Moniciones y homilías

Solemnidad de Cristo Rey  / B

 

 

MONICIÓN DE ENTRADA

Buenos días (tardes)  a todos:

Domingo tras domingo hemos ido acompañando a Jesús; unas veces con fiestas extraordinarias; otras, con las misas de cada día y, sobre todo, en los domingos su Palabra, su Eucaristía nos ha llevado a comprender que NO HAY NADIE NI NADA COMO ÉL. Que el Señor es la meta y el origen de todo.

A punto de iniciar el Adviento, tiempo que nos preparará para la Navidad, esta fiesta de CRISTO REY quiere poner a Jesús en el centro de todo lo que somos y vivimos.

Que trabajemos por su reino: un reino de paz, de justicia, de verdad y de hermanos. ¿Lo haremos posible? ¿Nos dejaremos llevar –como siervos suyos- por el Rey Jesús?  …  Iniciemos esta celebración.

 

MONICIÓN A LAS LECTURAS

En las lecturas que vamos a escuchar observaremos cómo el pueblo de Dios, aunque desanimado, sueña con un Mesías Salvador que ha de venir.

  

En el Evangelio aparece Jesús como rey que ha venido a dar testimonio de la verdad. Pero su reinado es el del servicio y la entrega a los demás.

 

ORACIÓN DE LOS FIELES

1. El próximo domingo comienza el Adviento. Nos prepararemos a la Navidad. Pidamos por la iglesia. Que nunca se canse de anunciarnos el amor de Dios. Roguemos al Señor.

2. Hay mucha gente triste. Personas que no tienen ganas de vivir. Para que vean en JESÚS REY a alguien que les quiere, les ama y les ayuda. Roguemos al Señor.

3. Pidamos a Dios que, en el centro de toda nuestra vida, sepamos poner un poco de oración, la eucaristía cada domingo y las buenas obras todos los días. Roguemos al Señor.

4. Para que trabajemos por lo que es importante en el reino de Dios: la justicia, el amor, la alegría, la fe, la esperanza. Roguemos al Señor.

 

Homilía  Cristo Rey  / B

 

NO ES DE ESTE MUNDO, PERO COMIENZA EN ESTE MUNDO

1.- El Reino de Dios está dentro de nosotros. Celebramos la fiesta que clausura el Año litúrgico, Jesucristo Rey del universo. Jesús afirmó en distintas oportunidades que el Reino de Dios ya había llegado y que en esto consistía la Buena Noticia. Para entrar en él era preciso convertirse, cambiar de mentalidad, creer en su palabra, creer en su persona, seguirlo. Sus parábolas y sus enseñanzas se referían al Reino; sus milagros atestiguaban que el Espíritu de Dios estaba con él y que el Reino de Dios se hacía presente. Ante quienes esperaban su llegada al modo de un triunfo rotundo sobre los dominadores romanos, con la intervención de un mesías político que impusiera su autoridad mediante un régimen de prodigios y milagros continuos, o con la abundancia del pan y de los bienes temporales, Jesús afirmaba: "El Reino de Dios no viene ostensiblemente, porque el Reino de Dios está entre vosotros". Él nos habló del inicio real de este Reino bajo apariencias humildes e insignificantes, como la diminuta semilla de mostaza, o como la pequeña cantidad de levadura que fermenta toda la masa, o como el crecimiento misterioso de la semilla, que bajo la tierra se transforma silenciosamente y escapa a nuestro control. Así nos enseñaba que de lo pequeño y oculto, de lo que está envuelto en el silencio y es pobre en apariencias, puede surgir lo más grande.

