres. Roguemos al Señor.

5. Por los que ya no creen en Dios. Por los que se han apartado de su camino y viven sólo en las luces del mundo. Para que descubran de nuevo la luz de Cristo. Roguemos al Señor.

 

Homilía  Domingo 29 del T.O / B

 

1.- De nuevo en el evangelio le plantean una cuestión a Jesús que no tiene fácil solución. La semana pasada un joven se acerca y le pregunta qué tiene que hacer para llegar a la vida eterna. Hoy, dos de sus discípulos le piden sentarse en el cielo uno a cada lado. El camino a Jerusalén que está haciendo Jesús, y que va a desembocar en la entrega de su vida, no le está siendo nada fácil, ya que se da cuenta de que ni siquiera sus propios discípulos saben “de que va la película”.

Si la semana pasada, el obstáculo que impedía acercarse a Jesús a aquel joven era el dinero, hoy lo que impide a estos discípulos entender a su Maestro es el afán de poder, el prestigio, el “caché” de ser los primeros en ese “reino” del que habla tanto Jesús. Los otros diez discípulos se indignan por la petición de estos dos, pero están sufriendo la misma “enfermedad” de la competencia y la ambición de poder, que provoca la división y el conflicto en la comunidad. Y Jesús, una vez más, se sienta a enseñarles con calma y con mucha paciencia.

2.- En esta comunidad, el que quiera subir, ser grande, tener prestigio, “caché”, importancia, protagonismo, etc., etc.… ¡que sea vuestro servidor! Porque yo, el Hijo del hombre, he venido no para que me sirvan sino para hacer de mi vida una entrega servicial y generosa por todos vosotros y por toda la humanidad. Aquí no se trata de “trepar” y de ser más que nadie, “pisando” a quien haga falta para conseguirlo. “Vosotros nada de eso”.

La ambición del dinero y la tentación del poder son los peligros más graves que amenazan a los seres humanos, lo que más daño nos hace a todos, lo que más deshumaniza, divide y enfrenta. El grupo de seguidores de Jesús tiene que ser todo lo contrario: una generosidad llevada hasta el extremo de la comunión de bienes con los más pobres y una actitud de servicio radical, hasta dar la propia vida, fueron la lección que Jesús nos dio en la cruz. “Entregó su vida como expiación”, pero “justificará a muchos porque cargó con sus crímenes”.

3.- La respuesta que Jesús les da a sus discípulos, al igual que al joven rico de la semana pasada, pasa por el seguimiento radical e incondicional a su persona. Un seguimiento que implica entregar la vida. “¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber?”. “Vende todo lo que tienes, dáselo a los pobres y sígueme”. Son apuestas radicales por Jesús y por el proyecto del Reino de Dios tal y como él lo entiende y lo explica, y no como sus discípulos quieren que sea.

4.- La Iglesia, la comunidad de los seguidores de Jesús, se ha de caracterizar por estos mismos rasgos, para dar un testimonio coherente a una sociedad que necesita referentes para caminar. Si la Iglesia quiere ser luz en el mundo, lo ha de demostrar desde el servicio y la entrega, no desde el poder y la dominación. Ser signo de la presencia de Dios en medio de los hombres y mujeres de este mundo implica que la Iglesia, o sea, cada uno de nosotros que la formamos, sea servidora de la humanidad, que lave los pies de los más necesitados, que rompa con los esquemas preestablecidos de dominación, ambición, autoritarismo, afán de riqueza, poder…

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1- ¿Quiénes son los más grandes para Dios? Dentro de poco, al acercarse el final del año, las revistas comienzan a hacer sus listas de las personas más célebres. Entre estos estarán los ricos, los famosos y los políticos más poderosos del mundo. El niño que pasa hambre en el Congo no estará en la lista, ni la madre anciana a quien sus hijos han olvidado. El más pequeño, el más débil y el más vulnerable entre nosotros nunca estará en esas listas. Pero ellos estarán en la lista de Cristo entre los más benditos en el Reino de los cielos. ¡Benditos los pobres, los que sufren, los desheredados y los rechazados! ¡Y bendito tú que los has defendido! El que quiera ser grande, debe servirles y el que quiera ser el primero, debe ser el esclavo de todos. Eso dice el Hijo del Hombre que "no vino a ser servido sino a servir y a dar su vida por la salvación de muchos." Y esa es la única lista que realmente importa.

