Moniciones y homilías Todos los Santos

Solemnidad de Todos los Santos

 

MONICIÓN DE ENTRADA

Muy buenos (días – tardes)  a todos. Hoy es un día muy especial para mirar hacia el cielo. Porque, cerca de Dios, están miles y miles de personas que, por lo que hicieron y dijeron, han llegado a ser santos. Es decir: fueron un reflejo de Dios mientras estuvieron en la tierra.

Hoy, el ser santo, no está muy de moda. Preferimos ser vulgares, cobardes, no sufrir, no trabajar por la justicia. Pero ¿y el día de mañana? ¿Podremos gozar de la presencia del Señor en el cielo?

Que esta Eucaristía sea una Acción de Gracias a Dios por tantas personas que han creído en Él y que han dejado con su vida un testimonio vivo de su presencia en el mundo.

Hoy podemos decir “ser santo es aquel que vive fascinado por la belleza de Dios”

 

MONICIÓN A LAS LECTURAS

Hoy con las lecturas estamos llamados a dar alabanza a Dios que está en los cielos. Con los Santos, que cumplieron la voluntad del Señor, decimos que no hay nadie ni nada como Él. Que estas lecturas nos animen a sentirnos elegidos por Dios y, sobre todo, que las bienaventuranzas nos indiquen el sendero que hemos de elegir para llegar a la meta que Dios nos marca. Escuchemos con mucha atención.

 

ORACIÓN DE LOS FIELES

1. Por la Iglesia. Para que, guiada por la Palabra de Dios, sea un signo vivo y real de la presencia de Dios en medio del mundo. Roguemos al Señor.

2. Por tantos cristianos que son perseguidos; nos acordamos especialmente de los cristianos de la India y de otros países. Para que Dios les dé mucha fortaleza. Roguemos al Señor.

3. Por tantos cristianos que mueren por su fe. Para que estemos orgullosos de ellos. Para que no olvidemos a tantos hermanos nuestros que, por creer en Jesús, han derramado su sangre. Roguemos al Señor.

4. Los Santos no son de madera; los Santos son de carne y hueso. Que los imitemos en sus obras pero, sobre todo, que les imitemos en la forma en que vivieron y siguieron a Jesucristo. Roguemos al Señor.

5. Para que todos los que estamos en esta Eucaristía busquemos en las Bienaventuranzas el secreto para ser felices de verdad. Roguemos al Señor.

 

Homilía Solemnidad de Todos los Santos

 

1.- El Vaticano II nos recordó que todos estamos llamados a la santidad. La Iglesia, sin embargo es santa y pecadora a la vez. Santa por su fundador, Jesucristo, y por ser instrumento universal de salvación. Muchas veces los árboles no dejan ver el bosque. Se critica a la Iglesia-institución, sin apreciar los raudales de santidad que han derrochado muchos de sus miembros a lo largo de la historia. Personas que han dedicado todas sus energías al evangelio, héroes anónimos que se desvivieron por los más necesitados, misioneros que dejaron su patria y familia para ayudar a gentes de tierras lejanas.

Pero los santos no son de otras épocas, hoy sigue habiendo santos. No hace falta que realicen milagros, la madre Teresa de Calcuta no necesita hechos extraordinarios para ser proclamada santa, el principal milagro es su propia vida. ¿Cuándo dejará la Iglesia de buscar milagros para santificar a una persona? El pueblo de Dios testifica la santidad de muchas personas, con eso basta. Así se hacía en el principio.

2.- Hoy recordamos a todas aquellas personas que gozan de la compañía de Dios en el cielo. Santos no son sólo los que están en los altares con figura hierática o "vestidos de blanco". Dice el Apocalipsis que es "una muchedumbre inmensa" que nadie podría contar. Hoy no es un día de tristeza, aunque muchos acudan a los cementerios a recordar a sus seres queridos y añoren su presencia entre nosotros.

Hoy es un día de alegría porque muchos hermanos nuestros han llegado a la meta del encuentro con el Padre. Y son personas normales, que se santificaron en el día a día, son padres y madres de familia que, a pesar de las dificultades, confiaron siempre en el Señor y transmitieron a sus hijos el don de la fe ¿por qué solo se canoniza a los obispos, papas, curas o monjas?, ¿es que es menos santo el que realizó su tarea de padre o madre con un dedicación ejemplar? Hoy es un día para dar gracias a Dios por tantas personas buenas que nos han precedido en la fe.

3.- ¿Cómo santificarnos? A veces da la sensación de que tenemos que hacer lo que hizo éste o aquél santo para llegar al cielo. Por cierto, lo que hicieron algunos -como el Estilita que se pasó la vida subido en una columna- es desaconsejable para la salud y ante los ojos de hoy antievangélico. Tampoco podemos ponernos un listón que todos tenemos que saltar para llegar a ser santos. Cada cual se santifica a su modo, con sus cualidades, con los dones que le ha dado el Señor.