2.- No es de este mundo, pero sí “para este mundo”. Cuando Pilato preguntó a Jesús si era rey le contestó claramente. "Tú lo dices: soy rey, pero mi reino no es de este mundo". Lo que quiso decir es que Él no era un rey como los de este mundo. Cristo vino a traer la vida y la salvación a cada ser humano: su misión no fue solo y específicamente de orden social, económico o político. Cristo no confió a su Iglesia una misión social, económica o política, sino más bien religiosa. Sin embargo sería un error pensar que cada cristiano en particular debe estar ausente de estos ámbitos de la vida social. Los cristianos están llamados por Dios a insertarse en el mundo a fin de transformarlo según el Evangelio. Un cristiano debe colaborar con alegría en la promoción de la verdadera cultura, porque sabe que la Buena Noticia de Cristo refuerza en el hombre los valores espirituales que se hallan en el corazón de la cultura de cada pueblo y de cada período de la historia. El cristiano ayudará a su propio pueblo a lograr una verdadera libertad y la capacidad de hacer frente a los desafíos de los tiempos.

3.- Comprometernos en la construcción del reino. Las obligaciones de un buen ciudadano cristiano no pueden reducirse a evitar la corrupción, o a no explotar a los demás, sino que incluyen una contribución positiva al establecimiento de leyes justas y estructuras que sostengan los valores humanos. Cuando un hombre o mujer cristiana se encuentre con la injusticia o con algo que esté en contra del amor, la paz y la unidad de la sociedad, tiene que intentar cambiarlo. ¿Cómo permanecer con los brazos cruzados, cuando a alguien le echan de su propia casa para vivir en la calle? Para descubrir la presencia de este Reino, es preciso que los ojos de la mente estén iluminados por la luz de la fe. El Reino se hace presente en nuestro tiempo histórico en cada gesto de amor, en la negación del pecado y del egoísmo, en cada victoria sobre las tentaciones y las seducciones del mundo, que invitan al camino fácil. Jesús predicó el camino estrecho y la puerta angosta. La clave de la renovación de este mundo está en nuestro propio corazón. El lugar donde triunfa el reinado de Cristo es el santuario de nuestra conciencia. Sólo desde allí se hará luego visible y se irradiará y se contagiará, dando lugar a una convivencia fraterna y armoniosa, a una sociedad reconciliada, a leyes que respeten íntegramente la dignidad del hombre. Su reino no es de este mundo, pero comienza en este mundo. Lo primero es que Jesús reine en nuestro corazón, así surgirá nuestro compromiso para transformar el mundo. El reino de Dios no termina aquí, llegará a su plenitud en el más allá, pero no podemos olvidarnos que “ya” está aquí.

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1.- Hoy, con esta conmemoración, coronamos el Año Litúrgico. Todo lo que ha acontecido en nuestras iglesias, en nuestras comunidades, en nuestras parroquias, en nuestra vida personal (cristianamente hablando), ¿lo hemos centrado en Jesús? Si es así, este día no resulta difícil entender, celebrar, ni asimilar. Si el Año Litúrgico es un inmenso arco que hemos recorrido (adviento, navidad, cuaresma, pascua y la cadencia semanal) Jesús es la piedra angular: la clave que sostiene todo.

-El Reino que Jesús nos propone no conoce fronteras. La creación es un racimo de hermanos en el que estamos llamados a entendernos y a promover la justicia. -El Reino que Jesús tiene no son grandes hectáreas o palacios espléndidamente decorados con cortinajes y oropeles.  -Su Reino, por el contrario, pretende llegarse y adentrarse en nuestro corazón. Es, en el corazón, donde Dios quiere reinar de verdad. Es en el corazón del hombre, donde Dios, encuentra más resistencias para pasearse y regir sin encontrarse obstáculos. Preguntemos, como Pilatos, a Jesús: ¿Tú eres rey, Señor? Tal vez, El, nos contestará: depende de lo que entiendas por “rey”. ¡Es un rey tan atípico! ¡Es un reinado tan original! ¡Es un reino tan idílico!