2.- El que quiera ser grande, sea vuestro servidor. “Había una vez un gran jefe que era muy orgulloso. Un día se paseaba por la ciudad y gritaba para quien quisiera oírle: "Soy grande. No hay nadie más grande que yo". Una anciana que lo oyó, se le acercó y le dijo: "Yo conozco a uno que es verdaderamente grande".El gran jefe se sorprendió y enojado le dijo: "¿Qué? ¿Quién es más grande que yo? La sabia anciana dijo: "Venga a mi casa mañana cuando el sol esté en lo más alto del cielo y yo se lo presentaré "." Muy bien, dijo el jefe, mañana veremos quién es más grande". Al día siguiente, el jefe vestido con sus mejores ropas y joyas fue a visitar a la anciana mientras se repetía por el camino: "No hay nadie más grande que yo". Cuando el jefe entró en la casa vio a la anciana sentada contra la pared y a un niñito gateando junto a ella. "¿Dónde está ese gran jefe del que me hablaste ayer?" La anciana cogió en sus brazos al niño y dijo: "Éste es el grande del que le hablé".

Al gran jefe no le agradó este anuncio. Muy enfadado gritó a la anciana: "¿Qué es esto? No intentes engañarme. Esto no es más que un bebé." El niño asustado por el grito súbito y poderoso comenzó a llorar. El jefe se conmovió. No quería asustarle. Arrodillado, se quitó las plumas de águila y halcón que llevaba en el pelo y acarició las mejillas del niño. Sacó la bolsa de las medicinas y las colocó debajo de su nariz. Se quitó finalmente sus collares que hicieron de sonajero a los oídos del niño. Poco a poco el niño dejó de llorar y comenzó a escuchar y mirar. La anciana sonriendo le dijo: "Se da cuenta, incluso usted, el gran jefe, tuvo que dejar de hablar y cuidar del niño. En cada casa, el niño es verdaderamente grande porque incluso el jefe más grande, como usted, tiene que convertirse en el servidor de un niño. Así lo quiso el Creador. El Creador no le hizo grande para que pudiera presumir de su grandeza. El Creador le hizo grande para que usted pudiera ayudar a los que no son tan fuertes como usted". A partir de aquel día nadie oyó al gran jefe proclamar su grandeza.

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Celebramos, en este domingo, la tradicional y popular jornada misionera del Domund. Este año con el lema “LA PALABRA, LUZ PARA LOS PUEBLOS” Desde aquí, y ahora, tenemos un recuerdo agradecido y emocionado por tantos miles de hombres y mujeres (sacerdotes y no sacerdotes, religiosos y no religiosos) que contribuyen con su testimonio, entrega, silencio, perseverancia y audacia para que la Palabra de Dios siga construyendo y edificando el reino de Dios en tantos lugares dispersos por el mundo.

1.- ¡Qué sería el mundo sin la Palabra de Dios! ¡Viva la Palabra de Dios! Necesitamos de la Palabra para que, los hombres de nuestro tiempo, no pierdan la esperanza. Si observamos y estudiamos los acontecimientos más negros que acontecen en la tierra se deben, entre otras cosas, al exceso de palabra humana. Todo intento de relegar a un segundo plano la iluminación divina, lejos de ser positivo para la humanidad, se convierte en un contrasentido, en un vacío, en una orfandad.

2.- La Palabra, siempre, será luz que ilumina a todas las gentes que desean encontrar respuestas y horizontes en su caminar. Que buscan más allá de la palabra humana que es interesada, caprichosa y demasiado egoísta, a un Dios que salva, acompaña, levanta y desea la dignidad de toda persona.