Es santo aquél que vive según el espíritu de las bienaventuranzas. Como todo ideal es imposible de cumplir -entonces dejaría de ser ideal- pero la cuestión está en vivir según ese estilo e intentar ser manso, pacífico, misericordioso, pobre de espíritu, sufrido, luchador en favor de la justicia, limpio de corazón. Esta manera de vivir contrasta con lo que dice el mundo, pero es la única manera de seguir a Jesús. Es su principal mensaje, lo que distingue a un cristiano, pues de los que viven a así "es el Reino de los cielos".

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“Los santos son los que cambian el mundo” Con esta impresionante frase, el Papa Benedicto XVI, se dirigía a los fieles congregados en la plaza de la Catedral de Erfurt (Alemania) en septiembre de 2012. Y nos recordaba, entre otras cosas, que aunque sean pocos, fueron y son sal y luz. Son grandes porque grande fue amor radical a Dios y al prójimo.

1. - En esta festividad de Todos los Santos, hemos de caer en la cuenta de una gran herencia: ser santo significa participar de la santidad de Dios.

Un cristal por el que, la presencia del Señor, se ve nítidamente por las obras o un balcón abierto por el que, cuando se asoma, se escucha en toda su pureza la Palabra que nos ilumina.

Celebrar esta fiesta es sentirnos fascinados por lo alto. Cuando ascendemos a las montañas vienen a nuestros ojos imágenes de valles y de ríos, de cielos estrellados o de horizontes lejanos. En esta jornada de Todos los Santos no nos conformamos con subir a los cerros. Trepamos más arriba. Elevamos nuestros ojos a esa realidad que ha sido la razón y el motor, el existir y el triunfo definitivo de tantos hombres y mujeres que se dejaron seducir por la beldad de Dios. No se conformaron con lo que encontraban en el suelo, con las propuestas caducas de felicidad, con los atajos traicioneros. Los santos apostaron fuerte: descubrieron que Dios era lo máximo y dieron firme testimonio de Él.

2.- ¿Es posible seguir a Jesús en estos tiempos?- ¿Está de moda ser santo? Interrogantes que sólo esperan y merecen una respuesta: ¡SI! ¡Es posible seguir a Cristo en medio de tanta mediocridad! ¿Cómo? Siendo diferentes a los modelos que nos propugna una sociedad saturada de falsos ídolos pero necesitada de auténticos referentes de justicia y de paz, de amor y de verdad. ¿Acaso podremos encontrar la santidad en las revistas que aceleran y confunden el corazón? ¡No! Las bienaventuranzas son, hoy más que nunca, “la cosmética esencial” para cuidar el alma y el rostro de un cristiano. Para saber si estamos en onda con Jesús de Nazaret. Para comprobar si, nuestros anhelos de santidad, son ciertos o –por el contrario- se quedaron en buenos propósitos.

Es posible seguir a Jesús porque, otros hermanos nuestros (también de carne y hueso, no de yeso o madera) lucharon por ello y, entre otras cosas, fueron inmensamente felices así. Es más, cerraron los ojos al mundo, y están viendo –cara a cara- a ese Dios con el cual tanto soñaron, por el que tanto se desvelaron y por el cual dieron hasta el último suspiro.

3.- ¿Dónde está entonces el secreto de la felicidad de Todos los Santos? En la belleza interior. Como nosotros tuvieron un punto de salida (el Bautismo) pero se tomaron como una fascinante tarea el llegar a la santidad desde Dios y sin olvidar nunca a Dios.

-Unos, sin quererlo, no pasaron desapercibidos. Fueron exigentes consigo mismos y dejaron huella allá por donde caminaron. Fueron fuego vivo y, desde lejos, se veía el humo de su vida cristiana.

-Otros, porque así lo quisieron, brillaron sólo para Dios. Tan sólo El, hoy seguimos sin saberlo nosotros, conoce quienes son, en qué altar de tierra o perdidos en el ancho horizonte se encuentran. Pero…fueron santos. Fueron brisa suave...pisada sin ruido….

-Otros están vivos. Son los santos del próximo siglo. Hombres y mujeres que, en tiempos de muros para la fe, proclaman con valentía y con espíritu bienaventurado que seguir a Jesús es lo más grande que una persona puede hacer y brindar a la humanidad.

Y, en medio de todo ello, nosotros. ¡Sí! ¡Nosotros! También estamos convocados a no quedarnos bajo mínimos. Podemos alcanzar altas cotas de perfección y de santidad, de caridad y de amor, de alegría verdadera y de esperanza cristiana.

4.- Mirar o festejar a estos grandes deportistas de la fe (conocidos o anónimos) no significa quedarnos en una simple contemplación (sería una traición a su gran obra). Honrar la memoria de Todos los Santos es recoger la antorcha que ellos sostuvieron en sus manos: la adhesión a Jesucristo muerto y resucitado, y saber crecer espiritualmente aún en medio de defectos o debilidades. ¿Cómo? Optando claramente, una y otra vez, por el camino de la conversión, la reconciliación y el perdón.

¿A que es posible? ¡Todos los Santos…nos dicen que sí! ¡Avancemos por el sendero que ellos nos dejaron iluminado!