2.- Nosotros, mal que nos pese, no somos el centro de las miradas del mundo ni, por supuesto, el eje alrededor del que gira todo lo demás. Luego viene lo que viene y pasa lo que pasa: el tinglado que nos habíamos montado (la sociedad del bienestar) se nos viene abajo; los vasallos que pensábamos tener a nuestro servicio (los amigos) nos dan la espalda y nos quedamos con lo que en realidad somos: simple pretensión de ser y de aparentar lo que nunca fuimos. El Reino del Señor es muy distinto al de aquellos que nos proponen cualquier guion o cualquier otro que haya existido en la historia:

- Su tesoro es el amor - Sus armas son el servicio - Su corona es la verdad - Su trono es una cruz - Su castillo es la vida interior - Su pregón es Dios amor - Su ejército es el testimonio de aquellos que seguimos esperando y creyendo en Él.

3.- Hemos caminado, de la mano de Jesús, durante estos meses. Hemos compartido, en el altar, la Eucaristía. Su amor inmenso en el calvario. Sus horas de gloria en la mañana de Resurrección. Hemos asistido emocionados a encuentros y desencuentros con los escribas y con los fariseos. Hemos visto como, Jesús, es un Dios que salva al hombre y sana a enfermos, ciegos, cojos, lisiados y que es capaz de ofrecer alimento allá donde exista la escasez. ¡Cómo no va a ser, siendo así, Rey del Universo! ¿Dónde hemos visto a alguien que, como Jesús, se desviva hasta exprimir su sangre en la cruz? ¿En quién hemos visto, sino en Jesús, un interés por el pobre hasta defenderlo y ponerlo en el lugar que le corresponde? ¿Dónde encontrar a otro, que no sea Jesús, apostando por el hombre, animándole a seguir adelante y a levantarse tras los tropiezos de cada día?  ¡Sí! ¡Tú, Señor, eres Rey! Un rey extraño y que, constantemente se está desprendiendo de las riquezas que, tus vasallos ponemos con variados intereses a tus pies. ¿Será, Señor, que te queremos sentado y no caminando? ¿Será, Señor, que te soñamos coronado y no sirviendo? ¿Será, Señor, que te preferimos en un palacio y no mezclado con los sinsabores, luchas y retos que nos plantea el mundo?

¡Gracias, Señor! Después de estos domingos. Después de haber escuchado tu Palabra. De haber entrado en comunión contigo, por la oración, no podemos menos que exclamar que Tú eres el Rey que nos salva; la fuente que nos da vida; la luz que nos ilumina; la mano que nos conduce; el poder que nos hace falta.

4.- En el mundo, en el arte, en la cultura, en la música parece escucharse, hoy más que nunca, ¡no queremos que Jesús reine sobre nosotros! Estorban imágenes sagradas en lugares públicos (y por cierto, desgraciadamente en alguna catedral de España también); la inspiración de las canciones no es precisamente la persona de Jesús; la arquitectura y la ornamentación navideña, por ejemplo, se ha sustituido por otros motivos que, de cuando en vez, congenian con la zafiedad. ¡Qué razón tenía Jesús! ¡Mi Reino no es de este mundo! ¡Ni falta que hace, Señor! Entre otras cosas porque, los hombres, tenemos una capacidad extraordinaria para destruir lo bueno, lo santo o las raíces de un árbol (como el cristianismo) que ha sido la vena y fuente de inspiración de poetas, artistas, labriegos, sacerdotes, arquitectos o de pintores, hasta no hace mucho tiempo.

Que este Año Santo de la Misericordia que vamos a empezar contribuya a colocar a Cristo, de nuevo, en el lugar que le corresponde: en nuestro corazón, en nuestra mente, en nuestro pensamiento y…..por nuestras obras y palabras allá donde nos encontremos.

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Cuenta una leyenda que, un rey, queriendo comprobar la fidelidad de sus súbditos arrojó al aire unas monedas de oro. Todos sus siervos, excepto uno, se detuvieron para recoger aquellas fortunas que, en un abrir y cerrar de ojos, les convertía automáticamente en ricos. Pero el rey, volviendo su mirada hacia atrás, observó que un vasallo permaneció en pie y sin rendirse para hacerse con tal riqueza. Le preguntó el monarca “¿cómo es que tú no recoges las monedas? ¡Hoy podrías ser rico! A lo que, el vasallo contestó, “yo sigo a mi rey, mi señor”.