Al celebrar la Jornada del Domund caemos en la cuenta de que, la Palabra del Señor, necesita voceros humanos, altavoces de carne y hueso. Pero, sobre todo, reflexionamos sobre un hecho del todo importante: quien la acoge, quien la escucha se siente iluminado y fortalecido.

Por ello mismo, esta Jornada del Domund, además de ser un día de solidaridad y de ayuda económica para con nuestros misioneros, es una llamada a valorar más la Palabra del Señor.

¿La escuchamos atentamente? ¿La meditamos o, simplemente, la guardamos a continuación en la estantería de nuestro olvido? ¿Hacemos reverencia desde el corazón cuando la proclamamos o la escuchamos? ¿Llegamos con puntualidad a la Eucaristía para no perdernos el manjar de la Palabra?

Damos gracias a Dios, en esta jornada, porque además de Palabra quiso encarnarse. Se hizo como uno de nosotros y, además, nos puso como meta y fin a toda la Iglesia el proclamar el Evangelio hasta los últimos confines de la tierra.

3.- Si Cristo se empeñó en salvar a toda la humanidad, también nosotros, hemos de seguir sus huellas y secundar ese proyecto. Hacen falta medios, personas, creatividad, templos, escuelas y oración….para que, el mensaje de salvación, sea universal.

No podemos contentarnos con decir “ya conocemos nosotros a Cristo” ¿Y los demás? ¿Qué ocurre con esa gran mayoría de habitantes de nuestro planeta que todavía no hay oído que un tal Jesús, Hijo de Dios y de María, murió y resucitó por salvarnos? ¿Nos quedaremos de brazos cruzados?

Esta jornada del Domund nos empuja, allá donde estemos, a ser misioneros. A estimar con nuestra oración sincera y nuestra limosna generosa, la acción evangelizadora que en nombre de Cristo desarrollan esa “cara más bonita” que son los misioneros de la Iglesia Católica.

Una parroquia que se encierra en sí misma, no es católica del todo. Una parroquia que se conforma con evangelizar a los suyos, le falta la apertura de miras que Jesús nos dejó “ID POR TODO EL MUNDO”

En este día del Domund, desde lo más hondo de nuestras entrañas, digamos: ¡Viva la Palabra de Dios! Y sea proclamada en todos los lugares del mundo.

Se habla mucho de la basura que nos vomita la televisión todos los días, con las historias de esos personajes y personajillos que su único mérito es haberse arrimado a otro famosillo que a su vez se arrimó a otro y así hasta el infinito. Amantes de cantantes y actrices, modelos, exmaridos de hijas de toreros, personas y personajes que hacen de sus intimidades una mercancía, dispuestos a todo por el dinero.  Y luego esos programas que encierran a unas personas en situaciones inverosímiles para que hora tras hora, día tras día, contemplemos el transcurrir de sus vidas, excitados por el morbo.

 

Realmente hay que preguntarse hasta que punto nuestra sociedad está entrando en una espiral de embrutecimiento al dedicar tanto tiempo y dinero a esas vidas de miseria.  Sí, algo grave está pasando cuando somos capaces de encumbrar a este tipo de personajes y sin embargo aquellos que realmente hacen algo por los demás gratuitamente pasan desapercibidos.   Este puede ser el caso de nuestros misioneros.  Miles de compatriotas nuestros que anónimamente, están realizando en los países más pobres una labor de titanes.  ¡Qué sería de este mundo sin ellos!  ¡Quién nos iba a recordar la injusticia en que viven tantos pueblos!  ¡Quién iba a subir a las favelas del Brasil,  o bajar a los suburbios de las ciudades africanas a llevar un poco de pan y cariño!  ¡Quién iba a recoger a los muertos por las calles de Calcuta!...  Y encima sin cobrar nada, sin ningún reconocimiento.  

 

Sólo de vez en cuando, una noticia escueta en las televisiones sobre ellos, sobre todo cuando en alguna masacre aparecen ellos como los únicos que se quedan al lado del pueblo.   Y es que los misioneros parecen seres de otro planeta. Porque están a años luz de los valores en boga, de lo que se nos vende en las TVs, de lo que todos aspiramos como ideal de vida.  