1.- La fiesta de Cristo Rey es el punto culminante del Año Litúrgico. ¿Hemos seguido al Señor con todas las consecuencias? ¿No nos habremos detenido, por el camino, distraídos en otras cosas y sin dar importancia a nuestra vida cristiana?

El reino de Cristo, gracias a Dios, no es de este mundo. En el reino de Cristo no cabe la mentira, la corrupción, la mediocridad o el odio. Por ello mismo, porque su reino no es de este mundo, siempre será causa de contradicción. Y, por ello mismo, la prueba –de cuando en vez- nos sacudirá a aquellos que intentamos seguirle (a veces desde lejos) y ser altavoces de su presencia y de su peculiar realeza en un mundo en el que se pregona tanto la injusticia y en el que, cada día que pasa, nos asaltan más signos de violencia, hambre, angustia o desesperanza.

¡Nosotros, Señor, te seguimos a Ti! Necesitamos de tu inteligencia para iluminar nuestras conciencias. De tu verdad, para que nuestras palabras, no sean la cara opuesta de nuestras obras.

Le seguimos porque queremos que reine en nuestra voluntad. Una voluntad, la de todos nosotros, con un firme propósito: hacer de nuestro mundo, un pequeño campo en el que Dios reine por el testimonio y la palabra de sus hijos.

2.- Aquel que pagó alto precio por nuestra redención, sigue necesitando soldados que –con las armas de la fe, la esperanza o la caridad- infundan en todos los ambientes la alegría de ser cristianos. ¡Somos de los suyos!

Aquel que, por ser Rey, fue burlado y humillado nos exige un poco de coherencia y de fortaleza. Es fácil apartarse del camino real que el Rey de Reyes ofrece (son tantas las seducciones y las monedas con las que otros reyes de segunda nos engañan). Pero, en nuestra constancia y reflexión, hemos de encontrar la respuesta y la perseverancia: merece la pena ser de Cristo, caminar con Cristo y dejarse gobernar por su peculiar gobierno: el amor.

En un mundo, con tantos gobiernos y con tanto desgobierno a la vez, la festividad de Cristo Rey nos invita –con gozo y esperanza- a volvernos hacia el Salvador. En una realidad, donde como setas aparecen grupos pacifistas (que defienden unas causas sí y otras no) la festividad de Cristo Rey nos anima a ser hombres y mujeres de paz en todo y por todos. En una sociedad, materialista y caprichosa (en la que unos tanto tienen y otros nada que llevarse a la boca) la solemnidad de Cristo Rey nos empuja a mirar a ese gran hermano mayor que repartió amor y más amor para que entendiésemos que su Reino es una casa a la que se llega por los caminos del amor. ¡Gracias, gran Rey

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1.- Terminamos el año litúrgico poniendo a Jesucristo en lo más alto de nuestras vidas, como el más importante, no porque queramos “entronarlo” con poder y esplendor, sino porque para nosotros es el referente de persona que lucha por la justicia, la reconciliación y la paz. Así es “nuestro Jesús”, y en eso es el rey. Jesús es Rey porque predica e inaugura el reino de Dios. Pero en aquellos tiempos había muchas concepciones de lo que era el “reino de Dios”. Los grupos nacionalistas identificaban el reino de Dios con la restauración de la monarquía del rey David, lo que significaba un enfrentamiento violento con los romanos. Jesús no asume nunca esta posición.

2.- Por otro lado, los sacerdotes identificaban el reino de Dios con la restauración del Templo, pero Jesús lo deslegitimó diciendo que era una cueva de bandidos y un mercado, y lo sustituyó por el templo de su cuerpo. Finalmente, los fariseos identificaban el reino de Dios con el imperio de la ley. El Mesías enseñaría a todo el pueblo a cumplir perfectamente la ley y así construiría el reino de Dios. Esta no es la posición de Jesús, que puso siempre la ley al servicio de la vida humana.