 

Pero lo bueno de todo esto es que no cabe ninguna duda de quién es más feliz: no hay más que verlos en la Tv con esa alegría sin fingimiento que les sale del alma y compararlos con esos rostros y esas posturas desencajadas del famoseo. Comparar aquella monjita rescatada de la masacre de Ruanda que decía que estaba esperando volver lo antes posible, con esa famosa que alardea de su adulterio.

 

         Los misioneros han entendido bien lo que Jesús nos decía hoy en el evangelio: que El no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida por todos. Ellos son la gloria y la honra de nuestra Iglesia y de la humanidad. 

 

Y hoy día del Domund en que se nos solicita nuestra oración y nuestra ayuda económica,  nosotros correspondemos con todo nuestro aprecio y generosidad. Que el Señor nos haga a todos servidores de los demás, y dé a la Iglesia misioneros y misioneras dispuestos a anunciar el evangelio a todos los hombres.

 

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CONTEXTO

Sigue el camino hacia Jerusalén. Marcos emplea la misma estrategia literaria que en el capítulo anterior, cuando los discípulos discutían quién era el más importante. Después de anunciar, por tercera vez, su pasión, el evangelio propone una reacción totalmente opuesta a la enseñanza de Jesús. Los doce siguen buscando los privilegios del poder sin querer enterarse de nada. Los apóstoles siguen pensando, que la subida a Jerusalén va a culminar con su entronización como Mesías Rey.

El domingo pasado eran las posesiones, hoy es el poder, los dos pilares del egoísmo, que hay que desechar como material de construcción del Reino (hombre acabado).

Con este relato se cierra un ciclo que abarca los tres anuncios de la pasión y las enseñanzas que se desprenden de esa propuesta.

EXPLICACIÓN

Los dos hermanos, que se acercan a Jesús, le llaman pomposamente maestro, pero van a decirle lo que tiene que hacer, no a aprender lo que él les está enseñando.

“Uno a tu derecha y otro a tu izquierda”. Parece que Santiago y Juan están pidiendo los primeros puestos en el reino terreno que Jesús va a instaurar en Jerusalén. Pero aunque estuvieran pensando en el reino escatológico, más allá de este mundo, se estaría manifestando el mismo afán de superioridad. Ya decíamos el domingo pasado que la actitud egoísta es la misma, tanto si se pretenden seguridades para el más acá o para el más allá.

No sabéis lo que pedís. Se refleja una diferencia abismal de criterios. Jesús y los discípulos están en distinta longitud de onda.

Con esta frase, Marcos puede estar proponiendo una sutil proyección sobre el momento mismo de la muerte de Jesús. Si tenemos en cuenta que, para Jesús, el lugar de la gloria es la cruz, le estarían pidiendo que vayan con él a la muerte. Curiosamente, todos los evangelios nos dicen que, efectivamente, había en aquel momento uno a su derecha y otra a su izquierda, pero eran malhechores comunes.

Los otros diez se indignaron. Esta reacción no es más que la señal de que todos estaban en la misma dinámica. El resto de los discípulos tenía las mismas ambiciones que los dos hermanos, pero eran cobardes y no tenían la valentía de manifestarlo. También en la protesta por lo que hacen otros, podemos manifestar el deseo de hacer lo mismo.

Los jefes de los pueblos lo tiranizan... Es impresionante el resumen que hace de la manera de utilizar el poder en el mundo. Fíjate bien, Jesús no critica ni la democracia ni la monarquía; critica a las personas que ejercen el poder oprimiendo.

Jesús da por supuesto que en el ámbito civil, lo normal es ejercer el poder tiranizando y oprimiendo a los demás. Pero ¡qué distinto lo que propone a sus seguidores! "Nada de eso" sino todo lo contrario: Servir. Una lección que los cristianos olvidaron demasiado pronto.

El Hijo de hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida... Ahora no son los jefes de los sacerdotes los que le quitan la vida, sino que es él el que la entrega libremente. Este cambio de perspectiva en muy importante para el sentido general.

Al decir que da su vida, el texto griego no dice “zoe” ni “bios” sino “psyche”, que no significa exactamente vida, sino el fundamento específicamente humano de la vida (el alma?). Entonces, dar su vida, no significaría entregar su vida biológica muriendo, sino poner su humanidad al servicio de los demás mientras vive. Sería dar su vida, sirviendo.

APLICACIÓN

Es muy común, que en la homilía de hoy, se critique a la Iglesia porque no sigue el evangelio huyendo de todo poder y dedicándose al servicio de los demás, pero hay que tener mucho cuidado, porque los entes de razón no son sujetos de reacciones humanas. Jesús critica a la persona concreta que actúa desde el poder para oprimir a los demás. Son las personas concretas, con nombre y apellidos las que hoy en la Iglesia están actuando sin tener en cuenta el evangelio.

Bastaría con que uno solo de esos jerarcas sirviera de verdad a los demás para que no se pudiera decir que la “jerarquía” oprime o tiraniza. Es curioso que el mismo J. Ratzinger (el Papa actual), en un libro (el nuevo pueblo de Dios) que se publicó en español en 1972, se pregunta, “cómo los sucesotes de los apóstoles, en tiempo de Constantino, llegaron a considerar como correcto lo contrario de lo que les había dicho Jesús a los discípulos”.

La verdad es que Constantino, o quien fuera, prometió toda clase de privilegios a aquellos que en aquel momento estaban al frente de la Iglesia, y lo hizo de manera tan convincente que cayeron en la trampa y la mayoría de los dirigentes de hoy día siguen encontrándose tan a gusto, aunque estén a años luz del evangelio. Es más, cada siglo que pasa van encontrando más argumentos para justificar lo absoluto de ese poder sagrado.

El evangelio nos dice, por activa y por pasiva, que el cristiano es un ser para los demás. Si no entendemos esto, no hemos comprendido el abc del cristianismo. Pero este mensaje es también la x, porque es la incógnita más difícil de despejar, la realidad camuflada bajo la ideología justificadora que siempre segrega toda religión institucionalizada.

Somos cristianos en la medida que nos damos a los demás. Dejamos de serlo en la medida que nos aprovechamos de los demás de cualquier forma.

Este principio básico del cristianismo, no ha llegado a nosotros a través de ningún extraterrestre, no ha venido de ningún mundo galáctico. Ha llegado hasta nosotros gracias a un ser humano en todo semejante a nosotros. Lo descubrió, no gracias a ningún hilo directo con una Divinidad exterior, sino en lo hondo de su ser, profundizando en el conocimiento de lo que realmente era él.

Al comprender lo que Dios era en él, al percibirlo como don total, Jesús hizo el más profundo descubrimiento de su vida. Entendió que la grandeza del ser humano consiste en esa posibilidad que tiene de darse como Dios se da. Jesús descubrió que ese era el fin supremo del hombre, darse, entregarse totalmente, definiti¬vamente. En ese don total, encuentra el hombre su plena realización.

Cuando descubre que la base de su ser es el mismo Dios, descubre la necesidad de superar el apego al falso yo. Liberado del “ego”, se encuentra con la verdadera realidad que es. En ese momento, su ser se expande y se identifica con el Ser absoluto. El ser humano se hace uno con Él. Esa es la meta, no hay más. Ni Dios puede añadir nada a ese ser, porque es ya una misma cosa en él.

Mientras no haga este descubrimiento, estaré en la dinámica del joven rico, de los dos hermanos y de los demás apóstoles: buscaré más riquezas, el puesto mejor y el dominio de los demás para que estén a mi servicio. El objetivo de mi vida será la potenciación del “ego” que creo ser.

Aquí no valen programaciones. Si acepto darme a los demás por programa¬ción, será a regañadientes y porque espero una recompensa, aunque sea espiritual. Ya estoy buscando potenciar mi “ego”. No puede funcionar.