3.- Jesús identificó el reino de Dios con la vida del pueblo pobre y oprimido. Jesús es rey porque sana a los enfermos y da vida a los muertos. Jesús es rey porque ha venido a traer vida y vida en abundancia. Jesús reina desde la cruz, desde la pobreza, desde el despojo, desde el no-poder, desde la identificación con los pobres, los niños y los esclavos. Jesús es rey porque proclama e inaugura el reino de Dios, pero un reino que no se identifica ni con la monarquía, ni con el templo, ni con la ley, sino con la vida del pueblo pobre. El poder de Jesús Rey es un poder liberador de los pobres y oprimidos. Jesús reina con el poder de su Palabra y con el poder del Espíritu.

4.- Para nosotros, proclamar a Cristo como Rey es vivir diariamente los valores de su reinado. Él quiere ser proclamado con la humildad de nuestro servicio a la vida, con la efectividad de nuestro compromiso con los más pobres, con la confesión de nuestro testimonio personal y comunitario en los ambientes donde se desarrolla nuestra vida diaria, en nuestras familias, en nuestros trabajos, entre nuestros amigos…

En la fiesta de hoy proclamamos que Jesús es Rey, pero él nos dice que “mi reino no es de este mundo”, porque su autoridad y su poder residen en su forma de vivir, de relacionarse con las demás personas, de estar cerca de los más pobres, de los que más sufren, de los enfermos. Jesús no impone, ni castiga, ni condena, ni excomulga, sino que convence, libera y hace crecer la comunión.

5.- Nosotros, como rostro visible de la Iglesia, estamos llamados a mostrar a los hombres y mujeres de este mundo ese rostro amoroso y acogedor de Dios, no tanto porque nos lo digan desde los púlpitos, sino porque lo hayamos experimentado así en nuestras propias vidas. ¿Qué experiencia tenemos de Dios? ¿Es verdaderamente el REY de nuestras vidas? ¿Hemos experimentado en nosotros su amor y su misericordia? ¿Salimos liberados cada vez que nos encontramos con Él en la Eucaristía? ¿Lo reconocemos en medio de la vida, entre los más pobres y necesitados?

Así reina Jesucristo. Y en la medida que nos lo creamos, iremos desvelando ese Reino de Dios que no solo está presente en nuestro mundo, sino que además, como decía Jesús, está en cada uno de nosotros.

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--¿Qué has hecho?, es la pregunta de Pilato a Cristo Rey.

--Sí ¿qué ha hecho? Lo que ningún hombre debe hacer… Decir la verdad.

**Jesús dijo la verdad sobre una religión reducida al mero cumplimiento, sin raíces en el corazón.

**Dijo la verdad sobre los fariseos, sobre el templo, sobre los ricos y sobre los pobres. Y eso no gustó a nadie, sólo a los que ansiaban la verdad. Y esos son siempre pocos y débiles.

**Tampoco hoy gusta la verdad, la mentira es parte del sistema.

**Para vender una idea, o un coche, o un súper-depósito, no se puede ir con la verdad por delante. Ya la primera vendedora de manzanas, la serpiente, no ofreció manzanas, sino poder: “Seréis como dioses”. Y Evan picó y se llevo una manzana agusanada. Y desde entonces se ofrece una cosa y se vende otra.

En rebajas se rebaja lo subido previamente, en los súper-depósitos hay que leer la letra pequeña…En política, las promesas electorales se olvidan antes de acabar el recuento de votos.

“¿Qué es la verdad?” deberíamos gritar todos, no escurriendo el bulto como Pilato, sino haciendo una movida en las calles exigiendo la verdad, nos manifestamos contra el terrorismo, ¿pero hay mayor terrorismo que el bombardeo que sufrimos a diario ocultándonos la verdad?

Cristo Rey no hizo más que eso, manifestarse en favor de la verdad, porque la mentira como el odio son los opuestos de Dios. Por eso el Señor ni quiere, ni puede ser Rey de esta sociedad fundada en la mentira. Su Reino no es de este mundo, de esta sociedad. Su Reino no es de este mundo, de esta sociedad. Su Reino es de los que aman la verdad, y esos, como Jesús, son crucificados.

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