Tampoco se trata de sufrir, de humillarse, de rebajarse ante Dios o ante los demás, esperando que después Dios me lo pague con creces con alguna clase de gloria externa. La clave está en superar esta trampa y descubrir la máxima gloria en el mismo don de sí mismo.

No entender esta verdad, nos ha llevado a exigir de Dios, incluso para Jesús, una gloria. La necesidad de un lenguaje sobre Jesús glorificado, es fruto de esta incomprensión. El 90% del lenguaje sobre Jesús, está hecho desde esta perspectiva.

En el evangelio hay datos más que suficientes para descubrir esta falsedad, pero nos agarramos a un clavo ardiendo para no aceptar la verdad. El hombre ha tenido siempre miedo a la oscuridad. Lo sorprendente es que también tiene pánico a la luz, cuando ilumina demasiado.

El objetivo de Jesús como ser humano fue entregarse, deshacerse, aniquilarse en beneficio de los demás. Ahí, y no después, llegó a su plenitud, como ser humano. Su consumación fue idéntica realidad a su consumición en favor de los demás. No lo hizo esperando una recompensa de gloria. La superación del yo y su identificación con Dios es ya su máxima gloria. No puede haber más. ¡Estamos a años luz del evangelio!

La celebración del día del DOMUND me deprime profundamente, porque la fe que pretendemos propagar, se reduce a un cúmulo de verdades teóricas, una serie de normas morales y un conjunto de ritos litúrgicos externos.

Me encantaría celebrar un día de la fe bíblica. Un día en que pensáramos en el grado de confianza en lo que Dios es.

Lo que menos tenía que necesitar el cristianismo es propaganda. Decían los escolásticos: “el bien se difunde por sí mismo”. Un buen cristiano hace presente a Dios y construye el Reino. Un millón de malos cristianos hacen presentes los ídolos y retrasan la llegada del Reino.

Mucho más necesario que el dinero para hacer más cristianos, sería el esfuerzo personal para ser más cristiano. Bien entendido que lo que nos hace cristianos es ponernos al servicio del hombre, al servicio de todo ser humano, no sólo de los nuestros. Si comprendemos que todos son de Dios, y todos son de los nuestros, ¿a qué viene tanto interés por aumentar el gueto? Propagamos la fe, cuando compartimos con los demás lo que tenemos y lo que somos.
 

Se habla mucho de la basura que nos vomita la televisión todos los días, con las historias de esos personajes y personajillos que su único mérito es haberse arrimado a otro famosillo que a su vez se arrimó a otro y así hasta el infinito. Amantes de cantantes y actrices, modelos, exmaridos de hijas de toreros, personas y personajes que hacen de sus intimidades una mercancía, dispuestos a todo por el dinero.  Y luego esos programas que encierran a unas personas en situaciones inverosímiles para que hora tras hora, día tras día, contemplemos el transcurrir de sus vidas, excitados por el morbo. Realmente hay que preguntarse hasta que punto nuestra sociedad está entrando en una espiral de embrutecimiento al dedicar tanto tiempo y dinero a esas vidas de miseria.  Sí, algo grave está pasando cuando somos capaces de encumbrar a este tipo de personajes y sin embargo aquellos que realmente hacen algo por los demás gratuitamente pasan desapercibidos.  

Este puede ser el caso de nuestros misioneros.  Miles de compatriotas nuestros que anónimamente, están realizando en los países más pobres una labor de titanes.  ¡Qué sería de este mundo sin ellos!  ¡Quién nos iba a recordar la injusticia en que viven tantos pueblos! 

¡Quién iba a subir a las favelas del Brasil,  o bajar a los suburbios de las ciudades africanas a llevar un poco de pan y cariño!  ¡Quién iba a recoger a los muertos por las calles de Calcuta!...  Y encima sin cobrar nada, sin ningún reconocimiento.   Sólo de vez en cuando, una noticia escueta en las televisiones sobre ellos, sobre todo cuando en alguna masacre aparecen ellos como los únicos que se quedan al lado del pueblo.   Y es que los misioneros parecen seres de otro planeta. Porque están a años luz de los valores en boga, de lo que se nos vende en las TVs, de lo que todos aspiramos como ideal de vida.  

 Pero lo bueno de todo esto es que no cabe ninguna duda de quién es más feliz: no hay más que verlos en la Tv con esa alegría sin fingimiento que les sale del alma y compararlos con esos rostros y esas posturas desencajadas del famoseo. Comparar aquella monjita rescatada de la masacre de Ruanda que decía que estaba esperando volver lo antes posible, con esa famosa que alardea de su adulterio.

          Los misioneros han entendido bien lo que Jesús nos decía hoy en el evangelio: que El no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida por todos. Ellos son la gloria y la honra de nuestra Iglesia y de la humanidad.  Y hoy día del Domund en que se nos solicita nuestra oración y nuestra ayuda económica,  nosotros correspondemos con todo nuestro aprecio y generosidad. Que el Señor nos haga a todos servidores de los demás, y dé a la Iglesia misioneros y misioneras dispuestos a anunciar el evangelio a todos los hombres.

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1. - La autoridad de una persona se mide por los metros cuadrados de su despacho. A más autoridad, mas despacho; mas salas y antesalas. Este concepto de autoridad, que todos llevamos muy adentro, no sé si hará reír al Señor o llorar. Nos verá a todos nosotros jugando a gigantes y cabezudos. El que no se atreva a subir en altos zancos, al menos engordará su cabezota para ser notado, para no pasar desapercibido, para mostrarse a sí mismo y a los demás que es algo. Un sillón así lleno de gloria y autoridad es lo que Juan y Santiago vienen a reclamarle al Señor: los mejores puestos para tener más poder, para poder escalar, para poder favorecer a los familiares y amigos. No ha cambiado mucho, desde entonces la humanidad.

2. - ¿Por qué será que Jesús nunca piensa como nosotros? El que quiera ser grande sea vuestro servidor. El que quiera ser el primero sea vuestro esclavo. ¿Puede pedirse al hombre de hoy mayor indignidad y bajeza? Servir cuando ya no se sirve a la Patria, ni se sirve al Rey, ni hay chicas de servir.

Solo ya uno que sigue sirviendo, que no se siente abajado de su grandeza, que ha bajado miríadas de kilómetros desde lo alto del cielo, que ha llegado a la mayor muestra de servicio, dando la vida por los amigos. Y ese es el Hijo del Hombre. Ese es Jesús.

Y Jesús nos dice que en su Reino toda autoridad está en servir y que no hay autoridad sin servicio a los demás. No es un servicio de relumbrón. Ni servicio de fotografía, como aquella vieja instantánea de la revista “Blanco y Negro” de los años 20, en la que una señora muy emperifollada, mirando al fotógrafo, echa un cazo de sopa en el plato de una huerfanita, que mira con horror como la sopa cae fuera del plato.

3. - Servir no es sólo trabajar. Se puede trabajar amargado y con el corazón lleno de odio. Eso no es el servir cristiano. Servir es mirar a la persona y se hace algo por alguien a quien se considera hermano.

--Servir es estar con los ojos abiertos para ver en qué puedo echar una mano, en que puedo ayudar, cómo puedo dar alegría. Al que tengo cerca.

--Servir es atender a los demás en nuestra profesión con delicadeza y cariño. Es saber sonreír detrás de despacho, tras una ventanilla o en un mostrador.

--Servir es estar dispuesto a hacer el tonto precisamente porque se está siempre dispuesto a ayudar a hacer un favor.

Pero yo os diría que la novena bienaventuranza sería: bienaventurado cuando sientas que haces el tonto atendiendo a todos los que acuden a ti, porque eso es señal de que sirves a los demás y de que estás en la verdadera dinámica del Reino.

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Celebramos, en este domingo, la tradicional y popular jornada misionera del Domund. Este año con el lema “Misioneros de la Fe”. Desde aquí, y ahora, tenemos un recuerdo agradecido y emocionado por tantos miles de hombres y mujeres (sacerdotes y no sacerdotes, religiosos y no religiosos) que contribuyen con su testimonio, entrega, silencio, perseverancia y audacia para que la Palabra de Dios siga construyendo y edificando el reino de Dios en tantos lugares dispersos por el mundo.

1.- ¡Qué sería el mundo sin el testimonio de tantos cristianos! En este Año de la Fe, y más que nunca, se nos pide que los hombres de nuestro no perdamos la esperanza. Si observamos y estudiamos los acontecimientos más negros que acontecen en la tierra se deben, entre otras cosas, al exceso de confianza en el hombre por el hombre. Todo intento de relegar a un segundo plano la iluminación divina, lejos de ser positivo para la humanidad, se convierte en un contrasentido, en un vacío, en una orfandad. Gran drama el de Europa y también de lo que no es Europa, lo decía el Papa Benedicto XVI, cuando se intenta sustituir a Dios por otros dioses de tercera o de cuarta.

2.- La Palabra junto con el testimonio siempre, serán luz que iluminen y animen a todas las gentes que desean encontrar respuestas y horizontes en su caminar. En este Año de la fe, o ahora o nunca, hemos de despertar del letargo de un catolicismo cómodo o sin fundamento; desertar del mero altruismo (que se queda clavado en el puro humanismo sin referencia a lo cristiano) y agarrarnos a un Dios que salva, acompaña, levanta y desea la dignidad de toda persona.

Al celebrar la Jornada del Domund caemos en la cuenta de que, la Palabra del Señor, necesita voceros humanos, altavoces de carne y hueso. Pero, sobre todo, reflexionamos sobre un hecho del todo importante: quien la acoge, quien la escucha se siente empujado a proclamar la presencia de Cristo allá donde se encuentra. ¿Por qué nos cuesta tan poco escuchar la Palabra y tanto dar testimonio de ella? ¿Por qué somos tan valientes para hacernos eco de mensajes secundarios y tan cobardes para los mensajes divinos?

3.- Esta Jornada del Domund, además de ser un día de solidaridad y de ayuda económica para con nuestros misioneros, es una llamada a tomar conciencia de nuestro ser misioneros aquí y ahora. La Iglesia del futuro depende y mucho de los esfuerzos personales y colectivos de cada uno de nosotros. No podemos quedarnos en los mínimos (celebración de sacramentos o una piedad personal y puntual). El testimonio, entre otras cosas, denota una fe recia, convencida y fundamentada. Por el contrario, el silencio de los católicos, es un síntoma de que nuestra fe no ha sido totalmente asumida y mucho menos acogida con una condición: lo bueno se contagia.

Si Cristo se empeñó en salvar a toda la humanidad, también nosotros, hemos de seguir sus huellas y secundar ese proyecto. Hacen falta medios, personas, creatividad, templos, escuelas y oración….para que, el mensaje de salvación, sea universal.

No podemos contentarnos con decir “ya conocemos nosotros a Cristo” ¿Y los demás? ¿Qué ocurre con esa gran mayoría de habitantes de nuestro planeta que todavía no hay oído que un tal Jesús, Hijo de Dios y de María, murió y resucitó por salvarnos? ¿Nos quedaremos de brazos cruzados?

4.- Esta jornada del Domund nos empuja, allá donde estemos, a ser misioneros. A estimar con nuestra oración sincera y nuestra limosna generosa, la acción evangelizadora que en nombre de Cristo desarrollan esa “cara más bonita” que son los misioneros de la Iglesia Católica.

Una parroquia que se encierra en sí misma, no es católica del todo. Una parroquia que se conforma con evangelizar a los suyos, le falta la apertura de miras que Jesús nos dejó “ID POR TODO EL MUNDO” En este día del Domund, desde lo más hondo de nuestras entrañas, digamos: ¡O ahora o nunca! ¡Yo puedo hacer algo por Dios, por el Señor, por mi Iglesia!